La metáfora de la sociedad-red. Comunicación y poder, de Manuel Castells
Por J. M. Pérez Tornero
Manuel Castells ha escrito y publicado un nuevo libro Comunicación y poder[1]. Es
un libro lúcido, que pretende la lucidez. Lucidez social -de todos-
ante las nuevas modalidades del poder en nuestra sociedad; pero
también, lucidez personal –de cada uno de nosotros- ante ese mismo
poder.
Su propuesta, en este doble sentido, es una vía para la autonomía y la autoprogramación personal y social: “Participando en la producción cultural de los medios de comunicación de masas y desarrollando redes independientes de comunicación horizontal, los ciudadanos de la Era de la Información son capaces de inventar nuevos programas para sus vidas con los materiales de sus sufrimientos, miedos, sueños y esperanzas.” Sigue diciendo el autor, “si no conocemos las formas de poder en la sociedad red, no podremos neutralizar el ejercicio injusto de dicho poder; y si no sabemos exactamente quienes tienen el poder y dónde encontrarlos, no podremos desafiar su oculta pero decisiva dominación”.
Partiendo de este razonamiento genérico, Castells no sólo intenta señalar y examinar a quienes tienen el poder en nuestra sociedad mediática, sino que llega a proponer recomendaciones concretas a cada uno de nosotros: “Examine sus interconexiones globales y sus operaciones locales. Identifique los marcos mentales en las redes que enmarcan su mente. Practique el pensamiento crítico cada día para ejercitar la mente en un mundo contaminado culturalmente, de la misma forma que ejercita su cuerpo para limpiarlo del veneno de nuestro entorno químico. Desconecte y reconecte. Desconecte lo que no entienda y reconecte lo que tenga sentido para usted”.
Pero, no basta con soluciones personales, como colectividad, como miembros de una sociedad que somos–siempre según Castells- también es preciso actuar: “la construcción independiente de significado, sólo puede llevarse a cabos si conservamos esos terrenos comunales que son las redes de comunicación que Internet ha hecho posible, una creación libre de amantes de la libertad. No será fácil porque quienes ostentan el poder en la sociedad red deben cercar la comunicación red mediante redes comercializadas y vigiladas con el fin de cerrar la mente pública programando la conexión entre comunicación y poder. (…) Sin embargo, la mente pública se construye mediante la interconexión de mentes individuales como la suya. Así que, si piensa de otra manera, las redes de comunicación funcionarán de otra manera, con la condición de que no sea usted solo, sino muchos, los que estemos dispuestos a construir las redes de nuestra vida”[2].
Valores y contra-valores
Reordenando los diversos conceptos que Castells pone delante de nosotros, se reconstruye un modelo dicotómico que recoge valores y contravalores, “cierres” y “vías de acceso” a la libertad.
| CONTRAVALORES | VALORES | |
| Modo de pensamiento | Pensamiento acrítico | Pensamiento crítico |
| Sentido | Lo que no tiene sentido | Construcción independiente de significado |
|
Producción cultural |
“Sumisión” a los medios de masasDependencia de redesContaminación cultural | Participación en los medios de masas Desarrollando redes independientes Calidad y salud cultural |
| Programando objetivos | Dejarse “atrapar” en las redes | Construir las redes de nuestra vida |
| Poder | Ejercicio injusto de poder | Desafío a la dominación |
| Sentido de la comunicación | Comunicación vertical | Comunicación horizontal |
| Espacios comunicativos y esfera pública | Cerco a la comunicación mediante redes comercializadas y vigiladas | Creación libre
Terrenos comunales Mente pública |
| Método | Aceptación dócil de los marcos mentales | Crítica y reconstrucción de los marcos mentales |
En definitiva, lo que Manuel Castells propone es la reordenación de los valores sociales que sostienen las estructuras de poder, buscando una apertura de mayor libertad y justicia. Para ello es esencial la construcción de redes de comunicación alternativas al poder, tanto como la reconstrucción crítica de nuestros propios marcos mentales.
