Liderazgo
2.0: El arte de explorar el futuro en busca de la emergencia
Por José Cabrera
“El secreto del éxito no es prever el futuro, sino crear una organización que prospere en un futuro que no puede ser previsto.” Michael Hammer
Es evidente que algo está pasando. La crisis
financiera global está poniendo en duda algunos de los
principios sobre los que se asienta nuestro modelo de desarrollo. Y el
impacto de los cambios no se está limitando al campo
estricto de la economía y la producción.
También está generando consecuencias importantes
en el ámbito social y cultural.
Sería profundamente tranquilizador ver la actual
crisis económica como “un mal rato que tenemos que
pasar”. Pero si hay una cosa que cada día parece
más evidente es que no estamos ante un simple sobresalto
bursátil causado por una indigestión de
productos financieros tóxicos y banqueros poco
éticos. La crisis ha puesto en evidencia que los modelos de
crecimiento del pasado ya no nos sirven. Nos han permitido alcanzar el
actual nivel de desarrollo económico, social y
tecnológico, algo nada desdeñable. Pero el modelo
está agotado. Las organizaciones e instituciones que hemos
creado ya no funcionan. Son rígidas, opacas, lentas, torpes
y burocráticas. Incapaces de adaptarse a los retos del
futuro. Y lo que es peor: son mortalmente aburridas. No
están pensadas para las personas, y son capaces de acabar
con la pasión del mejor de nuestros colaboradores.
Hoy sabemos que la crisis será profunda y duradera.
Y la tarea de dirigir durante una crisis sostenida es ardua y
complicada. En una primera fase, lo importante es sobrevivir en el
nuevo entorno. Como líderes, nuestra tarea es atender los
temas más urgentes, ajustar la estructura operativa a las
nuevas circunstancias del mercado, estabilizar la situación
y ganar tiempo. Las técnicas de gestión
necesarias para hacer frente a esta primera fase son normalmente
conocidas por la organización. Son, en su mayor parte,
soluciones técnicas que hemos aprendido de otras crisis
anteriores. Se trata de resolver los problemas a corto plazo, con un
mayor control de los gastos y planes de reestructuración que
permitan a la organización “capear el
temporal”.
Pero sobrevivir a la crisis es una condición
necesaria pero no suficiente. Porque, en una segunda fase,
hemos de abordar necesariamente las causas subyacentes de la crisis, y
debemos desarrollar la capacidad de prosperar en una nueva realidad.
Esta fase de adaptación es especialmente difícil,
ya que emprendemos un camino nuevo para el que no
disponemos aún de los mapas; en este camino,
las recetas del pasado y nuestras experiencias anteriores no solamente
no nos sirven de ayuda, sino que además nos impiden ver la
nueva realidad.
Por tanto, en esta segunda fase adaptativa ya no hay
respuestas fáciles ni soluciones definitivas. Los nuevos
retos requieren procesos de adaptación que
todavía no resultan obvios para nuestras organizaciones. En
la conversación de hoy vamos a explorar las claves del
liderazgo que no solo permitirán a nuestras organizaciones
superar la crisis, sino que además nos ayudarán a
enfrentarnos a los desafíos adaptativos planteados por la
nueva Era de la Colaboración.
Redefiniendo el trabajo del liderazgo
Si nuestro modelo de crecimiento ha dejado
de ser
útil, es evidente que tampoco podemos apoyarnos en nuestro
actual modelo de liderazgo. Debemos ser capaces de
redefinirlo, pero
eso es algo que no resulta fácil. La prueba está
en que, aunque todos somos conscientes de que el liderazgo ha cambiado
y “ya no es lo que solía ser”, seguimos
aferrándonos a las recetas del pasado: modelos organizativos
jerárquicos y formas de hacer basadas en el
“ordeno y mando”. Seguimos empeñados en
utilizar herramientas anacrónicas para responder a un tiempo
completamente nuevo, un tiempo marcado por el cambio acelerado y por la
presencia de estructuras sociales más y más
complejas.
Si hay algo claro a estas alturas es que las
repuestas no pueden venir de lo alto de las pirámides
organizativas. Los problemas son demasiado complejos
como para que las respuestas estén en manos de unos pocos.
El punto de partida ha de ser, necesariamente, un ejercicio de
humildad. Debemos asumir que, como líderes individuales, no
tenemos la capacidad para encontrar las respuestas que necesitamos.
Para hacer frente a los retos complejos a los que ahora nos
enfrentamos, la repuesta ha de ser colectiva.
En la Era de la Colaboración, el
liderazgo se ha convertido en un arte que combina
improvisación y experimentación.
