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Manuel Castells: "Comunicación y poder". La metáfora de la sociedad-red

Enviado por Manuel Gross el 11/12/2009 a las 12:04
Manuel Gross


La metáfora de la sociedad-red. Comunicación y poder, de Manuel Castells

Por J. M. Pérez Tornero 

Manuel Castells ha escrito y publicado un nuevo libro Comunicación y poder[1]. Es un libro lúcido, que pretende la lucidez. Lucidez social -de todos- ante las nuevas modalidades del poder en nuestra sociedad; pero también, lucidez personal –de cada uno de nosotros- ante ese mismo poder.

 

Su propuesta, en este doble sentido, es una vía para la autonomía y la autoprogramación personal y social: “Participando en la producción cultural de los medios de comunicación de masas y desarrollando redes independientes de comunicación horizontal, los ciudadanos de la Era de la Información son capaces de inventar nuevos programas para sus vidas con los materiales de sus sufrimientos, miedos, sueños y esperanzas.” Sigue diciendo el autor, “si no conocemos las formas de poder en la sociedad red, no podremos neutralizar el ejercicio injusto de dicho poder; y si no sabemos exactamente quienes tienen el poder y dónde encontrarlos, no podremos desafiar su oculta pero decisiva dominación”.

 

Partiendo de este razonamiento genérico, Castells no sólo intenta señalar y examinar a quienes tienen el poder en nuestra sociedad mediática, sino que llega a proponer recomendaciones concretas a cada uno de nosotros: “Examine sus interconexiones globales y sus operaciones locales. Identifique los marcos mentales en las redes que enmarcan su mente. Practique el pensamiento crítico cada día para ejercitar la mente en un mundo contaminado culturalmente, de la misma forma que ejercita su cuerpo para limpiarlo del veneno de nuestro entorno químico. Desconecte y reconecte. Desconecte lo que no entienda y reconecte lo que tenga sentido para usted”.

 

Pero, no basta con soluciones personales, como colectividad, como miembros de una sociedad que somos–siempre según Castells- también es preciso actuar: “la construcción independiente de significado, sólo puede llevarse a cabos si conservamos esos terrenos comunales que son las redes de comunicación que Internet ha hecho posible, una creación libre de amantes de la libertad. No será fácil porque quienes ostentan el poder en la sociedad red deben cercar la comunicación red mediante redes comercializadas y vigiladas con el fin de cerrar la mente pública programando la conexión entre comunicación y poder. (…) Sin embargo, la mente pública se construye mediante la interconexión de mentes individuales como la suya. Así que, si piensa de otra manera, las redes de comunicación funcionarán de otra manera, con la condición de que no sea usted solo, sino muchos, los que estemos dispuestos a construir las redes de nuestra vida[2].

 

Valores y contra-valores


Reordenando los diversos conceptos que Castells pone delante de nosotros, se reconstruye un modelo dicotómico que recoge valores y contravalores, “cierres” y “vías de acceso” a la libertad.

 


CONTRAVALORES VALORES
Modo de pensamiento Pensamiento acrítico Pensamiento crítico
Sentido Lo que no tiene sentido Construcción independiente de significado

Producción cultural

“Sumisión” a los medios de masasDependencia de redesContaminación cultural Participación en los medios de masas
Desarrollando redes independientes
Calidad y salud cultural
Programando objetivos Dejarse “atrapar” en las redes Construir las redes de nuestra vida
Poder Ejercicio injusto de poder Desafío a la dominación
Sentido de la comunicación Comunicación vertical Comunicación horizontal
Espacios  comunicativos y esfera pública Cerco a la comunicación mediante redes comercializadas y vigiladas Creación libre

Terrenos comunales

Mente pública

Método Aceptación dócil de los marcos mentales Crítica y reconstrucción de los marcos mentales

 

En definitiva, lo que Manuel Castells propone es la reordenación de los valores sociales que sostienen las estructuras de poder, buscando una apertura de mayor libertad y justicia. Para ello es esencial la construcción de redes de comunicación alternativas al poder, tanto como la reconstrucción crítica de nuestros propios marcos mentales.

 

Parece indudable que en este camino, y pese al dominio que los poderes -mediáticos y no mediáticos- ejercen sobre las redes de comunicación, Internet – y en general, las nuevas redes de comunicación e información- son vistas como redes de “salvación”, como una promesa de futuro.

 

La perspectiva teórica de una red informática


Castells ya había presentando su modelo teórico sobre la sociedad actual en La sociedad red[3], pero el libro que comentamos le sirve para afianzar y sistematizar su cuadro conceptual e incluir en él análisis de las fuentes del poder en la actualidad.

Continúa, en todo caso, con la metáfora, mejor dicho con las metáforas en torno a la red:

 

a)      la sociedad actual es comparable a la red -y analizable en sus términos;

b)      la comunicación actual también es una red; esta red conjuga redes informáticas (digitales) con redes de medios de comunicación de masas y otras;

c)       estas mismas redes ordenan, recogen, transportan y dinamizan flujos de información;

d)      el poder se asienta en la capacidad de crear, configurar y alimentar redes comunicativas –porque, además de mediante la violencia, el poder se ejerce también mediante el dominio de la comunicación y de la mente.

 

Desde este punto de partida, Castells consolida la metáfora de las redes informáticas –cuyo modelo decisivo es Internet- para proponer un sistema conceptual en el que, tanto los elementos discretos, como los flujos, relaciones y operaciones se describen siempre en términos de conceptos surgidos de las redes informáticas[4]: programación (programa), configuración, flexibilidad, inclusión-exclusión (oposiciones binarias), protocolos, entorno operativo, etc.

 

Es esa metáfora –o, mejor dicho alegoría- de la red la que se convierte en una metáfora inclusiva de cualquier y de casi todos los elementos propios de la sociedad actual. Según parece sostener Castells –aunque no sea en ello demasiado explícito- un sistema informático de redes nos ofrece, desde el punto de vista teórico, casi todos los conceptos necesarios para explicar el funcionamiento de la sociedad actual. Y esto, con independencia de que todos los elementos sociales, e incluso las redes que contiene, no sean por su parte específicamente informáticos.