Parece indudable que en este camino, y pese al dominio que los poderes -mediáticos y no mediáticos- ejercen sobre las redes de comunicación, Internet – y en general, las nuevas redes de comunicación e información- son vistas como redes de “salvación”, como una promesa de futuro.
La perspectiva teórica de una red informática
Castells ya había presentando su modelo teórico sobre la sociedad actual en La sociedad red[3], pero el libro que comentamos le sirve para afianzar y sistematizar su cuadro conceptual e incluir en él análisis de las fuentes del poder en la actualidad.
Continúa, en todo caso, con la metáfora, mejor dicho con las metáforas en torno a la red:
a) la sociedad actual es comparable a la red -y analizable en sus términos;
b) la comunicación actual también es una red; esta red conjuga redes informáticas (digitales) con redes de medios de comunicación de masas y otras;
c) estas mismas redes ordenan, recogen, transportan y dinamizan flujos de información;
d) el poder se asienta en la capacidad de crear, configurar y alimentar redes comunicativas –porque, además de mediante la violencia, el poder se ejerce también mediante el dominio de la comunicación y de la mente.
Desde este punto de partida, Castells consolida la metáfora de las redes informáticas –cuyo modelo decisivo es Internet- para proponer un sistema conceptual en el que, tanto los elementos discretos, como los flujos, relaciones y operaciones se describen siempre en términos de conceptos surgidos de las redes informáticas[4]: programación (programa), configuración, flexibilidad, inclusión-exclusión (oposiciones binarias), protocolos, entorno operativo, etc.
Es esa metáfora –o, mejor dicho alegoría- de la red la que se convierte en una metáfora inclusiva de cualquier y de casi todos los elementos propios de la sociedad actual. Según parece sostener Castells –aunque no sea en ello demasiado explícito- un sistema informático de redes nos ofrece, desde el punto de vista teórico, casi todos los conceptos necesarios para explicar el funcionamiento de la sociedad actual. Y esto, con independencia de que todos los elementos sociales, e incluso las redes que contiene, no sean por su parte específicamente informáticos.
En cualquier caso, según la idea de Castells, el modo operativo y el funcionamiento de la sociedad, y su inteligibilidad, debe contemplarse siempre desde el modelo y la perspectiva que nos aporta la conceptualización de una informática. Tiene sentido, a este propósito, la afirmación de Bo Kampman Walther cuando escribe en su “The theorettical Rationality of the Concept of the Network Society” (N. Lehman y otros: The concept of the Network Society: Post-Ontological Reflections, Dinamarca, NORDICOM, 2007): “Castells (…) often, deliberatily or not, confuses a technical and a conceptual description” (p. 21).
El autor no está lejos, aquí, de comparaciones tan conocidas como el de Norbert Wiener, que busca las similitudes entre el funcionamiento de la sociedad y un sistema cibernético, y explica muchos procesos sociales en términos de retroalimentación.
Está también cerca de los estructuralistas, cuando comparan la sociedad con una estructura[5]. Y cerca de Luhman -y otros- cuando, basándose en la teoría de sistemas, comparan el funcionamiento de la sociedad con las operaciones que se dan en un sistema.
Siempre, pues, en todos estos casos –incluyendo a Castells- una alegoría, una metáfora o un modelo general sirven para explicar –mediante sus elementos, procesos y operaciones, el funcionamiento de lo social.
La estructura social como red tecnológica
Es en este preciso contexto en el que Castells establece que la sociedad red “es aquella cuya estructura social está compuesta por redes activadas por tecnologías digitales de la comunicación y de la información basadas en la microelectrónica” (pp. 50-51).
