El anti management en tiempos de crisis
Por Ernesto Gore
Para el ejecutivo adicto al anti management, los tiempos de crisis son ideales para generar confusión entre sus colaboradores. Para ello, tenemos las tres herramientas básicas de la manipulación: el miedo, el soborno y la culpa. ¿Cómo aplicarlas correctamente?
Toda comunidad genera sus propias mitologías. Y la comunidad gerencial
no es una excepción. Claro que sus mitologías son las propias.
Los managers no creen en duendes o en hadas, pero sí en cosas tales
como tareas y puestos de trabajo que pueden ser descriptos y evaluados,
en técnicas de liderazgo que permiten manejar a otros sin dudar uno mismo o en maneras para motivar a la gente para que haga lo que uno quiere (o, mejor dicho, lo que uno no quiere hacer pero que alguien debe hacerlo).
Desde la dirección por objetivos o el método Kepner-Tregoe para la toma
decisiones hasta nuestros días, mucha agua ha corrido bajo el puente.
Pero la mitología gerencial siempre ha buscado alternativas simples e
infalibles para evitar el dolor que implica manejar la incertidumbre en contextos de alta presión.
La ambigüedad de la tarea nos hace sentir incómodos y vulnerables. Hay
cosas que la gente puede entender y hacer sola. En otras, necesita
pautas y guía. Precisamente, el trabajo gerencial tiene que ver con
ayudar a la gente a entender la organización, para que pueda actuar por
sí misma o en darle políticas, pautas y normas para aquellas cosas que,
por ahora, no puede comprender.
Ayudar a entender la organización no es fácil y pone en jaque
permanente a nuestra propia comprensión. Sin duda, es más sencillo dar
pautas y controlar que ayudar a comprender. El problema es que cuando
uno da pautas y controla adquiere una responsabilidad. Si el otro hace
un desastre haciendo lo que le dijimos que hiciera, ¿de quién será la
culpa?
En síntesis, aunque el trabajo gerencial haga que los demás lo perciban
a uno como poderoso, uno se siente vulnerable todo el tiempo. A veces,
como un equilibrista. En ocasiones, como un maestro de ceremonias. E,
inevitablemente, de vez en cuando, como un payaso.
Quien no pueda soportar el riesgo o el temor al ridículo, quien no esté
dispuesto a exponerse, quizá tampoco esté en condiciones de llevar
adelante el circo gerencial, que es, finalmente, el que mueve el mundo.
Pero la gerencia, como tantas otras disciplinas, tiene su forma fácil
de ejecución. Si nuestra intención no es ganar medallas o ir al paraíso
de los buenos gerentes sino durar en nuestro puesto y disfrutar de él
(es decir, si somos gerentes razonables) es claro que lo que tenemos
que hacer es ayudar a confundir a aquellos que podrían decidir por sí
mismos y abstenernos de dar pautas a los que las necesitan.
Y una forma de evitar la comprensión de la situación y la autonomía es asignar pautas contradictorias e indiscutibles.
Por ejemplo, cualquier persona que haga lo que le pedimos es un ser
servil y sin personalidad. Cualquier persona que tome sus propias
decisiones es un peligro por lo impredecible. Cualquiera que nos
pregunte si puede o no decidir por sí mismo es demasiado filosófico.
El que atiende mucho a los clientes es falto de carácter, el que les
pone límites a los clientes no tiene calidad de servicio, el que quiere
discutir criterios de atención al público es un pesado.
Y los tiempos de crisis son ideales para generar confusión. Para ello,
tenemos las tres herramientas básicas de la manipulación: el miedo, el
soborno y la culpa.
El miedo, por ejemplo, funciona de la siguiente manera:
Probablemente haya que despedir gente.
Lo más lógico es que sean los más jóvenes.
Lo más lógico es que sean lo más viejos.
Lo más lógico es que sean lo que no son imprescindibles ahora mismo.
Lo más lógico es que sean lo que no son estratégicos.
Lo más lógico es que sean los que no dan abasto con su tarea (más de 14 horas diarias).
Lo más lógico es que sean los que trabajan poco (menos de 14 horas diarias).
Una cosa así casi no deja excluidos. Nadie queda afuera, excepto
algunos desubicados que no temen ser despedidos, pues lo ven más bien
como una oportunidad para viajar o intentar nuevas cosas con su vida.
Éstos no son manipulables. Si tienen más de cuarenta años son locos. Si
tienen menos, son "generación Y".
Ambos son un peligro porque sinceran la organización. No fingen, no
hacen lo que no les interesa, no utilizan los pliegues de la estructura
ni las intrigas entre sectores para protegerse.