 

En cualquier caso, según la idea de Castells, el modo operativo y el funcionamiento de la sociedad, y su inteligibilidad, debe contemplarse siempre desde el modelo y la perspectiva que nos aporta la conceptualización de una informática. Tiene sentido, a este propósito, la afirmación de Bo Kampman Walther cuando escribe en su “The theorettical Rationality of the Concept of the Network Society” (N. Lehman y otros: The concept of the Network Society: Post-Ontological Reflections, Dinamarca, NORDICOM, 2007): “Castells (…) often, deliberatily or not, confuses a technical and a conceptual description” (p. 21).

 

El autor no está lejos, aquí, de comparaciones tan conocidas como el de Norbert Wiener, que busca las similitudes entre el funcionamiento de la sociedad y un sistema cibernético, y explica muchos procesos sociales en términos de retroalimentación.

 

Está también cerca de los estructuralistas, cuando comparan la sociedad con una estructura[5]. Y cerca de Luhman -y otros- cuando, basándose en la teoría de sistemas, comparan el funcionamiento de la sociedad con las operaciones que se dan en un sistema.

 

Siempre, pues, en todos estos casos –incluyendo a Castells- una alegoría, una metáfora o un modelo general sirven para explicar –mediante sus elementos, procesos y operaciones, el funcionamiento de lo social.

 

La estructura social como red tecnológica


Es en este preciso contexto en el que Castells establece que la sociedad red “es aquella cuya estructura social está compuesta por redes activadas por tecnologías digitales de la comunicación y de la información basadas en la microelectrónica” (pp. 50-51).

 

Pero al afirmarlo, intenta huir del determinismo tecnológico: “No obstante, la tecnología de redes y la organización en red son sólo medios que reflejan las tendencias inscritas en la estructura social. El actual proceso de globalización tiene su origen en factores económicos, políticos y culturales, según han documentado los estudios académicos sobre globalización. Pero tal y como sugieren una serie de estudios, las fuerzas que impulsaron la globalización solo pudieron desencadenarse porque tenían a su disposición la capacidad de conexión en red global que proporcionan las tecnologías digitales de comunicación y los sistemas de información, incluyendo las redes informatizadas del transporte a larga distancia” (p. 51).

 

Ahora bien este intento de establecer relaciones recíprocas –aunque sea de amplificación- entre tendencias de la estructura social y redes de comunicación digital, no disuelve el hecho de que epistemológicamente, el modelo central de análisis y de interpretación que nos propone Castells para nuestra sociedad es la red informática.

 

¿Constituye esto una limitación teórica? ¿Bastará el punto de vista de las redes informáticas para explicar la sociedad? ¿No hay más explicación posible que la que pueden proporcionar los conceptos provenientes de las redes tecnológicas? ¿En todo caso, deben ser estos conceptos los dominantes en nuestra consideración de la sociedad? ¿No caemos en la tautología al explicar el desarrollo de las redes informáticas y su instalación en el centro del escenario social en los términos que estas mismas redes nos proporcionan? ¿No estaremos incurriendo en un proceso autoexplicativo, o tal vez, en una profecía de autocumplimiento? Como expresa Bo Kampman (ob. cit): no estaremos ante “a certain level of self-explanatory modality in Castells’ theory (…); the technical level legitimizes the socio-philosophical level, and vice versa” (p. 25)

 

La cuestión queda abierta y es, sin duda, una de los problemas más interesantes que desde el punto de vista teórico induce la aproximación de Castells.

 

La teoría del “encuadre”[6] y la perspectiva cognitiva


Como aportación singular de este libro hay que señalar la conexión entre la teoría de las redes y el enfoque e las ciencias cognitivas, especialmente con el desarrollado por los estudios dedicados a la inteligencia emocional.

 

El modo en que las ciencias de la cognición se pueden relacionar con la teoría de las redes y de la comunicación es sencillo según Castells: “La comunicación se produce  activando las mentes para compartir significado. La mente es un proceso de creación y manipulación de imágenes mentales (visuales o no) en el cerebro. Las ideas pueden verse como configuraciones de imágenes mentales. Con toda probabilidad las imágenes mentales se corresponden con redes neuronales” (pp. 190-191).

 

De aquí, por tanto, que recuperar para una teoría de las sociedad-red las aproximaciones que provienen de las ciencias cognitivas es útil para la teoría de las redes. Cobra importancia, hacerse cargo del concepto de metáfora (según la ha desarrollado Lakoff): “Las metáforas resultan decisivas para conectar el lenguaje (por tanto, la comunicación humana) y los circuitos cerebrales. A través de las metáforas se construyen las narraciones. Las narraciones se componen de marcos, que son las estructuras de la narración que corresponden a las estructuras cerebrales que con el tiempo han surgido por la actividad cerebral.  

 

Los marcos son redes neuronales de asociación a las que se puede acceder desde el lenguaje a través de conexiones metafóricas. Enmarcar significa activar redes neuronales específicas. En el lenguaje, las palabras se asocian a campos semánticos. Estos campos semánticos se refieren a marcos conceptuales. Así pues, el lenguaje y la mente se comunican por marcos que estructuran narraciones que activan redes cerebrales. Las metáforas enmarcan la comunicación seleccionando asociaciones específicas entre el lenguaje y la experiencia a partir del mapa del cerebro” (p. 197).

 

Hay en este razonamiento una singular armonía. Si la comunicación se organiza en redes, como la sociedad, y la mente funciona mediante la activación de redes neuronales, también las ideas acaban pudiéndose explicar como redes, en este caso, redes de “marcos” y de “campos semánticos”. Las narraciones se integran dentro de esos marcos. (Está por ver, en todo caso, si las narraciones son también redes; hasta ahora las narratología las ha reconocido como “cursos” y como “trayectos” y ha hablado de “tramas” narrativas).

 

Sin embargo, los problemas reales a la hora de unir la sociología de las redes y las ciencias cognitivas son mayores de los que parece translucirse en este texto. Las redes neuronales concretas –es decir, las correspondientes a redes de marcos-, al menos, en su inmensa mayoría, están por descubrir y describir -como testimonia la incertidumbre con se mueve en este terreno la neurología. Son, sobre todo, una hipótesis intuitiva que parece fructífera. Por otro lado, las redes de marcos, de encuadres, ¿realmente pueden definirse en términos de narraciones? ¿Y las narraciones, por su parte, son estructuras que caben y pueden inscribirse en un marco? También cabe preguntarse si los campos semánticos, por su lado, tienen que ver con las narraciones o se apoyan en otras claves explicativas… En este campo, queda bastante por organizar conceptualmente.