Los retos a los que nos enfrentamos son excepcionalmente complejos, y
por eso el líder ya no dispone de una respuesta concreta y
capaz de solucionarlo todo. Hoy, el papel del líder
consiste, precisamente, en explorar la nueva realidad para identificar
aquellas preguntas clave que nos permitirán anticipar el
impacto de los cambios en nuestra organización. El
líder debe ser capaz, además, de movilizar a
todas las personas de la organización para que asuman una
responsabilidad colectiva que nos permita hacer frente a los problemas.
Podemos decir, por tanto, que el liderazgo 2.0 es
más un arte que una ciencia. Es el arte de explorar el
futuro en busca de la emergencia de soluciones innovadoras que
permitirán a nuestras organizaciones florecer en la nueva
era. La etiqueta 2.0 es un reconocimiento explícito de que
el liderazgo del futuro exige una nueva versión
que, tal y como ocurre con las tecnologías, ha de
llegar a nuestras organizaciones a través de la
experimentación, basándose en modelos de
gestión que mejoran en cada iteración con la
nueva realidad.
La necesidad de un nuevo equilibrio
Tal vez ha llegado la hora de buscar un nuevo balance entre la
necesidad de conseguir organizaciones escalables y eficaces y la
exigencia, cada vez más presente, de construir
organizaciones verdaderamente centradas en las personas. Este nuevo
equilibrio debe conjugar las prioridades de las tareas y las
prioridades de las personas.
Debemos ser capaces de coordinar el esfuerzo de nuestra gente
sin que para ello nos veamos forzados a crear organizaciones
burocráticas, jerárquicas e inflexibles. Tenemos
que conseguir controlar los resultados y mantener la eficiencia sin
sacrificar la creatividad de las personas. Debemos, en fin, encontrar
un nuevo balance entre las necesidades personales de
libertad y autonomía y las necesidades de
predicción y control de la organización.
Para conseguir todos estos objetivos, no tenemos
más remedio que introducir cambios importantes en nuestras
organizaciones. Creo que Gary Hamel los resume muy bien en su libro
“Liderazgo del Futuro”:
Nuestras empresas no solo tienen que ser operativamente eficaces, sino que además han de ser ágiles y capaces de responder a los cambios que estamos viviendo. El liderazgo y la innovación no pueden ser patrimonio de unos pocos, sino que han de ser un trabajo compartido por todos.
Y si estamos preparándonos para el futuro, no
podemos dejar de lado a las nuevas generaciones de jóvenes:
la única manera de atraer y retener el nuevo talento digital -el de las
generaciones que han nacido y crecido rodeadas de dispositivos
digitales- debemos crear organizaciones verdaderamente centradas en las
personas.
Se trata en definitiva de crear una nueva cultura operativa
donde los nuevos valores de cooperación,
participación, colaboración y transparencia sean
una realidad, y no acaben convertidos en mera retórica del
management.
Una cuestión de modelos mentales
Debemos comenzar la exploración del liderazgo del
futuro reconociendo que lo que conocemos como management
“moderno” -en realidad
nació a finales del siglo XIX- no es un mero conjunto de
herramientas y prácticas de gestión, sino que se
trata de un auténtico paradigma, un conjunto de creencias
fuertemente enraizadas en nuestro pensamiento, un
modelo mental que nos dice qué es posible y qué
no es posible. Por eso, porque se trata de un modelo mental
interiorizado y asumido, la resistencia al cambio resulta tan
difícil de vencer. Por eso, cuando intentamos cambiar algo
oímos con tanta frecuencia eso de “No, eso ya lo
hemos probado”, o “No, eso sabemos que no
funciona”.
No se trata, pues, de una cuestión de
tecnologías o herramientas. La realidad es que hemos
construido nuestras organizaciones siguiendo los patrones de la Era
Industrial. Por eso son escalables, eficientes y productivas; por eso
mismo, no están pensadas ni diseñadas para que
las personas den lo mejor de sí mismas, que es lo que
necesitamos en esta nueva Era de la Colaboración.
Como ejemplo de este desfase, podemos exponer dos premisas
básicas del management moderno que necesariamente debemos
revisar:
La primera es la creencia de que liderar
consiste en saber qué es lo que tiene que hacer nuestra
gente, y conseguir que lo haga de la forma más
económica y productiva posible. Si partimos
de la premisa de que, en tiempos de incertidumbre, el líder
ya no está en posesión de la respuesta, es
evidente que su papel principal no puede consistir en imponer su
visión individual. La clave está
en buscar la iniciativa, la creatividad y la pasión de cada
una de las personas que componen la organización, para
construir una solución colaborativa.
La segunda es una premisa que subyace en el management
moderno, y que nos dice que el liderazgo ha de ser
necesariamente “oligárquico”.
Es decir, que debe ser ejercido por un pequeño grupo de
personas que tiene el control sobre los demás. Si la
única respuesta posible a los retos complejos es una
respuesta colectiva, no tiene sentido defender la preponderancia de
unos pocos. Al contrario que en el pasado, el liderazgo
y la innovación deben convertirse en un trabajo compartido
por todos.
