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Una situación frecuente

Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Marketing 2.0: Cómo construir y optimizar las "experiencias de cliente"

Enviado por Manuel Gross el 20/12/2009 a las 10:21
Manuel Gross


1. Construyendo experiencias de cliente

Por Antonio Matarranz

Alguien dijo que los clientes siempre consiguen más de lo que pagan porque todo producto o servicio viene con una experiencia incluida. Por “experiencia” entendemos la impresión global que se llevan los clientes como resultado de su contacto con productos, servicios y negocios, una percepción que se produce cuando los humanos consolidamos información sensorial.

Las experiencias de los clientes están conformadas por un aluvión de “pistas” o “claves“, que se filtran y organizan en un conjunto de impresiones, algunas racionales y otras emocionales. Estas impresiones pueden ser muy sutiles, incluso subliminales, o extraordinariamente obvias. Además, en el caso de productos intangibles o técnicamente complejos (desde software a servicios financieros) esto es particularmente importante porque los clientes buscan esas pistas que les ayuden a explicar aquello que no pueden ver o entender.

Crear valor para el cliente en forma de experiencias está de moda pero algunos se lo toman como un juego. Por desgracia, quienes se crean que la ingeniería de experiencias consiste en añadir una serie de detalles “divertidos” (e inconexos) a su producto o servicio saldrán escaldados.

Lewis Carbone y Stefhan Haeckel son los fundadores de la ingeniería de experiencias (por cierto, la cita que abre este post está tomada de su artículo pionero). En “Managing the Total Customer Experience” explican por qué ofrecer únicamente productos o servicios ya no es suficiente y qué tienen que hacer las organizaciones para proporcionar a sus clientes unas experiencias satisfactorias.

Las pistas que componen y conforman la experiencia del cliente están en todas partes. Son cualquier cosa que se percibe o se experimenta por los sentidos (o cuya ausencia se reconoce): nuestro producto o servicio, el entorno físico en el que se proporciona, nuestros empleados, etc. Básicamente se pueden clasificar en dos categorías:

    * Funcionales: están relacionadas con el funcionamiento y prestaciones del producto o servicio y son interpretadas principalmente por la parte racional de nuestro cerebro.

    * Emocionales: relacionadas con las impresiones sensoriales tanto del producto o servicio como del entorno en que se ofrece. Pueden ser emitidas por las personas o por las cosas (los autores acuñaron los términos humanics y mechanics para referirse a unas y otras).

Obviamente, las pistas funcionales son imprescindibles (si un producto funciona deficientemente los clientes no lo comprarán). Lo que resulta menos conocido es que las pistas emocionales son tanto o más importantes que las funcionales para la experiencia del cliente y que trabajan sinérgicamente con ellas.

De hecho, como sabemos el valor para el cliente no puede ser reducido a funcionalidad frente a precio, sino que se compone de los beneficios tanto funcionales como emocionales que reciben los clientes, menos los costes tanto financieros como no financieros que los clientes tienen que soportar.

Existen métodos y herramientas para la ingeniería de experiencias, pero todas se basan en entender el viaje del cliente desde sus expectativas previas al uso de nuestro producto hasta la evaluación y el recuerdo posterior, para después orquestar una serie integrada de pistas que colectivamente excedan las necesidades y expectativas de nuestros clientes.

Algunos lo llaman gestión de evidencias: un intento organizado y explícito de presentar a nuestros clientes una evidencia coherente y sincera de nuestras capacidades. La clave está en identificar un mensaje o una historia sencilla y consistente y gestionar la evidencia (personal, trato, instalaciones…) que sustente dicho mensaje. La interiorización del significado y el valor que estas evidencias aportan puede crear una preferencia profundamente asentada por una experiencia en particular y consiguientemente por los productos de una empresa.

No nos engañemos, los clientes siempre tienen una experiencia –en un grado que puede ir de lo excelente a lo trágico– cuando compran y usan nuestros productos o servicios. La clave está en cómo manejamos esa experiencia y para ello debemos combinar beneficios funcionales y emocionales en nuestra oferta.

Los vínculos emocionales entre nuestra empresa y nuestros clientes resultarán más difíciles de romper para nuestros competidores. A diferencia de las mejoras puntuales en nuestro producto, la naturaleza integral del diseño de experiencias hace que sea mucho más difícil de copiar y constituye una fuente de diferenciación.

En un próximo post exploraremos cómo la ciencia del comportamiento nos ayuda a mejorar las percepciones que de nuestros productos y servicios tienen nuestros clientes.

2009 Noviembre 15

Fuente: Marketing & Innovación 


2. Las experiencias de cliente no sólo deben ser buenas, también deben parecerlo

Por Antonio Matarranz


Con la tendencia a una economía de servicios en la que incluso los productos tangibles llevan asociado un componente de servicio (consultoría, formación, soporte técnico) cada vez mayor, la gestión de la experiencia del cliente es un eje clave en la búsqueda de la diferenciación.