 

En todo caso, desde la perspectiva de la teoría del lenguaje y de la semiótica, dentro del esquema que recoge Castells, se percibe una cierta indefinición y un  cierto solapamiento e indistinción (no demasiado) entre conceptos. Desde la teoría de la semiótica narrativa o simplemente desde la narratología, puede hablarse de “isotopía temática” –como concepto lo más aproximado posible a la idea de marco-. Y desde la teoría del discurso de “macroestructura”. Pero la metáfora –tal y como se define habitualmente- no es una isotopía, sino una comparación singular. Tampoco es una macroestructura. ¿No se usa, por tanto, demasiado informalmente como para resultar sostenible teóricamente?

 

Por su parte,  un “campo semántico” se concibe habitualmente como un conjunto de morfemas que tienen o un campo referencial común o que comparten cierta redundancia sémica entre sí, pero ¿qué relación puede guardar con una metáfora si es que existe en algún sentido esa correspondencia? De hecho, es muy improbable su estricta correspondencia con una metáfora, si la hay será parcial o, en algunos casos, lateral.

 

En consecuencia, algunas partes del texto de Castells –sólido y lúcido en su conjunto- nos parece algo vago y necesitado, en todo caso, de mayor consolidación para el futuro. Aunque, en puridad, esta reserva no sea atribuible a Castells, precisamente, sino con más rigor a las fuentes en que se inspira.

 

En cualquier caso, esto no desmerece el valor de intentar conjugar la teoría de la sociedad-red con las teorías cognitivas -aunque sólo sea como gesto teórico. Al contrario, merece un elogio especial. Singularmente, después de de que en las últimas décadas hemos atravesado un proceloso mar teórico -mucho mas fluido y menos consolidado teóricamente hablando que el que ahora se nos presenta- en el cual, el espacio epistemológico que ahora se propone ocupar por parte de las ciencias cognitivas ha sido ocupado alternativamente por cuerpos teóricos aún menos consolidados: Primero, la “teoría de los efectos” de los medios –plagada de un mecanicismo fuera de toda duda- y, en segundo lugar, una demasiado lábil  “teoría de la recepción”; o bien, en tercer lugar, los no menos resbaladizos “estudios culturales” –con su enorme e inabarcable concepto de “imaginario social” (amplio y solícito al mismo tiempo)-. Doctrinas y enfoques, todos ellos que se han llevado, a mi modo de ver abusivamente, el protagonismo teórico.

 

Así pues, la perspectiva de Castells y su apelación a las ciencias cognitivas y del lenguaje resulta en estos momentos especialmente vivificante. Puede concebirse como un reencuentro entre las ciencias sociológicas y las teorías semio-cognitivas, tan desgraciadamente distantes entre sí en los últimos tiempos.

 

Castells, de hecho, al recuperar el enfoque de las ciencias cognitivas se acerca a los principios que ya apuntasen otros como Gerbner con su teoría del cultivo o los enfoques más culturalistas de Morley, Lull y otros. Y de algún modo, nos recuerda la perspectiva de la semiótica social y de la semiótica de la cultura. Su originalidad es, precisamente, situarlos en un nuevo contexto.

 

Utilidad del libro


Desde todos los puntos de vista el libro de Castells es útil. Constituye una buena cartografía de los procesos sociales relacionados con la construcción de redes de comunicación y de poder en la sociedad actual. Es, además, crítico: analiza tanto los movimientos de dominación –que en ningún caso ni minimiza ni engrandece- como las posibles resistencias y alternativas que se pueden dar desde la asociación libre de individuos o desde los movimientos sociales organizados.

 

Tiene la ventaja de estar muy actualizado, tanto en lo que se refiere a los enfoques teóricos que utiliza, como en lo que se refiere a los problemas que analiza y a los hechos a los que se refiere (desde la victoria electoral de Obama hasta la capacidad de muchos movimientos sociales contemporáneos a la hora de crear nuevas redes comunicativas).

 

Finalmente, y esto no es nada desdeñable, sabe combinar el estudio teórico con propuestas epistemológicas de calado- con estudios y descripciones empíricas muy sugerentes, relativos a las estructuras de propiedad de los medios y a las redes de conglomerados mediáticos… Tal vez sea ésta su síntesis más brillante, donde la recia economía política –que nos tiene a acostumbrados a muchos datos, pero a una evidente parvedad conceptual- se enriquece y logra alcance teórico profundo.

 

Por todo ello, recomendamos la lectura de Comunicación y poder.

 

8 Diciembre 2009

Posted by J. M. Pérez Tornero in Comunicación, Crítica mediática, Internet, Lecturas, Medios de comunicación.
Tags: Castells, sociedad red, poder, teoría del encuadre, Lakoff


[1] Madrid, Alianza, 2009. En inglés, Coomunication and power, Oxford University Press, 2009.

[2] Op. cit., pp. 552-553.

[3] Te Rise of the Network Society, Oxford Blackwell, 1996 (Traduucción castellana, Madrid, Alianza editoria, 1997/2000).

[4] Cf. Especialmente el apartado “Redes”, op. cit. pp. 45-50

[5] Talcot Parsons, Piaget, Levi Strauss, Foucault, etc.

[6] Esta traducción española del término inglés “framing” nos parece más adecuado que la de “enmarcar” porque nos recuerda en enfoque fotográfico.

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Fuente: Pensamiento Crítico y Comunicación  


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Manuel Castells en Buenos Aires

Enviado por el 07/07/2010 a las 23:37
Manuel Gross

Manuel Castells: "El negocio de Google es vender libertad"

Invitado por la Fundación OSDE y la Universidad Nacional de San Martín, el sociólogo español pasó por Buenos Aires para hablar de Comunicación y poder en la sociedad red, tema de su último libro. Explicó conceptos como el de la automediación y la autocomunicación y dijo que "twitter es fantástico para hacer la revolución, pero cuando hay que explicar el programa revolucionario nos vamos a Facebook".

MEDIOS, TELEFONITOS Y REDES SOCIALES Extracto de la charla de Manuel Castells en Buenos Aires. Gentileza Fundación OSDE.