Para el anti management,
toda organización es una conjura para empobrecer a los accionistas a
costa de los clientes. Los que no responden a la manipulación es porque
no pertenecen a la conjura, no entienden las reglas de juego.
El soborno y la culpa complementan al miedo.
La gente no es inteligente
cuando actúa sólo por miedo. Es apenas astuta (o "viva", para
expresarlo con un argentinismo). La diferencia entre un vivo y un
inteligente es que el inteligente no se mete en aquellas cosas de las
que el vivo sabe salir. El miedo nos ayuda a escapar, pero no es útil
para elegir.
Ahora bien, para que el soborno y la culpa sean efectivos, es
indispensable que sean tan amplios y tan ambiguos como el miedo.
Cualquiera puede ser culpable de haber hecho lo que no se le pidió o de
no haber tomado iniciativa por sí mismo. Cualquiera puede ser culpable
de haber hablado de más o de haberse callado. Nadie sabe sobre quién ni por qué caerá la culpabilidad.
Lo que hace la gente, en estos casos, es mirar a su jefe más que a sus
clientes y usar su energía más para tener coartadas y mantenerse en
buenos términos con la gerencia que para resolver problemas.
La gente que no resuelve problemas tampoco crea problemas nuevos. Y, en
todo caso, para lidiar con los viejos estamos los gerentes, que somos
los que mejor los conocemos porque los mantenemos frescos y sanos.
El soborno, como la culpa, debe también atender a pautas erráticas y
desconcertantes. Al que trabaja mucho y bien se le exigirá más pero
nunca sabrá si tendrá mayor recompensa.
Al que trabaja poco o mal se le exigirá menos pero nunca sabrá si luego
resultará culpable de no haber hecho lo que nadie le pidió.
De esta forma, la combinación de miedo, soborno y culpa permite manejar
adecuadamente la situación. Por supuesto que esto no nos servirá para
superar la crisis. Pero, al fin de cuentas, esto no tiene demasiada
importancia, porque las crisis no se superan o, si se superan, nadie
sabe ex ante cuál es la forma de hacerlo.
Frente a las crisis, los adictos al anti management sabemos mejor que
nadie que el secreto es simplemente sobrellevarlas, sobrevivirlas,
sanos y salvos con todas las energías para poder empezar a crear la
próxima.
Ernesto Gore
Profesor y Director del departamento académico de Administración de la Universidad de San Andrés.
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Fuente: MateriaBiz
Imagen: Mr. Burns
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Como eliminar el sentimiento de culpa?
Como eliminar el sentimiento de culpa?
April 15th, 2011 | Author: Sonia B.F. Arias
Que es exactamente el sentimiento de culpa?
sentimiento de culpa
A un nivel conciente o inconciente todos los seres humanos padecemos en un grado mayor o menor de un sentimiento de culpa. Cual es la razón? Que podemos hacer para eliminar este sentimiento tan negativo que algunas veces llega a atormentarnos y nos quita la paz mental? Las razones por las cuales podríamos experimentar un sentimiento de culpa son infinitas y algunas veces este sentimiento se desarrolla por algo que no se justifica.
Algunas teorías demuestran que el sentimiento de culpa es inseguridad en nosotros mismos. Este sentimiento nos hace sentirnos culpables sin una razón aparente. Algunas veces el sentirnos culpables es algo que acarreamos desde nuestra infancia. Conforme nos vamos convirtiendo en personas adultas, el sentimiento de culpa algunas veces crece pues agregamos culpas a travez de los años, conforme nos vamos enfrentando a nuevas situaciones y conociendo nuevas personas.
Durante la infancia
Comenzando por la infancia, un niño se siente culpable cuando sus padres no son afectuosos. Esto hace al pequeño sentir que hizo algo malo y por eso sus padres no lo aman. Los castigos físicos y las palabras hirientes también desarrollan la culpa en los años de infancia.
Muchas veces esa culpa se desarrolla en los niños por medio de los celos que sienten con respecto a uno de sus padres o hacia sus hermanos o cuando se enojan por alguna otra razon. Por ejemplo, cuando sus padres los reprenden, el niño se enoja y dice "quisiera que no existieran, que se murieran los dos", cuando los celos son con sus hermanos algunas veces el niño dice "me gustaria que no hubieras nacido" . Estos pensamientos negativos que pasan por la mente de algunos niños en los momentos de enojo traen culpabilidad a sus vidas. .
Superando el sentimiento de culpa
Como adultos debemos identificar los factores que podrían contribuir a eliminar el sentimiento de culpa. Le recomendamos que siga estos pasos que lo ayudarán a no sentirse culpable injustificadamente
Elimine de su vida las situaciones conflictivas
Si el hablar sobre los problemas en las vidas de otras personas tales como sus amigos y sus familiares cercanos lo hacen sentirse mal, no comente nada sobre ellos. Escuche lo que otros tengan que decir sobre cierta situación sin hacer comentarios. De esta manera no se sentirá culpable de las consecuencias que esa conversación traigan a la vida de su amigo o familiar.
