Por
José
López Ponce
La socióloga Danah Boyd, investigadora de Medios Sociales en el Centro de Investigación de Microsoft en Nueva Inglaterra realizó una interesante presentación “Streams of Content, Limited Attention: The Flow of Information through Social Media”, en la última conferencia de la Web 2.0 Expo de Nueva York, sobre las consecuencias de vivir en un mundo de flujos informativos.
A continuación
paso a presentar de forma resumida –no es una
traducción literal del inglés- algunas de las
ideas planteadas por Boyd.
La primera idea es que vivimos
en los flujos –flows- de
un mundo donde la información está en todas las
partes. Es decir, un concepto que sugiere que vivimos permanentemente
en una corriente: añadiendo cosas, consumiéndolas
y reorientándolas.
El flujo como potente
metáfora de la adaptación del comportamiento
humano a los cambios del entorno. Aunque Boyd no lo cita, en este punto
enlazamos con Mihaly Csikszentmihalyi, el autor
del modelo del “Reto Optimo”, el
cual analiza como
un sujeto llega a la llamada “Situación
de
Flujo”, situación que consiste en una
experiencia
tan intrínsecamente placentera que el sujeto repite la
actividad con frecuencia con el fin de volver a experimentar, a sentir
“flow“, dándose una
implicación absoluta en la conducta ejercida o en la
actividad desarrollada. La Red, es un entorno propicio para
experimentar algunas situaciones de flujo,
Una segunda idea es que las
tecnologías Internet están desmantelando y
replanteando las estructuras clásicas de
distribución de la información.
Porque el poder ya no está en manos de quienes controlan los
canales de distribución, está en manos de
aquellos que controlan los recursos limitados de la
atención. Se están construyendo nuevas formas de
difusión de la información. Las personas en la
Red están actuando como mediadores de contenidos al hacerse
eco de los enlaces y, a la vez, difundirlos.
En este punto decir que es
una de las consecuencias de la transformación de los medios
de comunicación de masas en medios de
comunicación sociales. Es pasar de una
economía basada en la distribución a una economía basada en la
atención.
Una tercera idea es que si
nos sumergimos en los flujos de información tenemos que
entender cómo fluye la información. Boyd
destaca
que en el nuevo paradigma, colisionan las expectativas
con la realidad tecnológica y surgen importantes
desafíos en ámbitos como a
democratización del conocimiento, la estimulación
cognitiva, la homofilia conductual y los centros de poder.
Democratización.
Pasar de la economía de la distribución a la de
la atención plantea una transformación, pero eso
no significa una democratización automática.
Porque pasar a un estado donde cualquiera puede obtener
información en el flujo, no significa que la
atención se reparta en partes iguales. Abrir el acceso a las
estructuras de distribución no significa democratizarlas
sobre todo cuando la distribución ya no es la
función organizativa.
Estimulación.
Las personas consumen los contenidos que les estimulan sus sentidos y
su mente. Esto no significa que el contenido que se selecciona es el
más adecuado o es el más informativo porque le
retiene su atención, sino porque le provoca una
reacción. Para Boyd, esto no es bueno en sí, ya
nos puede llevar a consumir los contenidos que son los menos
beneficiosos para nosotros mismos o la sociedad en su conjunto.
Según ella es un comportamiento equivalente a la
psicología de la obesidad. Además argumenta la
proliferación de las relaciones parasociales
de la siguiente
manera: Somos adictos a los chismes por un motivo. Queremos
saber lo que sucede a los demás ya que esta
información nos acerca a las personas. Cuando sabemos algo
acerca de alguien, uno tiene la sensación de haber
establecido una conexión con él. Sin embargo, el
ecosistema de la información en Internet lo gira todo.
Aunque pueda controlar todos los detalles de la vida de Angelina Jolie,
esto no significa que ella sabe que yo “existo”.
Si la
estimulación crea conexiones cognitivas, es posible que
tengamos muchas más estimulaciones. Pero para Boyd, el hecho
de que tengamos estimulaciones más
fuertes y más intensas no significa que nos dirigimos a una
sociedad más conectada y más igualitaria.