1 

Expertos de la comunicación, investigadores, periodistas, los cholulos de siempre y algunos figurones inclasificables componían el auditorio que en la sede porteña de la Fundación Osde se disponía a escuchar al sociólogo español Manuel Castells. Entre todos, tal vez haya sido Gustavo Grobocopatel, el hombre estigmatizado con el título de rey de la soja, quien recibía la mayor cantidad de saludos y agradecimientos por su presencia a esta ponencia magistral sobre Comunicación y poder en la sociedad red, un tema con el que viene coqueteando casi tanto como con su banda de folklore Los Grobo. Sabiamente puntual, el antropólogo Alejandro Grimson, se encargó de subir al pedestal al orador de la noche. Contó rápido que Alain Touraine había sido su mentor y que Castells estaba entre los cinco teóricos sociales más referenciados de los últimos tiempos, a la par de figuras como Habermas, Giddens, Sassen y Beck. Mencionó varias veces a su archiconocida trilogía La era de la información pero dejó claro que Castells llegó a Buenos Aires para presentar su último trabajo, Comunicación y poder, un texto todavía no editado en la Argentina que, según su autor, es el resultado de una investigación que le llevó diez años. De resultado incierto, diría el propio Castells, ya que "tan pronto como se seca la tinta empiezo a cambiar de idea".

Bien informático, Castells arrancó diciendo que "en las relaciones de poder se encuentra el código fuente de cualquier sociedad". Y habló de una dialéctica, que no es la materialista en términos marxistas por cierto, pero es la que para él encierra el debate principal sobre estos tiempos. Cien por ciento gramsciano, el sociólogo definió: "Donde hay poder hay contrapoder, donde hay dominación hay resistencia". Y explicó luego que de esas relaciones surgen compromisos parciales que generan cambios y nuevas normas. Nada nuevo hasta allí. Apenas algo de contexto para aclimatar la dirección de su charla. "El poder es una relación, no se lo toma", avisó entonces categórico, aunque sobren ejemplos de que una cosa no impida la otra. "Ese poder, esa capacidad relacional se usa para influenciar y defender los valores e intereses del empoderado. Y de allí surge la batalla para influenciar nuestras mentes", esbozó.

Habló Castells de las dos vías para ostentar ese poder, a través del monopolio de la violencia o a través de construcción de significados. "Si no te convenzo, te mato", graficó. Una violencia e intimidación que puede construir tanto adhesión como resignación. Otra vez calcó la definición de hegemonía de Gramsci para quien el poder de las clases dominantes sobre las clases sometidas en el modo de producción capitalista no está dado solo por el control de los aparatos represivos del Estado sino fundado en la "hegemonía" cultural que las clases dominantes logran ejercer a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. Esos mecanismos consensuales de la dominación burguesa han entrado en una nueva etapa según Castells. No es que hayan desaparecido pero ahora se definen cada vez más en la sociedad red.

Suficiente contexto para que Castells se lanzara con todo su peso sobre el tema que lo trajo aquí. "El poder en la sociedad red es multidimensional y todas esas dimensiones dependen del sistema de comunicación", arriesgó. Algo así como decir que los intentos de cambio social y político dependerán casi exclusivamente de la posibilidad de transformar ese sistema de comunicaciones. Se basa en la teoría de la inteligencia afectiva Castells para avisar de los riesgos que implicaría perder las batallas de la comunicación. Batallas que sólo pueden llevarse a cabo si conservamos esos terrenos comunales que son las redes de comunicación que Internet ha hecho posible . La tarea no es sencilla. Ya lo viene advirtiendo Richard Stallman con un activismo más extremo desde hace años. Quienes ostentan el poder en la sociedad red buscan cercar la comunicación mediante redes comercializadas y/o vigiladas con el fin de cerrar la mente pública programando la conexión entre comunicación y poder. Algo que ya hicieron en el mundo real, plusvalía mediante. Pero que ahora la suma de individuos con espíritu colaborativo puede torcer en el mundo virtual. ¿Puede?

El éxito en Internet, que todavía es un espacio libre pero no tan libre al decir de Derrick de Kerkhove, muchas veces está ligado a impulsar la autonomía ciudadana. Castells sitúa entre estos impulsores a compañías como Google o Facebook. Y no porque sean seguidores de Stallman, sino porque ése es su negocio. "Google vende libertad. Si no lo hace, mañana aparecen dos chicos que crean un nuevo Google y le quitan la audiencia". Para Castells, en este sentido la competencia sigue siendo amplia y abierta. Menos democráticos y abiertos, son los operadores, que según el sociólogo (varios ejemplos le dan la razón) buscan acabar con esa neutralidad. "Quieren cerrar las tierras comunales, ese es el gran problema", dice Castells. Todo un atentado contra la preservación de las libertades. (Bastaría citar el caso de Filadelfia, que reculó con su wifi gratuito ante el asedio de AT&T) Y luego Castells insistirá con algo que ya ha repetido mil veces: "Los gobiernos odian Internet". Aunque más tarde sea menos categórico cuando sostengan que, en realidad, lo que todos los gobiernos se preguntan, es cómo controlarla. Y allí usan los latiguillos de siempre. Hay que proteger a los niños, bloquear tal o cual cosa. ¿Por qué no protegen a los niños de verdad? ¿Qué hacen contra el hambre, la miseria? "Los gobiernos tienen perdida la batalla, dice Castells. Pueden matar al mensajero, pero al mensaje no"

Y esa es una de las claves de lo que Castells llama autocomunicación. Un modo desintermediado de producir, acceder y compartir mensajes. Por oposición a los medios y basado en las redes sociales. No es que lo mediático haya desaparecido, todavía es a ése formato que debe adaptarse el lenguaje de la política. Para Castells los partidos políticos siguen siendo importantes, pero tienen que contar con un líder y necesariamente deben pasar por los medios. Medios que, por lo general cuando quieren destruir o generar desconfianza apelan a la política del escándalo. Una política que se basa en armas tales como la investigación opositiva, que se ha vuelto una industria, o en el latiguillo de que en la política todo el mundo está financiado ilegalmente. Según Castells esa política del escándalo está produciendo efectos variables. Y desde hace un tiempo, a las crisis de legitimidad o a la desconfianza generalizada, que suelen ser los efectos buscados, se opone lo que Castells llama fatiga del escándalo, un efecto colateral por el que todos aparecen como igualmente corruptos. "Como todos son iguales, yo me quedo con mi mentiroso, que es más simpático". Frente a este desgaste de la relación entre comunicación y poder, una verdadera crisis de legitimidad, surgen estas formas que Castells llama Autocomunicación.