Pero en todo contacto con un cliente la percepción es realidad y lo que realmente importa es cómo el cliente vive, interpreta y recuerda la interacción. De modo que no basta con planificar, optimizar y controlar nuestros procesos para mejorar los tiempos de respuesta u otros parámetros, es necesario que el cliente perciba que sus experiencias son mejores.

En “Want to Perfect Your Company’s Service? Use Behavioral Science” los autores R, Chase y S. Dasy  explican cómo la ciencia del comportamiento nos ayuda a entender algunos efectos muy importantes cuando las personas interpretamos, racionalizamos o recordamos una experiencia:

    * Cuando las personas rememoramos una experiencia no recordamos todos sus instantes, sino únicamente unos cuantos momentos significativos (no recordamos “películas” sino “instantáneas”) y especialmente la tendencia que presenta la evolución del dolor o placer, sus puntos altos y bajos y el final. Naturalmente, preferimos una secuencia que vaya mejorando a lo largo del tiempo.

    * Cuando estamos mentalmente involucrados en una tarea no nos damos cuenta de su duración. Además, aumentar el número de segmentos en que se divide una experiencia (aunque el tiempo total se mantenga constante) incrementa su duración percibida.

    * Las personas deseamos desesperadamente racionalizar lo que nos ocurre y encontrar explicaciones a nuestras experiencias. Si no encontramos una explicación clara nos inventamos una, con la particularidad de que solemos sufrir diversos sesgos: a achacar las cosas a causas discretas (en lugar de a un continuo interrelacionado de ellas), a atribuir los resultados inesperados a las desviaciones de las normas, a asignar créditos y culpas a individuos (no a procesos) y a no buscar culpables si pensamos que hemos tenido control sobre el proceso.

Estos descubrimientos de la ciencia del comportamiento sirven de base a los autores para proponer una serie de principios útiles para la gestión de experiencias. Estos principios son aplicables a situaciones que van desde una simple llamada telefónica al servicio de soporte técnico hasta un gran proyecto de consultoría.

   1. Proporcionar un final feliz. Como suele decirse, “bien está lo que bien acaba”. El final es con mucho la parte más importante del proceso porque marca los recuerdos. Es vital tratar de terminar con buenas noticias o una aportación significativa (o, al menos, mitigar o “embellecer” un final negativo o anodino).

   2. Dejar de lado las malas experiencias lo antes posible. Poner las situaciones incómodas que sean parte del proceso o las malas noticias lo más cerca posible del principio.

   3. Segmentar el placer, agrupar el dolor. Las personas tenemos una reacción asimétrica ante pérdidas y ganancias (sobremagnificamos las primeras) y -como hemos dicho antes-  las experiencias parecen más largas cuando están divididas en segmentos. Las empresas deberían dividir las experiencias placenteras en varias etapas y agrupar las desagradables en una sola.

   4. Utilizar la elección para construir compromiso. Los usuarios se sienten más cómodos, comprometidos y contentos si piensan que tienen cierto grado de control sobre un proceso.

   5. Proporcionar rituales y ajustarse a ellos. Las personas encontramos orden, comodidad y significado en las actividades repetitivas y familiares. Los rituales constituyen un estándar implícito para evaluar servicios; de hecho, a la hora de intentar explicar un fallo tendemos a achacarlo a las desviaciones respecto de normas y rituales.

No queremos que nadie interprete estos principios como “trucos” para convertir un mal servicio en uno bueno, pero sí como algo que nos puede ayudar para que los clientes perciban un buen servicio como superior. Y no olvidemos que “la mujer del César no sólo debe ser honesta, también debe parecerlo”.

Al final, lo que más importa de una experiencia son las percepciones del cliente sobre lo que ocurrió. Pero esta experiencia puede diseñarse para mejorar tanto el proceso como el recuerdo de éste una vez que ha terminado. Y para conseguirlo -como vimos en otro post anterior- lo mejor es ponernos en la piel de nuestro cliente e imaginarnos (o vivir junto a él) su viaje a través de la compra y uso de nuestro producto o servicio.

2009 Diciembre 6

Fuente: Marketing & Innovación   
Imagen: El cliente es primero  

 

Algunos artículos relacionados:


- El Marketing de Experiencias crea clientes leales  
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Antonio Matarranz: ¿Qué necesitan los clientes?  
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Las 6 dimensiones del buen servicio al cliente  - Innovar centrandose en las necesidades del usuario  - Tryvertising o el valor de la experiencia  
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Crear nuevas experiencias disruptivas

Enviado por el 03/12/2011 a las 23:54
Manuel Gross

7 pasos para crear nuevas experiencias disruptivas en el canal retail

¿Por qué Starbucks es capaz de cobrar 4 dólares por un café y Apple llena sus tiendas de gente dispuestas a experimentar con sus gadgets?

