
Equipos tóxicos
Por Business Management Consulting
Mucho se ha hablado de los "Equipos de Alto Desempeño", pero ¿Cómo reconocer a un "Equipo Tóxico" en la organización?
Los equipos nunca son mejores que los miembros que los componen (ello referido sólo a la dimensión de sus valores humanos y no referido a su potencial operacional, dado que la sinergia que eventualmente podría surgir en su dinámica sería potencialmente superior a los resultados que podrían aportar cada uno individualmente).
Veamos alguno de los síntomas que podríamos observar en alguno de los profesionales que conforman estos grupos (no es necesario que sean todos):
1. Incapacidad para comprometerse:
No pueden comprometerse con una visión compartida, dado que están más pendientes de sus intereses individuales que de alinear sus esfuerzos en pos de un objetivo superador. La respuesta que siempre aparece en sus labios es "todo muy lindo, pero es sólo una teoría" ... "Aquí las cosas siempre se hicieron así ... nada va a cambiar". La emocionalidad existente es la de la resignación.
2. El conflicto es el "pan de cada día":
La competencia profesional más desarrollada es la "Culpabilidad" (habilidad para encontrar un culpable). Jamás encontraremos a alguien que esté dispuesto a asumir responsabilidad para revisar de que manera ha contribuído a provocar el problema o la no obtención del resultado buscado. Habrá sin embargo, una considerable dosis de "creatividad" para encontrar "excusas" poderosas o aparecerá la consabida frase "esto no es mi problema" dado que los culpables siempre son alguno de los otros miembros del equipo. La emocionalidad que predomina aquí será la del resentimiento.
3. No asumen riesgos:
Sus miembros son "dóciles obedientes" a las órdenes del que manda. Parece en apariencia que las cosas funcionan bien, pero sólo en apariencia. Se limitan a cumplir "estrictamente" las órdenes del "jefe". Total, si se equivocan la culpa será del jefe y no de ellos. Jamás asumirán riesgos que puedan poner en riesgo su reputación o sus posibilidades de recibir un aumento de sueldo o ser promovidos. La emocionalidad que se destaca es la del miedo.
4. Son "realistas":
Estos colaboradores se destacan por encontrar siempre "los 5 cvos. que faltan para el peso". Su frase favorita será "esto no va a andar". Boicotean toda iniciativa diferente y permanentemente desalientan todo intento por innovar y proponerse metas desafiantes. La emocionalidad que veremos es la del pesimismo y la desesperanza.
5. Están "iluminados":
Los miembros de este grupo consideran que si "la organización no les pusiera palos en la rueda" o les brindara los recursos necesarios, ellos serían capaces de solucionar todos los problemas. En este caso "los culpables" de todo están fuera del equipo. Ellos son el "dream team". Jamás cuestionan la manera en que ellos trabajan. La emocionalidad resultante es la arrogancia.
6. Acaparan información:
Consideran la posesión de información como fuente de poder y no están dispuestos a compartirla. Jamás serán ofertas para ayudar a otros que pudieran enfrentar desafíos similares a los que ellos enfrentaron y resolvieron. La emocionalidad que los aglutina es la del egoismo.
Todos en la vida nos habremos topado en algún momento con gente de estas características, y hemos sufrido sus consecuencias.
No es nuestra intención transformarnos en "victimas" y detallar una larga lista de "quejas" contra ellos, dado que de esa manera estaríamos adoptando precisamente algunos de los comportamientos que precisamente cuestionamos. El objetivo es poder "reconocer" rápidamente la situación y adoptar las decisiones necesarias para poder "transformar" esa realidad que no nos gusta.
Pero ello ... será material que podremos leer en nuestra próxima entrega. Hasta pronto!!
