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Una situación frecuente

Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Murió la Planificación Estratégica - Viva la Ejecución

Enviado por Manuel Gross el 07/04/2010 a las 6:44
Manuel Gross

 

¿Ha muerto la planificación estratégica?

strategy_execution_519.jpgPor Xavier Marcet  

Ya hace muchos años que la planificación estratégica entendida como una hoja de ruta que las empresas e instituciones podían trazar y aplicar rígidamente para alcanzar su visión ha sido cuestionada. Me acuerdo perfectamente del bien que nos hizo Henry Mintzberg en su “Rise and Fall of Strategic Planning” (1994) cuando explicó que todo era un poco más complicado que hacer un DAFO, dictar una misión y desplegar estrategias.

El diálogo con el entorno cambiante pasaba a ser una variable fundamental de la planificación estratégica incorporando conceptos nuevos como el de las estrategias emergentes. Ha llovido mucho y el libro de Mintzberg mantiene interés.

La planificación estratégica clásica continúa siendo cuestionada y le llueven nuevos interrogantes a partir desde tres perspectivas distintas: los contextos de cambio permanente, la emergencia de la innovación como base competitiva y la prioridad talento.

Norman Wolfe publicaba esta semana en su blog de la revista Fast Company un post de título sugerente “Strategic Planning is dead – Long life Strategy Execution”. Wolfe insiste en la importancia de transformar la antigua planificación estratégica en una dinámica interactiva ante los contextos sucesivos con los que una empresa se encuentra.

Xavier Ferrás en su tesis sobre innovación cuestiona seriamente la validez de la planificación estratégica clásica arguyendo que la base competitiva para sobrevivir en mercados maduros se encuentra más en la capacidad de innovar que en la capacidad de planificar rígidamente. Ferrás hace un repaso sensacional a la historia del management y sitúa la innovación como una fase posterior a la de la planificación estratégica.

Por otro lado, los debates sobre talento han puesto otra vez de manifiesto la importancia que algunas organizaciones han dado históricamente al talento por encima de la estrategia con un argumento que podría resumirse en: “contrata a los mejores y ya sabrán lo que hay que hacer en cada momento”. Sería el caso de instituciones como la Universidad de Cambridge que sigue esta máxima desde hace siglos y no le ha ido mal.

A pesar de todo, ni las empresas ni las instituciones no pueden vivir sin dirección. Necesitan una visión que las movilice, que sirva para alinear los procesos internos de decisión y que sirva también para ordenar la relación entre sus recursos y sus prioridades.

¿Continúa teniendo sentido elaborar planes estratégicos? Absolutamente sí. ¿Continúa teniendo sentido hacerlos como hace 25 años? Absolutamente no.

Hoy los planes estratégicos deben servir como hoja permanente para ordenar el cambio, para establecer los mecanismos de relación con los contextos cambiantes, para definir políticas respecto del talento y generar un modelo de innovación.

Los planes estratégicos no son un buen instrumento para definir al detalle lo que cada organización debe hacer en cada uno de sus rincones, si no para mantener un rumbo, una visión y dotarse de instrumentos para pensar en cada momento que es lo que nos permite acercarnos más a nuestros objetivos.

Tiene razón Norman Wolfe cuando insiste que en la mayoría de casos las organizaciones (igual que las personas) dan respuestas semiautomáticas a la relación del día a día con el entorno. La planificación estratégica no tiene actualmente la función de establecer estructuras y lógicas inalterables. Al contrario, la planificación estratégica tiene sentido en cuanto permite responder ágilmente a la necesidad de cambio permanente y ordenar la forma cómo vamos a dar respuesta a este cambio incesante en el marco de la visión a la que aspiramos.

No podemos trabajar sin horizonte, no podemos comunicar sin rumbo, no podemos desarrollar trayectorias innovadoras sin visión.

06 abril 2010

..................................

Fuente: El blog de Xavier Marcet 
Imagen: Strategy Execution 

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Alrededor de la planeación estratégica

Enviado por el 04/10/2010 a las 20:07
Manuel Gross

Alrededor de la planeación estratégica

Por Carlos Ruiz González*

La Planeación Estratégica es el proceso mediante el cual se define la estrategia de la empresa, mismo que debe tomar en cuenta:

  • Aspectos internos de la empresa (como su misión y valores, pero también sus capacidades y limitaciones) y,
  • Aspectos externos a la organización (como las oportunidades y amenazas que presenta el entorno, las opiniones de los clientes –actuales y potenciales– y el panorama de tendencias –tecnología, globalización, competencia, etcétera–.

