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Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Las células de la empatía: neuronas espejo

Enviado por Manuel Gross el 23/03/2010 a las 16:40
Manuel Gross


MacaqueMonkey.jpgLas neuronas espejo reaccionan tanto al observar una acción como cuando la realizamos nosotros mismos. Este descubrimiento puede ser arrollador.

Por Mauricio-José Schwarz 

A principios de la década de 1990, Giacomo Rizzolatti, al frente de un grupo de neurocientíficos formado por Giuseppe Di Pellegrino, Luciano Fadiga, Leonardo Fogassi y Vittorio Gallese de la Universidad de Parma informó del hallazgo de un tipo de neuronas en macacos que se activan cuando el animal realiza un acto motor, como tomar un trozo de comida con la mano, pero también se activan cuando el animal observa a otro realizar dicha acción.

No se trata de neuronas motrices, sino de neuronas situadas en la corteza premotora, y no se activan simplemente al presentarle al mono la comida como estímulo, ni tampoco se activan cuando el mono observa a otra persona fingir que toma la comida. El estímulo visual efectivo implica la interacción de la mano con el objeto.

Los investigadores llamaron a estas neuronas 'espejo', y el descubrimiento dio pie a una enorme cantidad de especulaciones e hipótesis sobre el papel funcional que podrían tener estas neuronas, y muchos investigadores emprendieron experimentos para determinar si el ser humano y otros animales tenían un sistema de neuronas espejo.

El salto


De todos los objetos y mecanismos del universo, curiosamente, del que sabemos menos es precisamente el que empleamos para entender, para sentir y para ser humanos: el cerebro.
El estudio de nuestro sistema nervioso se vio largamente frenado quizá por influencia de visiones religiosas que consideran que la esencia humana misma tiene algo de sagrado y por tanto no debe ser sometida al mismo escrutinio que dedicamos al resto del universo.

Pero hoy en día estamos viviendo un desarrollo acelerado de la neurociencia y se espera que en los próximos años veamos una explosión del conocimiento similar a la que experimentó la astronomía con Galileo, la biología con Darwin o la cosmología y la cuántica con Einstein.

Las neurociencias son un sistema interdisciplinario que incluye a la Biología, la Psicología, la Informática, la Estadística, la Física y varias ciencias biomédicas y que tiene por objeto estudiar científicamente el sistema nervioso. Esto implica estudiar desde el funcionamiento de su unidad esencial, la neurona, hasta la compleja interacción de los miles de millones de neuronas que dan como resultado la actividad cognitiva, las sensaciones, los sentimientos, la conciencia, el amor, el odio y la comprensión, entre otras experiencias humanas.

Aunque a lo largo de toda la historia humana se ha pretendido comprender la función del sistema nervioso, su estudio científico nace prácticamente con el trabajo de Camilo Golgi y Santiago Ramón y Cajal a finales del siglo XIX. Su desarrollo, sin embargo, tuvo que esperar a que la biología molecular, la electrofisiología y la informática avanzaran lo suficiente para aproximarse en detalle al sistema nervioso, lo que ocurrió apenas a mediados del siglo XX.

La identificación de los neurotransmisores, los sistemas de generación de imágenes del cerebro en funcionamiento, la electrofisiología que permite estudiar las descargas electroquímicas de todo el cerebro, de distintas estructuras e incluso de una sola célula, una sola neurona.

Y fue la posibilidad de medir la reacción de una sola neurona la que permitió a los investigadores realizar el experimento que descubrió las neuronas espejo.

Las implicaciones

El doctor Vilanayur S. Ramachandran, considerado uno de los principales neurocientíficos del mundo, especuló sobre el significado y función de las neuronas espejo, a partir de otro estudio, en el que investigadores de la Universidad de Califonia en Los Ángeles descubrieron un grupo de células en el cerebro humano que disparan normalmente cuando se pincha a un paciente con una aguja, es decir, 'neuronas del dolor', pero que también se activaban cuando el paciente miraba que otra persona recibía el pinchazo. Era una indicación adicional de que el sistema nervioso humano también tiene neuronas espejo.

Pero también le daba una dimensión completamente nueva a la idea de 'sentir el dolor de otra persona'. Ante los resultados de esa investigación, esa capacidad empática parecía salir del reino de la filosofía, la moral y la política social para insertarse en nuestra realidad biológica. Una parte de nuestro cerebro, al menos, reacciona ante el dolor ajeno como reaccionaría ante nuestro propio dolor.

Para Ramachandran, las neuronas espejo podrían ser a las neurociencias lo que el ADN fue para la Biología, un marco unificador que podría explicar gran cantidad de las capacidades del cerebro humano. Incluso, este reconocido estudioso especuló con que el surgimiento de las neuronas espejo pudo haber sido la infraestructura para que los prehomínidos desarrollaran habilidades como el protolenguaje, el aprendizaje por imitación, la empatía, la capacidad de 'ponerse en los zapatos del otro' y, sobre todo, la 'teoría de las otras mentes' que no es sino nuestra capacidad de comprender que otras personas pueden tener mentes, creencias, conocimientos y visiones distintas de la nuestra.

 

Es gracias a esa comprensión que preguntamos cosas que no conocemos pero otros pueden conocer... y que le decimos a otros cosas que quizás ignoran.

Ramachandran también sugería que el sistema de neuronas espejo podría ser responsable de una de las habilidades más peculiares del nuestro cerebro: la de leer la mente.

Evidentemente no leemos la mente como lo proponen las fantasías telepáticas, pero tenemos una gran capacidad para deducir las intenciones de otras personas, predecir su comportamiento y ser más astutos que ellos. Los negocios, las guerras y la política son pródigos en ejemplos de este 'maquiavelismo' que caracteriza al primate humano.