Pero al afirmarlo, intenta huir del determinismo tecnológico: “No obstante, la tecnología de redes y la organización en red son sólo medios que reflejan las tendencias inscritas en la estructura social. El actual proceso de globalización tiene su origen en factores económicos, políticos y culturales, según han documentado los estudios académicos sobre globalización. Pero tal y como sugieren una serie de estudios, las fuerzas que impulsaron la globalización solo pudieron desencadenarse porque tenían a su disposición la capacidad de conexión en red global que proporcionan las tecnologías digitales de comunicación y los sistemas de información, incluyendo las redes informatizadas del transporte a larga distancia” (p. 51).
Ahora bien este intento de establecer relaciones recíprocas –aunque sea de amplificación- entre tendencias de la estructura social y redes de comunicación digital, no disuelve el hecho de que epistemológicamente, el modelo central de análisis y de interpretación que nos propone Castells para nuestra sociedad es la red informática.
¿Constituye esto una limitación teórica? ¿Bastará el punto de vista de las redes informáticas para explicar la sociedad? ¿No hay más explicación posible que la que pueden proporcionar los conceptos provenientes de las redes tecnológicas? ¿En todo caso, deben ser estos conceptos los dominantes en nuestra consideración de la sociedad? ¿No caemos en la tautología al explicar el desarrollo de las redes informáticas y su instalación en el centro del escenario social en los términos que estas mismas redes nos proporcionan? ¿No estaremos incurriendo en un proceso autoexplicativo, o tal vez, en una profecía de autocumplimiento? Como expresa Bo Kampman (ob. cit): no estaremos ante “a certain level of self-explanatory modality in Castells’ theory (…); the technical level legitimizes the socio-philosophical level, and vice versa” (p. 25)
La cuestión queda abierta y es, sin duda, una de los problemas más interesantes que desde el punto de vista teórico induce la aproximación de Castells.
La teoría del “encuadre”[6] y la perspectiva cognitiva
Como aportación singular de este libro hay que señalar la conexión entre la teoría de las redes y el enfoque e las ciencias cognitivas, especialmente con el desarrollado por los estudios dedicados a la inteligencia emocional.
El modo en que las ciencias de la cognición se pueden relacionar con la teoría de las redes y de la comunicación es sencillo según Castells: “La comunicación se produce activando las mentes para compartir significado. La mente es un proceso de creación y manipulación de imágenes mentales (visuales o no) en el cerebro. Las ideas pueden verse como configuraciones de imágenes mentales. Con toda probabilidad las imágenes mentales se corresponden con redes neuronales” (pp. 190-191).
De aquí, por tanto, que recuperar para una teoría de las sociedad-red las aproximaciones que provienen de las ciencias cognitivas es útil para la teoría de las redes. Cobra importancia, hacerse cargo del concepto de metáfora (según la ha desarrollado Lakoff): “Las metáforas resultan decisivas para conectar el lenguaje (por tanto, la comunicación humana) y los circuitos cerebrales. A través de las metáforas se construyen las narraciones. Las narraciones se componen de marcos, que son las estructuras de la narración que corresponden a las estructuras cerebrales que con el tiempo han surgido por la actividad cerebral.
Los marcos son redes neuronales de asociación a las que se puede acceder desde el lenguaje a través de conexiones metafóricas. Enmarcar significa activar redes neuronales específicas. En el lenguaje, las palabras se asocian a campos semánticos. Estos campos semánticos se refieren a marcos conceptuales. Así pues, el lenguaje y la mente se comunican por marcos que estructuran narraciones que activan redes cerebrales. Las metáforas enmarcan la comunicación seleccionando asociaciones específicas entre el lenguaje y la experiencia a partir del mapa del cerebro” (p. 197).
Hay en este razonamiento una singular armonía. Si la comunicación se organiza en redes, como la sociedad, y la mente funciona mediante la activación de redes neuronales, también las ideas acaban pudiéndose explicar como redes, en este caso, redes de “marcos” y de “campos semánticos”. Las narraciones se integran dentro de esos marcos. (Está por ver, en todo caso, si las narraciones son también redes; hasta ahora las narratología las ha reconocido como “cursos” y como “trayectos” y ha hablado de “tramas” narrativas).