Una vez elaborado el diagnóstico de ambos aspectos, se debe formular la estrategia definiendo objetivo u objetivos a alcanzar, planes de acción para lograrlo y recursos necesarios y tomando muy en cuenta cómo definiremos el modelo de negocio, es decir, a qué clientes atenderemos, qué necesidades les satisfaceremos, cuál será nuestra propuesta de valor y cómo nos organizaremos para entregar dicha propuesta.

Un viaje donde importa más el recorrido. En efecto, la planeación es como esos viajes donde lo interesante no es el destino sino el recorrido, al estilo de un crucero o de un “roadtrip”.

Es en el recorrido donde nos haremos preguntas, nos cuestionaremos paradigmas, observaremos con atención el entorno, identificaremos con esfuerzo nuestras debilidades o limitaciones. De esta manera el destino (el plan estratégico o la estrategia) resultará menos importante que el recorrido.

 

Una anécdota de Napoleón. Peter Drucker, el más importante gurú del Management del siglo XX, citaba a Napoleón, quien afirmaba que sus batallas nunca salían como las había planeado y sin embargo las planeaba muy bien (y afirmó que la mayoría de ellas las ganaba).

Aquí obtenemos una importante enseñanza: planear le servía al emperador francés no para que las cosas salieran exactamente como las había planeado, sino para que salieran bien, pues cuando la realidad se interpone en el logro de los objetivos, el haber planeado ayuda a subyugar los obstáculos que tratan de impedir el logro de los objetivos. Aunque el resultado final difiera un poco de lo planeado originalmente.

Planear no es definir el futuro. Es más bien, en palabras de mi colega Miguel Ochoa, forjarlo. El ejercicio de planeación no es como si estuviéramos en un laboratorio donde obtenemos los resultados deseados gracias en buena medida a contar con un entorno muy controlado. No. Estamos en la realidad que vamos a intentar modificar (una labor que a menudo es a “contrapelo”) por lo tanto, más que definir a nuestro gusto el futuro, lo “forjamos” gracias al plan (entendiendo por forjar el “fabricar y formar”, como lo señala el diccionario).

Planear tiene que ver con la inteligencia. Actuando con sagacidad para evaluar nuestra posición, con objetividad para detectar oportunidades y amenazas, con humildad para descubrir nuestras capacidades y limitaciones, con astucia, magnanimidad y audacia para proponernos objetivos difíciles pero alcanzables. A la hora de ejecutar haremos también uso de la inteligencia, pero sobre todo de la Voluntad.

 

Planear es formalizar el ser proactivo. Todos hablan de la importancia de la proactividad (el famoso autor, Stephen Covey la señala como uno de los hábitos de la gente eficaz, en su famoso libro de los 7 hábitos de gente altamente eficaz) Pero, ¿cómo “aterrizar” la proactividad? Planeando. Planeando es cuando realmente empezamos a anticiparnos, a ser proactivos, a visualizar cómo queremos ser, a dónde queremos llegar, qué objetivos deseamos alcanzar.

 

Planear es identificar las capacidades que hay que adquirir o desarrollar para ser mejor.

El ejercicio de planear, bien llevado, nos hace visualizar con claridad las capacidades que habrá que tener. ¡Qué bueno si ya las poseemos! Habrá entonces que perfeccionarlas, pero si no es así, habrá que adquirirlas o desarrollarlas. Siempre es bueno saber cuáles son nuestras limitaciones y qué vamos a hacer para corregirlas.

Dirigir es un saber prudencial, es decir, un oficio donde la virtud que más nos sirve es la prudencia. El Dr. Carlos Llano afirma en su libro “Análisis de la Acción Directiva”,  que la prudencia consiste en tres pasos:

  • Diagnosticar. Obtener la información, establecer un diagnóstico (que es conocer el punto de partida).
  • Decidir. Es decir, evaluar (según nuestros conocimientos, nuestra experiencia, nuestras habilidades y el diagnóstico que hayamos establecido), analizar las alternativas y decidir lo que se hará (en otras palabras, determinar la meta a la que habremos de llegar).
  • Mandar y ejecutar. Actuar. Impulsar a los demás (y a uno mismo) para alcanzar la meta.