Quizá el sistema de neuronas espejo, desarrollado desde sus orígenes bajo una presión evolutiva determinada, es precisamente el que nos hace humanos, el responsable de que hace 40.000 años se diera el estallido de eso que llamamos civilización.

Para Ramachandran, de ser cierto incluso un fragmento de todas estas especulaciones, el descubrimiento de las neuronas espejo podría demostrar ser uno de los descubrimientos más importantes de la historia humana.

20.03.10 - 02:26

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Fuente: Diario Sur 
Imagen: Macaque monkeys  

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Neuronas espejo y los macacos

Enviado por el 12/10/2010 a las 14:05
Manuel Gross

El macaco que se miraba al espejo

Por Jorge Alcalde

En los laboratorios de etología de la Universidad de Wisconsin-Madison, un mono Macaco rhesus realiza extraños movimientos ante un espejo. Acerca la cara para mirarse ciertas marcas de color que los investigadores le han puesto en el pelaje; gira sobre sí mismo sin perder de vista el vidrio que arroja su propia imagen y se entretiene en buscar perspectivas imposibles de sus órganos genitales.

Los científicos aseguran que su comportamiento es muestra irrefutable de que el macaco es capaz de identificarse a sí mismo ante el espejo.

Y he aquí que tal acto se ha convertido en un acontecimiento científico internacional, porque, hasta ahora, la capacidad de autorreconocimiento se creía una virtud reservada a muy pocas especies: los humanos, algunos chimpancés y gorilas, quizás los delfines... pero, desde luego, no los macacos.

La noticia coincide en el tiempo con el éxito editorial de la obra Qué nos hace humanos, de Michael Gazzaniga (Paidós), un libro de ventas alentadas por el boca-oído que ahonda en la sutil frontera entre la mente humana y animal.

A medida que conocemos más de los mecanismos funcionales que subyacen a nuestra capacidad intelectual, más sospechas albergamos de que no son únicos. Investigaciones sucesivas como la de los macacos demuestran que hay ciertas especies que desarrollan estructuras neuronales muy similares a las que nosotros utilizamos cuando tenemos miedo, soñamos, amamos o nos comunicamos. No sólo sabemos que los macacos se reconocen en el espejo, también hemos descubierto que las ratas cuentan con neuronas que les permiten reconocer el estado de ánimo de sus compañeros (una suerte de empatía), incluso que los protozoos sueñan.

Si eso es así, ¿qué le queda a nuestro preciado cerebro de exclusivo, de único? ¿Qué, por tanto, a nuestra especie de privilegiada?

La cuestión ha preocupado a Gazzaniga, como a tantos otros neurólogos, psicólogos, etólogos y filósofos. Y la respuesta no es concluyente en caso alguno. Buena parte de la comunidad científica opina que todas las funciones que adornan a nuestro intelecto tienen su réplica en el mundo animal. Nuestra mente se construye sobre un sustrato físico y químico organizado por la labor de las neuronas según un patrón lentamente desarrollado por la evolución biológica. Ninguno de los componentes fisiológicos del comportamiento humano es exclusivo de nuestra especie. Todo se basa en proteínas, genes, sinapsis y hormonas, que nacen de la naturaleza viva, sea cual sea su carácter. La única diferencia entre el sueño de una ameba y el de un ser humano es la potencia, la eficacia, la calidad...

Otros, sin embargo, creen seriamente que la mente humana es un fenómeno único. Un cambio de fase. Del mismo modo que el agua se convierte en gas, y que el gas y el agua no son la misma cosa pese a que tienen los mismos elementos moleculares, el cerebro humano ha sido un salto único en la evolución biológica de la materia viva, una exclusiva modificación de estado que ha dado como consecuencia la maquinaria pensante más prodigiosa de la naturaleza. Pensante, sintiente, sufriente, amante.

Gazzaniga pertenece a esta segunda corriente. Y ofrece para convencernos un término que promete convertirse en uno de esos fetiches de la psicología, al estilo de inteligencia emocional, empatía o neuronas espejo: la intensión (sí, con s). Si hay algo que diferencia a los humanos y a las bestias es nuestra capacidad de desarrollar una teoría de la mente. Así es como los científicos llaman a la habilidad del Homo sapiens para leer el estado de ánimo de los demás. La empatía, el dolor ante el dolor ajeno, la compasión, la solidaridad... se basan en una herramienta propia que nos permite saber cómo se siente el prójimo sin que nos informe directamente de ello. Conocemos sus gestos, sus actitudes, sus miedos, sabemos interpretar sus ironías, sus celos, sus reproches... Quienes carecen de esta habilidad son, directamente, candidatos a psicópatas.

La intensión es la maleta de funciones mentales que acompañan a la teoría de la mente. La habilidad para leer el lenguaje no verbal, la emoción ante las caricias, la repugnancia a la mentira, el miedo al engaño, el deseo de ser comprendido, la necesidad de demostrar que entendemos al otro.

Todo ello, a buen seguro, también tiene un sustrato biológico que aún desconocemos. Es muy probable que anide en estructuras neuronales concretas que todavía no hemos desentrañado. Pero no puede ser replicado por ningún otro ser. No es probable que en un laboratorio de Wisconsin algún día descubran a un macaco tratando de imitarlo... por mucho que se reconozca en el espejo.

 

http://twitter.com/joralcalde

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Neuronas espejo en la empresa

Enviado por el 28/09/2010 a las 22:46
Manuel Gross

Neuronas espejo en la empresa
Por Alfons Cornella

Según Daniel Goleman, la parte racional del cerebro (córtex prefrontal) puede ser parada por la parte emocional (amígdala), en especial cuando situaciones de estrés obligan a esta última a tomar el control para garantizar la supervivencia del individuo (el yo prehistórico aparece entonces para salvarnos de un peligro inminente, como lo hacía cuando recorríamos el mundo de caverna en caverna).