Un concepto para el que obviamente Internet y los dispositivos móviles serán claves y dónde las redes sociales son, hoy, el pilar de esa comunidad. "Twitter es fantástico para hacer la revolución, pero cuando hay que explicar el programa revolucionario nos vamos a Facebook", dice Castells. ¿Puede alguien creer que la revolución vendrá a partir de estas herramientas tecnológicas, de las comunidades que se arman a través de ellas? ¿Siendo Twitter y Facebook empresas, qué clase de revolución permitirían? En realidad, lo que Castells sugiere es que las redes sociales, llámense como se llamen, están abiertas tanto a los activistas como a los ideólogos. Y que lentamente vamos a un proceso de desintermediación comunicativa. La sociedad sería entonces capaz de automediatizarse dando fin a los monopolios. O desbaratando cualquier tipo de intento por tergiversar la información. Castells rescató para ilustrarlo un ejemplo bien conocido, cuando el PP de Aznar buscó adjudicarle los atentados de Atocha en Madrid a ETA para ganar tiempo en las elecciones que finalmente perdió cuando se supo había sido Al Qaeda.

Confía en una autocomunicación de masas Castells. En una sociedad dispuesta a producir cambios. Y no cree para nada en las segmentaciones forzadas que hablan de mundos virtuales y reales. "No hay separación, todos vivimos en un híbrido. Todo lo que hacemos es virtual y a la vez físico", dice el sociólogo. Y agrega: "El debate se hace cada vez más por Internet, pero el compromiso se manifiesta en la calle. Aunque también se puedan cortar calles en Internet". De allí la importancia de defender ese espacio público híbrido, fundamental en todas las sociedades. Pero el salto, para Castells, está en ese paso de la esfera institucional a la comunicativa. "El poder se debate y se lucha en las redes sociales", dice Castells. ¿Volverán las ideologías a estar en debate por sobre la política del escándalo? El mensaje de Castells suena posmoderno a veces, pero él mismo le cede la palabra a la inteligencia colectiva, colaborativa. En pro de la confianza mutua, la liberación de los internautas será obra de los internautas mismos... Ya lo dijo alguien, ¿no?

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Teoría del poder social

Enviado por el 29/06/2010 a las 23:38
Manuel Gross

Teoría del poder social de French y Raven

Las relaciones de poder en la sociedad siempre han sido un tema de estudio, debate y polémica.

LosRecursosHumanos.com

En 1959, los psicólogos sociales John French y Bertram Raven comenzaron a esbozar un modelo teórico psicosociológico para explicar las relaciones de poder en la sociedad. Esta teoría ha sido ampliamente estudiada, discutida y utilizada, especialmente para el estudio del poder dentro de una organización empresaria. Miles de teóricos de todo el mundo aún la utilizan para elaborar sus estrategias de desarrollo organizacional para saber hasta donde utilizar determinado tipo de poder y cual de ellos (o una combinación de varios) es el más efectivo para lograr efectividad y eficacia en la empresa.

Plantearon un modelo que dice que las fuentes del poder social son cinco y que se ejercen de diferente manera, con resultados diferentes en quien es influenciado por este poder: el poder coercitivo, el poder por recompensa, el poder legítimo, el poder del experto y el poder referente
Esta teoría del poder social se basa en la premisa de que el poder y la influencia implica la relación de al menos 2 agentes y que la reacción del agente  pasivo es en donde se encuentra la explicación al fenómeno social de la influencia y el poder.

El poder coercitivo. Un agente A impone su voluntad a través de amenazas o castigos a un agente B.  B es consciente de que A puede infringirle sanciones negativas. Es el más efectivo a corto plazo pero a la larga produce un comportamiento disfuncional en B. Otros autores como  Philip Crosby y W. Edwards Deming sugieren que el ejercicio de este tipo de poder provoca una caída de la productividad y creatividad en el lugar de trabajo. En épocas de crisis económica o si peligra la sobrevivencia de la empresa es cuando más se ve el ejercicio del poder coercitivo.

El poder por recompensa utiliza recursos que B desea y valora positivamente. Genera un aumento de la atracción hacia el poder y disminuye la resistencia. En el caso de las empresas tiene que ver con el otorgamiento de incentivos a los empleados por productividad, cumplimiento de objetivos, promociones, menciones honoríficas, etc.

El poder legítimo es aquel que por un conjunto de normas establecidas y conocidas de antemano impone ese poder sin discusión por su posición – organización, familia, sociedad – definiéndose como autoridad.  B cree legítimo el poder de A. El grado de poder legítimo que posee un individuo es resultado de lo que los otros creen que él o ella tiene el derecho de ejercer influencia sobre los otros. Es el caso de la política y el elemento que más adhesión al poder legítimo provoca, en las democracias son las elecciones ciudadanas.

El poder del experto lo ejerce quien es reconocido por el grado de conocimientos, habilidades, autoridad que posee sobre un tema. Este tipo de poder es muy específico.   La capacidad de poder que otorga ser competente en algo, especialmente si los otros ignoran todo o parte, se manifiesta en aceptar las directrices señaladas por los expertos. Suele producir escasas resistencias por parte de B, si este reconoce la pericia de A. Este poder lleva gran esfuerzo para quien lo detenta, y conlleva a que A demuestre permanentemente que es competente si quiere  continuar ejerciendo su influencia.