Hoy les traigo unos consejos de Jump Associates publicados para la revista Fast Company. El artículo detalla en 7 pasos algunas de las fórmulas del éxito para crear sus propios “océanos azules” en el canal reatil. Sin más dilación empezamos:

1. Diseño no siempre es lujo. A menudo, cuando queremos hacer algo original o innovar, inmediatamente lo queremos posicionar en el sector premium. Hay muchos otros posicionamientos por descubrir.

2. Comienza con empatía. Ponte en lugar de tus clientes potenciales, Harley-Davidson, por ejemplo incorpora la cultura “motera” en toda su cadena de valor.

3. Haz lo que sabes hacer. Encuentra tu verdadera conexión con el cliente y mantente adherido a ella. ¿Qué valor aportas?.

4. Utiliza todos los elementos del teatro. Crea un mundo en el que tu clienta se pueda sumergir, con reglas consistentes. Diseña toda la experiencia como una obra de tetro.

5. Usa diferentes incentivos para crear distintos comportamientos. Sé capaz de alinear a tu gente, sus incentivos y sus motivaciones.

6. El Diablo está en las decisiones. Tu experiencia debe tener un claro punto de vista. Aquellos elementos a los que renuncias siempre tienen más peso que aquellos que incorporas.

7. Evoluciona para mantenerte relevante. Nunca dejes de hacer prototipos e introducir cambios, McDonalds se ha convertido en una de las marcas en resistir cambios gracias a sus experimentos constantes en el Illinois Innovation Center.

Si les gustó el artículo pueden leerlo completo en la web de Fast Company.

Pueden reproducir parte o la totalidad del material contenido en Managers Magazine para uso no comercial, incluyendo el reconocimiento expreso del autor y un enlace a la página de Managers Magazine donde se hubiera publicado originariamente el artículo.

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Experiensumer: El nuevo perfil del consumidor

Enviado por el 07/06/2011 a las 15:12
Manuel Gross

Experiensumer: El nuevo perfil del consumidor

07-06-2011 (09:11:48) por David Camps

Las empresas, y todo un mercado, estáN mirando hacia este nuevo perfil de consumidor, el consumidor experiencial, o experiensumer, un nuevo consumidor que principalmente reune alguna de las siguientes características:

 


  • Enfocado al consumo como una experiencia, mas que un mero proceso, transacción o servicio.

  • Que busca a través de esa experiencia, satisfacer un anhelo en forma de vivencia , con un componente emocional determinado.


Estas serían las premisas básicas de este nuevo perfil, con sus matices, digo anhelo y no necesidad, porque a mi entender, este consumidor no lo hace por mera necesidad, al menos en términos de necesidades básicas, sinó que en todo caso, andaría en busca de reafirmarse en la última escala de necesidades según la Jerarquía de Maslow, como serían las de Autorrealización , y otras más del tipo aspiracionales, hedonistas, de afiliación, relacionadas.

 

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Economía de las experiencias del cliente

Enviado por el 13/04/2011 a las 16:39
Manuel Gross

La economía de las experiencias del cliente

En una era donde productos y servicios están altamente automatizados, las experiencias exigen cada vez más personal.

 

La economía de experiencias nació mucho antes de que tuviera nombre. Podría decirse que uno de los que originó el concepto fue John D. Rockefeller Jr., hijo único del fundador de la Standard Oil Co., cuando en los años veinte comenzó a comprar el pueblito de Tidewater para convertirlo en museo viviente sobre la vida en Virginia alrededor de 1770, poco antes de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos.

El poblado cambió su nombre por el de Williamsburg y fue restaurado tal como había sido la antigua capital de la Virginia inglesa. Desde entonces ha atraído a millones de visitantes. También dio lugar a una economía totalmente nueva basada en alimentar, alojar y entretener a todos esos visitantes y, además, brindar viviendas y servicios para toda la gente que trabaja para el turismo receptivo. Hoy Williamsburg y sus alrededores son una demostración viviente del poder transformador de la economía de experiencias, afirma Theodore Kinni, director de la revista Strategy & Business, en un análisis de la evolución de este tema.

Nadie relacionó lo que ocurría en Williamsburg con un nuevo tipo de economía hasta 1998, cuando B. Joseph Pine II y James H. Gilmore publicaron "The Experience Economy: Work is Theather and Every Business a Stage" ("La economía de experiencias: el trabajo es teatro y todo negocio un escenario"), un libro que inmediatamente tuvo eco en la revista Harvard Business Review. Los autores hablaban de negocios exitosos -como el parque temático de Walt Disney- que ofrecían mucho más que productos y servicios: brindaban experiencias memorables que atraían a millones de clientes.

