El Diccionario de la Real Academia Española se refiere a la empatía como a la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. O sea, es aquél proceso por el que las personas nos identificamos y nos reconocemos con los demás en nuestras emociones y sentimientos.
Las personas que experimentan más empatía con el prójimo tienen más facilidad para comprenderlo, conectan mejor con sus preocupaciones, sus emociones y sus puntos de vista. Son percibidas como más sensibles, más populares y más sociables.
En el mundo profesional, la empatía es una competencia que acerca a las personas a sus objetivos. Un directivo empático ayuda a las personas a sacar lo mejor de sí mismas, preocupándose de su desarrollo profesional y personal. También tiene más facilidad para orientarse a los clientes y para escuchar sus necesidades. Desde la empatía tiene un recurso excelente para conectar con los diferentes equipos, departamentos y grupos informales que existen dentro de la organización, lo que le facilita tener una mayor conciencia de lo que sucede dentro de ella.
Imagine a cualquier profesional del mundo de las ventas, de la dirección de personas, de las relaciones públicas, de la formación, de la educación o de la política. Su trabajo sería impensable sin el uso de la conciencia empática hacia las personas con las que trabaja. La necesidad de comunicar con los diferentes stakeholders con los que operamos (compañeros, clientes, competidores, propietarios, mercado…) convierte a la empatía en una competencia imprescidible para su trabajo. Después de todo, la empatía es una competencia de inteligencia emocional: las personas dotadas de una mayor conciencia empática tienen más éxito en sus relaciones personales y profesionales.
La conciencia empatica no es un privilegio ni un don reservado a unos pocos, pues la empatía es inherente a nuestra condición biológica. Se manifiesta desde nuestras neuronas espejo, aquellas que se activan cuando observamos a los demás y reproducen en el observador todas aquellas acciones y emociones que observa. Por ello, la empatía se puede trabajar y se puede desarrollar para convertirla en un recurso orientado a poner en marcha mejores relaciones con las personas que nos rodean.
Puede practicar la empatía a partir de este momento. Para ello sólo necesita abrirse a los demás desde la humildad, desde la vulnerabilidad, desde la igualdad. Merece la pena.


Por Berto Romero

















Me gusta contar de la "empatía
Lo que me gusta contar de la "empatía"
por Alberto Barbero
jueves 16 de septiembre de 2010
Carl Rogers decía -en otros tiempos ya lejanos- que en un entorno que cambia sin cesar, el objetivo de la enseñanza no puede ser la transmisión del saber sino la facilitación del cambio y del aprendizaje (entendido como algo experiencial y profundo): El aprendizaje no se sitúa "más alto que la nuca" sino a "nivel del abdomen" y concierne a la personalidad entera.
La comprensión empática es una de las tres llaves que abren esta puerta y me gusta la simplicidad con la que Rogers explica la habilidad: Percibir de modo empático es percibir el mundo subjetivo de los demás "como si" fuéramos esa persona, sin perder de vista, sin embargo, que se trata de una situación análoga, "como si". Me parece importante el matiz ya que frecuentemente suele confundirse "empatía" con "simpatía": "Soy demasiado empátic@ y lo paso fatal...".
Etimológicamente "patía" viene de "pathos" (sentimiento o experiencia) y es común a "anti-patía" (sentir y mostrar lo contrario de lo que siente el otro), "a-patía" (sin sentir ni mostrar comprensión de los sentimientos de los demás), "sim-patía" (sentir por el otro, en su lugar, incluso tanto o más que el otro) y "em-patía" (sentir con el otro). Para entender estas diferencias más empáticamente suele resultar útil hacer algún role-playing en el que alguien cuenta una situación problemática por la que ha pasado a distintas personas que van respondiendo con las distintas variantes de "pathos".
Aquí, una de las claves es entender que la empatía es algo que nos hace no solo más humanos sino también más eficaces. En este sentido, cuando alguien siente exageradamente no estaría siendo empático sino simpático, no estaría tomando la distancia mínima necesaria y difícilmente serviría de ayuda al otro o contribuiría a la construcción de confianza. Más concretamente y a modo de ejemplo, si me pongo a llorar las penas de los demás no solo no les ayudo sino que les fastidio.
Me gusta también la diferenciación de niveles que establece Goleman entre "empatía primordial" (interpretar adecuadamente lo que sienten los demás), "sintonía" y "sincronía" (escuchar de manera totalmente receptiva y mostrar verbal y no verbalmente la comprensión), "exactitud empática" (comprender en profundidad los pensamientos, sentimientos e intenciones) e "interés por los demás" (interesarse por sus necesidades y actuar en consecuencia). Entiendo que se solapan pero indican un camino de trabajo personal para el desarrollo empático. El interés por los demás, particularmente, indica que la empatía no es solo una actitud que favorece la llegada de inputs sobre como se sienten los demás sino que ha de ser también expresada con claridad (verbal y no-verbalmente) para la construcción del rapport. En este último punto suele ser interesante hacer algún ejercicio individual o grupal para la búsqueda e identificación de expresiones concretas de empatía.
¿Me puedes ayudar a enriquecer este discurso y estas prácticas? Publicado por Alberto Barbero a las 10:48
-----------------
Twitter - Facebook