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Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Cómo comunicar con persuasión pero sin manipular: Una cuestión de ética

Enviado por Manuel Gross el 08/07/2010 a las 16:56
Manuel Gross


conversation-starters-tips.jpg Persuasión sin Manipulación: una Cuestión de Ética

Por Dra. Gloria Robles

Todos necesitamos convencer a otros de que lleven a cabo alguna propuesta nuestra. Desde el vendedor que trata que su cliente elija la marca que él promueve, pasando por el publicista que busca incrementar el consumo de un producto, el político que pretende ganar los votos de los ciudadanos, hasta el director que intenta convencer a su personal para que vuelva realidad la visión que él ha creado para la empresa.

 

Todo esto indica que la persuasión es un tema de gran uso y utilidad. Lo anterior motivó a la psicología social y a las ciencias de la comunicación a estudiarla, y han desarrollado una serie de técnicas para que los mensajes persuasivos sean más efectivos. Sin embargo, en muchas ocasiones ha quedado a un lado la discusión sobre si es ético o no echar mano de esta herramienta. En este contexto, el presente artículo tiene la finalidad de identificar las diferencias entre la manipulación y la persuasión ética, e invitar al lector a evitar la primera y hacer uso de la segunda.
 

 

Persuasión General y Persuasión Ética

 

Habría que empezar por definir el concepto de persuasión. De acuerdo con Collins (2009, p. 4), la persuasión consiste en “un cambio, intencional e internalizado, en actitudes, creencias o conductas, originado por una comunicación, en donde algún grado de libertad de elección es percibido por el receptor”. Por ejemplo, Cablevisión con sus anuncios televisivos pretende que los usuarios de Internet den de baja el servicio que les brindaba Telmex y cambien a Yoo, para lo cual ofrecen una serie de argumentos, entre ellos la velocidad y el costo. Aquí se pretende lograr un cambio en la creencia de que el servicio de Internet más rápido es el de Telmex, para que el usuario transforme una conducta y deje a un proveedor por otro; su lema es “Cámbiate ya”.

 

Al analizar el concepto de persuasión explicado de manera previa, descubrimos que no tiene ninguna consideración ética. Más bien se hablaría de persuasión efectiva o inefectiva, según haya logrado su propósito o no. Gardner (2004, p.212) expresa esta concepción práctica del arte de persuadir con las siguientes palabras: “Depende de nosotros el elegir el uso que le demos (a las técnicas de la persuasión) y hacerlo de una forma egoísta y destructiva, o de un modo que sea generoso y logre mejoras en la vida”.



De esta forma, las técnicas propuestas por los teóricos de la comunicación no serían ni buenas ni malas, pues su valor ético dependería del fin para el cual fueran usadas. Desde esta perspectiva, el fin justificaría los medios.

 

Por el contrario, existen varios autores (Messina 2007, Reardon 1991) que recalcan con insistencia que la persuasión debe aplicarse con parámetros éticos. Entre ellos destacan Baker y Martinson (2001), quienes proponen que para que la persuasión sea ética deben cumplirse cinco principios:

 

  1. Veracidad del mensaje: decir la verdad sin deformar la información.
  2. Autenticidad del que busca persuadir: ser genuino y actuar en armonía con lo que uno cree.
  3. Respeto por los receptores: que sean tratados como fines y no como medios, evitar usarlos para beneficio personal, o el de la empresa.
  4. Uso justo del atractivo del mensaje persuasivo: evitar sólo hablar de los aspectos positivos de la propuesta. En especial, con audiencias vulnerables, como son los niños y las personas con poca escolaridad. Ellos deben ser tratados de acuerdo con sus limitaciones para entender los costos y los daños potenciales de aquello que se les pide realizar. De otra forma, la persuasión sería abusiva y manipuladora.
  5. Responsabilidad social: es necesario tener en consideración los efectos de la comunicación persuasiva en la comunidad y en la sociedad como un todo. No sería ético tratar de alcanzar los objetivos de ventas o la rentabilidad de una empresa a costa del bien común.