Antes de ese libro, la experiencia era vista como algo que entregaba una empresa de servicios y recibía el nombre de "calidad de servicio" o "servicio de excelencia". Pine y Gilmore separaron la experiencia del servicio y señalaron que la creación de experiencias para el cliente no se limita a las empresas de servicios o a una función de servicios.

 

FUNDAMENTOS.

 

"Los fabricantes deben diseñar explícitamente sus productos para aumentar la experiencia del usuario: que los sientan", afirmaban Pine y Gilmore. Desde entonces, los dos autores dieron otro salto más ambicioso y declararon que las experiencias no eran sólo una manera de agregar valor a las ofertas al cliente, sino la base de una era económica totalmente nueva. Así como la economía agraria había dado lugar a la economía industrial y la economía industrial a la economía de servicios, ahora la economía de servicios se estaba transformando en la economía de experiencias. La pregunta fundamental para las empresas que buscaban posicionamiento en esa economía era: ¿qué haríamos en forma diferente si cobráramos la entrada?

A más de diez años de publicado aquel libro, Pine y Gilmore están más convencidos que nunca de que la experiencia del cliente es la base de una nueva economía. En un manifiesto que llamaron "Economic Sense" ("Sentido económico"), sostienen que la experiencia encierra la solución a las angustias económicas de Estados Unidos. En una época donde productos y servicios están cada vez más automatizados y los empleos están desapareciendo o mudándose al extranjero, las experiencias requieren cada vez más capital humano. Su diagnóstico es que "un futuro económico próspero requiere el nacimiento de una nueva era económica basada en experiencias".

Fuente: Condensado de la revista MERCADO (República Argentina)

 

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Fundamentos del diseño de experiencias

Enviado por el 30/09/2010 a las 23:53
Manuel Gross

Los fundamentos del diseño de experiencias

16.09.10

Excelente infografía de Stephen Anderson sobre los fundamentos básicos para diseñar “experiencias” sean estas desde una aplicación web hasta algo de diseño industrial, la infografía me aprece realmente genial aunque sea de 2009 porque toma en cuenta una frase que resume la misma forma en la que yo creo que el diseño debe darse:

“Todo está relacionado con la Gente, sus Actividades y el Contexto donde esas actividades suceden”

Es tan simple y básico como completo, y les recomiendo leer las consideraciones generales además de descargar la versión de 2mb en PNG o el PDF de 10MB para imprimir

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Improve the customer experience

Enviado por el 15/07/2010 a las 10:28
Manuel Gross

Using behavioral science to improve the customer experience

By guiding the design of customer interactions, the principles of behavioral science offer a simple, low-cost route to improved customer satisfaction.

In This Article

Service operations seem a natural setting for the ideas of behavioral science. Every year, companies have thousands, even millions, of interactions with human beings—also known as customers. Their perceptions of an interaction, behavioral scientists tell us, are influenced powerfully by considerations such as its sequence of painful and pleasurable experiences. Companies care deeply about the quality of those interactions and invest heavily in effective Web sites and in responsive, simplified call centers.

Yet the application of behavioral science to service operations seems spotty at best. Its principles have been implemented by relatively few companies, such as the telecommunications business, which found that giving customers some control over their service interactions by allowing them to schedule field service visits at specific times could make them more satisfied, even when they had to wait a week or longer. Many more companies ignore what makes people tick. Banks, for example, often disturb the customer experience by altering the menus on ATMs or the interactive-voice-response (IVR) systems in call centers. They fail to recognize the psychological discomfort customers experience when faced with unexpected changes.

Likewise, for every restaurant that surrounds a bill’s arrival with a succession of complementary desserts—thereby capitalizing on the customer’s preference for service encounters that end positively—there are a lot of call centers that ignore the importance of a strong finish. Indeed, many companies actively work against one by placing so much emphasis on average handling times that they inadvertently encourage agents to end a call once its main business is complete, leaving customers with memories of brusque treatment.

It doesn’t have to be this way. Academics such as Professor Richard Chase at the University of Southern California’s Marshall School of Business have used research on how people form opinions about their experiences to design actual services. In a 2001 Harvard Business Review article,1 Chase and his team even laid out principles for managers to consider when designing any customer interaction. Get bad experiences over early, so that customers focus on the more positive subsequent elements of the interaction. Break up pleasure but combine pain for your customers, so that the pleasant parts of the interaction form a stronger part of their recollections. Finish strong, as the final elements of the interaction will stick in the customers’ memory. Give them choice, so they feel more in control of the interaction. And let them stick to their habits rather than force them to endure the discomfort and disorientation of unexpected change.