El poder referente se ejerce en base a los sentimientos de respeto, admiración, confianza y lealtad hacia quien ejerce el poder. B se siente identificado por A. Los maestros son poderosos agentes de socialización. El deseo de ser como el maestro puede hacer que el maestro ejerza un poder referencial sobre el estudiante. A este poder se lo relaciona al carisma y a la atracción personal. Este poder lleva tiempo en desarrollarse y puede no ser efectivo en ambientes con alta rotación de personal.
Una teoría americana (que se basa en la Teoría de French y Raven) afirma que este poder se da en forma diferente en distintos países, según su cultura.
Por ejemplo en Estados Unidos, se dificulta la identificación del subordinado con el superior cuando este utiliza títulos universitarios o vestimenta formal. Los mandos prefieren usar  términos como ‘facilitador’, ‘coach’, ‘asociados’, ‘miembros del grupo’ en lugar de empleados o jefe. En muchos países donde se cultiva esta cultura del igualitarismo, como en Francia, los grandes empresarios concurren a trabajar en un coche barato o en taxi en lugar de utilizar el Rolls Royce o Ferrari que guardan para usar en la campiña los fines de semana.
El estilo americano de igualitarismo, aplicado en otros países puede no generar adhesión al poder. En países como Argentina y México, dice esta teoría, puede disminuir el respeto de los empleados hacia el gerente en países donde los mandos destacan el título (Lic., Ing. Dr. etc.) y se valorizan las diferencias jerárquicas.  Esta teoría afirma en EE.UU. los empleados se identifican con sus jefes y supervisores por caerse bien mutuamente, mientras que en países como Argentina y México, los empleados se identifican con sus gerentes sólo cuando hay un intercambio de respeto mutuo. Dice que los mandos latinoamericanos tienen un estilo más autoritario de ejercer este poder frente al estilo de igualitarismo de los mandos americanos.

El poder de información. En 1965 Raven agregó esta variante. A controla el acceso y distribución de información que es relevante para B. Collins y Raven (1969) sugieren que la influencia informacional se da luego de que el agente influenciado percibe algún grado de poder experto.

El poder experto y el legítimo son los más destacados entre todos los críticos d eesta teoría, seguidos por el referente y el de recompensa. El coercitivo ocupa el último lugar.
Los autores concluyeron que el uso del poder proveniente de varias fuentes tiene diferentes consecuencias. Por ejemplo el poder coercitivo, típicamente, disminuye la atracción y provoca gran resistencia, mientras el poder por recompensa incrementa la atracción y crea mínimos niveles de resistencia
French y Raven concluyeron también que cuanto menos se perciba la coerción, menos resistencia y falta de atención producirá.
Cada vez que  el poder de recompensa o coercitivo es utilizado, un nuevo estado relacional surge en donde cambia la posición relativa de los dos sujetos. La relación de poder puede aumentar o disminuir, puede fortalecerse o resentirse.
En los otros tres tipos de poder, experto, referente y legítimo, la relación de poder es mucho más dependiente del individuo que tiene el poder.

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Manuel Castells: Salir de la crisis

Enviado por el 10/06/2010 a las 9:50
Manuel Gross

¿Salir de la crisis?, de Manuel Castells en La Vanguardia

OBSERVATORIO GLOBAL

¿Y si no hubiera salida? Al menos con el modelo económico actual. Algo que se reconoce al repetir por doquier que “ya nada será igual”. Las medidas de austeridad aprobadas por el Gobierno español a instancias de la UE y Estados Unidos señalan el fracaso de las tradicionales políticas keynesianas de aumento del gasto público para compensar la caída de la demanda privada debido a la restricción del crédito.

¿Y ahora qué? Pues a sobrevivir y esperar que pase el temporal. Porque en la rebotica se agotaron las recetas. Ganar tiempo mientras se reactiva la economía mundial. El problema es que no se sabe de dónde puede venir dicha reactivación. Alemania se instala en su propia austeridad, el Consejo Europeo impone disciplina fiscal en toda la Unión so pena de expulsión a las tinieblas exteriores a la zona euro, allí donde pululan pesos, pesitos y pesetas sin que nadie te los cambie. EE. UU. tiene un enorme déficit fiscal y una deuda pública impagable a medio plazo y sólo se salva de la intervención del FMI porque es su amo.

Aunque el incremento de productividad impulsa un repunte estadounidense, ello se traduce en mercado para los países emergentes, nuevos centros de acumulación de capital. España es el último país en el que piensan los inversores extranjeros en este momento. Es más, nos hemos convertido en la última línea de defensa del euro y por consiguiente el margen del Gobierno en política macroeconómica es nulo.

Podría pensarse en nuevas formas de relación entre economía y sociedad. Y aquí es en donde tenemos las carencias más graves. Faltan imaginación, conocimiento y audacia. Nos hemos quedado en apretar unos pocos botones de acción sobre la economía y cuando ninguno funciona vamos poniendo parches esperando que nos salve el mercado, esa nebulosa impredecible que se resiste a modelizaciones basadas en supuestos arbitrarios. ¿Y si experimentáramos? Porque, de perdidos, al río.

Por ejemplo, lo primero que se piensa es en bajar los sueldos en el sector público. Lo cual reduce demanda, cabrea al personal y arriesga una paz social esencial en tiempo de crisis. ¿Por qué no compensar la bajada de salarios reduciendo horas de trabajo, con criterios pactados con los sindicatos? Macroeconómicamente es igual, pero microsocialmente cambia mucho, sobre todo para mujeres con triple jornada. La productividad en el sector público es baja, con reorganización y tecnología se podríamantener el nivel de prestación de servicios con menos tiempo. Si el invento funciona, podría tener un efecto de demostración sobre el sector privado.

Para que funcione hace falta un cambio cultural, porque el tiempo libre se traduce en aburrimiento cuando se está acostumbrado a vivir para consumir. La potenciación de actividades lúdicas y creativas por la sociedad y la administración local podría coadyuvar a valorar el tiempo como expresión de vida.¿Congelar pensiones?

Es un parche a corto plazo que no resuelve el gran problema: una insostenible tasa de dependencia que no cesa de aumentar (47 dependientes por 100 activos). Solución: incrementar la productividad por activo y subir la edad de jubilación.

En lugar de un límite de edad igual para todos, injusto y poco eficiente, se podría plantear, a partir de los 60, una jubilación flexible alargando más allá de los 70 la actividad a quienes quieran y puedan. Esto implicaría controles de capacidad profesional a partir de cierta edad (como con el carnet de conducir) y cursos de reciclaje para evitar la obsolescencia de la fuerza de trabajo.

Lo que no va son las prejubilaciones incentivadas que disminuyen activos y aumentan pasivos antes de tiempo por conveniencia de empresas y administraciones. Aumentar años de trabajo de los mayores no quita empleo a los jóvenes, pues los datos muestran que son dos mercados de trabajo distintos.