Sin embargo, los problemas reales a la hora de unir la sociología de las redes y las ciencias cognitivas son mayores de los que parece translucirse en este texto. Las redes neuronales concretas –es decir, las correspondientes a redes de marcos-, al menos, en su inmensa mayoría, están por descubrir y describir -como testimonia la incertidumbre con se mueve en este terreno la neurología. Son, sobre todo, una hipótesis intuitiva que parece fructífera. Por otro lado, las redes de marcos, de encuadres, ¿realmente pueden definirse en términos de narraciones? ¿Y las narraciones, por su parte, son estructuras que caben y pueden inscribirse en un marco? También cabe preguntarse si los campos semánticos, por su lado, tienen que ver con las narraciones o se apoyan en otras claves explicativas… En este campo, queda bastante por organizar conceptualmente.
En todo caso, desde la perspectiva de la teoría del lenguaje y de la semiótica, dentro del esquema que recoge Castells, se percibe una cierta indefinición y un cierto solapamiento e indistinción (no demasiado) entre conceptos. Desde la teoría de la semiótica narrativa o simplemente desde la narratología, puede hablarse de “isotopía temática” –como concepto lo más aproximado posible a la idea de marco-. Y desde la teoría del discurso de “macroestructura”. Pero la metáfora –tal y como se define habitualmente- no es una isotopía, sino una comparación singular. Tampoco es una macroestructura. ¿No se usa, por tanto, demasiado informalmente como para resultar sostenible teóricamente?
Por su parte, un “campo semántico” se concibe habitualmente como un conjunto de morfemas que tienen o un campo referencial común o que comparten cierta redundancia sémica entre sí, pero ¿qué relación puede guardar con una metáfora si es que existe en algún sentido esa correspondencia? De hecho, es muy improbable su estricta correspondencia con una metáfora, si la hay será parcial o, en algunos casos, lateral.
En consecuencia, algunas partes del texto de Castells –sólido y lúcido en su conjunto- nos parece algo vago y necesitado, en todo caso, de mayor consolidación para el futuro. Aunque, en puridad, esta reserva no sea atribuible a Castells, precisamente, sino con más rigor a las fuentes en que se inspira.
En cualquier caso, esto no desmerece el valor de intentar conjugar la teoría de la sociedad-red con las teorías cognitivas -aunque sólo sea como gesto teórico. Al contrario, merece un elogio especial. Singularmente, después de de que en las últimas décadas hemos atravesado un proceloso mar teórico -mucho mas fluido y menos consolidado teóricamente hablando que el que ahora se nos presenta- en el cual, el espacio epistemológico que ahora se propone ocupar por parte de las ciencias cognitivas ha sido ocupado alternativamente por cuerpos teóricos aún menos consolidados: Primero, la “teoría de los efectos” de los medios –plagada de un mecanicismo fuera de toda duda- y, en segundo lugar, una demasiado lábil “teoría de la recepción”; o bien, en tercer lugar, los no menos resbaladizos “estudios culturales” –con su enorme e inabarcable concepto de “imaginario social” (amplio y solícito al mismo tiempo)-. Doctrinas y enfoques, todos ellos que se han llevado, a mi modo de ver abusivamente, el protagonismo teórico.
Así pues, la perspectiva de Castells y su apelación a las ciencias cognitivas y del lenguaje resulta en estos momentos especialmente vivificante. Puede concebirse como un reencuentro entre las ciencias sociológicas y las teorías semio-cognitivas, tan desgraciadamente distantes entre sí en los últimos tiempos.
Castells, de hecho, al recuperar el enfoque de las ciencias cognitivas se acerca a los principios que ya apuntasen otros como Gerbner con su teoría del cultivo o los enfoques más culturalistas de Morley, Lull y otros. Y de algún modo, nos recuerda la perspectiva de la semiótica social y de la semiótica de la cultura. Su originalidad es, precisamente, situarlos en un nuevo contexto.