Here we review the experience of an insurance company that used those principles to improve its customers’ satisfaction significantly, with no incremental costs or fundamental changes in people or infrastructure. A systematic approach like this one is needed to counteract the natural tendency of service operations to focus on the needs of IT systems and work flows, not to mention the preferences of employees, managers, and service providers, largely ignoring the way customers perceive their service interactions. If companies in a broad range of service industries—including banking, telecommunications, and retailing—applied a rigorous approach, they would reap significant economic benefits, ranging from reduced churn to greater cross-selling to additional customer referrals.

Setting the stage

Executives at a leading North American health insurer sought to help patients manage their treatment programs for serious long-term illnesses, such as diabetes or congestive heart failure. Conditions like these are difficult to manage because treatment is often protracted and outcomes can depend on the patients’ willingness to make significant lifestyle changes.

Patients participating in an experimental health-management program received regular, scheduled calls from a team of nurses over a period of several months. The calls aimed to deliver additional support to patients undergoing long-term treatment, by helping them understand the available options and stick to their treatment regimes, as well as reinforcing lifestyle changes recommended by their doctors. Improved compliance helps insurers too, as better outcomes reduce the overall cost of treatment.

In the past, the clinical-treatment program for each patient had determined the content of such calls, and the company used what it considered to be a tried-and-true method for managing them. Team members had received guidelines on the objectives of the calls and used a checklist to sequence discussions with customers.

Behavioral science in action

To see if this approach could be improved, the company divided the nurses into two groups—approximately 20 in a pilot group and another 20 in a control one—and began applying a behavioral-science lens to the interactions of the former to test different versions of the call structure. Postcall surveys measured the customers’ satisfaction with each call and with the company. Key customer and operational metrics (including sign-up rates) helped estimate the financial impact. The pilot team used behavioral-science principles throughout the interactions.

1. Get bad experiences over with early

The team identified difficult issues—for example, the forthcoming lapse of certain insurance benefits or the need to transfer from one facility to another—and moved them to the start of the call. It also set up a later phase built around constructive coaching from the nurses on how to deal with the issues raised earlier. In addition, general questions that were likely to make patients uncomfortable (about current pain levels, smoking habits, eating patterns, and alcohol consumption, for instance) were moved from the end of the call to the beginning.

2. Break up pleasure and combine pain

By combining the most challenging elements of a call in its first phase, the health-management team could focus on positive aspects during the rest of it. The team found that patients responded very positively to coaching by nurses, so there was an effort to ensure that coaching on multiple topics was an explicit part of every phase of the call. A nurse might, for example, discuss the next treatment steps, how the patient could take advantage of all covered benefits, and ways of minimizing out-of-pocket expenses. There was also an effort to resolve all possible issues within a call and to transfer it to other groups only as a last resort.

3. Finish strongly

The conclusion of the health-management calls was scripted to finish on a positive note by emphasizing the tangible insurance benefits available to patients and, where medically appropriate, the likelihood of a successful outcome to the agreed-upon action plan. At the end of a program lasting several months, with calls taking place every month or so, patients received a final call from their health-management nurse. This call ended by celebrating their progress, reviewing the goals they had met, and summarizing the positive steps they had taken to achieve those goals.

4. Give customers choice

The company made an effort to give customers explicit choice on three critical elements: the type of treatment plan, which facilities to visit and which doctors to see, and the timing of future calls. In each area, the nurse was guided to tell the customer, “You have a choice; let me give you some options.” Customers explicitly had the right to make the ultimate decision, though the outcome may have been limited or strongly suggested—for example, “Hospital A is closest to your home, but B is only 15 minutes further away, and it has a specialist unit with a great track record at treating your condition.”

5. Let customers stick to their habits

In many situations, it was important for patients to change their lifestyles—say, by eating different foods, consuming less alcohol, or exercising. To encourage patients to make these changes while minimizing the discomfort they generated, nurses introduced them gradually over a series of calls. Dietary changes might be discussed initially, for instance, followed by encouragement to begin exercise. The nurses also tried to reframe the patients’ perceptions of the severity of the changes by comparing them with more unfavorable alternatives: for example, “instead of eliminating your favorite foods altogether, why not just try picking low-fat varieties next time you are in the store.”

The team also worked to ensure that the calls themselves became a positive habit for the patients. This approach gave them the option of having the same nurse on follow-up and promoted a consistent approach for every call, so that they became used to the interactions.

Results

The effect of the changes was significant. Patients in the test group reported an average satisfaction level seven percentage points higher than that of patients in the control group—for calls with the same basic content. These patients’ satisfaction levels with the company was on average eight percentage points higher than that of the control group. More important, patients in the test group were on average five percentage points more likely to say that the calls had motivated them to make positive changes in their behavior.

Notably, the program didn’t significantly affect the company’s costs or change key operational metrics, such as the length of a call or the number of calls a day. Moreover, test group nurses reported an average level of job satisfaction higher than that of the control group nurses. Finally, the impact was rapid. Most of the increase in the satisfaction levels of the test group patients happened within two weeks.