En síntesis, se puede afirmar que, para que la persuasión sea ética, debe respetar la dignidad del receptor, al permitirle hacer una elección voluntaria, informada, racional y reflexiva.

 

Los conceptos éticos son hermosos, pero, en la práctica, cuesta trabajo entender cómo aplicarlos. Para hacer esto más sencillo, se presenta el Cuadro 1 en donde se comparan los factores que propone Gardner (2004) para lograr una persuasión efectiva, con lo que tendría que hacerse para lograr el uso ético de los mismos.



Cuadro 1

Factores para lograr una persuasión efectiva

Como convertir la persuasión en ética

a) Fundamentación: apoyar lo que se pide al receptor con razones sólidas. Reconocer las ventajas y desventajas de cada una de las razones expuestas.
b) Investigación: sostener nuestros argumentos con información relevante, actualizada, investigación de campo e incluso análisis estadístico. Ofrecer información completa, para que la audiencia tome una decisión sustentada.
c) Resonancia en los sentimientos del otro: un mensaje persuasivo debe tocar al corazón y convencer a la mente. El impacto emocional se logra a través de que el expositor exprese sus propias emociones, apoyado en el uso de historias, metáforas y analogías. Así, contagia al auditorio de su entusiasmo y lo convence de la propuesta que hace. No apoyar la persuasión sólo en el uso de emociones. Equilibrar los argumentos con el entusiasmo y los sentimientos que expresa el expositor. El solo uso de emociones puede llevar al fanatismo.
d) Beneficios para el receptor: hacer explícitas las ganancias o beneficios que tendrá el receptor con el cambio propuesto. Evitar exagerar los beneficios que obtendrá el receptor sin ocultar los riesgos o peligros potenciales de la propuesta.
e) Vencer la resistencia del receptor: la persuasión será menor en cuanto el receptor tenga mayor resistencia al cambio solicitado. Éstas deben ser reconocidas y contrarrestadas a través de argumentos y beneficios. Dejar a un lado la manipulación, el engaño o la presión como medios no éticos para vencer la resistencia.



Si analizamos los grandes engaños que han llevado a cabo algunos pseudo-empresarios o directores de empresas, vemos que han sido eficientes en su intento de persuasión, pero poco éticos. Por ejemplo, el fraude realizado por la empresa de fondos de inversión privados Stanford Investment que ofreció a los inversionistas la promesa de ganancias extraordinarias, superiores a las del promedio de los instrumentos financieros disponibles en el mercado mexicano (marcó muy bien los beneficios de su propuesta), pero omitió decirles que la institución no estaba registrada en la Bolsa Mexicana de Valores y que si tenían pérdidas éstas no estaban protegidas por ninguna institución. Su propuesta fue engañosa y manipuladora. 



El resultado fue que los inversionistas perdieron su dinero y no encontraron la forma de recuperarlo. En cuanto al director de la empresa, quedó como un sinvergüenza, que tiene las puertas cerradas para volver a hacer negocios en México y en muchos países del mundo. Cuando vemos tantos engaños y manipulaciones en el mundo de los negocios, parecería que el ser humano tiene un duendecillo malévolo que lo lleva a querer abusar de los demás, para lograr rápido la riqueza o el poder. Pero la parte sabia del ser humano busca contrarrestar a ese duendecillo a través de leyes e instituciones regulatorias.

 

En oposición a Stanford Investment, encontramos a los ejecutivos de cuenta de muchas casas de bolsa mexicanas que desean convencer a los clientes potenciales para que inviertan en su institución. Desde luego, fundamentan su propuesta con razones sólidas, apoyados en estadísticas del rendimiento comparativo de sus fondos con respecto a los de la competencia. Al hablar con el cliente, muestran entusiasmo acerca de sus productos y les hacen explícitos los beneficios que obtendrán, evitando el engaño y, sobre todo, respetando la libertad de la persona. 



La consecuencia de esta persuasión ética será que el cliente tendrá confianza y lealtad con la institución y con el ejecutivo, lo que permitirá que siga haciendo negocios con ellos, en lugar de irse con la competencia. En el largo plazo, la persuasión ética rinde sus frutos.