Además, distintos experimentos con simios han demostrado que en su cerebro hay un tipo de neurona que se dispara (se activa) tanto cuando el animal realiza una acción como cuando observa a otro (en especial, de su misma especie) hacer esa misma acción. O sea, esas neuronas replican (reflejan como un espejo) el comportamiento del otro animal. Se les da el nombre de neuronas espejo.

Algunos experimentos con resonancia magnética funcional (también conocida por su sigla inglesa, fMRI) han encontrado evidencias de este tipo de neuronas en el cerebro humano. Se especula que podrían tener un papel importante en el aprendizaje de habilidades por imitación, así como en el desarrollo del lenguaje, y se ha llegado a decir que el autismo podría estar relacionado con la existencia de problemas con este tipo de neuronas. Las neuronas espejo transforman la información visual en conocimiento.

Si esto es cierto, la metáfora tecnológica es aquí sencilla: es como si los cerebros humanos estuvieran en una especie de permanente conexión wifi, siendo las neuronas espejo el sistema de conexión (hub y router). Las neuronas espejo podrían ser relevantes a la hora de entender la empatía humana. “Las emociones son contagiosas”, dice Goleman: si estás contento, los que te rodean lo estarán, por ejemplo. Si haces algo con pasión, con convencimiento, lo transmitirás a los demás; por ejemplo, a tu equipo, en el caso de una organización.

¿Y si fuera también cierto que hay neuronas espejo en las organizaciones? ¿Y si resultara que las organizaciones son capaces de reflejar los movimientos de otras? ¿Y si un contexto de éxito, de ejemplo, ayudara a las organizaciones a funcionar mejor?

Eso confirmaría la importancia del estado mental de una sociedad a la hora de innovar. Una sociedad que esté anclada en el pasado, con un discurso de convencionalismo y tradición como único patrón, no crea el alimento social para que sus inquietos, que seguro que existen, puedan prosperar. Entre otras cosas porque una sociedad anticuada acostumbra a ser pesimista, y eso no ayuda a la hora de generar la nueva demanda que los inquietos precisan para poder diseñar, realizar y vender el resultado de su talento. Estar rodeado de buenos ejemplos de innovación sería, por tanto, fundamental. Y ello implica básicamente tres cosas: detectarlos, mostrarlos y conectarlos.

Detectarlos es algo trivial: sólo falta querer verlos. Una sociedad que no quiera ver a sus innovadores, que no quiera darles relevancia social, simplemente no los aprovechará. Le son invisibles. Hay que mostrarlos. Y hay que conectarlos, hay que hibridar el potencial de los inquietos.

El futuro consiste en encontrar conexiones entre radicales libres económicos, para idear nuevos productos y mercados a partir de la multiplicación de los diversos conocimientos diferenciales.

 

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Neuronas espejo en la empatía

Enviado por el 23/06/2010 a las 22:53
Manuel Gross

La contribución del sistema de neuronas espejo a la empatía

Dr. Jean Decety
Obtuvo dos grados de Magíster en 1985 (neurociencia) y en 1987 (biological and medical engineering sciences) y consiguió su Ph.D. en 1989 (neurobiología) en la Université Claude Bernard, Lyon, Francia. Luego de recibir su doctorado, el trabajó como investigador postdoctoral en Hospital Karolinska en Estocolmo, Suecia, en el departamento de Neurofisiología y Neuroradiología bajo la supervisión de Per Roland. Posteriormente se unió al Instituto Nacional para la Investigación Científica (INSERM) en Lyon hasta el 2001. Actualmente se desempeña en el Social Cognitive Neuroscience Laboratory, Departments of Psychology and Psychiatry, Chicago University, USA





Introducción

La capacidad para percibir y responder a los estados afectivos de otros y predecir qué se producirá posteriormente, es un fenómeno interpersonal importante y valioso. La empatía (compartir el estado emocional de otros) y la simpatía (interesarse por el bienestar de otros), son esenciales en las interacciones humanas y constituyen componentes necesarios de la convivencia saludable.

Solemos confundir empatía con simpatía, pero no son lo mismo (ej, burlarse y torturar pueden implicar empatía, pero no simpatía). Por lo tanto, la empatía es necesaria, pero no suficiente para la simpatía. La simpatía además de la identificación con el otro incluye la actitud positiva o la preocupación duradera hacia la otra persona.

Trabajos recientes de estudios por imágenes cerebrales sobre la empatía (y sobre la cognición social en general), se refirieron con frecuencia al sistema de neuronas espejo que supone un modelo donde la percepción del estado del otro automáticamente activa en el observador las representaciones de dicho estado y esto genera las respuestas neurovegetativas y somáticas asociadas. Es decir, que se activarían en el observador los mecanismos neurológicos responsables de generar una emoción similar.

En este artículo analizaré críticamente la contribución de las neuronas espejo a la empatía, para llegar a la conclusión de que mientras el sistema de neuronas espejo es importante en la resonancia motora, no es posible demostrar hasta el momento que sea esencial para el reconocimiento de las emociones y la evidencia de su participación en la empatía y simpatía es escasa.

¿Qué son las neuronas espejo?

Las neuronas espejo constituyen una clase especial de células con propiedades sensitivas y motoras detectadas primero en primates. Inicialmente se postuló que las neuronas espejo se relacionan con la comprensión de la acción y en segundo lugar con la imitación, la empatía e incluso con la lectura de la mente. Sin embargo, con el descubrimiento relativamente reciente de estas células en la corteza motora primaria, se puede interpretar a las neuronas espejo como nada más que facilitadores del sistema motor que actúan a través de asociaciones aprendidas.