Many other service industries could benefit from a similar approach. By breaking down frontline transactions and rebuilding them with behavioral and experiential principles, companies could systematically achieve rapid, measurable improvements in customer satisfaction.

About the Authors

John DeVine is a principal in McKinsey’s Miami office, and Keith Gilson is a consultant in the Toronto office.

Notes

1 For more, see Richard B. Chase and Sriram Dasu, “Want to perfect your company’s service? Use behavioral science,” Harvard Business Review, June 2001, Volume 79, Number 6, pp. 78–84.

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Consigue más clientes

Enviado por el 27/06/2010 a las 23:46
Manuel Gross

Consigue clientes usando tu imagen corporativa

Miércoles, 1 de Julio de 2009

Dicen que no sólo hay que ser bueno, sino también parecerlo. Este adagio popular describe muy bien lo que significa tener una imagen corporativa.

Tener una buena imagen como empresa es importante y si somos buenos hay que reflejarlo. Todos tienen que saber de tu negocio, que ofreces y lo satisfechos que están tus clientes con tus productos o servicios. Y al decir todos me refiero a clientes potenciales como público en general.

Algunos emprendedores podrían pensar que la imagen corporativa no es una factor clave o que no se puede construir desde el primer día, sobretodo, en el caso de pequeñas empresas tratan de gastar lo menos en imagen.

Sin embargo, como especialista en marketing, les recomiendo que tengan como objetivo crear una imagen corporativa antes de abrir sus puertas de su empresa. Las nuevas empresas son las que más necesitan de una buena imagen hasta que puedan demostrar con hechos lo buenas que son. Y cuando hablo de imagen no me refiero solo al material grafico que vas usar. Hay que demostrar con acciones que somos buenos en lo que hacemos, esta es la mejor forma de empezar a construir tu imagen como empresa.

Este es un ejemplo de como construir una imagen corporativa.

Antes de que tu empresa esté operativa:

1.    Presenta tu proyecto empresarial formal e informalmente cada vez que tenga una oportunidad. El objetivo es que quienes te conocen, y los que no, sepan de tu negocio.
2.    Incluye en tu plan de empresa acciones de marketing que den a conocer a tu empresa en los medios idóneos para capturar clientes.
3.    Crea un logo, tarjetas de visita y un brochure o un sitio web que reflejen la personalidad del logo.


Cuando la empresa esté operativa:

4.    Realiza un evento si se trata de un local, una campaña de email ofreciendo tus servicios o acciones de marketing guerrilla o publicidad exterior si se trata de un producto.
5.    Publica un sitios web persuasivo, es decir, que convierta visitantes en clientes. Si necesitas un sitio web persuasivo contáctame.
6.    Dirige a tus clientes hacia tu web usando campanas de email, redes sociales, brochures, blogs, etc.
7.    Pide a tus clientes que te recomiende sistemáticamente o informalmente.
8.    Busca el respaldo de empresas ya establecidas o personas reconocidas en el sector al cual te diriges.
9.    Haz que tus empleados hablen bien de tu empresa. Obviamente la idea no es obligarlos! Deberían estar tan contentos de estar involucrados en tu proyecto como para estar orgullosos de hablar de la empresa para la cual trabajan.
10.    Implanta procesos simples y efectivos para atender a tus clientes, tus clientes lo notaran y agradecerán.
11.    Entrega al cliente un producto o servicio que tenga valor y se diferencie del resto!

Podrías realizar más acciones, pero estas son algunas que te pueden dar la visibilidad necesaria para obtener clientes, y una vez que los obtengas, asegúrate que estén satisfechos para que regresen y consigas más clientes a través de tus clientes.

Igualmente, les recomiendo buscar a un buen diseñador para que les ayude a crear una  imagen corporativa a nivel gráfico empezando por el diseño del logo. Tener un buen logo es importante, este definirá la personalidad de la empresa visualmente, y estará presente en todo el material publicitario para mantener una identidad, que sea fácilmente aceptada y reconocida por nuestros clientes potenciales. La imagen visual tiene que ir de acuerdo con la imagen de los clientes que queremos obtener.

Como dije al inicio hay que ser buenos, y no caer en el error de pensar que las acciones anteriormente mencionadas nos ayudaran a tener una buena imagen casi automáticamente. Podemos obtener clientes gracias a nuestra imagen pero si no somos tan buenos como decimos estos clientes nos dejarán muy fácilmente.

¿Te ha gustado este artículo? Recomiéndanos a tus contactos:

 

Sally

Gerente General de Objetivo Negocio, empresa que brinda servicios a empresas peruanas y extranjeras que quieran hacer negocios en Perú. Graduada en Comunicación Audiovisual, especializada en diseño publicitario y con postgrado en Marketing realizado en la Universidad del Pacifico (Lima), se traslada a Londres donde cursa estudios de diseño web e idiomas. Desde 1999 hasta el 2009 ha ocupado puestos de Marketing Manager y Project Manager en Londres, Bolonia y Barcelona trabajando para empresas del sector tecnológico, educativo y de servicios profesionales. Su primera empresa, implementada en Lima, se dedicaba al diseño publicitario.