Utilidad del libro
Desde todos los puntos de vista el libro de Castells es útil. Constituye una buena cartografía de los procesos sociales relacionados con la construcción de redes de comunicación y de poder en la sociedad actual. Es, además, crítico: analiza tanto los movimientos de dominación –que en ningún caso ni minimiza ni engrandece- como las posibles resistencias y alternativas que se pueden dar desde la asociación libre de individuos o desde los movimientos sociales organizados.
Tiene la ventaja de estar muy actualizado, tanto en lo que se refiere a los enfoques teóricos que utiliza, como en lo que se refiere a los problemas que analiza y a los hechos a los que se refiere (desde la victoria electoral de Obama hasta la capacidad de muchos movimientos sociales contemporáneos a la hora de crear nuevas redes comunicativas).
Finalmente, y esto no es nada desdeñable, sabe combinar el estudio teórico con propuestas epistemológicas de calado- con estudios y descripciones empíricas muy sugerentes, relativos a las estructuras de propiedad de los medios y a las redes de conglomerados mediáticos… Tal vez sea ésta su síntesis más brillante, donde la recia economía política –que nos tiene a acostumbrados a muchos datos, pero a una evidente parvedad conceptual- se enriquece y logra alcance teórico profundo.
Por todo ello, recomendamos la lectura de Comunicación y poder.
8 Diciembre 2009
Posted by J. M. Pérez Tornero in Comunicación, Crítica mediática, Internet, Lecturas, Medios de comunicación.
Tags: Castells, sociedad red, poder, teoría del encuadre, Lakoff
[1] Madrid, Alianza, 2009. En inglés, Coomunication and power, Oxford University Press, 2009.
[2] Op. cit., pp. 552-553.
[3] Te Rise of the Network Society, Oxford Blackwell, 1996 (Traduucción castellana, Madrid, Alianza editoria, 1997/2000).
[4] Cf. Especialmente el apartado “Redes”, op. cit. pp. 45-50
[5] Talcot Parsons, Piaget, Levi Strauss, Foucault, etc.
[6] Esta traducción española del término inglés “framing” nos parece más adecuado que la de “enmarcar” porque nos recuerda en enfoque fotográfico.
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Fuente: Pensamiento Crítico y Comunicación
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Manuel Castells en Buenos Aires
Manuel Castells: "El negocio de Google es vender libertad"
Invitado por la Fundación OSDE y la Universidad Nacional de San Martín, el sociólogo español pasó por Buenos Aires para hablar de Comunicación y poder en la sociedad red, tema de su último libro. Explicó conceptos como el de la automediación y la autocomunicación y dijo que "twitter es fantástico para hacer la revolución, pero cuando hay que explicar el programa revolucionario nos vamos a Facebook".
MEDIOS, TELEFONITOS Y REDES SOCIALES Extracto de la charla de Manuel Castells en Buenos Aires. Gentileza Fundación OSDE.
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Expertos de la comunicación, investigadores, periodistas, los cholulos de siempre y algunos figurones inclasificables componían el auditorio que en la sede porteña de la Fundación Osde se disponía a escuchar al sociólogo español Manuel Castells. Entre todos, tal vez haya sido Gustavo Grobocopatel, el hombre estigmatizado con el título de rey de la soja, quien recibía la mayor cantidad de saludos y agradecimientos por su presencia a esta ponencia magistral sobre Comunicación y poder en la sociedad red, un tema con el que viene coqueteando casi tanto como con su banda de folklore Los Grobo. Sabiamente puntual, el antropólogo Alejandro Grimson, se encargó de subir al pedestal al orador de la noche. Contó rápido que Alain Touraine había sido su mentor y que Castells estaba entre los cinco teóricos sociales más referenciados de los últimos tiempos, a la par de figuras como Habermas, Giddens, Sassen y Beck. Mencionó varias veces a su archiconocida trilogía La era de la información pero dejó claro que Castells llegó a Buenos Aires para presentar su último trabajo, Comunicación y poder, un texto todavía no editado en la Argentina que, según su autor, es el resultado de una investigación que le llevó diez años. De resultado incierto, diría el propio Castells, ya que "tan pronto como se seca la tinta empiezo a cambiar de idea".
