
Por Sebastián Urbina
En los últimos años, la ciencia ha logrado establecer con mayor certeza las diferencias en el cerebro de hombres y mujeres. Una disparidad que se agudiza durante la adolescencia y se modera sólo en la vejez.
Se trata de uno de los campos más atractivos de la ciencia: saber cómo funciona esa masa de neuronas que llamamos cerebro. Por qué misteriosa razón no sólo maneja todos los aspectos de nuestras vidas, sino que también puede expresarse de maneras tan distintas como lo hace en hombres y mujeres.
Porque en los últimos años, con las mejores tecnologías para estudiar este órgano, la ciencia ha logrado establecer con mayor certeza las diferencias de género al momento de pensar, de sentir y de actuar.
De esto busca dar cuenta la doctora Louann Brizendine, neurosiquiatra autora de The male brain (2010) y The female brain (2006), donde caracteriza ambos cerebros resaltando sus diferencias, desde el nacimiento y la infancia, hasta la adolescencia y la adultez. Al final, ambos comienzan a asemejarse con el declinar de las hormonas que se produce en la vejez.
Esta especialista de la Universidad de California, en San Francisco, intenta aclarar esos inexplicables arrebatos de agresividad cuando ellos manejan un vehículo, su obsesiva fijación con el fútbol y otros deportes o su apetito insaciable por películas de violencia. O las mejores capacidades comunicativas de ellas, su habilidad para empatizar y leer emociones y su talento para distender conflictos. Según Brizendine, no existe opción en estos casos, ya que ellos y ellas están cableados para actuar así. Estos son sus argumentos.
Primeras diferencias
Hay que pensar que ambos cerebros son diferentes desde su concepción. La primera y más básica es que todas las células nerviosas tienen su propio género inscrito en sus genes: XX y XY.
El cromosoma Y -que define la masculinidad- juega un rol desde los primeros días de la fecundación, preparando el escenario para que después actúen las hormonas. A la octava semana de la concepción, los pequeños testículos del niño comienzan a producir suficiente testosterona para bañar sus neuronas en desarrollo y comenzar a moldear la estructura de su cerebro.
Así, explica esta experta, mientras la testosterona ayuda a podar neuronas que conectan los centros de comunicación del cerebro, que hace ser a los niños de menos palabras, los estrógenos en las niñas (XX) potencian estas conexiones, así como las regiones del cerebro responsables del lenguaje y de la expresión de emociones. Esto fortalece también la capacidad femenina de sintonizar con facilidad con el ánimo de los demás.
Según Brizendine, esto hace que al crecer ellas sean mejores negociadoras y conciliadoras, mientras ellos resultan más competitivos y luchadores.
La infancia
Cuando el niño empieza a caminar, se nota una de las grandes diferencias cerebrales con las niñas. Para ellos, todo se traduce en acción y movimiento. Están programados para moverse, para mover cosas y seguir cosas con la mirada alerta. Observaciones del desarrollo fetal demuestran que la testosterona activa ciertos genes en las neuronas masculinas que virtualmente obligan a perseguir los objetos en movimiento, golpear cosas, probar las propias fuerzas y jugar a derrotar a los enemigos.
Esto los hace preferir actividades diferentes a las niñas y ante ellas, cualquier niño parece hiperactivo. Esto se debe a que desde que nace hasta cumplir el año de edad, el niño produce tanta testosterona como un adulto, lo que desarrolla y fortalece sus músculos.
En respaldo de lo anterior, otras investigaciones demuestran que los varones tienen centros nerviosos de mayor volumen dedicados a la actividad muscular y a la agresión.
Otra diferencia sobresaliente radica en que los niños no sostienen la mirada. Apenas miran a los ojos y ya están buscando qué otra cosa se está moviendo. Las niñas, en cambio, sostienen más tiempo la mirada. Y aunque ellas son curiosas, aprenden pronto a respetar límites y reglas. Mientras que ellos siguen más interesados en jugar o tomar objetos prohibidos.
Las investigaciones siguen confirmando que niños y niñas prefieren juguetes de su propio sexo. Y aunque las niñas son capaces de usar juguetes de niños, ellos -sobre todo alrededor de los cuatro años- rechazan los juguetes femeninos o incluso los de niños que son de color de niña. Léase rosado.
Hagamos lo que hagamos, dice Brizendine, las niñas jugarán a la casa y vestirán sus muñecas, mientras los niños correrán detrás de enemigos imaginarios, construirán y destruirán y estarán siempre buscando nuevas emociones.
A pesar de lo que pensemos como tienen que jugar, los niños se inclinan por juegos competitivos y las niñas por juegos cooperativos. De su tiempo libre, los niños dedican 65% a competir y las niñas sólo 35%. Ellas, al jugar usan 20 veces más que ellos el sistema de turnarse.