Invitamos a la Conferencia "Desafiando paradigmas - Del Rol de Manager al Rol del Coach" el 15/06/2010 - 19 horas. Mayor información ver http://www.eseade.edu.ar
mayo 2010
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Fuente: Management articles
Imagen: Mr. Burns
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La sociedad tóxica
La sociedad tóxica
Posted on Julio 19, 2010 por pacotraver
Sin castigo no hay cooperación ni civilización
Adolf Tobeña
Ayer tuve oportunidad de visionar este video donde Adolf Tobeña habla sobre “Castigo y civilidad” en un foro propiciado por enseñantes y realizado en la Universidad de Cádiz y que se encuentra aquí, en este post de Tercera Cultura.
Voy a dedicar este post a hacer un resumen de las interesantes ideas que vertió en esa conferencia y simultáneamente a hacer una revisión crítica de su posición.
Es importante darse cuenta de que la intervención que le precedió fue la de un juez, cuyas ideas no pudimos escuchar salvo por las alusiones que hace Tobeña al principio de su intervención y que, de forma algo brusca, calificó de opiniones instando a la profesión jurídica a apoyarse no tanto en ellas sino en los hechos, dando por hecho que los hechos se explican por sí mismos cuando lo cierto es que precisan de algún tipo de hermenéutica, de interpretación.
Segun Tobeña son “hechos” los siguientes:
1- Los seres humanos no somos buenos por naturaleza tal y como pensaba Rousseau. Más tarde veremos en cómo se articulan las ideas de Rousseau con las bien conocidas de Hobbes acerca de “Homo lupus homini”. Antes al contrario, nacemos egoistas y agresivos para “salirnos con la nuestra”, cosa que aprendemos precozmente a través de los conocidos berrinches.
2.- La sociedad no pervierte a los humanos, sino que más bien modula su agresividad y es benefactora para la mayoría, ayudándola a inhibir su agresión y el egoismo natural de casi todos.
3.- Las instituciones destinadas a “Vigilar y castigar” -según la máxima de Foucault- son benefactoras para la convivencia de los humanos y para que desarrollemos nuestros proyectos individuales sin demasiados tropezones: medramos más y mejor en una sociedad que gestione bien sus sanciones y que tenga reglas claras y no contradictorias con otras.
Y una idea fundamental a destacar en su discurso -con el que no estoy de acuerdo- y sobre el que aportaré más tarde mis razones:
La familia, la sociedad, la escuela tienen muy poca influencia en el devenir de los humanos, una influencia que el propio Tobeña cifró en un 10% dejando el grueso de la determinación a la genética.
Quisiera en este momento introducir un paréntesis en mi exposición para resaltar una idea que aparece en la conferencia de Tobeña en varias ocasiones de su exposición, y que no aclara en ningun momento. Tobeña habla de una impregnación social de ciertas ideas tóxicas que remiten más a criterios de deseabilidad social que a los hechos duros de la experimentación. Añade Tobeña que estas ideas que impregnan al tejido social han terminado por imponerse en la opinión publica censurando a la verdad científica.
La idea fundamental de esta toxicidad es ésta:
La sociedad pervierte a los individuos y los enferma o los hace malos. Cualquier persona, en esta forma de pensar, es por tanto resinsertable o reeducable y seguramente una víctima de un sistema social injusto.
Naturalmente, esta sociedad a la que se refiere Tobeña sin nombrarla es la postmodernidad de Baudrillard o lo que Wilber llamaba el tapón verde y que ha recibido muchos nombres según distintos investigadores de lo social, así como “sociedad liquida” en Bauman y otros que ya nombré en este post. Intuimos que Tobeña se refiere a “lo politicamente correcto” es decir a las verdades que transmiten los medios de comunicación y que defienden jueces, políticos, profesores e incluso médicos es esa atmósfera que parece flotar en nuestras sociedades y que se conoce con el nombre de “relativismo” que disuelve la responsabilidad individual en una especie de culpa colectiva o institucional que llega a infiltrar incluso a aquellas instituciones con legitimación sancionadora, como jueces, profesores o padres que son, de oficio, los encargados de castigar las conductas indiviuales junto con el Ejército o la Policía, cada vez más parecidos a una ONG que a otra cosa.
Los jueces y la policía dan miedo y están ahí precisamente para darlo, en palabras de Tobeña.