Hacer la Planeación Estratégica (planear) es llevar a cabo los 2 primeros (diagnosticar y decidir lo que haremos).

 

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Agilidad estratégica o crisis

Enviado por el 02/08/2010 a las 16:43
Manuel Gross

La agilidad estratégica o la crisis de la planificación

Xavier Marcet 30 juliol 2010

La planificación estratégica ha dejado de ser la respuesta. Hablamos de innovación, hablamos de “Strategic Agility” o de “Strategic Learning” para enfatizar la necesidad de responder con flexibilidad y rapidez a los retos que plantea un entrono cambiante. Definitivamente, la planificación no se compadece con esa flexibilidad y rapidez.
La estrategia es un horizonte imprescindible pero la forma de avanzar hasta él (o de crearlo) ha cambiado. La ejecución de la estrategia es cada vez más “learning by doing”, la capacidad y la velocidad de aprender pasan a ser competencias tan esenciales como el conocimiento acumulado. Es más, el conocimiento acumulado encuentra sentido si es superado en las propias lógicas de aprendizaje que le acompañan. Aprender y ejecutar en una espiral que hace crecer.
Lo importante no es solamente el camino recorrido si no la habilidad para continuar recorriendo caminos conocidos o caminos que somos capaces de crear (más allá de si están o no planificados). Cómo leemos el entorno y generamos oportunidades de esta lectura de un contexto cambiante pasa a ser lo fundamental.
Las oportunidades están ahí, en los cruces de conocimiento, en la interacción, en la lateralidad, están más fuera que dentro de las organizaciones. Lo importante es tener el horizonte en mente, y aprovechar las oportunidades que el contexto nos presenta. Claro está, también hay amenazas, hay riesgos, adversidades. Pero hay oportunidades, y hay más, si sabemos leerlas desde la flexibilidad y la apertura de mente.
Hay más, si movilizamos el talento de las organizaciones, lo soltamos, más que lo amordazamos. Hay más. Agilidad estratégica, estrategia que aprende, innovación: son los nuevos esfuerzos para crear valor sostenidamente, es decir, valor que se regenera con la interacción con el exterior de la organización.
La planificación estratégica nos daba seguridad. Planeábamos y tocaba ejecutar. Ahora toca ejecutar y aprender al mismo tiempo, no dejar de pensar, de cuestionar, de innovar. Es menos seguro pero es fascinante y mucho más realista.

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Planeación estratégica

Enviado por el 07/06/2010 a las 22:08
Manuel Gross

Alrededor de la planeación estratégica

Por Carlos Ruiz González*

La Planeación Estratégica es el proceso mediante el cual se define la estrategia de la empresa, mismo que debe tomar en cuenta:

  • Aspectos internos de la empresa (como su misión y valores, pero también sus capacidades y limitaciones) y,
  • Aspectos externos a la organización (como las oportunidades y amenazas que presenta el entorno, las opiniones de los clientes –actuales y potenciales– y el panorama de tendencias –tecnología, globalización, competencia, etcétera–.

Una vez elaborado el diagnóstico de ambos aspectos, se debe formular la estrategia definiendo objetivo u objetivos a alcanzar, planes de acción para lograrlo y recursos necesarios y tomando muy en cuenta cómo definiremos el modelo de negocio, es decir, a qué clientes atenderemos, qué necesidades les satisfaceremos, cuál será nuestra propuesta de valor y cómo nos organizaremos para entregar dicha propuesta.

Un viaje donde importa más el recorrido. En efecto, la planeación es como esos viajes donde lo interesante no es el destino sino el recorrido, al estilo de un crucero o de un “roadtrip”.

Es en el recorrido donde nos haremos preguntas, nos cuestionaremos paradigmas, observaremos con atención el entorno, identificaremos con esfuerzo nuestras debilidades o limitaciones. De esta manera el destino (el plan estratégico o la estrategia) resultará menos importante que el recorrido.

 

Una anécdota de Napoleón. Peter Drucker, el más importante gurú del Management del siglo XX, citaba a Napoleón, quien afirmaba que sus batallas nunca salían como las había planeado y sin embargo las planeaba muy bien (y afirmó que la mayoría de ellas las ganaba).

Aquí obtenemos una importante enseñanza: planear le servía al emperador francés no para que las cosas salieran exactamente como las había planeado, sino para que salieran bien, pues cuando la realidad se interpone en el logro de los objetivos, el haber planeado ayuda a subyugar los obstáculos que tratan de impedir el logro de los objetivos. Aunque el resultado final difiera un poco de lo planeado originalmente.