El liderazgo adaptativo
“Uno de los errores mas comunes en el liderazgo es tratar los problemas adaptativos como si fueran problemas técnicos.” Ronald Heifetz
En su libro “Liderazgo sin respuestas
fáciles”, Ronald Heifetz identifica dos grandes
categorías de problemas dentro del liderazgo: los problemas
técnicos y los problemas de adaptación.
Los problemas técnicos -a los
que ya estamos
acostumbrados- son fáciles de definir, y para abordarlos
normalmente contamos con una solución clara y establecida.
Eso no implica que sean sencillos, pero se pueden resolver dentro del
marco de nuestra experiencia anterior, simplemente usando
conocimientos, metodologías y herramientas que ya existen. La
resolución de un problema técnico no exige
cambios en las personas. Lo único que necesitamos modificar
es el proceso.
Ante un desafío técnico, el problema y
la solución ya se conocen. Estamos frente a una reto para el
que ya han desarrollado una adaptación exitosa.
Así que el trabajo consiste, realmente, en alinear a las
personas y movilizarlas para que den lo mejor de si mismas y hagan de
manera diligente algo que ya saben hacer.
Por
el contrario, los desafíos adaptativos
son poco claros y
difíciles de identificar. Están muy vinculados a
los hábitos y costumbres más arraigados en los
miembros de una organización, por lo que pasan inadvertidos.
Los hemos interiorizado de tal manera que no somos capaces de verlos.
Parecen invisibles porque forman parte de nosotros. Y precisamente
ahí se encuentra la clave: en los
desafíos adaptativos las personas involucradas somos parte
del problema y, al mismo tiempo, somos parte de la solución.
Por tanto, la resolución de un reto adaptativo
requiere que los actores involucrados modifiquemos nuestros
comportamientos, nuestras habilidades y nuestros esquemas mentales. Y
sabemos por experiencia que esa es una de las tareas más
complicadas de llevar a cabo en cualquier organización.
En biología, un proceso de
adaptación es una situación que exige una
respuesta que está fuera del repertorio actual del organismo.
En un sentido evolutivo, el organismo debe distinguir entre el ADN que
debe mantener, el ADN que ha de descartar, y las innovaciones que debe
introducir para aprovechar y prosperar en el nuevo entorno.
La aplicación de esta metáfora
biológica al liderazgo nos ayuda a entender que el trabajo
de adaptación es conservador y progresista a la vez.
El reto del liderazgo adaptativo está
en saber sacar el máximo provecho de la historia y las
capacidades de la organización, sin dejarse esclavizar por
el legado anterior. No se trata de
“sacudir” por completo a una
organización de modo que ya nada de lo anterior tenga
sentido. El proceso de adaptación tiene tanto de
conservación como de reinvención. Se trata de
realizar modificaciones específicas en los valores y nuevas
capacidades que la organización requiere para hacer frente a
los retos del futuro. Se trata, en definitiva, de cambiar un poco para cambiarlo todo.
La búsqueda de la emergencia
En las organizaciones, como en los sistemas
vivos, el cambio siempre ocurre a través de un proceso de
emergencia. Es algo que no todo el mundo sabe, y que
conviene resaltar. Los cambios a gran escala, aquellos que realmente
generan un impacto significativo, no proceden de las grandes visiones,
ni de los planes y estrategias diseñados en la
cúspide de las organizaciones. La mayor parte
de las veces, los cambios comienzan como pequeñas
iniciativas personales localizadas en la periferia de las
organizaciones.
Estas iniciativas suelen permanecen aisladas, y en la mayor
parte de las ocasiones no tienen influencia en el resto de la
organización. Sin embargo, cuando estas pequeñas
iniciativas locales conectan entre sí, el intercambio de
información y aprendizaje que tiene lugar produce un efecto
multiplicador; un efecto que desencadena la emergencia: partiendo
de esfuerzos separados, aparentemente irrelevantes, surgen de repente
cambios significativos, cambios capaces de alterar el curso y el
funcionamiento de toda la organización.
Este surgimiento repentino de soluciones innovadoras -fruto de
las pequeñas iniciativas interconectadas- nos permiten hacer
frente a los retos complejos de las organizaciones, y es lo que
conocemos como emergencia. La clave está en que el
proceso emergente siempre aporta nuevos niveles de capacidad a las
organizaciones, muy superiores a la suma de los esfuerzos locales por
separado. Es lo que ocurrió, en su momento,
con desafíos excepcionalmente complejos tanto a nivel
político como social. Tal es el caso de la caída
del muro de Berlín, el fin de la Unión
Soviética o, más recientemente, la llegada de Barack Obama a la presidencia de
Estados Unidos.