Bien informático, Castells arrancó diciendo que "en las relaciones de poder se encuentra el código fuente de cualquier sociedad". Y habló de una dialéctica, que no es la materialista en términos marxistas por cierto, pero es la que para él encierra el debate principal sobre estos tiempos. Cien por ciento gramsciano, el sociólogo definió: "Donde hay poder hay contrapoder, donde hay dominación hay resistencia". Y explicó luego que de esas relaciones surgen compromisos parciales que generan cambios y nuevas normas. Nada nuevo hasta allí. Apenas algo de contexto para aclimatar la dirección de su charla. "El poder es una relación, no se lo toma", avisó entonces categórico, aunque sobren ejemplos de que una cosa no impida la otra. "Ese poder, esa capacidad relacional se usa para influenciar y defender los valores e intereses del empoderado. Y de allí surge la batalla para influenciar nuestras mentes", esbozó.
Habló Castells de las dos vías para ostentar ese poder, a través del monopolio de la violencia o a través de construcción de significados. "Si no te convenzo, te mato", graficó. Una violencia e intimidación que puede construir tanto adhesión como resignación. Otra vez calcó la definición de hegemonía de Gramsci para quien el poder de las clases dominantes sobre las clases sometidas en el modo de producción capitalista no está dado solo por el control de los aparatos represivos del Estado sino fundado en la "hegemonía" cultural que las clases dominantes logran ejercer a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. Esos mecanismos consensuales de la dominación burguesa han entrado en una nueva etapa según Castells. No es que hayan desaparecido pero ahora se definen cada vez más en la sociedad red.
Suficiente contexto para que Castells se lanzara con todo su peso sobre el tema que lo trajo aquí. "El poder en la sociedad red es multidimensional y todas esas dimensiones dependen del sistema de comunicación", arriesgó. Algo así como decir que los intentos de cambio social y político dependerán casi exclusivamente de la posibilidad de transformar ese sistema de comunicaciones. Se basa en la teoría de la inteligencia afectiva Castells para avisar de los riesgos que implicaría perder las batallas de la comunicación. Batallas que sólo pueden llevarse a cabo si conservamos esos terrenos comunales que son las redes de comunicación que Internet ha hecho posible . La tarea no es sencilla. Ya lo viene advirtiendo Richard Stallman con un activismo más extremo desde hace años. Quienes ostentan el poder en la sociedad red buscan cercar la comunicación mediante redes comercializadas y/o vigiladas con el fin de cerrar la mente pública programando la conexión entre comunicación y poder. Algo que ya hicieron en el mundo real, plusvalía mediante. Pero que ahora la suma de individuos con espíritu colaborativo puede torcer en el mundo virtual. ¿Puede?