Homofilia.
La tendencia es que las personas, en un mundo en red, se conectan con
las personas que se les asemejan -un mismo perfil
socioconductal- para compartir los mismos valores. Por tanto, no es
fácil encontrarse con personas con puntos de vistas
distintos a los nuestros. Porque la combinación de la
autofragmentación con los flujos de información
en red significa una perdida del terreno retórico
común que nos permite conversar con personas con puntos
antagónicos. La tecnología no está
desintegrando las divisiones sociales, por el contrario, las
están reforzando. Únicamente un
pequeño porcentaje de personas tienden a buscar opiniones o
ideas de otras culturas o puntos de vista distintas a las
suyas.
Poder.
En el modelo de la economía de la atención, el
poder radica en la capacidad de retener la atención, de
influir en los otros y de transformar la información en
tráfico. “Nosotros damos el poder a las
personas cuando le acordamos nuestra atención y las personas
obtienen poder cuando actúan de puente entre dos mundos
diferentes y determinan que informaciones serán trasladadas
a las redes”. La hipótesis de que la
Red da el poder a los creadores y los libera de los que controlan los
canales de distribución, por el momento no se
está verificando. Porque los que obtienen la
atención de las personas son una pequeña
minoría de privilegiados. Por el momento,
la distribución de contenidos no está
en manos de sus creadores, sino en las manos de los nuevos
intermediarios.
Para finalizar su
análisis, Boyd considera que para ser pertinentes hoy en
día, se requiere entender conceptos como contexto,
popularidad y reputación. En la era de la
difusión, se daba por supuesto que la persona que
difundía una información organizada lo hacia
porque tenía un destinatario con un perfil determinado. En
la era de las redes, no existe el destinatario, sino más
bien una red de contenidos y personas. Cuando consumimos la
información vía las herramientas sociales, las
personas consumen, según sus intereses y motivaciones
chismes sociales junto con noticias y la producción de
contenidos. Esto, por el momento plantea un inmenso lío. La
clave no radica en establecer distintos destinatarios organizados en
torno a temas, la clave es encontrar las formas en que el contenido
pueda surgir en el contexto, con independencia de dónde se
encuentre.
Producir
contenidos en la era de las redes, requerirá vivir en los
flujos, consumir y producir al lado de los
“clientes”. Consumir para comprender, producir para
ser pertinentes.
Todo esto va requerir
innovaciones tecnológicas. Por ejemplo, herramientas que
permitan a las personas contextualizar más
fácilmente los contenidos pertinentes y de herramientas que
les permitan explorar y manipular los contenidos con el fin de no
sentirse abrumados por la información. No se trata de
simplemente de agregar o adecuar contenidos para crear sitios
personalizados de destino, porque las herramientas que se
necesitan son las que permitan entrar en el flujo, que permitan vivir
dentro las estructuras de información dondequiera que
estemos con independencia de lo que estemos haciendo. Herramientas que
permitan captar fácilmente lo que necesitan y mantenerse en
la periferia del flujo sin sentirse abrumados.
Para Boyd, en este nuevo
contexto debemos repensar los modelos económicos, porque,
según ella, este cambio cultural no es sostenible ni por el
mejor modelo publicitario. La publicidad funciona a través
de la captura de la atención, en general, interrumpiendo el
mensaje en difusión o estando inserto en el propio
contenido. En el momento en que las informaciones compartidas tienen
una naturaleza social, la publicidad es percibida como una
perturbación. Por tanto, la monetización de la
sociabilidad es un problema y no únicamente para Internet.
Referencia:
Boyd, Danah. 2009.
“Streams of Content, Limited Attention: The
Flow of Information through Social Media.” Web2.0
Expo. New York, NY: November 17.
Blog bajo licencia
Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 License

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Fuente: Rizomática
Imagen: Information overload
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Infoxicacion. El tiempo muerto
August 30, 2010
El tiempo muerto
TENEMOS TANTAS COSAS PARA matar el tiempo que ya nunca tenemos tiempos muertos. Yo, como todos, me estoy enloqueciendo.