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El cliente inconsciente

Enviado por el 13/06/2010 a las 20:29
Manuel Gross

Mi verdadero problema de marketing (1): “el cliente inconsciente”

3 comentarios

Si nuestro producto es realmente nuevo es probable que resuelva un problema o necesidad hasta ahora no cubierto (e incluso del que los potenciales clientes no sean totalmente conscientes) y también que esos clientes ni siquiera sepan que su problema realmente tiene solución. ¿Cómo debe nuestro Marketing manejar esta situación?

 

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Experiencia de usuario

Enviado por el 16/04/2010 a las 23:26
Manuel Gross

¡La experiencia de usuario marca la diferencia!

7 de Abril de 2010 por Marco Cimino

Hace unos días discutíamos con mi equipo comercial (en esas reuniones que nos gusta animar más allá de cuotas, números y acciones) si la experiencia de cliente es realmente un factor diferencial en el mercado.

Como acostumbro a decir en las presentaciones, la experiencia de usuario marca la diferencia entre un producto bueno y un producto extraordinario. Es evidente que un producto “malo” no tiene remedio, pero mi opinión es que podemos convertir un producto bueno en algo excepcional si trabajamos la experiencia de usuario.

Os voy a explicar lo que me pasó el sábado, como ejemplo de una buena experiencia de usuario.

Hace un mes aproximadamente compré unas camisas en la tienda Ermenegildo Zegna de Paseo de Gracia, en Barcelona. Trabajé para Ermenegildo Zegna unos cuantos años y, aunque haya perdido mis privilegios de empleado, sigo comprando sus productos con cierta frecuencia.

La cuestión es que una de las camisas que compré no me salió nada bien. Es Era una camisa de rayas azul marino que lleva el interior del cuello, los puños y el perfil de la “tapeta” de los botones de un algodón azul marino liso. Una prenda con un toque de distinción que pero juega con la desventaja de un color muy delicado y propenso a desteñir con cierta facilidad.

Por otra parte, alguna costura de la parte anterior se empezaba a deshacer; en definitiva, una camisa que no respondía a la calidad que pagué en la tienda.

El pasado sábado, aprovechando un paseo con la familia en Barcelona, fui a la tienda para enseñar lo que le había pasado a la camisa. En los momentos anteriores a la entrada en la tienda, mi mujer me comentó: sobre todo, coméntale que la hemos lavado a 30 grados, y como mucho 4-5 veces… lo típico, empiezas a imaginar lo que te dirán en la tienda y las escusas o explicaciones que tendrás que alegar para explicar lo sucedido.

Mi sorpresa fue cuando al enseñarle la desafortunada camisa a la persona que me atendió en la tienda (y sin tener el tiempo de alegar lo que me había preparado justo antes de entrar), esta, sin comentar lo sucedido con nadie más (sin la necesidad de pedir permiso a nadie), se limitó a contestarme: No se preocupe, voy a buscarle una igual. Si lo prefiere puede elegir otra prenda, como usted desea. ¡Dese una vuelta por la tienda!

Lamentablemente la misma camisa no estaba disponible y al final me llevé otra prenda, que valía 40€ más que la anterior. Pero no me supo mal en absoluto; la pronta respuesta del encargado, su actitud, el no tener que explicar lo ocurrido, me hicieron olvidar de pronto que había acudido a la tienda para quejarme de un producto de calidad no adecuada al precio pagado, convirtiendo ese momento en una experiencia de marca inmejorable, consolidando aún más la imagen y el prestigio de la marca.

Una especie de efecto amplificador que, de forma inexplicable, se produce cuando una marca es capaz de sorprendernos rompiendo nuestros esquemas.

Yo iba a la tienda con la seguridad de encontrar cierta resistencia, aunque finalmente era bastante probable que me sustituyeran la camisa defectuosa. El hecho de que haya sido todo tan fácil y natural, no sólo aniquila la sensación de haber vivido una experiencia negativa con la marca, sino amplifica el respeto que el cliente ya tenía anteriormente.

Bien lo sabe el encargado que me atendió, ofreciéndome la posibilidad de sustituir la prenda por otra, dándome una vuelta por la tienda. En ese momento me tuvo totalmente indefenso y predispuesto a agradecer su “noble” e “inesperada” reacción con la compra de otro producto.

Una ocasión irrepetible de fidelizar el cliente a la marca,transmitiendo de una forma contundente la vocación de la marca por el cliente.