El sistema de neuronas espejo en los seres humanos

La evidencia de la existencia de neuronas espejo en los seres humanos es indirecta y se basa sobre los estudios por imágenes de la función cerebral que demuestran la superposición de la activación entre los estados de observación y acción en regiones similares a las zonas del cerebro de primates donde se han hallado neuronas espejo. Estas zonas son la parte anterior de la circunvolución frontal inferior (pars triangularis), la corteza premotora ventral (pars opercularis), el surco intraparietal anterior y posterior y una zona de la corteza occipital lateral.

La estimulación magnética transcraneal (EMT) y los estudios de potenciales evocados motores (PEM) mostraron cambios en la excitabilidad de la corteza motora y premotora del observador que codifican la ejecución de las acciones observadas. Determinaciones magnetoencefalográficas y electroencefalográficas también demostraron la supresión del ritmo mu (8–13 Hz) sobre la corteza sensitivomotora durante la observación de la acción semejante a los cambios detectados durante la producción de la acción. Se postuló que este ritmo mu refleja modulaciones descendentes de las zonas sensitivomotoras por la actividad de las neuronas espejo y constituye un procesamiento de información esencial que transforma la percepción en acción.

Se postuló que este mecanismo de resonancia motora participa en la imitación, la mímica emocional y por lo tanto, contribuye a la experiencia de empatía. En el contexto del procesamiento de las emociones se especula que la percepción de una emoción en otro individuo activa en el observador los mecanismos neuronales responsables de la producción de emociones similares.

Sin embargo, no es posible afirmar que la imitación lleve al mismo estado emocional en el observador a través de un proceso de simulación. Existen casos de pacientes con parálisis facial de distintas causas que no pueden manifestar sus emociones a través de las expresiones faciales, no obstante lo cual no muestran ninguna deficiencia para experimentar emociones o identificar imágenes mentales de expresiones faciales en los demás.

En el terreno de la empatía hacia el dolor, varios estudios por imágenes del cerebro demostraron notable superposición en el sustento neuronal en la experiencia directa del dolor y su percepción por otros. Estos hallazgos llevan a la suposición de que la empatía hacia el dolor surge parcialmente de resonancia automática sensitivomotora entre la otra persona y uno. Es importante mencionar que la activación de estas regiones (ínsula anterior, corteza cingular anterior, zona motora suplementaria y sustancia gris periependimaria) puede reflejar una respuesta general de rechazo acoplada con preparaciones motoras de acciones defensivas, que no es específica de la nocicepción.

Un estudio en pacientes con el raro síndrome de insensibilidad congénita al dolor, que no pueden contar con el mecanismo del espejo para comprender el dolor de otros, mostró respuestas normales en la resonancia magnética ante la observación del dolor en la zona de la corteza cingulada anterior y la ínsula, dos regiones claves de los llamados “circuitos compartidos” para el dolor propio y el de otros.

En un estudio se observó que la corteza ventral premotora derecha frecuentemente se activaba durante la observación y la imitación de las expresiones faciales. Otro estudio demostró que incluso la observación pasiva de expresiones faciales activa una amplia red de regiones cerebrales, entre ellas la circunvolución frontal inferior (CFI). Sin embargo, existe controversia sobre la activación de las neuronas espejo en la zona CFI en estos procesos. Muchos estudios interpretaron que las respuestas de la zona CFI y otras donde hay neuronas espejo se deben a la activación de dichas neuronas. La realidad es que estas zonas no sólo tienen neuronas espejo sino que computarizan diferentes actividades cognitivas. Otros estudios con imagen de resonancia magnética mostraron la activación de zonas ajenas a las neuronas espejo durante la imitación. Todas estas observaciones cuestionan seriamente el rol de las neuronas espejo durante la imitación.

El estudio de la función de las neuronas espejo se puso de moda especialmente en la empatía hacia el dolor, sugiriendo que cualquier superposición en la activación entre la experiencia de un estado emocional y la observación de ese mismo estado en otros es una actividad en espejo. Los estudios realizados no tienen en cuenta la complejidad de la empatía ni tampoco de la simpatía, que no dependen de mecanismos de resonancia automática.

La importancia de los estudios de lesión

Los estudios de lesión son esenciales porque brindan otras fuentes de información. Hasta ahora, los estudios neuropsicológicos documentaron la función de la corteza media y órbitofrontal en las emociones sociales, incluidas la empatía y la simpatía. No existen evidencias de que las lesiones que involucran regiones correspondientes a las neuronas espejo (premotora ventral, corteza motora e IPS anterior, produzcan disfunción de la empatía, la simpatía o el razonamiento moral, mientras que las lesiones de la corteza prefrontal ventromedial se asocian con alteraciones en estas funciones. El daño de la corteza prefrontal medial/cingulada se asocia frecuentemente con deficiencias en la interacción social y en las emociones sobre uno mismo. Estos pacientes se vuelven apáticos, desinteresados del ambiente e incapaces de concentrar su atención en tareas conductuales y cognitivas. También se sugirió que el daño frontal dificulta la capacidad de comprender la perspectiva de otros, componente esencial de la empatía.

El estudio de enfermedades neurológicas degenerativas también aportó evidencia sobre los recorridos relativamente definidos de la cognición social y de las deficiencias de empatía. Por ejemplo se demostró que pacientes con demencia frontotemporal (DFT), entidad asociada con las funciones ejecutivas frontales, así como pacientes con enfermedad de Huntington, trastorno subcortical que causa movimientos involuntarios, padecen dificultades en actividades de cognición social. Ambos tipos de pacientes carecen de empatía y simpatía, pero por diferentes motivos. En la enfermedad de Huntington, la pérdida de empatía se observa más a nivel emocional que cognitivo, mientras que los pacientes con FTD viven en un mundo egocéntrico donde no atribuyen estados mentales independientes a otros.