Planear no es definir el futuro. Es más bien, en palabras de mi colega Miguel Ochoa, forjarlo. El ejercicio de planeación no es como si estuviéramos en un laboratorio donde obtenemos los resultados deseados gracias en buena medida a contar con un entorno muy controlado. No. Estamos en la realidad que vamos a intentar modificar (una labor que a menudo es a “contrapelo”) por lo tanto, más que definir a nuestro gusto el futuro, lo “forjamos” gracias al plan (entendiendo por forjar el “fabricar y formar”, como lo señala el diccionario).

Planear tiene que ver con la inteligencia. Actuando con sagacidad para evaluar nuestra posición, con objetividad para detectar oportunidades y amenazas, con humildad para descubrir nuestras capacidades y limitaciones, con astucia, magnanimidad y audacia para proponernos objetivos difíciles pero alcanzables. A la hora de ejecutar haremos también uso de la inteligencia, pero sobre todo de la Voluntad.

 

Planear es formalizar el ser proactivo. Todos hablan de la importancia de la proactividad (el famoso autor, Stephen Covey la señala como uno de los hábitos de la gente eficaz, en su famoso libro de los 7 hábitos de gente altamente eficaz) Pero, ¿cómo “aterrizar” la proactividad? Planeando. Planeando es cuando realmente empezamos a anticiparnos, a ser proactivos, a visualizar cómo queremos ser, a dónde queremos llegar, qué objetivos deseamos alcanzar.

 

Planear es identificar las capacidades que hay que adquirir o desarrollar para ser mejor.

El ejercicio de planear, bien llevado, nos hace visualizar con claridad las capacidades que habrá que tener. ¡Qué bueno si ya las poseemos! Habrá entonces que perfeccionarlas, pero si no es así, habrá que adquirirlas o desarrollarlas. Siempre es bueno saber cuáles son nuestras limitaciones y qué vamos a hacer para corregirlas.

Dirigir es un saber prudencial, es decir, un oficio donde la virtud que más nos sirve es la prudencia. El Dr. Carlos Llano afirma en su libro “Análisis de la Acción Directiva”,  que la prudencia consiste en tres pasos:

  • Diagnosticar. Obtener la información, establecer un diagnóstico (que es conocer el punto de partida).
  • Decidir. Es decir, evaluar (según nuestros conocimientos, nuestra experiencia, nuestras habilidades y el diagnóstico que hayamos establecido), analizar las alternativas y decidir lo que se hará (en otras palabras, determinar la meta a la que habremos de llegar).
  • Mandar y ejecutar. Actuar. Impulsar a los demás (y a uno mismo) para alcanzar la meta.

Hacer la Planeación Estratégica (planear) es llevar a cabo los 2 primeros (diagnosticar y decidir lo que haremos).

Recomendamos Leer:

Publicado por hector on Jul 6th, 2009

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De la estrategia al relato de historias

Enviado por el 01/06/2010 a las 23:35
Manuel Gross

Moving From Strategic Planning to Story Telling

Corporate strategists often struggle with strategic options. First, there's a lot of worrying about what they have to come up with to make the proposed option credible: they spend hours on SWOT analyses and spreadsheets, which gives them reasons to kill their ideas at worst and can slow down the process of coming up with ideas at best.

Then there's the existential angst: is my option kind of silly and I will be laughed at for offering it up? A lot of ideas die then and there. Even if strategists do come up with a well argued idea, they may still worry about treading on other people's toes, and quietly consign it to the dustbin. And after all that soul searching, they may just end up with an idea that's just too sensible to be interesting, and so they kill it.

If this sounds like you, then I submit that you're taking your strategy-making process far too seriously. You're treating strategic option generation as a construction exercise — I am going to build an option, and it has a bunch of pieces to assemble, all of which have to fix logically together in an airtight way. Otherwise, it isn't legitimate.

But this just makes it all way too hard. Your high standards tend to choke off and/or delay the production of options. And this is one reason why strategy processes so often produce a bunch of options that aren't decisively more interesting than the current strategy — yet require lots and lots of work to generate and analyse. Plus all that work and anguish tends to make participants edgy and they are inclined to pick at one another's options rather than treat them as interesting additive thoughts.

