¿Para qué sirve que un lugar sea una marca?
Justamente esta semana se está desarrollando un congreso en Colombia sobre marketing de ciudades. ¿Dónde se realiza el mismo? En Cali. Muy divertido, sabiendo que la ciudad lleva consigo una carga pesada de connotaciones en relación al negocio de la droga.
Obviamente, no todos los lugares pueden planificar construirse como marca. Algunos se construyen espontáneamente en función de lo que la gente percibe del mismo o lo que se produce en él. Lo ideal es tomar cartas en el asunto y planificar ese posicionamiento antes de que, al surgir espontáneamente, la gente le dé cualquier significado arbitrario.
No es que así se consiga sólo un mejor o peor negocio inmobiliario, sino que creo en el derrame de distintos efectos positivos sobre los lugares que decidan recorrer bien este camino.
Superpoblado de marcas de ropa, muchas de las cuales se valieron de la marca del barrio para construirse. Es decir, que la vidriera pertenezca al circuito de compras de alguno de los nuevos Palermo, ya hacía que esa marca innota comience a participar de una carrera en competencia con marcas de muchísima trayectoria ya sea local o internacional.
En este caso, la marca del barrio funciona como una garantía de diseño de vanguardia.
Pero el juego de los lugares como marcas no termina en continentes, paises, regiones, ciudades y barrios sino que llega hasta los mismísimos edificios. Una construcción parecería un producto difícil de diferenciar, sin embargo, muchas ya tienen nombre propio con el cuál sentirse distinto. Algunas de ellas como el edificio MOCA en Barracas o el edificio TRONADOR en Nuevo Nuñez, encierran la mística de haber sido fábricas de Esperidina y de chocolates respectivamente.
Por eso, creo que la creación de marcas en estas distintas estructuras que van desde edificios a continentes, es una herramienta que puede ayudar a mejorar características muy importantes para sus habitantes como seguridad, salud pública, empleo, recreación, cultura; y no sólo generar un sobreprecio en el metro cuadrado.



























La incorporación de Villarrica a la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO, ya sea como "Ciudad del Arte Popular" o como "Ciudad de la Gastronomía" le otorgaría un invaluable reconocimiento de carácter internacional como destino turístico cultural.
Una buena respuesta es recurrir a la UNESCO, que en octubre de 2004 lanzó la “







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