Yo no soy yo, como usted ya no es usted, o no es usted solamente. Somos nosotros, más las prótesis a las que vivimos conectados: aparaticos de bolsillo, objetos inalámbricos, pantallas titilantes, jueguitos, una lista infinita de personas on-line, como felinos al acecho, que interrumpen para lo más anodino, lo más importante o lo más fútil.
Es imposible pasar una hora (otros un minuto) sin controlar dónde está tal, por dónde viene aquel, quién ha escrito o no ha escrito, cómo sigue tal otra, con quién está tal cual. Todo se va convirtiendo en mensajes breves e instantáneos. Mis amigos ya no vienen a comer y a conversar a mi casa: vienen a revisar sus correos y a mandarse mensajes mientras fingen que su mente está conmigo. No, su mente está en todas partes, y una fracción está también aquí, pero en realidad tienen el cerebro dividido en gajos de atención, como si fuera una naranja, y a nadie le dan la fruta entera. No son ellos completos los que me están haciendo una visita o teniendo una conversación seria. ¿Cómo pueden chatear y chuparse una concha al mismo tiempo?
Cada vez noto más, cuando me llaman, que en vista de que estoy mirando al mismo tiempo la pantalla del computador, mi atención es flotante, no del todo presente en la situación, y a duras penas consigo entender lo que me están diciendo. Cada vez noto más, cuando yo llamo, que a mí también me prestan una atención distante, distraída, de cerebro dividido en varias funciones al tiempo. No hay concentración, no hay secuencias, hay saltos. Estamos rodeados por mareas de autistas hiperactivos y dispersos.
Ya no hay quien crea que alguien está hablando solo o está loco cuando va por la calle hablándole al viento: no, está hablando con alguien a través de un micrófono inalámbrico y un audífono invisible. Ya no hay nefelibatas, ya nadie vive en las nubes: todos están conectados a algo o a alguien todo el tiempo: pasan trotadores conectados al i-pod, no dejan de chatear o de mandarse sms. Antes había casos, cuando el avión aterrizaba, de unos pocos adictos que corrían a fumarse un cigarrillo; ahora nadie parece adicto porque todos lo somos: lo primero que hacemos cuando el avión toca tierra es prender el teléfono. Y hasta hay idiotas que gritan en la cabina: “recuerde que esto que le estoy diciendo es muy delicado y muy confidencial”, pero lo esparcen a los cuatro vientos.
Al montarme al carro pienso en las llamadas que haré para no perder tiempo mientras esté en semáforos largos o en embotellamientos de tráfico. No hay tiempo muerto, no hay un instante para estar ensimismado, para mirar el paisaje, para recoger los pedazos del alma, para armar el rompecabezas de las ocurrencias, para rumiar una frase que se quiere escribir, para pensar en algo que se oyó o que se nos ocurrió, en suma, para aclarar las ideas.
Me atormenta la vida el hecho de pasar el día entero frente a una pantalla (ya muchas menos horas del día las paso frente a las páginas de un libro o frente a la contemplación sedosa y sedentaria de un árbol, un lago o una montaña) salpicando entre temas, con una atención dispersa. Hay quienes dicen que si el cerebro no descansa con una pausa en los estímulos, poco se aprende. Todos parecemos muchachos con déficit de atención: saltando de una cosa a otra, saltando aquí y allá, enloquecidos. Si alguien mete las patas ya no se da un codazo: se manda un mensajito por el Blackberry.
La televisión ya es un mueble viejo: a nadie se le ocurre pasar el tiempo concentrado en un programa. Comparada con las nuevas tecnologías, la televisión parece tan anticuada como un libro encuadernado en pergamino. ¿Qué es una telenovela, comparada con la telenovela real de Facebook? Ya no hacemos casi nada porque nos pasamos el tiempo haciéndolo todo al mismo tiempo. Ya no estamos aquí porque nos la pasamos conectados a otra parte.
Posted by Alejandro Delgado Moreno at 4:55 PM
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