Por Santiago
Bilinkis
Hace unos días estuve en una charla organizada por YPO, donde habló Shawn Achor, profesor de psicología de la Universidad de Harvard.
La charla tuvo muchos aspectos interesantes, pero hay uno en particular que me impactó por su sencillez y relevancia para nuestra vida cotidiana.
Es un concepto que él llamó “Activation energy” (energía de activación, en adelante “AE”). El término “energía de activación” proviene de la Química y está definido como el nivel mínimo de energía que necesita un proceso químico para comenzar. En términos psicológicos, la idea es simplemente que empezar a hacer algo cuesta mucho más esfuerzo que seguir haciéndolo una vez que ya lo empezamos.
En palabras distintas, no es otra cosa que decir que todos vivimos en la inercia de mantenernos en nuestra zona de confort. Y sacarnos de ahí requiere un esfuerzo importante. Por ejemplo, si queremos salir a hacer ejercicio, cambiarnos y salir nos requiere mucha más fuerza de voluntad que ejercitarnos una vez que ya estamos listos para empezar a hacerlo. En palabras simples, con la mayoría de las cosas lo difícil es arrancar.
Shawn Achor nos habló de un método sencillo para vencer la inercia del confort, que se puede aplicar a la vida personal, a los negocios, hasta a la vida de pareja!
Veámoslo con dos ejemplos que él dio de su vida cotidiana y que pueden aclarar más la idea.
1) Shawn quería hace tiempo empezar a tocar la guitarra. Se había comprado una y la tenía guardada en su estuche dentro de un placard en su living. La realidad es que nunca tocaba.
Un día decidió medir cuánto tiempo le tomaba sacarla… Eran 25 segundos. Puede sonar exagerado que esos 25 segundos hicieran tanta diferencia pero esa es precisamente la clave de este concepto. Que por alguna razón, una pequeña barrera de esfuerzo provoca un efecto muy amplificado por obra y gracia de nuestro cerebro.
Así, pensó en el concepto de AE y decidió comprar un soporte de guitarra y ponerla sin estuche al lado del sofá donde se sentaba siempre. Y “mágicamente”, al tenerla simplemente a un brazo de distancia, cada vez que estaba sentado allí empezó a tocarla.
2) La segunda historia es la del ejemplo que usé arriba: el de hacer ejercicio. Shawn quería empezar a correr a la mañana al levantarse, pero cuando el momento llegaba no lo hacía. La solución en este caso fue un poco más radical: por unas semanas, decidió acostarse la noche anterior vestido con ropa deportiva y dejando sus zapatillas al lado de la cama.
El descubrió que en este caso buena parte de su “barrera” era vestirse con la ropa deportiva necesaria para salir. Pero hay algo muy interesante en este ejemplo! Levantarse ya listo para correr no sólo le bajaba el “activation energy” de ir a correr. También le subía el de todo lo demás! Si en vez de ir a correr él quería hacer otra cosa, tenía que sacarse la ropa deportiva y volver a vestirse con ropa de calle. De repente, ir a correr era la opción más cómoda!
Este segundo ejemplo ilustra una segunda aplicación de este concepto. No sólo pensar en cómo bajar el AE de algo nos ayuda a hacerlo más: subirlo también puede servirnos para abandonar costumbres que queremos dejar de hacer. Si, por ejemplo, queremos mirar menos televisión y leer más antes de dormir, sacarle las pilas al control remoto y guardarlas en un lugar a 30 segundos de distancia y dejar el libro apoyado en la mesa de luz debería ser muy efectivo para conseguirlo.
Estoy seguro de que a ustedes se les ocurrirán ejemplos de su propia vida cotidiana donde no hacen aquello que se proponen por sucumbir a pequeñas barreras y encontrarán maneras piolas de aprovechar esta sencilla herramienta. Desde la semana pasada yo ya lo estoy haciendo y a mí me funciona!