Aléjese de las personas que lo hacen sentirse culpable
Hay personas que tienen la habilidad de hacernos sentir culpables, estas personas podrían ser nuestras parejas, nuestros maestros, consejeros espirituales, padres, abuelos o un amigo cercano. No permita que estas personas ataquen su auto estima y le critiquen lo que usted hace, dice o como se viste pues las palabras algunas veces son las directas responsables de nuestros sentimientos de culpabilidad. Recuerde que usted decide como vive y lo que hace con su vida de acuerdo a su criterio.
No prometa lo que no va a poder cumplir
Todos en diferentes ocasiones nos hemos sentido culpables porque prometimos algo y no lo pudimos cumplir. Ejemplos, llevar a nuestros hijos al cine y luego nos acordamos que teníamos que trabajar horas extras, el llegar tarde a una cita amorosa o no llegar del todo pues algo se atravesó en el camino. El olvidar visitar a un familiar u amigo cuando lo habíamos prometido nos hace sentirnos culpables. Es por eso que no debemos comprometernos con algo que no estamos seguros que podremos cumplir.
No se sienta culpable por las culpas de otros
No todo lo que ocurre a su alrededor es culpa suya. El hecho de que su pareja le haya sido infiel, no significa que usted fue el que falló y pore se motivo perdió lo que usted consideraba era el amor de su vida. No se sienta culpable si a un compañero de trabajo lo despiden porque no cumplió con un trabajo que tenían que hacer en equipo. No se sienta culpable si su hijo sacó una mala calificación en la escuela. Las culpas de otros no son las nuestras. Lo que otros hagan es directamente su responsabilidad y no la nuestra.
Un poquito de culpabilidad podría beneficiarnos
Canalizando apropiadamente un poquito de culpabilidad podría resultar beneficiosa para los demás. Por ejemplo, el hecho que una persona se sienta culpable porque tiene mucho dinero y no está haciendo algún tipo de obra caritativa, puede impulsarse a hacer algo por los demás y beneficiar a otras personas que lo necesitan. Las personas que son voluntarias en los orfanatos, hospitales u otras instituciones sociales, muchas veces se sienten muy gratificadas al poder ayudar a los demás, especialmente si se sienten culpables de nunca haber hecho nada en la vida por ayudar a su prójimo. En estos casos ese sentimiento de culpa los conduce ha hacer algo positivo para ellos y para otros.
La identidad femenina y el sentimiento de culpa
Las personas del sexo femenino tenemos una mayor tendencia a experimentar sentimientos de culpabilidad debido a la crianza que nuestros padres nos dieron. En algunas culturas la mujer es considerada un ser inferior y asi es tratada desde que nace. Esto hace que algunas mujeres se sientan culpables por superarse y ser profesionales en vez de hacer las tareas en el hogar y cuidar de sus hijos.
Mitos sobre complacer a los demas por encima de nuestra voluntad
Los mitos que nos han sido inculcados por nuestros padres desde la infancia sobre el "complacer" a las personas que nos aman deben ser erradicados de nuestras vidas por completo. El estudiar cierta carrera en la universidad para complacer a los padres, el no trabajar fuera de la casa para complacer a la pareja, el no usar ningún tipo de maquillaje para complacer al esposo, el tener un mayor número de hijos para no sentirnos culpables desde el punto de vista religioso son algunos ejemplos de una culpabilidad injustificada.
Preguntémonos a nosotros mismos, a quién debemos complacer en la vida? Si bien es cierto que debemos cumplir con nuestras obligaciones para con la sociedad, con nuestra familia y con el trabajo, no debemos sentirnos culpables por complacernos a nosotros mismos con lo que nos gusta hacer, los lugares que nos gusta frecuentar, la profesión que decidimos escoger o el número de hijos que deseamos tener.
Finalmente, podemos concluir que aunque es practicamente imposible erradicar la culpa de nuestras vidas aunque ésta sea injustificada, podemos canalizarla de una manera positiva sin perder el respeto de las demás personas por nosotros. Para eliminar el sentimiento de culpa no debemos dejar que otras personas tomen ventaja de nosotros ni traten de manejar nuestras vidas a su antojo.
El terrible sentimiento de culpabilidad puede ser superado si tomamos la determinación de vivir nuestra vida a plenitud y no someternos a la voluntad de los demás y no dejarnos pisotear, abandonando nuestras metas para complacer a otros con tal de no sentirnos culpables.
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