La difícil adolescencia
La gran y clásica diferencia es la que se manifiesta después de la pubertad y que apunta a la sexualidad. La especialista de California explica que ellos tienen en su hipotálamo un espacio cerebral dos veces y medio mayor que ellas, dedicado a la libido.
Esto explica que desde muy pequeños ellos jueguen impunemente con sus genitales, muchas veces en público, lo que puede exasperar a sus madres. Más tarde, serán los pensamientos sexuales los que estarán constantemente parpadeando como telón de fondo en su corteza visual de día y de noche, manteniéndolos listos para aprovechar cualquier oportunidad de tener sexo.
Pero si bien ellas también comienzan a buscar pareja, a esta edad se focalizan intensamente en las emociones y en la comunicación. Hablar por teléfono y salir con su grupo de amigas son parte importante de sus actividades.
En la adolescencia, ellos son más arriesgados. Esto, porque su centro del placer, según Brizendine, está prácticamente silenciado y se activa sólo con emociones extremas, como ganar un partido de fútbol o tener una cita.
En ese momento se produce un tsunami de dopamina que los saca de su habitual desgano. Correr estos riesgos es lo que les permite ganar en independencia y autonomía.
Otro factor de excitación en los jóvenes es cuando están con sus pares. Entonces tienen más accidentes y usan más drogas y alcohol. Y aunque ellas también experimentan, siempre están más alertas a los riesgos y a cómo evitarlos.
Madurez dispar
Esta es la edad en que se consolida la clásica queja: los hombres acusan a las mujeres de ser demasiado emocionales y ellas los consideran poco demostrativos.
La explicación estaría en dos circuitos neuronales que procesan las emociones. Uno es el sistema de las neuronas espejo, que nos lleva a imitar la conducta de quien tenemos enfrente y sintonizar con su ánimo y afectos. Este es el que marca el estilo femenino.
El otro es el de la confluencia temporo-parietal, que nos lleva a buscar soluciones a los problemas que causan malestar emocional. Es el sello masculino de enfrentar los conflictos.
Y aunque ambos cerebros cuentan con los dos sistemas, cada uno echa mano a uno de ellos con mayor predilección. Esto lleva a que mientras ellas quieren ser escuchadas y comprendidas, es decir, piden atención; ellos buscan la forma de resolver la situación, o sea, están distraídos pensando.
Pero con los años, los niveles hormonales de ambos sexos se reducen y ambos cerebros comienzan a asemejarse.
La plasticidad de los géneros
Aunque hay diferencias biológicas demostradas entre los cerebros masculino y femenino, también hay fuertes pruebas de que pueden asemejarse en ciertas circunstancias. Una de ellas es la vejez, cuando en el hombre disminuye la testosterona y en las mujeres caen los estrógenos. Son tiempos de mejor comunicación, intimidad y sintonía afectiva en la pareja.
Pero también está el momento de cuando la mujer se embaraza. Es cuando la mujer libera feromonas, cuyo efecto en el hombre es que se reduzca su testosterona en un 33%, mientras que otra hormona -la prolactina- sube en 20%.
Lo anterior apacigua las energías masculinas, hace que esté más hogareño y lo prepara para la paternidad.
Los científicos sospechan que un mecanismo similar es el que está detrás de la monogamia. Por último, aún faltan muchos estudios para determinar a ciencia cierta los límites de lo biológico y lo cultural en esta materia.
por Sebastián Urbina - 18/04/2010 - 09:00
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Fuente: La Tercera
Imagen: Boy & girl
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Mujeres siempre se acuerdan de las fechas
Por qué las mujeres siempre se acuerdan de las fechas
Rocío Mayoral - confidencial.com
Hace un mes te pregunté… y no me respondiste -Pues yo no me acuerdo- Pues sí y además pusiste cara de ya-estamos-otra-vez… - Pues te juro que no me acuerdo - Tú nunca te acuerdas de nada". Ya lo sabíamos. Las relaciones humanas son difíciles. ¿Pero por qué son tan frecuentes episodios de este tipo? ¿Cuál es la causa por la que las personas recordamos los mismos acontecimientos de manera tan diferente?
Gracias a las neurociencias hoy tenemos muchas respuestas. Concretamente se ha demostrado que las emociones afectan poderosamente a la forma en la que percibimos e interpretamos el mundo y también a la forma en la que recordamos.
E. Phels, de la Universidad de Nueva York, o S. Kosslyn, de la Universidad de Harvard, realizaron estudios dirigidos a analizar la influencia de las emociones en la memoria. Ambos demostraron que ante estímulos emocionalmente muy relevantes la percepción humana se vuelve altamente eficaz. También que las vivencias que despiertan emociones intensas se recuerdan mucho mejor que las que no las provocaron.
Y es que la investigación ha demostrado que las emociones desde un punto de vista evolutivo, son fundamentales para la supervivencia, ya que incrementan la atención y la velocidad de reacción ante todo lo que se interpreta como riesgo o amenaza.
