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Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Fortalezas del pesimista y debilidades del optimista

Enviado por Manuel Gross el 10/01/2010 a las 6:26
Manuel Gross


El bloguero español que se identifica con el pseudónimo "Alguien" publica muchos artículos literarios en su blog Algún día en alguna parte, donde ha posteado con el título Las Virtudes de un Pesimista el siguiene artículo del diario El Mundo del 3 de enero 2010:  


ESTRATEGIA - LAS VIRTUDES DE VER LAS COSAS NEGRAS  
¿Es usted pesimista? Siga siéndolo. Es bueno para su vida y para su cartera  

En situaciones de estrés, el sistema inmunológico de los pesimistas puede ser más fuerte. Cuando se obliga a los pesimistas a actuar como optimistas rinden menos.

 

Los expertos sugieren incluir a un pesimista en los equipos de trabajo. La crisis ha sido en parte causada por un exceso de optimismo… ¿De verdad es tan malo ver el vaso medio vacío?  

 Por Víctor Rodríguez. Fotografía de John Minihan  

Tal vez, empezar uno de los primeros artículos del año citando a un borracho no sea lo más apropiado, pero, vaya, éste es un texto sobre el pesimismo, que tampoco es que sea el mejor tema para uno de los primeros artículos del año.

 

Así que déjenme que empiece contando la historia de Sileno. Sileno era un sátiro de la mitología griega a quien se atribuía el don de la sabiduría cuando estaba ebrio. Una vez el rey Midas le preguntó qué era lo mejor que le podía pasar a un hombre. A lo que el clarividente bebedor respondió: «Lo mejor para todos los hombres y mujeres sería no nacer. Si nace, lo mejor que le puede pasar a un hombre es morir rápido».

 

No es una reflexión muy reconfortante, la vedad, pero Sileno ha tenido desde entonces un buen puñado de fans. Desde el filósofo griego Hegesias, quien en el siglo III a. C. instaba a sus semejantes a dejarse morir de hambre, a Arthur Schopenhauer («Nuestra vida oscila entre el dolor y el hastío»), Jean-Paul Sartre («El hombre no es feliz y muere») o Woody Allen («Naces, enfermas y mueres. Da igual que no hayas hecho nada malo, enfermas y mueres igual. Y lo mismo le pasa a todos los que te rodean sin que nadie entienda nada»).

 

Paradójicamente, ese pesimismo les ha podido ayudar en la vida. Suena como el colmo del optimismo, pero un buen número de estudios realizados en los últimos años sugieren que ciertas dosis de pesimismo pueden ser beneficiosas. El optimismo puede ser peligroso. Y, desde luego, lo que resulta absolutamente nocivo es tratar de convertir en optimista a un pesimista.

 

Julie K. Norem, profesora de Psicología de la Universidad de Wellesley, en EEUU, lleva más de 20 años investigando las virtudes del pesimismo. En 2001 publicó un libro titulado El poder positivo del pensamiento negativo (ed. Paidós).

 

«Lo de ‘tranquilo, todo saldrá bien’ no siempre es cierto», escribe Norem. «Intentar adoptar una actitud positiva cuando sentimos ansiedad puede ser incluso perjudicial. Una mujer o un hombre de negocios nervioso que niega o ignora la ansiedad que le produce hablar en público puede aumentar así sus probabilidades de encallarse, tartamudear o perder el hilo de lo que está diciendo cuando se ponga detrás del atril.

 

Un anfitrión que no considere la posibilidad de una intoxicación alimentaria puede ser poco cuidadoso con el sushi y acabar enviando realmente a sus invitados al hospital. Los inspectores de las centrales nucleares, esperemos, dejarán siempre atado y bien atado su optimismo y darán rienda suelta a su capacidad para prever posibles problemas».