 

Cómo Protegerse de la Persuasión poco Ética

 

Si bien existe una responsabilidad ética en el persuasor, también el receptor tiene que hacer su parte: protegerse de intentos abusivos y engañosos de persuasión. Para lograrlo, Pratkanis y Aronson (2001) nos sugieren tomar las siguientes medidas:


  • Conocer los caminos de la persuasión y reconocer que uno puede ser víctima de la propaganda. Por ejemplo, podemos desarrollar la costumbre de analizar los anuncios que ofrecen productos que parecen mágicos (como aquellos que prometen borrar la arrugas en 60 segundos) y preguntarnos si en realidad serán capaces de hacer todo lo que promete la propaganda.

  • Monitorear nuestras emociones. Si usted siente que han jugado con sus emociones, sálgase de esa situación y analice qué le está pasando. Por ejemplo, si descubre que le han provocado miedo o culpabilidad para que compre un servicio, analice si de verdad lo necesita.

  • Explore las motivaciones y la credibilidad de la fuente de la comunicación. Pregúntese si el comunicador es un experto y digno de confianza. Por ejemplo, es obvio que a un vendedor le interesa cerrar la venta para ganar la comisión, por lo que podemos dudar de que quiera ayudarnos a elegir el producto que mejor cubre nuestras necesidades, incluso si lo vendiera la competencia.

  • Piense racionalmente acerca de la propuesta que le hacen. Tome el papel de abogado del diablo y reflexione sobre los argumentos contrarios a lo que le piden que haga. Por ejemplo, si va a comprar una casa, el vendedor le hablará de todas sus bondades, a usted le toca identificar todos sus defectos.

  • Analice la gama completa de alternativas antes de tomar una decisión. Haga una investigación de mercado antes de comprar un bien o un servicio. Por ejemplo, si ha decidido comprar una lap top, visite varias tiendas y revise varias marcas, para comparar el precio y las funciones que ofrecen.

  • No base su evaluación en lo que el persuasor dice, sino en lo que él hace. Por ejemplo, si Televisa recalca en su propaganda que los medios masivos de comunicación tienen un compromiso social y observamos que la empresa apoya campañas como el Teletón, podemos creer en sus palabras.

  • Si la propuesta es demasiado bella para ser verdad, tal vez sea engañosa. Si los inversionistas de Stanford Investment hubieran tenido en cuenta esta recomendación, quizá no hubieran perdido su dinero.



Conclusiones

 

Al ser humano le gusta que los demás hagan lo que él les pide, ya sea un empresario, un publicista, un gerente o un político. Para lograrlo, puede aplicar los principios y fundamentos de la persuasión efectiva, sin importar caer en el engaño o la manipulación. De momento, el persuasor poco ético puede lograr su propósito, pero en cuanto los receptores se den cuenta del abuso, se romperá la confianza y será casi imposible restaurarla. En el mundo de los negocios la confianza es fundamental. Si un gerente o el director de una empresa habla con la verdad, es auténtico, respeta la dignidad de sus clientes y de sus empleados, ellos confiarán en él y podrán establecer relaciones duraderas. La persuasión ética tiene sus costos, pero bien vale la pena pagarlos.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Baker S. and Martinson D.L. (2001). “The TAREAS Test: Five Principles for Ethical Persuasion”. Journal of Mass Media Ethics16, No. 2 & 3: pp. 148-175.
  • Collins S.D. (2009). Persuasion. Managerial Communication Series. USA: South-Western Cengage  Learning.
  • Gardner H. (2004). Changing Minds. Boston, Massachusetts: Harvard Business School Press.
  • Messina A. (2007). “Public Relations, the Public Interest and Persuasion: an Ethical Approach”. Journal of Communication Management. Vol. 11, No. 1: pp. 29-52.
  • Pratkanis A. R. y Aronson E. (2001). Age of Propaganda. The Everyday Use and Abuse of Persuasion.  New York: Henry Holt and Company.
  • Reardon K.K. (1991). La Persuasión en la Comunicación: Teoría y Contexto. México: Paidos.