My solution? Think about a strategic options as being just a happy story about the future. It doesn't have to be right and it doesn't even have to be sensible. It just has to result in your organization being in a happy place in the future. In fact, if it were absolutely right and utterly sensible, your company would probably already be doing it.

It doesn't have to be constructed analytically. It is a holistic story — here is where we would find ourselves playing and how we would see ourselves winning. The only real requirement is that it be a happy, aspirational story. If it isn't happy, it isn't worth being an option in the first place.

If every participant tells one another a happy story, the group will have a wonderful list of options — and quite quickly, because participants won't feel that they have to work super hard and be terribly careful and be highly logical. The standard on all of those dimensions is brought way down. Meanwhile, the creativity is elevated way up — because these are just stories; happy stories.

When you have assembled the happy stories/options, you can then begin to deploy the most important question in strategy: what would have to be true? For each individual story, what would have to be true for it to be a terrific choice? Work backward from an attractive possibility to see what would have to be true to make this a feasible and attractive option.

That is the dead-easy way to produce great strategies.

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El oximoron de la planificación estratégica

Enviado por el 08/05/2010 a las 20:05
Manuel Gross

El oximoron cerrado de la planificación estratégica

2010/05/07
by Eugenio Moliní

Acabo de leer la entrada con el título de “porqué los líderes no deberían ser gerentes”  en Consultoría Artesana en Red, el blog del prolífico Julen Iturbe. Su metáfora sobre lo que pasa cuando alguien que es bueno oteando el horizonte se pone a cavar me ha encantado y me ha animado a acelerar la publicación de esta entrada que la tenía a medio preparar desde hace meses.

Hay oximorones abiertos. Uno de éstos es “el vacío fértil”.  Hay otros cerrados, como p. ej. “la planificación estratégica”. 

Las dos actividades, estrategizar y planificar, son necesarias pero imposibles de hacer al tiempo. Son como dos caras de la misma moneda: inseparables, pero imposibles de ver al tiempo. Cada una requiere de sus radicalmente distintas actitudes, habilidades, métodos y técnicas.  Estas diferencias conllevan una serie de dificultades. Basándome en mi experiencia hasta ahora, me atrevo a compartir algunas observaciones y a formular algunas hipótesis. Como todas las hipótesis, están sujetas a revisiones si (a) alguien me hace ver lo erróneo de ellas, o  (b) mi experiencia no las corroborase en el futuro.

  • La capacidad de estrategización está poco extendida en las empresas privadas, el sector público, la política, las ONGs y las ONLs. Son ámbitos en los que las actividades más habituales son la planificación y la acción. Mi experiencia es que en estos ámbitos se usa a menudo la expresión de “planificación estratégica” cuando en realidad se está planificando.
  • Las personas con capacidad estratégica se refugian en gran medida en el mundo académico, bien lejos del mundo de la planificación y la acción. Mi experiencia es que, en estos ámbitos, las reuniones que se convocan para planificar se convierten fácilmente en discusiones sobre distintas teorías, posibilidades, explicaciones, etc. A las personas les cuesta bajar la vista del horizonte y ponerse a planificar.
  • Todos mis clientes viven con ansiedad la transición que tienen que hacer cuando han formulado una estrategia y es hora de ponerse a planificar cómo se va a operacionalizar. Esta transición es a veces tan descolocante que el resultado puede ser que la planificación no esté alineada con la estrategia. 

La fase inicial de mi trabajo, antes de ponerme a diseñar el proceso participativo, consiste a menudo en ayudar a mi cliente a darse cuenta de si necesita un proceso de estrategización o un proceso de planificación. A menudo no tienen clara la distinción, y para explicársela uso el siguiente modelo:

La realidad complicada

  • Es la realidad de los problemas y las soluciones.
  • Es el mundo de las secuencias, los plazos y los objetivos.
  • Es la realidad de la causalidad lineal.
  • Es la realidad del tiempo discurre linealmente desde el pasado al presente y hacia el futuro.
  • Es la realidad en la que la planificación tiene sentido.
  • Es el universo.

La realidad compleja 

  • Es la realidad de los dilemas y los escenarios.
  • Es el mundo de las misiones, visiones e intenciones.
  • Es la realidad de la causalidad circular.
  • Es la realidad en la que la estrategización tiene sentido.
  • Es la realidad del tiempo Möbius, en la que el pasado, el presente y el futuro están siempre aquí y ahora.
  • Es el Multiverso.

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