En la siguiente columna de El Mercurio de hoy sábado 8 de septiembre de 2007, Pedro Gandolfo,
distinguido abogado, escritor y filósofo chileno, hace una inteligente
crítica de quienes lucran vendiendo la "pomada del liderazgo" como la
panacea para todos las deficiencias en la administración de todo tipo
de organizaciones.
Es importante destacar que la crítica va dirigida a quienes fomentan la falsa "ideología del liderazgo" y de ninguna manera contra los atributos, naturales o aprendidos, de las personas que legítimamente y con el respaldo de sus seguidores, lideran alguna empresa o institución, ni tampoco contra las teorías del comportamiento organizacional, enseñadas en las universidades, publicadas por autores de reconocida capacidad intelectual.
Manuel Gross Osses
El artículo del diario es el siguiente:
Contra el liderazgo
Por Pedro Gandolfo
Una de las manipulaciones culturales más fuertes de las últimas décadas es la "ideología del liderazgo".
No
me acuerdo bien cómo empezó, pero sostenidamente fuimos invadidos por
"gurús", en su mayoría estadounidenses, que venían a predicar en
seminarios y congresos acerca de qué es el liderazgo, cómo llegar a ser
un líder y las ventajas de serlo.
Eran sujetos para mí
desconocidos, pero que se hallaban revestidos de un aura indiscutible
de éxito, entre académica y empresarial. Parecían portadores de un
"método" que nos garantizaría, como personas, instituciones y país,
alcanzar altas metas, salir de nuestra mediocridad, ser los primeros.
Esta
ideología y sus ideólogos han tenido éxito. Una buena parte de los
chilenos bailamos al son de este conjunto astutamente armado de lugares
comunes, puestos al servicio de una razón tecnocrática elemental: se
pueden contabilizar cátedras universitarias; estantes colmados en las
librerías, en las que cientos de textos abundan y varían en sus
recetas; nuevas visitas, congresos y seminarios; elaboración de
jerarquías de supuestos líderes en todos los ámbitos sociales (de las
cuales muchas personas valiosas quieren formar parte, y se sienten
degradadas si no figuran en ellas); programas de entrenamiento (de
mucho costo) a que son sometidos ejecutivos y "jefaturas" para
perfeccionar o probar su liderazgo; charlas, cursos de capacitación,
etcétera.
La "ideología del liderazgo" es, pues, una industria
eficiente, aunque no inocua. Como toda ideología, manifiesta un hambre
de totalidad: así, desde su inicio limitado (la administración) se ha
expandido a todos los sectores, como si la división esencial entre las
personas fuese hoy entre líderes y no líderes. Su simplificación enorme
de conceptos y categorías produce rechazo, sobre todo porque afecta a
aspectos que no son secundarios.
Ella
propone, en efecto, una cierta "teoría" sobre el poder y la dominación,
concepción en buena medida excluyente, que se atribuye la capacidad de
detectar, predecir y cultivar a quienes van a ser "los conductores".
Esta ideología es difícil de desmentir, porque sus categorías
principales no sólo son simples, sino además nebulosas. Se escabullen y
siempre se arreglan para acomodarse a las refutaciones.
De paso,
en la práctica, prevalece la figura del gestor activo (o "proactivo"),
seguro de sí mismo, que matiza poco y duda menos, que avanza con
velocidad más que con sutileza, visible y ostentoso en sus
realizaciones, con un grueso sentido pragmático y carente de valores y
horizonte amplios.
¿Acaso no tendrá esto alguna relación con la mala calidad de nuestros líderes actuales?
El Mercurio. 08.09.2007
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