De esta experiencia aprendo varias cosas:

  • Nadie pretende que una marca sea infalible, pero todo el mundo se espera que delante de un error mostremos nuestra buena actitud y voluntad para subsanarlo.
  • Un error es el momento ideal para reforzar la percepción de valor de una marca. En ese momento, más que nunca, nuestro consumidor está esperando que le sorprendamos.
  • La experiencia de usuario marca la diferencia entre un producto bueno y un producto extraordinario
  • Ya sé ahora porqué en mi armario el 95% de las camisas son Ermenegildo Zegna!


Marketing social media

Enviado por el 31/03/2010 a las 19:42
Manuel Gross

Tengo en la recámara varios posts medio escritos pero quiero retomar mi seriado sobre Social Media Marketing, troceando en posts independientes  mi largo artículo “Frivolización del Marketing 2.0”. Si lo has leído, puedes prescindir de esta entrada.

He posteado ya las tres primeras partes: “Outsourcing de conversaciones”, “4 premisas falsas sobre Community Manager” y “El Marketing 2.0 se banaliza”, pero me han pedido que explique lo que entiendo por Marketing 2.0, así que voy a dar un paso atrás para comenzar desde el principio.

El término “2.0” ya lo quieren defenestrar, pero seguimos usándolo. Quizás tendríamos que hablar de Marketing de las conversaciones o Marketing P2P, pero en fin, esto del “2.0” es muy cómodo y ayuda a sintetizar lo que queremos decir. Pues nada, ahí va mi definición de “Marketing 2.0” o “Social Media Marketing”:

Leer completo en

Marketing 2.0: ¿y eso qué es?

 

 


Dance Marketing

Enviado por el 29/03/2010 a las 22:54
Manuel Gross

Dance Marketing: Experiencias para sorprender al consumidor

Redacción | Dance marketing, así es como es denominada esta original técnica publicitaria que busca sorprender al público y al consumidor con acciones animadas donde la música, la escenografía y el baile juegan un papel protagonista. Su modalidad más extendida se basa en el despliege de coreografías y bailes improvisados en lugares o zonas comerciales con el objetivo de generar una experiencia cercana al...

Marketing Sensorial

Enviado por el 26/03/2010 a las 16:07
Manuel Gross

Marketing Sensorial

El marketing sensorial utiliza los cinco sentidos (vista, oído, tacto, gusto y olfato) para llegar a su público objetivo e inducirlo a la compra.

Esta tipología de marketing se aleja de la lógica del marketing tradicional (necesitad-compra-beneficio), ya que la compra no es la expresión de una necesidad, sino que está estimulada por sensaciones subjetivas e irracionales.

Esta nueva estrategia se va afirmando más en aquellas categorías merceologicas, donde los productos no se diferencian ni por su calidad ni por su funcionalidad y, por lo tanto, el único elemento que puede destacarlos y estimular la compra del cliente es la percepción del producto como único e irrenunciable.

¿Cómo interactúan los sentidos en el proceso de compra?

  • Los olores son unos medios muy potentes, porque se quedan en la memoria durante mucho tiempo. En la mente del usuario el olor viene registrado como emoción, que está relacionada con las situaciones en las cuales se han percibido, por primera vez, aquel mismo olor.
    Un ejemplo de estímulo sensorial sería el uso de perfumes: los agentes inmobiliarios utilizan el perfume de café o de tarta en los pisos que enseñan a los potenciales clientes (estos olores activan emociones positivas de la infancia y son muy familiares); en los grandes almacenes se utilizan perfumes de campo, para des-acelerar el paso de los cliente (de tal manera que pueden dedicar más tiempo a la compra). Hasta hace unos años el sentido del olfato se ha utilizado sólo para la venta de perfumes, cosmética y detergentes, aunque actualmente, el marketing olfativo se va difundiendo en diferentes sectores, desde los servicios a la distribución y el entretenimiento.
  • También la música está interrelacionada a las emociones. Por ejemplo el uso de canciones muy famosas en los spots televisivos es un ejemplo de marketing sensorial. Una canción, por ejemplo, se puede relacionar con una situación vivida.
  • El sentido de la vista es el que puede impresionar más nuestra mente y también es el principal sentido del ser humano. La mente comprende mejor los que ve y lo recuerda durante más tiempo. Es por eso que en los últimos años se está evolucionando en todo lo que concierne al diseño: packaging, layout del punto de venta, webdesign, etc.
  • El gusto es el instrumento que se utiliza para elegir la comida y las bebidas. Todavía el uso de este sentido está limitado a eventos gastronómicos.
  • Utilizando el tacto se adquiere información importante acerca de la realidad. Los consumidores quieren verificar lo que están comprando, apreciando las características antes de finalizar la compra.
  • Con esta nueva perspectiva, el marketing ya no es sólo una ciencia económica, sino también psicológica, donde la compra satisface nuestras necesidades más subjetivas.


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