
La nueva imagen arquitectónica, que debía concordar con la tradicional característica de un paisaje arbolado y que reflejara las nuevas aspiraciones comunales, fue el marco que dio coherencia a una serie de obras en la ciudad de mediados del siglo pasado.
Junto con acoger el lenguaje y la espacialidad de la arquitectura moderna, Viña exploró diferentes áreas de desarrollo: elementos menores del equipamiento urbano con los surtidores del estero y el Reloj de Flores, entre otros, o actividades artísticas como el Festival de la Canción. Mención especial merecen ciertas obras de carácter urbano como los balnearios de Playa Amarilla y de Caleta Abarca. Éstos no sólo representan una evolución respecto de los tradicionales, como Recreo que funcionó como lo conocimos desde 1924, y el de Las Salinas, inaugurado en 1929, sino que además persiguen el diseño de una pieza urbana con mayores pretensiones.
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Muchos interesados hay en hacer desaparecer esta foto. En el borde mismo de casco urbano de la ciudad, a no más de dos o tres cuadras del centro, se iniciaba este bucólico camino recorrido por cientos de vehículos todos los fines de semana del año, para gozar del paisaje, acceder a las pequeñas zonas de playa, hacer picnic bajo los sauces junto al lago, pasear bajo el aroma de los bosquecillos de boldos centenarios y llegar hasta el estero Iribarren, donde una mini rotonda natural poblada de grandes árboles permitía devolverse y, por qué 














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