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27 de Junio, 2010

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Fuente:  Dirección Estratégica  
Imagen: Converesation tips  


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Repetir es una estrategia persuasiva?

Enviado por el 04/04/2011 a las 22:26
Manuel Gross

La ilusión de la verdad: ¿Repetir es una estrategia persuasiva?

4 de abril de 2011

 

La repetición es una técnica casi tan antigua como el hombre mismo. De hecho, existe una frase popular que afirma que una mentira repetida cien veces llega a convertirse en verdad. Los políticos, los medios de comunicación y la publicidad utilizan mucho la repetición como una forma para persuadir a las masas; pero… ¿es realmente la repetición una técnica persuasiva?
Aunque pueda parecer demasiado simple lo cierto es que la repetición de los mensajes realmente aumenta su efecto persuasivo; convirtiéndose en una de las estrategias más sencillas para convencer a los otros. En el año 1992, Begg, profesor de la McMaster University en Ontario, demostró el efecto de la repetición con un sencillo pero curioso experimento. Los participantes simplemente debían evaluar la veracidad de determinadas frases que se les mostraban. Lo interesante es que estas frases se expresaban sólo una vez o se repetían al menos dos veces. Al finalizar el experimento pudo apreciarse que las personas tendieron a evaluar las frases repetidas como más veraces y, como puede presuponerse, si creemos que un mensaje es veraz, seremos más sugestionables y más receptivos a la información que éste nos brinda.
A este efecto se le conoce en Psicología como la “Ilusión de la verdad”, un fenómeno según el cual la familiaridad (de la mano de la exposición reiterada a los mensajes) nos hace valorar un mensaje como más veraz de lo que realmente es. Muchas veces creemos que las cosas familiares son verdaderas porque nuestro cerebro tiene que hacer un esfuerzo muy pequeño para procesarlas y esta señal a nivel inconsciente de relativa facilidad, nos confunde con la verdad. Lo contrario ocurre con las informaciones que son muy difíciles de procesar, tendemos a desconfiar de las mismas y a pensar que son inciertas.
Como puede presuponerse, muchos políticos o publicistas conocen a la perfección que: entre la verdad y la Ilusión de la verdad no existe sino una línea muy sutil.
No obstante, repetir hasta el cansancio una información puede tener efectos totalmente contraproducentes. Por esta razón muchas investigaciones se dan dedicado a examinar cuál es el número de repeticiones que hace que un mensaje sea percibido como verdadero y persuasivo. Brinol, en el año 2008, descubrió que las personas se sienten cómodas con una idea después que han sido expuestas a la misma entre 3 ó 5 veces. Un número mayor de repeticiones no aumenta la veracidad e incluso puede incitar la desconfianza. Precisamente, ésta es la razón por la cual los spots publicitarios se repiten pero variando algunos de sus diálogos de forma que transmiten la misma idea pero a la misma vez capturan la atención con la variación de los detalles.
Por supuesto, esto no quiere decir que la repetición es una estrategia efectiva al 100% y que el único factor para que un mensaje sea persuasivo sea el número de repeticiones. De hecho, la repetición es una estrategia efectiva sólo cuando las personas prestan poca atención pero cuando están muy concentradas y el argumento es débil, el efecto persuasivo del mensaje desaparece. En otras palabras, no es una buena idea repetir un argumento débil; sobre todo si las personas están evaluando atentamente las informaciones que se les está haciendo llegar.
No obstante, la Ilusión de la verdad no se evidencia sólo en los grandes ámbitos sociales sino que también se da al interno de los grupos. Cuando existe una discusión y escuchamos varias veces la misma opinión mostraremos una tendencia a decantarnos por la misma pensando que es representativa de todo el grupo, aunque en realidad no lo sea.
La Ilusión de la verdad también puede apreciarse en el plano interno. En el reciente 2010 Ozubki mostró como, si nos repetimos una idea continuamente, ésta llega a convertirse en una verdad para nuestra conciencia.
Fuentes:
Ozubko, J. D. & Fugelsang, J. (2010) Remembering makes evidence compelling: Retrieval from memory can give rise to the illusion of truth. Journal of Experimental Psychology, Learning, Memory and Cognition.
Moons, W. G.; Mackie, D. M. & García, T. (2009) The impact of repetition-induced familiarity on agreement with weak and strong arguments. Journal of Personality and Social Psychology; 96(1): 32-44.
Begg, I. M.; Anas, A. & Farinacci, S. (1992) Dissociation of processes in belief: Source recollection, statement familiarity and the llusion of truth. Journal of Experimental Psychology; 121(4): 446-458.