Hace justo un año escribí un
post que a mí me gustpo mucho pero poca gente
leyó sobre el gran costo en la vida personal y profesional
de las “pequeñas postergaciones”
(”procrastination”). Este nuevo post es el
complemento perfecto del anterior. Ahora, sabiendo el costo de
postergar y con el método de Shawn Achor se nos acabaron las
excusas!
Publicado el 15 Mar 10 por Santiago B.
.....................................
Fuente: Riesgo
& Recompensa
Imagen: Thinking
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El ?cuarto oscuro? y zona de confort
El “cuarto oscuro”
4 Noviembre, 2010 por jmraventos
Ayer tuve una interesante conversación con mi amigo Agusti Brañas (@agustibranas) fundador de uno de los mejores grupos en español en Linkedin: Habilidades Directivas 2.0 , mientras nos dirígíamos al Alt Empordá a visitar a nuestra común amiga Montse en @lafornal (no os perdáis su excelente cocina)
Hablábamos sobre las dificultades que nos encontramos, como consultores, a la hora de intentar cambiar formas de pensar y modelo mentales de empresarios y dirigentes que, a día de hoy, todavía gestionan su empresas bajo paradigmas “tayloristas” de principios del siglo pasado y desconocen lo que significa la empresa 2.0. Líderes incapaces de entender que nuestro entorno ha cambiado (y cambiará más) y que, por lo tanto, necesitan adaptar sus empresas y/o organizaciones a este nuevo escenario si quieren sobrevivir.
En un momento de la conversación Agustí comentó que parece como si en las mentalidad de los empresarios y líderes, existiera un “cuarto oscuro”.
Interesante concepto que me llevó a reflexionar.
Todos tenemos nuestro “cuarto oscuro” ,un lugar mental en donde depositamos ideas o pensamientos que no nos son cómodos, que retan nuestro modo de entender o ver el mundo. Los metemos ahí porque así nos sentimos mas cómodos, mas confiados.
Nuestros “cuartos oscuros” están llenos de errores que hemos cometido en el pasado. Nuestra cultura y educación no nos enseña a aprender de nuestros errores, sino que al contrario, tendemos a olvidarlos rápido, a depositarlos en el “cuarto oscuro”. Tenemos un pensamiento lineal: si algo no ha funcionado, olvídalo.
Ello hace que cualquier reto que comporte un riesgo a equivocarse, que desafie nuestros modelos mentales, origine miedo y temor a equivocarse y ahí está el “cuarto oscuro” para dejarlo, para sentirnos bien en nuestra zona de confort.
La inmensa mayoría de los directivos y empresarios están demasiado ocupados en el corto- plazo: conseguir los objetivos de este trimestre, cobrar el bono, conseguir el crédito, pagar la nómina. Cuando alguien les propone o aconseja que piensen a largo plazo, que reconsideren su forma de entender y ver su organización, seguramente escucharán, pero tarde o temprano enviarán la idea al “cuarto oscuro”.
Es difícil encontrar líderes que hoy en día, en el ambiente de incertidumbre que nos rodea, que sean capaces de replantarse sus convicciones y modelos mentales. de asumir que lo que han hecho hasta ahora puede que no sirva para lo que tienen que hacer hoy y mañana. La mayoría tiene su “cuarto oscuro” a mano.
“Vamos a dejarlo ahí y ya veremos” “No me voy a complicar la vida” “Siempre los hemos hecho así” ¿Os suena? Son los refugios mentales, los “cuartos oscuros” a los que se refiere Agustí y que frenan toda tipo de innovación, de aprendizaje y que, en mi opinión, está en la base de los graves problemas que estamos afrontando hoy en día en la gran mayoría de organizaciones públicas y privadas.
Pero la realidad es muy tozuda. sin cambiar lo que venimos haciendo desde hace años vamos a tener lo que tenemos. La capacidad de aprender de nuestros errores, de cambiar los paradigmas y modelos mentales requiere cerrar con llave el “cuarto oscuro” y no recurrir a él como auxilio a nuestras limitaciones.
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