Todos estos hallazgos respaldan la idea de zonas bien definidas de sustento de los aspectos cognitivos y afectivos de la empatía y no avalan la participación del sistema de neuronas espejo en la sensibilidad interpersonal.

Conclusión

En resumen, el sistema de neuronas espejo constituye un mecanismo fisiológico de resonancia motora y puede participar en la imitación y quizás en el contagio de las emociones. Los datos neurofisiológicos y neuropsicológicos actuales no respaldan la idea de que este mecanismo sea responsable de la comprensión de las emociones y de la empatía. Esto es especialmente cierto si se considera que la empatía pertenece a las emociones sobre uno mismo de la propia conciencia, que se basan sobre complicadas redes nerviosas distribuidas en el cerebro, incluidas la corteza prefrontal medial y ventral. Es importante considerar que los estudios de lesiones son necesarios para complementar el enfoque de los estudios por imágenes cerebrales funcionales. Los metaanálisis de estos estudios son esenciales para reunir consenso sobre las tareas que involucran procesos putativos similares y que permitan también eliminar interpretaciones de estudios individuales de relativo valor estadístico.

Por último, a nivel conceptual, es problemático equiparar la empatía a la resonancia motora porque ésta última no expresa la comprensión del estado interno de otros y no es responsable de ningún otro estado orientado hacia la motivación que caracteriza a la simpatía.

♦ Comentario y resumen objetivo: Dr. Ricardo Ferreira

► Acceda al texto completo en formato pdf, a la transcripción de la conferencia, y al video de la conferencia del Dr. Jean Decety en el Simposio INECO haciendo clíck aquí

*Más información acerca del autor Jean Decety (Universidad de Chicago) haga
click aquí

IntraMed agradece al Dr. Jean Decety (Univ. Chicago) la genrosidad de compartir su trbajo con nuestros lectores. De igual manera agradecemos al investigador Ezequiel L. Gleichgerrcht (INECO) las gestiones para que ello sea posible.


* Lo invitamos que deje en el foro sus comentarios personales.

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10 cosas sobre la mentira

Enviado por el 30/05/2010 a las 23:06
Manuel Gross

22 Septiembre 2009...14:43

10 cosas que hay que saber de la mentira humana.

1. Freud escribió; “Aquel que tenga ojos para ver y oídos para escuchar podrá convencerse de que ningún mortal puede guardar un secreto. Si sus labios mantienen silencio, parloteará con las puntas de sus dedos, la traición brota de todos sus poros”.

2. Mentir; más que bueno o malo es HUMANO.

3. En una conversación de 10 minutos se llega a mentir al menos tres veces, sobre todo cara a cara.

4. El ser humano  es el único capaz de utilizar lo que conocemos como una “una inteligencia maquiavélica”, es decir; pone en práctica una conducta específica y manipuladora con el fin de obtener un beneficio propio en un contexto social (En estos casos existe un razonamiento cognitivo).

5.  Según David Livigstone la evolución favorece a los mentirosos sobre los honestos”. Dicho lo anterior, es mucho más probable que las personas que nos intentan engañar sean seguras  de sí mismas (al menos en apariencia), con un buen trabajo, atractivos y exitosos.

6. El humano miente mejor que cualquier otra especie.

7. Quién pone más atención al lenguaje corporal y al tono de voz, será mejor para detectar las mentiras que aquél que sólo escucha las palabras

8.La mentira “puede ser muy grande y con consecuencias fatales (como que un país tiene armas de destrucción masiva), o pequeña (como que has llegado tarde por culpa del tráfico)”. Mentimos para sobrevivir, para agradar, para enamorar, para evitar una pelea, para ganar seguidores, para ganar una elección,  para conseguir un trabajo, para que no nos despidan,  pero sobre todo mentimos porque podemos beneficiarnos de ello.

9. “No todas las mentiras son malintencionadas y es necesario diferenciarlas para luego decodificar los engaños prodigados con dolo.”Nuestra mala memoria nos puede llevar a mentir, la mayor parte de las veces, de forma no intencional. Esto ocurre porque los recuerdos no son una copia real y fidedigna de lo que ocurrió en el pasado, sino más bien construcciones imperfectas de las experiencias”.

10. Gracias a la evolución: “hemos desarrollado también algo así como un antídoto: la evolución también nos ha hecho unos detectores de mentiras razonablemente buenos”.  Están los que mienten muy bien y los que son considerablemente buenos para detectar una mentira.  “El mentiroso alberga casi siempre miedo, fundado o no, a que la verdad se sepa, lo cual encierra miedo a ser menos que los demás, no conseguir un objetivo profesional, perder una venta o no lograr un pedido, ser menos atractivo, que no nos quieran, aprecien o respeten, a perder o a no ganar algo”. Es de ese miedo donde nace la oportunidad para la detección, un buen mentiroso es capaz de controlar sus emociones.

Fuentes:

Davis, Flora; La comunicación no verbal. Ed Alianza.

Rulicki Sergio; CNV Comunicación No Verbal. Ed Granica.

David Livingstone; ¿Por qué mentimos? New England Univerity.

Trapassi Leonarda; Los recursos de la mentira. Ed Anthropos. España 2008

Aprende a identificar la mentira. http://www.cnnexpansion.com/actualidad/2009/06/16/aprende-a-identificar-la-mentira

Temas relacionados:

Lie to me: Las palabras mienten, pero el rostro puede estar diciendo la verdad Lie to me: Todos sabemos algo de CNV.