 

La psicóloga estadounidense ha identificado lo que ella llama pesimistas defensivos, hombres y mujeres que ante un acontecimiento futuro se marcan expectativas muy bajas y se torturan previendo todas las posibilidades de fracaso para saber cómo reaccionar. A menudo son personas de éxito profesional y social, pero siguen sometiéndose al castigo de los nervios porque es la manera más eficaz que han encontrado de combatir la ansiedad.

 

En uno de sus experimentos, Norem y su equipo seleccionaron a un grupo de pesimistas defensivos y lo dividieron en dos antes de presentarles un test psicotécnico. A la mitad de los participantes les predispusieron al optimismo comentándoles que habían visto sus currículos y sabían que sus resultados iban a ser buenos. A la otra no les dijeron nada. Como esperaba la investigadora, los pesimistas a los que se había vuelto optimistas obtuvieron peores resultados.

 

Norem, a quien quizá en un exceso de optimismo este redactor llegó a plantear unas preguntas que no han obtenido respuesta, también apunta en su libro posibles beneficios del pesimismo para la salud. O más exactamente, perjuicios del optimismo. «Hay estudios», se puede leer, «que indican que el optimismo irreal está relacionado con la poca constancia en el seguimiento de dietas por prescripción médica o en la poca atención prestada a la seguridad y prevención de accidentes».

 

Varias docenas de estudios han sugerido que los optimistas tienen la presión sanguínea más baja o que se recuperan antes tras una operación cardiaca. Una investigación llevada a cabo con jubilados holandeses durante 10 años reveló que los optimistas viven más. Pero frente a esta batería de hiperoptimismo, algunos ensayos apuntan que el pesimismo podría beneficiar nuestro sistema inmunológico.

 

Según uno de esos estudios, realizado en 1992, cuando se sometía a situaciones de estrés a optimistas y pesimistas (estrés que los investigadores materializaron en forma de un molesto ruido), el número de determinados linfocitos en la sangre tendía a ser mayor en los pesimistas si se negaba a los participantes la posibilidad de controlar la intensidad y duración del ruido.

 

En 1999, otro experimento concluyó que, ante situaciones de estrés, los optimistas presentaban un mayor recuento linfocitario en un primer momento, pero tendían a mostrarlo más bajo que los pesimistas cuando el factor estresante persistía en el tiempo.

 

OPTIMISMO IRREAL.

 

Con mejor o peor sistema inmunológico, lo cierto es que los pesimistas están en minoría. La tendencia generalizada a esperar lo mejor, incluso con los indicios en contra, está más que documentada. No es que veamos el vaso medio lleno o medio vacío. Es que la mayoría lo vemos completamente lleno incluso cuando está completamente vacío.

 

Se suele citar el artículo de Neil Weinstein “Optimismo irreal sobre el futuro”, publicado en 1980. Weinstein pidió a 120 de sus alumnas que contestaran qué probabilidades creían tener de que les ocurrieran 42 cosas en el futuro, desde encontrar trabajo o no engordar en 10 años a padecer cáncer o que les robaran el coche. Luego tenían que evaluar las posibilidades de que lo mismo les ocurriera a sus compañeras de clase. De los 18 acontecimientos positivos hubo 15 que las participantes pensaron que era más probable que les pasara a ellas; de los 24 negativos, sólo dos.

 

Desde entonces, numerosos investigadores han verificado ese sesgo optimista sobre el futuro, en hombres y en mujeres, y respecto a hechos como tener que usar sonotone o ser feliz en el matrimonio. Este optimismo a ultranza ha permeado también la vida pública. «El optimismo se ha convertido en un valor político», explica el ex ministro de Administraciones Públicas Jordi Sevilla, a quien algunos próximos achacan cierto pesimismo en sus artículos del suplemento Mercados de El Mundo. «Por eso, si el dato de paro es bueno, lo da el ministro y, si es malo, el secretario de Estado».