El éxito en Internet, que todavía es un espacio libre pero no tan libre al decir de Derrick de Kerkhove, muchas veces está ligado a impulsar la autonomía ciudadana. Castells sitúa entre estos impulsores a compañías como Google o Facebook. Y no porque sean seguidores de Stallman, sino porque ése es su negocio. "Google vende libertad. Si no lo hace, mañana aparecen dos chicos que crean un nuevo Google y le quitan la audiencia". Para Castells, en este sentido la competencia sigue siendo amplia y abierta. Menos democráticos y abiertos, son los operadores, que según el sociólogo (varios ejemplos le dan la razón) buscan acabar con esa neutralidad. "Quieren cerrar las tierras comunales, ese es el gran problema", dice Castells. Todo un atentado contra la preservación de las libertades. (Bastaría citar el caso de Filadelfia, que reculó con su wifi gratuito ante el asedio de AT&T) Y luego Castells insistirá con algo que ya ha repetido mil veces: "Los gobiernos odian Internet". Aunque más tarde sea menos categórico cuando sostengan que, en realidad, lo que todos los gobiernos se preguntan, es cómo controlarla. Y allí usan los latiguillos de siempre. Hay que proteger a los niños, bloquear tal o cual cosa. ¿Por qué no protegen a los niños de verdad? ¿Qué hacen contra el hambre, la miseria? "Los gobiernos tienen perdida la batalla, dice Castells. Pueden matar al mensajero, pero al mensaje no"
Y esa es una de las claves de lo que Castells llama autocomunicación. Un modo desintermediado de producir, acceder y compartir mensajes. Por oposición a los medios y basado en las redes sociales. No es que lo mediático haya desaparecido, todavía es a ése formato que debe adaptarse el lenguaje de la política. Para Castells los partidos políticos siguen siendo importantes, pero tienen que contar con un líder y necesariamente deben pasar por los medios. Medios que, por lo general cuando quieren destruir o generar desconfianza apelan a la política del escándalo. Una política que se basa en armas tales como la investigación opositiva, que se ha vuelto una industria, o en el latiguillo de que en la política todo el mundo está financiado ilegalmente. Según Castells esa política del escándalo está produciendo efectos variables. Y desde hace un tiempo, a las crisis de legitimidad o a la desconfianza generalizada, que suelen ser los efectos buscados, se opone lo que Castells llama fatiga del escándalo, un efecto colateral por el que todos aparecen como igualmente corruptos. "Como todos son iguales, yo me quedo con mi mentiroso, que es más simpático". Frente a este desgaste de la relación entre comunicación y poder, una verdadera crisis de legitimidad, surgen estas formas que Castells llama Autocomunicación.
Un concepto para el que obviamente Internet y los dispositivos móviles serán claves y dónde las redes sociales son, hoy, el pilar de esa comunidad. "Twitter es fantástico para hacer la revolución, pero cuando hay que explicar el programa revolucionario nos vamos a Facebook", dice Castells. ¿Puede alguien creer que la revolución vendrá a partir de estas herramientas tecnológicas, de las comunidades que se arman a través de ellas? ¿Siendo Twitter y Facebook empresas, qué clase de revolución permitirían? En realidad, lo que Castells sugiere es que las redes sociales, llámense como se llamen, están abiertas tanto a los activistas como a los ideólogos. Y que lentamente vamos a un proceso de desintermediación comunicativa. La sociedad sería entonces capaz de automediatizarse dando fin a los monopolios. O desbaratando cualquier tipo de intento por tergiversar la información. Castells rescató para ilustrarlo un ejemplo bien conocido, cuando el PP de Aznar buscó adjudicarle los atentados de Atocha en Madrid a ETA para ganar tiempo en las elecciones que finalmente perdió cuando se supo había sido Al Qaeda.
Confía en una autocomunicación de masas Castells. En una sociedad dispuesta a producir cambios. Y no cree para nada en las segmentaciones forzadas que hablan de mundos virtuales y reales. "No hay separación, todos vivimos en un híbrido. Todo lo que hacemos es virtual y a la vez físico", dice el sociólogo. Y agrega: "El debate se hace cada vez más por Internet, pero el compromiso se manifiesta en la calle. Aunque también se puedan cortar calles en Internet". De allí la importancia de defender ese espacio público híbrido, fundamental en todas las sociedades. Pero el salto, para Castells, está en ese paso de la esfera institucional a la comunicativa. "El poder se debate y se lucha en las redes sociales", dice Castells. ¿Volverán las ideologías a estar en debate por sobre la política del escándalo? El mensaje de Castells suena posmoderno a veces, pero él mismo le cede la palabra a la inteligencia colectiva, colaborativa. En pro de la confianza mutua, la liberación de los internautas será obra de los internautas mismos... Ya lo dijo alguien, ¿no?
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