En cualquier caso, crear empleo sigue siendo la base del equilibrio fiscal y del bienestar social. Para ello lo más eficaz es incentivar el emprendimiento y las pymes, principales fuentes de empleo y de innovación. Parte de las ayudas a grandes empresas en industrias condenadas por la deslocalización se debería reconvertir en financiación de capital riesgo a disposición de emprendedores . Y es aquí también en donde podría centrarse la reforma laboral. A saber, flexibilizar el contrato laboral según la dimensión de la empresa, para que las pymes puedan disponer de mayor margen de maniobra en la gestión de su personal. Asimismo, fiscalidad y contribuciones a la Seguridad Social deberían ser más favorables para las pymes.

En lugar de reglas burocráticas de contribuciones al Estado por igual para todas las empresas, se trataría de establecer un sistema variable y negociado que favorezca a las empresas que crean empleo en lugar de penalizarlas. En fin, el aumento de la productividad es la clave. Sólo se puede salir de la crisis con un incremento sustancial de la productividad que abarate costes y aumente calidad y competitividad. Productividad por hora trabajada, que puede ir compaginada con reducción del tiempo de trabajo, en consonancia con la experiencia histórica. Incremento de productividad quiere decir inversión en I+ D y en mecanismos de transferencia a las empresas; innovación tecnológica y organizativa del sector público, empezando por sanidad y enseñanza, agujeros negros de la productividad y bastiones de rutina burocrática; desarrollo de la cultura emprendedora en las universidades; y fiscalidad al servicio de la inversión productiva.

El reverso de la medalla: ponérselo difícil al sector inmobiliario, lastre de nuestra economía, y aplicar, con el resto de Europa, un nuevo impuesto a las transacciones financieras que reporte pingües ingresos y limite la especulación. Salir de la crisis podría ser posible, pasando por la necesaria austeridad, si recuperamos los orígenes del emprendimiento industrial y los mezclamos con la nueva economía de valor tiempo. No es utopía, hay brotes en toda la geografía económica. Lo utópico, y peligroso, es empeñarse en restaurar un capitalismo financiero virtual que agotó su curso histórico.

Publicado por Reggio's

29 Mayo, 2010, a las 8:20 am

Colgado en: Economía

Autor:

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Manipular a las masas

Enviado por el 08/05/2010 a las 19:57
Manuel Gross

ElConfidencial.com > Sociedad y Medio Ambiente
¿Es posible manipular a las masas?

@Esteban Hernández.- 08/05/2010 (06:00h)

Experimento de Milgram.

Uno de ellos es una persona que ha respondido a un anuncio aparecido en un periódico de la localidad. El otro, aun cuando oculta esa condición, forma parte del equipo de investigadores que está realizando el experimento. Al señuelo se le atan unos electrodos y se le leerán una lista de palabras emparejadas que deberá repetir. Por cada error se le aplicará una (falsa) descarga eléctrica que irá subiendo en intensidad, siendo el sujeto reclutado, al que se le llamaba profesor, el encargado de administrarla. Ese era el punto de partida del experimento sobre obediencia a la autoridad realizado por el psicólogo Stanley Milgram (reproducido recientemente para un programa televisivo) que se hizo famoso por sus sorprendentes resultados, ya que nos demostraba cómo personas comunes podían acabar realizando actos contrarios a toda ética simplemente porque alguien se lo ordenaba.

Así, y como era de esperar, cuando el profesor comenzaba a ver signos de dolor en el alumno, se quejaba en voz alta e insistía en detener el experimento. Sin embargo, sus objeciones eran rechazadas por un investigador que se hallaba presente en el laboratorio, quien le instaba a que siguiese aplicando descargas cada vez más fuertes. El resultado final fue que, de una escala que iba de 15 a 450 voltios (un máximo que estaba señalado en el experimento como potencialmente mortal), un 65% de los participantes llegó a aplicar los 450 voltios mientras que ninguno de ellos se negó a administrar descargas menores de 300 voltios.  

Diferentes psicólogos sociales, caso de Muzafer Sherif o Philip Zimbardo llevaron a cabo experimentos similares (que han quedado documentados en películas como El experimento, de Olivier Hirschbiegel; también La ola, de Dennis Gansel recoge un caso de las mismas características), cuyos resultados nos resultan especialmente desasosegantes, toda vez que señalan cómo el ser humano es mucho menos libre de lo que creemos, y por tanto, muy fácilmente manipulable. Como señala Carmen Valle, profesora de psicología de la Universidad San Pablo CEU, si bien somos seres racionales y con capacidad de decisión, “lo que estos experimentos han demostrado es que somos mucho más influenciables por la situación de lo que creemos; que si bien es cierto que nuestra individualidad y nuestros criterios tienen su importancia, una situación lo suficientemente fuerte puede conseguir que hagamos cosas que no hubiéramos pensado en nuestra vida”.

Y esa es la esencia de los trabajos de Milgram y Zimbardo, psicólogos sociales que, tras lo sufrido por los judíos en la Alemania nazi, comenzaron a preguntarse cómo era posible que un pueblo entero acabase obedeciendo ciegamente preceptos tan irracionales. Y descubrieron, afirma Valle, que “cuando la situación exterior era muy fuerte, los cambios en la personalidad y en la forma de pensar de un sujeto acontecían de modo casi automático. Cuando el grupo al que la persona pertenece es muy cerrado o la situación en sí es muy intensa, se produce una acentuada desinvidualización a partir de la cual la persona comienza a seguir fielmente las pautas que le impone el entorno”.

Importancia de los medios de comunicación

Sin embargo, esas situaciones excepcionales, argumentan algunas corrientes teóricas, parecen estar fuera de nuestra vida cotidiana y, desde luego, muy lejos de poder ser reproducidas a gran escala. Los mecanismos de influencia con que contamos, como es el caso de la publicidad, no parece que posean la fuerza necesaria como para imponer sus mensajes a grandes masas de población. Por eso, para muchos expertos, entre los que se cuenta Gerardo Aguado, profesor de Psicología de la Universidad de Navarra, la fuerza de los medios de comunicación y de sus mensajes publicitarios se halla muy distante de la que sería necesaria para poder cambiar nuestras formas de pensar y nuestros comportamientos. “Creo que una campaña publicitaria, como puede serlo una electoral, sirve para que la gente recuerde que el producto existe, pero difícilmente va a modificar el pensamiento que las personas ya tienen formado”.  En ese sentido, Aguado cree que este tipo de influencias pueden funcionar bien “con personas con niveles bajos de pensamiento propio pero es imposible con quienes poseen un razonamiento más complejo”.