 

«El problema está en la dosis», prosigue. «Si, en plena crisis, los líderes del G-20 se saludan sonrientes pueden transmitir confianza, pero si se pasan con la sonrisa mientras sigue la crisis, corren el riesgo de pasar por tontos. Cuando tienes a la aviación alemana bombardeándote Londres, tal vez sea preferible el ‘sangre, sudor y lágrimas’ que una sonrisa y un ‘tranquilos, no pasa nada’. Desde luego, es una forma de liderazgo más madura con la que yo me siento más identificado, aunque no estoy seguro de que sea hacia lo que se tiende».

 

SÍNDROME DEL NECIO. 

 

Un fenómeno parecido se observa en las empresas. Cualquier manual de liderazgo defiende la importancia de fomentar el optimismo, con todo su genuino efecto dinamizador. «La realidad es que se prefiere al optimista porque es mucho más cómodo para el empresario», comenta José Enebral, consultor independiente y conferenciante algo escéptico. «Los optimistas dan menos problemas, hacen de mejor gana lo que diga el jefe». A su juicio, lo inteligente sería infiltrar a un pesimista en un equipo de optimistas. «Sin alguien crítico se escapan muchas cosas». Son frecuentes los casos de empresas lastradas por exceso de optimismo.

 

La actual crisis es un buen ejemplo: las expectativas de revalorizaciones estratosféricas de activos inmobiliarios generó una apertura del grifo de crédito que ha acabado por estrangular a algunos bancos. Aunque ahora sería de agradecer cierto optimismo para reactivar el consumo, en el pasado reciente una dosis de pesimismo respecto a la pretendida revalorización de la vivienda ad infinitum habría sido muy saludable.

 

«No sé si pesimismo es la palabra adecuada, porque tiene connotaciones negativas», tercia el economista Fernando Trías de Bes, «pero con un poco más de cautela o realismo la situación se habría atajado».

 

Autor del ensayo ganador del Premio de Hoy 2009, “El hombre que cambió su casa por un tulipán“ (ed. Temas de Hoy), Trías de Bes analiza cómo funcionan las burbujas financieras y describe lo que llama síndrome del necio, uno de cuyos síntomas es dejarse llevar por ese optimismo irracional. «Cuando todo va bien, la gente no quiere malas noticias», añade, «pero muchos emprendedores han triunfado precisamente por estar siempre pendientes de las malas noticias». Célebre es el lema de Andrew Grove, cofundador de Intel, el primer fabricante de procesadores informáticos del planeta: «Sólo los paranoicos sobreviven».

 

EL CEREBRO DEL PESIMISTA. 

 

Aunque no se ha identificado un gen o grupo de genes concreto que expliquen la inclinación al pesimismo o al optimismo, se estima que esa propensión depende en gran medida (entre el 25% y el 33%) de nuestro ADN. Lo que sí han descubierto los científicos es que el cerebro de pesimistas y optimistas funciona de manera distinta.

 

Investigadores de la Universidad de Nueva York monitorizaron en 2007 a optimistas y pesimistas y descubrieron que imaginar acontecimientos futuros positivos activaba dos regiones del cerebro: la amígdala y la corteza cingular anterior. El riego sanguíneo en esas zonas del cerebro era mayor en los individuos que con un cuestionario previo habían sido identificados como optimistas.

 

Otros estudios han buscado la relación entre optimismo y nivel socioeconómico. Cabría pensar que los ricos son más optimistas y los pobres más pesimistas, pero sólo lo segundo es verdad. Cuando se trata de esperar acontecimientos felices en el futuro no hay gran diferencia. Sí que se observa, en cambio, que los ricos esperan que la vida les depare menos cosas malas que los pobres.

 

¿Es usted pesimista? Siga siéndolo.Texto: Victor Rodriguez. el mundo.es | Magazine Nº 536. Fecha: 03-Enero-2010.

.....................................