¿Por dónde empezar?
Te propongo cinco sencillos pasos para que
comiences a explorar hoy mismo las nuevas realidades de
la Era de la Colaboración. Esta exploración te
permitirá buscar la emergencia de una nueva vida tanto en el
ámbito personal como en el profesional, una vida que te
permita desarrollar al máximo tus potencialidades:
- Sal de tu “Zona de Confort”. Dedica una parte de tu tiempo a explorar la nueva realidad y a encontrar las tendencias que en un futuro próximo afectarán a tu vida, a tus mercados y a tu organización.
- Desarrolla los hábitos del liderazgo adaptativo. Aprende a diferenciar los problemas técnicos, que ya sabes resolver, de los retos adaptativos, que requieren poner en cuestión lo que ya sabes.
- Moviliza la atención colectiva hacia los desafíos futuros, crea la libertad y el espacio para que las personas puedan contribuir y explorar el futuro, convirtiendo la innovación en un trabajo compartido por todos.
- Desarrolla la capacidad de la organización para hacer frente a los retos adaptativos. Fomenta las conversaciones valientes. Protege a los críticos. Hay que sacar los temas más difíciles y espinosos del entorno de la “máquina del café” para discutirlos abiertamente.
- Gestiona la incertidumbre que provoca todo cambio dentro de un rango productivo. Lleva también tu ser emocional al trabajo. Si la adaptación demanda ajustes dolorosos, muestra tu empatía con las personas afectadas.
Cuando nos enfrentamos a lo desconocido, la clave para
encontrar la respuesta que necesitamos no está en las
respuestas anteriores -las soluciones del pasado- sino en en formular
las preguntas adecuadas. Esas nuevas preguntas son las que nos
permitirán explorar la situación actual para
encontrar, entre todos, las nueva soluciones que necesitamos. Desde Innopersonas
estamos ayudando a las organizaciones a explorar el futuro y los nuevos
modelos de creación de valor a través de Talleres
Discovery con un objetivo muy concreto: desarrollar las
capacidades de las organizaciones para enfrentarse a los
desafíos adaptativos e innovar en la gestión de
personas.
Se trata de salirnos por unas horas del
“día a día” para observar lo
que está ocurriendo a nuestro alrededor; de reflexionar
sobre el impacto de los cambios en nuestros modelos de
creación de valor; y de definir nuevas oportunidades de
negocio y de liderazgo en la gestión de personas. En
definitiva, se trata de encontrar las nuevas preguntas que nos
permitirán descubrir soluciones innovadoras a los retos que
nos plantea la Era de la Colaboración.
Einstein lo formuló de manera
brillante:
Si tuviera que resolver un problema en una hora y su vida
dependiera de ello, dedicaría 55 minutos a encontrar la
pregunta adecuada, y 5 minutos para la respuesta.
Esta entrada fue publicada el Sunday, 31 de January de 2010 a
las 11:17 am
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Fuente: Blog de José Cabrera
Imagen: Adaptive leadership
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Modelos mentales: Cerebro, conciencia y lenguaje
Modelos mentales | Humildad: Cerebro, conciencia y lenguaje
No vemos el mundo como es, sino como somos…” Respecto a esta idea, Andrés Ubierna reflexiona de la siguiente manera:
“Aceptar y vivir esta simple pero profunda afirmación nos acerca a uno de los valores centrales a considerar a la hora de mejorar nuestra habilidad de entendimiento mutuo y aprendizaje, y la ejecutividad organizacional. Descubrir que no tenemos acceso a la realidad del mundo, sino tan sólo a nuestra expriencia de dicha realidad, nos permite abrirnos a ese “otro mundo tan real como el mío” para ese otro con el que trabajo, con el que coordino, con el que dialogo, con el que resuelvo. Las tecnologías neurocientíficas y los estudios biológicos del cerebro y su funcionamiento, aportan en este sentido un valor inmenso. Reconocer el hecho científicamente comprobado de que nuestras conexiones neuronales responden plásticamente al lenguaje, es reconocer que cambiando la forma en la que hablamos, cambia literalmente el mundo que vemos… esto nos trae a la mano nuevas posibilidades de aplicación al ámbito del desarrollo organizacional.”
La realidad que yo veo, es una experiencia tan real y distinta a la que ve mi interlocutor, que se enfrenta a la misma situación que enfrento yo. Tener esto presente nos ayuda a no descartar la mirada diferente del otro, a mejorar nuestra relaciones, a entendernos, y a trabajar mejor juntos. Te propongo entonces, el siguiente video de la conferencia brindada por el Dr. Mariano Sigman en TEDxBuenos Aires.
TEDxBuenosAires - Mariano Sigman - 04/08/10
http://www.youtube.com/watch?v=1y8hiuBUnV8
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