¿Por qué mentimos? Lie to me y la Comunicación no verbal. Ejemplo de una interpretación en una entrevista.

Que hay detrás del programa; “Lie to me”. La importancia de la comunicación no verbal.

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Intenciones y neuronas espejo

Enviado por el 27/04/2010 a las 11:40
Manuel Gross

Las neuronas espejo nos ayudan a comprender las intenciones de los otros

Lydia Feito Grande

Descubren cómo la red neural refleja el mundo, la autoimagen y la mente de los demás


La neurociencia ofrece un conocimiento de los procesos neurales que producen la actividad psíquica que “soporta” el comportamiento, no sólo animal sino también humano. La idea filosófica del hombre, y por tanto también la humanista y religiosa, no puede hoy ignorar la idea neural del hombre. Sin embargo, la imagen de la neurología clásica recibe hoy una nueva luz tras el descubrimiento de las “neuronas espejo”, que son el mecanismo esencial para comprender las intenciones de otros, para desarrollar una teoría de la mente y, por ende, para capacitarnos para la vida social. Las neuronas espejo aportan nueva luz para entender cómo la red neuronal “refleja” el mundo, la autoimagen y la imagen de la mente de los otros en la producción evolutiva de un comportamiento social. Las “neuronas espejo” se abordan en este artículo con motivo de la sesión del seminario de la Cátedra CTR, el 19 de abril de 2007, en la que el profesor Emilio García hablará de las redes neurales y la modularidad de la mente. Por Lydia Feito.

 

La actividad psíquica es el fundamento que permite la realización del hombre como persona. Las sensaciones y percepciones, la conciencia, el conocimiento, la memoria, las emociones, el lenguaje, la autoimagen y nuestra condición de sujetos psíquicos, el pensamiento, los planes de acción y el sentido de la vida, la identidad personal y social, todo lo que somos como personas, nuestra vida y comportamiento, dependen de las redes neurales: del sistema de los sentidos y de los diferentes módulos cerebrales, del cerebro antiguo y moderno, que actuando como sistema integrado, holístico, producen todas las funciones psíquicas.

Hoy en día el descubrimiento de las llamadas “neuronas espejo” constituye un factor importante que permitirá aportar nueva luz para entender cómo la red neuronal “refleja” el mundo, la autoimagen y la imagen de la mente de los otros en la producción evolutiva de un comportamiento social.

Investigación en alza

La investigación sobre los correlatos neurales de las conductas y de las emociones es un campo de investigación en alza, que se acerca también al campo de la neurociencia cognitiva social. De hecho, R. Adolphs considera que la neurociencia ofrece una vía de conciliación entre las aproximaciones biológicas y psicológicas al comportamiento social. La cognición social, desde esta perspectiva neurocientífica, se define como la capacidad para construir representaciones de las relaciones entre uno mismo y los otros, y para usar estas representaciones de modo flexible para guiar el comportamiento social.

Apunta no sólo a los elementos “racionales” sino también, y de modo creciente, a las emociones, a las formas de percepción de las normas sociales –por ejemplo, se estudia la capacidad de reconocimiento de expresiones faciales—, también estudia la teoría de la mente (mentalización) como clave de la interacción social. La teoría de la mente (ToM, theory of mind) o “mentalización” se refiere a los correlatos neurales de la capacidad de explicar y predecir el comportamiento de otras personas, atribuyéndoles estados mentales independientes.

Los estudios de neuroimagen han ido mostrando la existencia de un sistema neural distribuido que subyace a ToM. Dicho sistema implica varias áreas cerebrales: principalmente el surco temporal superior –que sería responsable de la detección del agente que actúa y de los estímulos provenientes del movimiento biológico de otra persona—, los polos temporales –que están asociados con procesos mnemónicos, aportando un contexto semántico y episódico a los estímulos que se están procesando— y la corteza prefrontal medial –que analiza los estímulos y produce una representación de los estados mentales propios y ajenos—. De modo menos importante también parecen estar implicadas la amígdala y la corteza órbitofrontal.

No obstante, las investigaciones relacionadas con las llamadas neuronas espejo (MNS, mirror neuron system) van aportando, día a día, nuevos datos que obligan a revisar y ampliar estas descripciones. Las neuronas espejo son un tipo especial de neuronas que se activan cuando un individuo realiza una acción y también cuando observa una acción similar llevada a cabo por otro individuo.

Proyección filosófica de la neurociencia

Todas estas investigaciones neurocientíficas dan lugar a otro frente de reflexión de enorme importancia por sus implicaciones filosóficas: cómo se alteran conceptos tales como la voluntad, la libertad o la identidad, al encontrar los sustratos neurales de nuestras conductas e incluso de nuestros pensamientos.

Esta cuestión remite a la clásica discusión sobre mente-cerebro, si bien con un planteamiento basado en las neurociencias, que aporta una luz novedosa y que nos obliga a matizar muchas afirmaciones hechas en el pasado. El riesgo de un cierto determinismo reduccionista en la explicación del ser humano, por un excesivo apego a los datos científicos, está en la mente de muchos.

Será necesario, y cada vez más, analizar las implicaciones que tiene el hecho de que la neuroimagen, más que cualquier otra técnica de investigación cerebral, indique, como afirma M.J. Farah, que «importantes aspectos de nuestra individualidad, incluyendo algunos de los rasgos psicológicos que nos importan a la mayoría como personas, tienen correlatos físicos en la función cerebral.»

Esto tiene que ver, por ejemplo, con la investigación sobre los correlatos neurales de la conciencia, o con la más polémica relación entre experiencia religiosa y cerebro, establecida a partir de los estudios con pacientes que padecían epilepsia del lóbulo temporal, y que en ocasiones mostraban intensos sentimientos religiosos durante las crisis.

