“No me digas cuánto trabajas; dime cuáles son los resultados”. Los norteamericanos más crudamente dicen sencillamente “Don´t work harder; work smarter” (“No trabaje más duro; trabaje más inteligentemente”).
Por Manuel Gross Osses
Eso
tendríamos que decirles a muchas personas, miembros de todo tipo de
organizaciones, incluso de instituciones gubernamentales, que en los
últimos años han tomado la costumbre de defenderse de las críticas con
alguna de las gastadas frases “estamos haciendo grandes esfuerzos”,
“hemos aumentado en XXX% el presupuesto”, “no nos guiamos por las
encuestas”, “estamos tratando de superar las dificultades” o alguna
otra frase centrada


Un acalorado debate se vive en el Parlamento debido a la exigencia impuesta por varios diputados y senadores en el sentido de que las regiones deben recibir nuevos fondos equivalentes a los que el gobierno destinará al intento de salvar al moribundo Plan Transantiago, “ese error tremendo que cometió gente que todavía no da la cara”, en palabras del diputado Fernando Meza.
Las innumerables fallas que han tenido muchos proyectos y planes gubernamentales en los últimos años evidencian una incapacidad de visualizar un proyecto como un proceso secuencial que se inicia con la definición de objetivos, sigue con la asignación responsabilizada de recursos y de plazos de ejecución, para terminar obligatoriamente con la definición precisa de los beneficios que obtendrán los usuarios como resultado final del proyecto.
Un recordatorio elemental para no caer en la falla de la falta de “accountability” es que cada tarea se defina con estos cinco elementos a lo menos: a) Definición de la tarea; b) Nombre del responsable; c) Plazo de tiempo; d) Recursos necesarios; y e) Indicador del grado de cumplimiento de la actividad.








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