Con respecto a los hechos experimentales que aporta Tobeña no haré sino remitir al lector al video donde existen simultáneamente diapositivas que apoyan, junto a la bibliografía citada, los argumentos psicosociales que viene a demostrar que los humanos vivimos mejor en un entorno con reglas y castigos que en ambientes ultratolerantes donde desaparecen las instituciones que sancionan.
En esto estoy en absoluto de acuerdo con lo que dice Tobeña; en lo que no estoy de acuerdo es en su visión determinista de la conducta humana que, además, creo que se contradice con otras afirmaciones que realizó.
Es verdad que los niños no son una tabula rasa cuando nacen sino que aportan su carga genética, su modo de ser o carácter. Ahota bien, la genética y la conducta no se encuentran relacionadas con un solo paso; existen al parecer múltiples pasos entre lo genético y el comportamiento y hemos tenido que inventar constructos teóricos -como los endofenotipos- para explicarlos parcialmente. Pero lo importante desde mi punto de vista no es la genética sino lo que el niño aprende en su primer año de vida para “salirse con la suya” y, más allá de eso, cómo reacciona su ambiente, es decir, qué es lo que hacen sus padres para inhibir o reforzar estas conductas.
Y lo que suelen hacer los padres con sus hijos ahora, aquí, en esta sociedad tóxica, es casi siempre ceder a la tiranía que les impone su hijo porque los padres han desertado de su función normativa.
Y la causa de este fenómeno es precisamente social, de forma que resulta dificil encajar la idea de Tobeña respecto a la “prescripcion genética (todo rasgo tiene una probabilidad de presentarse en función de su penetrabilidada genética) con la idea de que la sociedad, la familia y la escuela se encuentran infiltradas de ideas tóxicas que no hacen más que generar disfunciones educativas y sociales.
En suma me parece contradictorio negar la causalidad social-familiar de algo para más adelante decir que es la sociedad a través de la educación la que modula la expresión de la “maldad”.
Es cierto que tanto Rousseau como Hobbes tenian algo de razón, el uno al pensar que el hombre era bueno por naturaleza y el otro por pensar que el hombre podia ser un lobo para el hombre pero se equivocaron ambos al tratar de construir una teoria universal de lo humano. Lo que más se aproxima hoy a la verdad es que la bondad o maldad de nuestros actos depende de las personas y depende de las situaciones. Para profundizar en esta idea basta visionar el video que propuse donde puede observarse como aspectos como el castigo, el anonimato, la suciedad (broken window) o incluso la falta de iluminación influyen en nuestras conductas.
Y nos dividen entres grupos que ya pueden detectarse en la primera infancia (2-13 años):
Estas parecen ser las caracteristicas que discriminan tres grupos de niños y que identifican constelaciones genéticas destinadas a la pelea (guerreros) o “la buena gante”, el resto, es decir la sección central de esta distribución estadística seria el grueso de la población: los que agreden sólo de vez en cuando, la mayoria.
La mayor parte de nosotros somos malos situacionales.
Lo que sucede es que con el tiempo las estrategias “para salirnos con la nuestra” se hacen más sofisticadas y aprendemos a conseguir nuestros fines sin necesidad de agredir o pelear. Una minoria no aprende y son “la carne de cañón” que se haga lo que se haga nunca aprenderá y son por tanto inrehabilitables. la idea fundamental que se desprende de estas pruebas que Tobeña aportó es que:
La conclusión que extraje de el visionado de esta conferencia es la siguiente:
La sociedad, la familia y la escuela son probablemente variables poco importantes si lo que estamos estudiando es la causalidad de las conductas antisociales pero, estas instituciones se vuelven críticas a la hora de inhibir o reforzar estas conductas y muy probablemente tienen un mayor efecto cuando comienzan a ejercer su función sancionadora precozmente.
O dicho de otra forma: los castigos puede que pierdan efectividad a medida de que el individuo progrese en su itinerario evolutivo y en un determinado punto de no retorno es muy posible que carezca de funcionalidad si lo que pretendemos es corregir una determinada conducta.
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