Las neuronas espejo


Somos criaturas sociales. Nuestra supervivencia depende de entender las acciones, intenciones y emociones de los demás. Las neuronas espejo nos permiten entender la mente de los demás, no sólo a través de un razonamiento conceptual sino mediante la simulación directa. Sintiendo, no pensando.
G. Rizzolatti.


Hasta hace poco tiempo, la atribución de significado a las acciones observadas en otros individuos se explicaba a partir de complejos mecanismos relacionados con la memoria, las experiencias previas y los procesos de razonamiento. Sin embargo, con el descubrimiento de las denominadas “neuronas espejo”, es posible explicar de un modo más sencillo esa situación tan habitual para todos de comprender inmediatamente lo que otro individuo está haciendo. Entender las acciones y las intenciones es una tarea que, aunque en ocasiones requiera de procesos más elaborados, se realiza de modo más directo y simple por medio de las neuronas espejo.

Estas neuronas fueron descubiertas por el equipo de G. Rizzolatti en la década de los años noventa del siglo XX. Observaron cómo ciertas neuronas del cerebro del mono (macaco) se activaban no sólo cuando el individuo realizaba acciones motoras dirigidas a una meta, sino, sorprendentemente, también cuando dicho individuo meramente observaba cómo alguien (otro mono, o un humano) realizaba la misma acción. En la medida en que este conjunto de células parecía “reflejar” las acciones de otro en el cerebro del observador, recibieron el nombre de neuronas espejo.

Este descubrimiento que, como en tantas ocasiones en la historia de la ciencia, fue por azar, se ratificó posteriormente con experimentos específicamente diseñados para observar si las neuronas espejo se activaban ante la observación de acciones (y no sólo durante su ejecución), y si estaban implicadas en la comprensión de las acciones (activándose cuando el mono no podía ver la acción realmente, pero tenía suficientes datos para producir una representación mental de la misma, es decir, cuando podía imaginarla).

Neuronas espejo en el cerebro humano

La confirmación de esta actividad de las neuronas espejo llevó a preguntarse si este mismo sistema existía también en los seres humanos, lo cual se ha demostrado a partir de numerosos experimentos en los que han sido de incalculable ayuda las técnicas de neuroimagen.

Los conjuntos de neuronas espejo parecen codificar plantillas para acciones específicas, lo cual permite a un individuo no sólo llevar a cabo acciones motoras sin pensar en ellas, sino también comprender las acciones observadas, sin necesidad de razonamiento alguno.

Dicho de modo más sencillo: si hasta ahora considerábamos que el movimiento, por ejemplo de una mano, era el resultado de un proceso mental en el que, analizadas por el cerebro las percepciones y datos sensoriales, se emitía una respuesta adecuada (que, en el caso de acciones intencionales complejas, requeriría de unas capacidades cognitivas realizadas por regiones especializadas para ello), y que la zona motora del cerebro era la encargada de ejecutar dicha respuesta en forma de movimiento, ahora parece ser que el sistema motor es mucho más complejo, y puede ser el sustrato neural de procesos atribuidos al sistema cognitivo.

Esto tiene dos importantes consecuencias: por una parte, obliga a revisar lo que hasta este momento se ha venido afirmando respecto a las regiones motoras del cerebro (el sistema motor no puede ser ya concebido como un mero “ejecutor pasivo” de órdenes emitidas por otra región cerebral, parece tratarse más bien de un complejo entramado de zonas corticales diferenciadas, capaces de realizar las funciones sensoriomotoras que parecerían propias de un sistema cognitivo superior) y por otro lado, supone un importante reto para nuestras convicciones filosóficas acerca de la importancia de la comprensión consciente de los actos humanos.

La importancia de estos descubrimientos es de tal categoría que un prestigioso investigador como V.S. Ramachandran no tiene ningún reparo en afirmar que «las neuronas espejo harán por la psicología lo que el ADN hizo por la biología: proporcionarán un marco unificador y ayudarán a explicar una multitud de capacidades mentales que hasta ahora han permanecido misteriosas e inaccesibles a los experimentos». Y, por cierto, el mismo autor afirma que no se ha divulgado suficientemente este enorme salto científico, y que esta frase suya tan llamativa sobre la relevancia de las neuronas espejo ¡es más famosa que el descubrimiento de Rizzolatti y otros investigadores!.

Comprender a los otros

Las investigaciones de G. Rizzolatti, V. Gallasse, M. Iacoboni, L.M. Oberman, V.S. Ramachandran y otros muchos permiten afirmar que existe un vínculo entre la organización motora de las acciones intencionales y la capacidad de comprender las intenciones de otros. Esto supone la disolución de la barrera entre uno mismo y los otros, y es fácil comprender la ventaja que implica desde el punto de vista de la supervivencia. La comprensión de las intenciones y las emociones de otros es esencial para la vida social y el fundamento de los comportamientos morales.

Ramachandran llama a las neuronas espejo “neuronas de la empatía” por ser las implicadas en la comprensión de las emociones de los otros. De algún modo, si la observación de una acción llevada a cabo por otro individuo activa las neuronas que permitirían al observador realizar la misma acción, estaríamos ante una suerte de “lectura de la mente”.

Las neuronas espejo del observador actúan como un sistema que permite la comprensión de las acciones y por tanto la empatía, la imitación, y la teoría de la mente. Incluso se ha sugerido que el sistema de neuronas espejo sería el mecanismo neural básico para el desarrollo del lenguaje. Rasgos todos ellos de capacidades relevantes para la hominización, desde un punto de vista evolutivo.