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Persuasion: The Third-Person Effect

Enviado por el 03/08/2010 a las 11:09
Manuel Gross
Why people think they are less influenced than others by adverts and persuasive messages.

One of the most intriguing things about the psychology of persuasion is how many people say that persuasion attempts have little or no effect on them. Other people, oh sure, adverts, work on them. But not you and I, we're too clever for that.

Attractive woman holding a bottle of beer? Hah! How stupid do they think we are? We know what they're doing and we wouldn't fall for such cheap tactics.

Would we?

Persuasive experiments

So pervasive is this feeling that only 'other' people are influenced by things like adverts that many studies have explored the idea, with an initial surge in the 1980s and 90s. Psychologists wanted to see how much people thought they were influenced by persuasive messages like adverts and compare it with actual attitude changes, if any.

Typically these studies first got participants to watch an advert, read a newspaper article or other medium containing a persuasive message. Then they were asked how much it had influenced them and how much it might influence other people. Since the experimenters measured actual persuasion and knew from previous research how influential the messages were, they could compare people's guesses with reality.

What they found, in study after study, was that participants thought others would be influenced by the message, but that they themselves would remain unaffected. When psychologists looked at the results, though, it was clear that participants were just as influenced as other people. This was dubbed the 'third-party effect'.

Third-party effect

Reviewing the research in this area, Perloff (1993) found that studies on political adverts, defamatory news stories, public service announcements and many more all showed a robust third-person effect. Similar conclusions were reached by Paul et al. (2000), who looked at 32 separate studies.

Perloff also found that when people don't agree with the message or judge its source as negative, the third-person effect became even stronger. The effect is also stronger when messages aren't directly relevant to people.

In other words people are likely to be influenced more than they think on subjects that are currently of little or no interest to them. An everyday example would be seeing an advert for a car, when you're not in the market for a new car. We'd probably guess it has little or no influence on us, but this research suggests we'd be wrong.

Take back control

The third-person effect is unusual because it goes against the general finding that we overestimate other people's similarity to ourselves.

This is what psychologists call the false consensus effect: we tend to assume that others hold more similar opinions and have more similar attributes and personalities to ourselves than they really do.

The third-person effect, though, goes in the other direction. When it comes to influence, instead of thinking other people are similar to us, we think they're different. There are two facets of human nature that support this exception:

  • Illusion of invulnerability. People prefer to believe that they are, on average, less vulnerable than others to negative influences, like unwanted persuasion attempts. We all want to protect our sense of control over our lives. One way we do that is to assume that ads only work on other people.
  • Poor self-knowledge. Although it's an unpalatable idea, we often don't know what's really going on in our own minds (see the hidden workings of the mind). Not only does this make scientific psychology a tricky enterprise, it also means that many of our intuitions about the way our own minds work are scrambled and subject to biases like the illusion of invulnerability. The effect of persuasive messages is a good example of this.

People often react to this sort of research by saying it's disheartening, which it is. It's not a happy thought that we don't know how easily we are influenced because we don't really know what's going on in our own minds.

However, sticking our heads in the sand and pretending influence attempts don't work is likely to increase our vulnerability. On the other hand, if we acknowledging our lack of insight into our own thought processes, we can raise our defences against the power of advertising and messages of influence, and take back control for ourselves.

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