El recuerdo en las relaciones de pareja
Y eso pasa con el amor. En la vida de pareja se viven emociones de gran intensidad. El bienestar que producen estimula el deseo de que permanezcan. Sin embargo, en ocasiones uno de los amantes siente malestar por detalles o motivos menores, como el olvido de un aniversario, un gesto de desinterés… Y es que esos acontecimientos insignificantes pueden ser interpretados, consciente o inconscientemente, como amenaza para la estabilidad de la pareja. Olvidar una fecha importante puede vivirse como falta de interés por la relación y un riesgo para la permanencia del amor. Este sentimiento activará el cerebro más primitivo del ser humano: el emocional, el de supervivencia y lo hará pasar a la acción.
Se pondrán en funcionamiento distintas estructuras del sistema límbico. Como demuestran numerosos estudios, la amígdala y el hipocampo trabajarán conjuntamente para impedir que el recuerdo se olvide. Fijarán el recuerdo con gran potencia y exactitud y lo mantendrán vivo en el tiempo, como si acabase de suceder. Pobre del que no se acuerda. No tiene nada que hacer. ¿Es el rencor? No. Es la mala jugada de la memoria emocional. De la supervivencia.
¿Hay diferencias en la memoria de hombres y mujeres? Que las mujeres se acuerdan de todo en la pareja y que los hombres nunca recuerdan las fechas románticas tiene parte de mito. Hay mujeres que no se acuerdan de nada y hombres que sí lo hacen. Sin embargo, hoy la ciencia demuestra que en el mito existe cierta base de realidad. Hasta ahora, sólo sabíamos que las mujeres poseen mejor memoria en acontecimientos emocionales. Sin embargo, las bases biológicas para esas diferencias eran desconocidas.
La investigación reciente concluye algo que hoy ya conocemos de sobra: quelos hombres y mujeres usamos el cerebro de manera diferente. También en lo que a memoria se refiere. En un estudio de la Universidad de Stanford se demostró a través de Resonancia Magnética que las mujeres rememoran mucho mejor recuerdos emocionales intensos. Los psicólogos a cargo del estudio confirmaron que "las mujeres recrean de forma más viva y elaborada que sus parejas recuerdos sobre su primera cita, las últimas vacaciones o una discusión reciente".
Aprovechemos el potencial de las emociones
Pero en contra de lo que podría suponerse, todos los estudios coinciden en señalar que la capacidad memorística de hombres y mujeres es similar. En lo que existen marcadas diferencias es en la relevancia emocional que cada sexo da a las vivencias, en este caso amorosas. Como se ha demostrado sobradamente, las mujeres tienden ser más emotivas y a dar mayor carga emocional a los acontecimientos y por eso recuerdan mejor lo vivido dentro de la pareja. Esto es debido a factores culturales y psicológicos, pero también a la biología. Numerosos estudios, como los de Baron y Cohen o los de Gunning Dixon, Bilker y Gur entre otros, lo confirman. Las mujeres poseen mayor tamaño y un metabolismo más activo en áreas del cerebro directamente implicadas en el procesamiento emocional.
Pero más allá de las diferencias entre sexos ese conocimiento conduce a un reto altamente relevante. La extracción de aplicaciones prácticas. Ese es el objeto último de la investigación.
Hoy por fin sabemos de manera precisa cómo funciona la memoria en situaciones de gran carga emocional. Las neurociencias han refrendado los estudios en psicología y educación. Los datos de los que disponemos ofrecen claves muy valiosas para el conocimiento humano y para la vida en pareja. Pero también para el mundo educativo y de las organizaciones. Hoy está ampliamente demostrado que los contenidos y situaciones que se asocian a emociones se recuerdan de manera más permanente y eficaz. ¿Por qué no aprovecharlo? Sabemos también que las emociones incrementan ampliamente nuestras capacidades y el aprendizaje; y que la motivación, el refuerzo social… favorece la adquisición de conocimientos, pero también la fijación y puesta en práctica de los mismos.
Pero todavía seguimos necesitando mayor concienciación y más modelos prácticos basados en los avances de la investigación de los últimos años. H. Gardner y D. Perkins codirigen el proyecto Zero de la Universidad de Harvard, proyecto educativo basado en los principios de la inteligencia emocional y las inteligencias múltiples. Parten del manejo de las emociones y vivencias como herramientas clave para el aprendizaje. El contrastado éxito de esta experiencia en escuelas públicas americanas conduce hacia nuevas formas de entender el aprendizaje. También la empresa empieza a construir modelos con espacio para hacer de las emociones una fortaleza de impulso hacia el éxito. La concesión de los premios Príncipe de Asturias aHoward Gardner y a Bill Drayton suponen un merecido reconocimiento a la eficacia de estos modelos.
Lo dice la ciencia y lo avala la práctica: solo podemos mirar al futuro si avanzamos de la mano de las emociones
Jaume Guinot - Psicoleg col·legiat 17674
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