Un elemento esencial de todas estas hipótesis radica en la introducción de la intención en la comprensión de la acción. Los primeros estudios planteaban la función de las neuronas espejo para entender la acción (el “qué” de la acción), sin embargo, lo más interesante está en la comprensión de la intención de dicha acción (el “por qué”) sin la cual no sería más que un mero reflejo, como el nombre venía a indicar (neuronas espejo).

Determinar por qué se ejecuta una acción es básico para su comprensión real, y tiene que ver con detectar la meta u objetivo de dicha acción. Para estudiar este tipo de cuestiones se han llevado a cabo estudios con resonancia magnética funcional, analizando las respuestas de los observadores a acciones con y sin contexto que les diera sentido.

Mecanismo de simulación incorporado

Los resultados muestran la activación de ciertos grupos de neuronas sólo cuando los actos motores se incrustan en acciones que tienden a una meta. V. Gallese habla de un “mecanismo de simulación incorporado” cuya activación da lugar a la adscripción de intenciones, proceso que se daría siempre por defecto. La predicción de la acción y la adscripción de intenciones serían así fenómenos relacionados, con un mismo mecanismo funcional (la simulación incorporada).

Cada investigador utiliza terminología diferente, lo cual complica un tanto la comprensión de estos estudios. Sin embargo, hay un acuerdo bastante generalizado acerca de que la comprensión de las acciones humanas tiene que ver con la capacidad de simular las acciones observadas en otros (es decir, que el observador represente los estados internos de otros individuos con su propio sistema motor, cognitivo y emocional). Esta simulación posibilita una comprensión de los otros humanos que permite percibirlos como semejantes, una “multiplicidad compartida de intersubjetividad” como lo llama V. Gallese, esto es, permite la atribución de una mente.

La atribución de pensamientos e intenciones a otros, lo que se denomina teoría de la mente, ha sido objeto de estudio conforme a dos hipótesis en pugna:

(1) la teoría-teoría, que, apoyándose en estudios de comportamiento, propone que los individuos desarrollan una ToM en los primeros años de vida probando reglas dadas relativas a las funciones de los objetos y organismos con los que interactúan, y generando cognitivamente una teoría acerca de lo que los otros piensan.

(2) Y la teoría de la simulación que, como se ha señalado, propone que la ToM es un desarrollo de la capacidad de interpretar las acciones de otros a través de la simulación (o representación). Esta segunda hipótesis parece más sólida, en la medida en que los estudios van mostrando que las neuronas espejo están implicadas en esta comprensión de las intenciones, en la imitación, en la empatía, y, por tanto, son la clave del comportamiento social de los individuos.

Autismo y neuronas espejo

Buena parte de las investigaciones afirman, en la misma línea, que una deficiencia en ToM y en la capacidad de empatía sería la explicación más plausible para el autismo. Hace tiempo que se sabe que existe un componente del electroencefalograma (EEG), la onda mu, que se bloquea cuando una persona hace un movimiento muscular voluntario.

Este componente también se bloquea cuando una persona ve a alguien realizar la misma acción, lo cual ha dado lugar a que Ramachandran y Altschuler sugieran que la supresión de la onda mu serviría para disponer de una prueba sencilla y no invasiva para monitorizar la actividad de las neuronas espejo. En los niños con autismo se observa que la supresión de la onda mu sí se produce cuando realizan un movimiento voluntario, pero no cuando observan a alguien realizar la acción, de lo cual se deduce que el sistema motor está intacto, pero no así el sistema de neuronas espejo.

Estos hallazgos se han comprobado también con otras técnicas como la magnetoencefalografía, la resonancia magnética funcional o la estimulación magnética transcraneal. En todos los casos se muestra que en el autismo existe una disfunción de las neuronas espejo. Esto explicaría la mayoría de los síntomas del trastorno autista: falta de habilidades sociales, ausencia de empatía, déficits de lenguaje, imitación pobre, dificultad para comprender las metáforas, etc.

Todo esto nos hace pensar que las neuronas espejo son el mecanismo esencial para comprender las intenciones de otros, para desarrollar una teoría de la mente y, por ende, para capacitarnos para la vida social. Como indicaba V.S. Ramachandran, las neuronas espejo suponen la disolución de la barrera entre yo y los otros. La capacidad de adoptar el punto de vista de otro supone, entre otras cosas, la posibilidad de una imitación intencional y, por tanto, de un aprendizaje basado en la imitación.

Este elemento tiene importantes consecuencias desde el punto de vista evolutivo, lo cual, además, según este autor, permite afirmar que el sistema de las neuronas espejo marca un antes y un después en el debate entre naturaleza y cultura.

La naturaleza humana depende de modo crucial de la capacidad de aprendizaje facilitada, al menos parcialmente, por este sistema. Gracias a él el cerebro humano se especializó para la cultura y se convirtió en el órgano por excelencia de la diversidad cultural. O, lo que es lo mismo, es lo que nos permite ser esencialmente humanos.


Incluso el rasgo que constituye la quintaesencia de lo humano, nuestra propensión a la metáfora, puede estar basada parcialmente en la clase de cruces de dominios de abstracción que median las neuronas espejo; (…) Esto explicaría por qué cualquier mono podría alcanzar el cacahuete, pero sólo un humano, con un sistema de neuronas espejo adecuadamente desarrollado, puede alcanzar las estrellas.
(V.S. Ramachandran).



Lydia Feito Grande es profesora en la Universidad Rey Juan Carlos, en Madrid. Artículo elaborado con ocasión de la sesión del seminario de la Cátedra CTR, el 19 de abril de 2007, en la que intervendrá el profesor Emilio Garcia, Universidad Complutense de Madrid, sobre la modularidad de la mente




Jueves 12 Abril 2007
Lydia Feito
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