
Las secuelas sociales y económicas de las guerras coloniales y postcoloniales, causa última de las migraciones, el terrorismo militarista y el fanático y los atentados llevados a cabo en occidente incluso por hijos de inmigrantes nacidos en el propio país en que se han educado, constituyen un síntoma serio de que existen muchas cargas de profundidad instaladas en todas las sociedades, de las que no se libran las llamadas sociedades del bienestar, prestas a explotar socialmente cuando menos se espere.
En muchos de países de la Tierra, la miseria, el hambre y el abandono a su suerte de la mayoría son proporcionales a la desvergüenza, ineptitud, irresponsabilidad, codicia, falta de espíritu democrático, apego al poder y sumisión a las multinacionales por parte de sus gobernantes.
Cuán urgente es ya mismo una toma colectiva de conciencia capaz de oponerse a este deterioro imparable de las condiciones de vida económica y social productora de este tremendo abismo entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres, que rompe el mundo es dos mitades separadas entre sí por una clase media que se desliza hacia la pobreza y donde cada grupo a su vez se deteriora debido a una crisis económica provocada por los ricos de la que este sistema no puede ya salir, atrapado en su propia contradicción: más es menos. Mas desarrollismo, menos recursos, y menos recursos más crisis y pobreza. Pero ¿cómo evitar que la pescadilla se muerda la cola mientras exista la competencia, la codicia y la necesidad del consumismo que se precisan como pilares morales y físicos de este sistema de producción-explotación-bancarrota?
Ahora bien: el enorme drama que vemos encarnado en el fenómeno del terrorismo y de la crisis económica y social progresiva no es comparable con lo que está sucediendo y tiene que suceder aún como consecuencia del hecho irreversible del cambio climático, que conduce ahora mismo al Planeta a situaciones extremas. Debido de nuevo al capitalismo y las condiciones de vida que ha creado en nuestro mundo, la existencia de la vida se torna más y más difícil para el vegetal, el animal, y - en consecuencia- para cada uno de nosotros, pues se ha roto el equilibrio ecológico. Y este es un roto difícil de coser, hasta el punto que los más ricos paranoicos animados por científicos de su misma cuerda comienzan a acariciar la idea de vivir en la luna (como si no estuvieran en ella cada día de sus antisociales existencias).
La Tierra, por su parte, se mueve, libera energías, produce cataclismos y modifica su aspecto. En primer lugar, sus capas tectónicas. El magma se ha vuelto inestable, busca salir a la superficie o produce movimientos de las placas continentales. Así se producen erupciones, tsunamis y terremotos frecuentes, mientras en la atmósfera continúa.la ruptura de la capa de ozono, de la que se habla tan poco tal vez para no asustar más.
Nos hallamos, por tanto, viviendo sobre un ser vivo planetario muy acosado por todas partes. La extracción incontrolada de las bolsas de petróleo, que dejan enormes agujeros y producen desequilibrios de masa y peso difíciles de compensar inyectando agua de mar; la redistribución de las aguas marinas producidas por el deshielo polar y los deshielos glaciares en aumento, ocasionan cada uno por su parte la subida del nivel de los mares y el desplazamiento del centro de gravedad de
De momento, las líneas magnéticas que envuelven a
Al observar la conducta alterada de las corrientes marinas que regulan los movimientos térmicos del Planeta (y la formación de huracanes, etc) el mundo científico nos advierte que dos grados más de subida media de la temperatura en el Globo supondrá una catástrofe de dimensiones inimaginables. Niveles del mar que suben
Los políticos no son capaces de ponerse de acuerdo sobre las medidas a tomar, presionados por la codicia desmedida de los ricos, sus amos, que a su vez también practican el “después de mi el diluvio”.
Existe una dramática carrera que puede ser un jaque en el tablero del mundo: por un lado avanza el desastre climático global y por otro, la consciencia de la humanidad sobre el problema y sus soluciones.
Creo que si han habido en algún momento de la historia humana dos necesidades urgentes son estas dos: ser conscientes de la gravedad de lo que ocurre y unirnos como una piña para evitar lo peor y coser en lo posible cada uno de los enormes rotos. Nuestra conciencia es nuestro testigo.




















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