Fuente: Algún día en alguna parte  
Imagen: Pesimista seductor  

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Optimistas a la fuerza

Enviado por el 18/07/2011 a las 23:44
Manuel Gross

Optimistas a la fuerza, pase lo que pase

 

El pensamiento positivo impone que la crisis es una oportunidad y no una desgracia - Esta seudoideología arrasa en EE UU y defiende que no falla el sistema, sino la actitud de cada uno

RAMÓN MUÑOZ 17/07/2011

 

Sigue...

 

 

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Tener un departamento de optimismo

Enviado por el 05/02/2011 a las 20:01
Manuel Gross

de la importancia de tener un departamento de optimismo

02 febrer 2011

 

Cada empresa debe tener un departamento o un director de optimismo. Se necesita a alguien que esté especializado en ver la mejor cara de la luna, en pensar en la próxima victoria para enjuagar el mal trago de la derrota, en defender que las trayectorias son crecientes, en convencernos que la autoestima no está reñida con la mirada autocrítica. Necesitamos un proveedor de asertividad, alguien que sepa crear con naturalidad contextos dónde las personas se motiven positivamente y no pierdan energías en paranoias reales o ficticias. Las empresas positivas son más saludables y más cordiales, lo pasan igual de mal que las otras, pero leen y crean el futuro con más ilusión. Tener gente positiva, que transmita optimismo no es menor. No creo en las profecías de auto cumplimiento, ya sé que las cosas son un poco más complejas, pero estoy convencido que las empresas dirigidas por pesimistas lo tienen peor.

 


En LTCproject, nuestra directora de optimismo es Lali Oms y todos le agradecemos la forma como nos contagia de amabilidad y energía positiva. Sin preguntarnos cómo, sabemos que a su lado somos mejores, como profesionales y como personas. Imprescindible.

 


“A pessimist sees the difficulty in every opportunity; an optimist sees the opportunity in every difficulty.” Churchill’s quote.

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Optimismo Crítico ? cómo evitar sorpresas

Enviado por el 11/10/2010 a las 17:57
Manuel Gross

Optimismo Crítico – cómo evitar sorpresas y desilusiones en la clusterización

En una de las películas de la serie “Jason Bourne”, uno de los personajes declara: “Espero siempre lo mejor, pero me preparo para lo peor”. Es una política muy sana y que de seguro lleva a evitar muchas malas sorpresas. Algo similar refleja el lema de Andy Grove, “Sólo los paranoicos sobreviven”, mismo que usó como título del libro autobiográfico donde reseña su exitosa labor como cofundador de Intel.

Sin embargo, tal parece que en la planeación de muchas acciones de los clusters se sigue una premisa prácticamente opuesta: “Espero siempre lo mejor y planeo sólo para esto”. En efecto, convencidos de las bondades de la idea de los clusters y con la seductora sensación de que nada puede salirle mal a quien busca el bien,  en ocasiones caemos en un optimismo desbordado que nos lleva a plantearnos objetivos inalcanzables en plazos por demás inmediatos. Seguido caemos en las trampas de un lenguaje mal empleado, de las emociones y de las limitaciones operacionales, cognoscitivas y sicológicas de nuestro cerebro. Esto nos lleva a dar por ciertos supuestos artificiosos en los que basamos mucho de nuestro plan de acción. Hay muchos errores de este tipo, pero uno de los más comunes es pensar que los demás tienen las mismas expectativas, motivaciones y valores que nosotros y que por tanto comparten nuestros compromisos. Quien da un ‘sí’ por no contrariar no necesariamente se siente obligado a actuar en consecuencia. El fruto son alianzas fallidas, compromisos no cumplidos y resultados pobres o nulos.