Para Carmen Valle, sin embargo, “la manipulación está mucho más presente de lo que nos gustaría”, ya que vivimos en ambientes que la favorecen.  En primera instancia, porque los entornos ideológicos, “y los nuestros cada vez lo son más”, propician el control al poner en juego mucha carga sentimental. Además, “estamos en un momento en el que se están uniendo la frustración por el estado de nuestras sociedades con la insatisfacción por las condiciones económicas. Y en ese contexto, la gente necesita cada vez más agarrarse a algo. Y como seguridad económica no parece que vayamos a tener, si surge alguien con un discurso claro y organizado, que nos ofrezca algo a lo que agarrarnos, va a ser fácil que nos manipule”. Según Valle, no estamos tan lejos de que se produzcan situaciones de esta clase, toda vez que “en momentos como este, de gran intranquilidad, somos mucho más proclives a dejarnos engañar”.

La influencia que el contexto ejerce sobre nosotros está operando en numerosas situaciones cotidianas

Pero no solamente se trata de que haya situaciones que puedan derivar en amenazas potenciales de manipulación social, asegura José Luis Dader, Catedrático de la Universidad Complutense, sino de que la influencia que el contexto ejerce sobre nosotros está operando en numerosas situaciones cotidianas. “Vivimos en medio de ella”, afirma Dader, para quien el efecto más decisivo sobre la opinión pública “es un tipo de influencia que no se identifica con facilidad pero que funciona continuamente, generando atención respecto de determinados asuntos o resaltando determinados enfoques. Esto es el contexto político es muy evidente. No sólo tenemos la propaganda electoral que aparece en tiempo de elecciones, sino que a través de la elección de los temas que abordan los medios de comunicación, de sus columnas de opinión,  de las tertulias que emiten o de las mensajes que contienen las series de televisión se va creando un clima de opinión que resulta favorable a ciertos valores y desfavorable respecto de otros.  Un clima que la sociedad internaliza de manera inconsciente pero que produce sus efectos”.

La pregunta esencial, pues, es si los mensajes así transmitidos pueden planificarse para conseguir objetivos concretos, si la opinión pública puede ser dirigida en beneficio de quienes construyen esos mensajes. Según Dader, eso es algo “que se intenta todos los días, aunque otra cosa es que se consiga”. Se refiere el catedrático de la Complutense a la frecuente pugna de los actores sociales, sabedores de la importancia de ese estado de opinión, por influir sobre los medios, “ya sea para que incluyan sus prioridades en la agenda, ya para proporcionar los enfoques a través de los cuales se analizarán los asuntos”.

En todo caso, sea cual sea la magnitud de sus efectos, los diferentes expertos coinciden en la importancia de los medios de comunicación contemporáneos, en tanto funcionan como una autoridad distante a la que nos sometemos con más frecuencia de la que creemos. Por eso, según Gerardo Aguado, es muy importante combatir su influencia. Y para ello resulta esencial que nos alejemos de la tendencia actual a emitir mensajes muy simples. “Cuando el fenómeno televisivo comenzó a implantarse, los publicitarios se plantearon cómo debían ser sus mensajes. En aquel tiempo, ofrecían dos clases de mensajes, uno dirigido a un público poco formado, donde seleccionaban la información del producto y ofrecían conclusiones muy claras, y otro destinado a un espectador más formado, en el ofrecían la información pero dejaban que éste sacase sus propias conclusiones. Hoy, simplemente emiten el mensaje más simple”. Si queremos defendernos, por tanto, debemos operar en sentido contrario.  “La gente se ha acostumbrado a rechazar lo complejo. Cuando les pones diversas variables para explicar un hecho, se sienten incómodos y buscan alguien que se lo resuma. Y lo encuentran: pero el resumen siempre es intencionado…”

Este tipo de mensajes, señala Valle, han acabado conformando “una masa acrítica que tiende a adherirse a la opción más fácil y que, en momentos de inseguridad, busca autoridades fuertes que las guíe. La consecuencias que esto acarrea ya nos las ha contado la Historia”. Para evitar tales resultados, asegura, resulta imprescindible que fomentemos el pensamiento crítico. En el mismo sentido se pronuncia Dader, para quien la receta es bien sencilla: “más pluralismo, en los medios y en la sociedad”. Algo en lo que también había reparado Milgram. El psicólogo social descubrió que cuando realizaba el mismo experimento introduciendo la figura de un ayudante que se oponía a las órdenes del científico, los resultados eran otros. Al encontrar el profesor una posibilidad alternativa que reforzaba su deseo de no seguir adelante con el experimento, acababa por desobedecer las órdenes. Como explica Valle, este ejemplo nos demuestra que “en el instante en que aparecen comportamientos alternativos, la situación cambia por completo.  Y esto es lo que deberíamos promover, modelos diferentes de ver las cosas. Porque si no, acabaremos actuando como muchos grupos de adolescentes, en los que si uno compra el cd de Hannah Montana lo compran todos”

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La araña y su tela

Enviado por el 06/02/2010 a las 5:15
Manuel Gross

CRÍTICA: LIBROS - Ensayo

La araña y su tela

Manuel Castells conserva intacta su fe en las posibilidades emancipatorias de Internet. En su nuevo libro analiza las relaciones de poder y la crisis de la democracia en la sociedad-red

ENRIQUE GIL CALVO  06/02/2010

Leer en

La araña y su tela

 


Castells. Comunicación y Poder

Enviado por el 27/01/2010 a las 6:18
Manuel Gross

Sin dudas “Comunicación y Poder” ha sido la gran novedad editorial a finales del 2009. El libro de Manuel Castells abre unas cuantas líneas de discusión académica. A lo largo del mes de enero he publicado en Digitalismo una reseña dividida en tres partes. Ahora la reseña está disponible en un documento único:

- Descargar la reseña en formato PDF.

Ver en

Reseña de “Comunicación y poder” de Manuel Castells.

 


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