Pensamiento crítico

Esto no implica de manera alguna que debemos dejar de ser optimistas y olvidarnos de aspirar a lo mejor. Lo que sí implica es que, con honestidad intelectual, debemos de ser más cuidadosos en nuestros planteamientos y razonamientos y sobre todo en los supuestos involucrados. Una herramienta importante nos la ofrece la disciplina del ‘Pensamiento Crítico’, la cual en forma simplificada se puede resumir en 3 pasos:

1-    Reconocer las suposiciones o supuestos

2-    Evaluar los argumentos (razonamientos)

3-    Extraer las conclusiones adecuadas

Como ejemplo podemos tomar un elemento central en la clusterización: la alianza de la Triple Hélice. Entre los supuestos detrás de ésta tenemos la comunión de intereses, la coincidencia de  perspectivas en el tiempo y la equidad en el reparto de los beneficios a obtener por cada uno de los actores involucrados. Una evaluación somera de estos supuestos nos lleva a identificar que, en el mejor de los casos, las posiciones coinciden sólo parcialmente en cada uno de estas perspectivas. Más aún, un análisis más detallado y objetivo puede incluso identificar intereses encontrados bajo ciertas circunstancias. Pero esto no es malo en sí, es una realidad esperada que, sin embargo, debe tomarse en cuenta en el diseño de los roles y la repartición de tareas y responsabilidades. El reto es potencializar las áreas de coincidencia y diseñar mecanismos que permitan manejar las diferencias y los puntos de conflicto. El riesgo es pensar que vivimos en un mundo perfecto.

Círculo de la Mejora Continua

Con el análisis anterior, se cumple con el primer paso del Círculo de la Mejora Continua. En un segundo paso se procede a la asignación juiciosa de las responsabilidades y a la implementación fiel del plan de acción establecido. El tercer paso incluye las frecuentemente olvidadas tareas de seguimiento y evaluación de resultados. Estos resultados conducen al cuarto paso, en el cual de identifican los ajustes necesarios para mejorar el desempeño.

Optimismo crítico

Numerosos estudios científicos han determinado que por naturaleza somos optimistas y que a menudo sobrestimamos nuestras posibilidades de éxito. Como el futuro está abierto a la interpretación, tendemos a dar menos importancia a posibles eventos negativos y a imaginar más eventos positivos. Ante esto, debemos asumir una actitud objetiva y, sin caer en la desesperanza, prepararnos para el caso en que las cosas no salgan tan bien como quisiéramos.

 

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Amigo Manuel..

Enviado por el 11/01/2010 a las 11:47
Liliana María Soledad  Vera Quiroz

Me permití escribir esto.....y enlazar tu pagina para que quienes me visiten lean este artículo ...que al menos para mí ha sido revelador.

 

Meramente por Salud.....

Aceptaré por Hoy...solo por hoy

que no soy tan infalible...

Que mi valentía tiene mucho temblor....

Que mi Alegría se salpìca de sarcasmo

por el temor de acercarme a la tristeza....sin anestesia.

Solo por Hoy aceptaré que siempre pinto de colores de acuarela

mis realidades de blanco y negro.

Y que en mis versos

no se encuentra la respuesta.

Sí no me muevo hacia el camino con destreza.

Solo por hoy aceptaré sin refutar...que tengo vicios...

que no soy amable por naturaleza.

Que soy muy terca...

que no soy abierta.

Que el desamor me sigue, pegado a mi puerta.

Solo por Hoy....no gritaré...no cantaré...

modificaré un poco mi estructura...

porque la minima sonrisa en mi  cara

puede sacar las lágrimas guardadas.

 ...(espera...haces trampa).

Ay  si......perdón....

solo por hoy voy a darme un reposo..

de este Optimismo que me tiene acorralada.

Para saber lo que es estar tranquila y descansada.

 

  Liliana MARISOL

 


Curioso e interesante artículo....

Enviado por el 11/01/2010 a las 11:30
Liliana María Soledad  Vera Quiroz
me ha puesto a reflexionar...por lo generla me describo sin dudarlo como Optimista constante y sonante.....y siempre repito (hasta con orgullo) que a pesar de que todo vaya en mi contra......y....curiosamente.....tengo la presión Alta....jajajaja....quiza ese empuje siempre hacia delante se vería beneficiado con un pequeño pero buen descanso..... (notese que aún me niego a escribir....Pequeña dosis de pesimismo....

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