Difícilmente podamos encontrar a un empresario o ejecutivo que crea que no sabe decidir. Sin embargo, existen ciertos sesgos que nos hacen equivocarnos sistemáticamente. Y, lo que es peor, nos impiden darnos cuenta de nuestros errores...
Por Ernesto Weissmann
En el ambiente de las empresas, a los ejecutivos nos gusta pensar que se nos paga por tomar decisiones. A decir verdad, a medida que vamos adquiriendo más y más responsabilidades efectivamente dedicamos más tiempo a "pensar" que a "hacer".
Quizás sea por este supuesto de "homo-decisorum" que es difícil, en ambientes de negocios, encontrarse con gente que crea que no sabe decidir.
En su libro "Business Think", los autores Marcum, Smith y Khalsa describen una encuesta en la que se le pidió a gente que calificara de 1 a 10 su "capacidad de tomar decisiones".
La nota más baja significaba algo así como: "Soy un desastre para decidir, realmente no entiendo cómo todavía me pagan por pensar". La más alta: "Soy un genio tomando decisiones. Deberían poner un busto mío en la puerta del edificio para que todos lo veneren al pasar".
El 91% se asignó una nota cercana a la veneración.
Nuestras propias trampas
Diversos factores influyen en el hecho de que nos creamos mejores decisores que el promedio.
En primer lugar, muchas investigaciones han descubierto que la mayoría de las personas creemos ser superiores a la media no sólo en "toma de decisiones" sino en muchas otras habilidades. Este sesgo, llamado "Lake Wobegon Effect" (o "Better than the average effect") se comenzó a indagar a partir de un estudio realizado a automovilistas años atrás en Estados Unidos, en el que el 93% de las personas dijeron tener habilidades de conducción superiores al promedio.
Modificando la forma en que nos contamos las historias, podemos sentirnos muy bien o muy mal. Y, en general, buscamos sentirnos más felices (conozco alguna gente que busca lo contrario). Entonces, es normal que nos digamos: "si estamos donde estamos es porque tan mal no debemos haber tomado las decisiones, ¿cierto?"
La frase es literalmente cierta: si tomáramos decisiones tan mal, no estaríamos donde estamos. Probablemente, nos encontraríamos en otro lado. Y quizá, ¡tendríamos la misma reflexión!
En efecto, el hecho de que hoy estemos donde estamos no implica necesariamente que tomemos buenas decisiones. ¿Quién podría garantizarnos que el lugar en el que estamos hoy es el mejor lugar dentro de los que podríamos estar? Y, por otro lado, ¿quién podría decirnos que estamos allí fruto de las buenas decisiones que tomamos?
¿Prejuicioso, yo?
Existen diversos sesgos que influyen en nosotros de manera cotidiana y que cada vez se documentan y se estudian.
Los sesgos implican llegar a un juicio sobre el objeto antes de determinar la preponderancia de la evidencia (también llamados, por eso, "prejuicios"). En particular, los sesgos cognitivos son distorsiones que afectan al modo en el que los humanos percibimos la realidad y con esto, la forma en decidimos.
La existencia de estos sesgos nos presenta un nuevo motivo por el que necesitamos mayor humildad para lograr mejores resultados, y mejores procesos de decisión que nos ayuden a corregir nuestros errores y a guiarnos cuando nos quedamos atrapados en ideas falsas.
El que esté libre de sesgos...
Los sesgos pueden ocurrir en la búsqueda, la interpretación o la recuperación de información. Y en todos los casos nos llevan a conclusiones erróneas.
Las investigaciones nos muestran que cuanto menos competente es la gente, menos probable es que se de cuenta de ello. La sobreconfianza está en las raíces de los seres humanos.
Sesgo de confirmación: Es un fenómeno donde quienes toman las decisiones tienden a dar más peso a las evidencias que soportan o confirman sus preconceptos; e ignoran o infravaloran las evidencias que desaprueban las hipótesis deseadas, lo que provoca errores de interpretación del mundo que los rodea.
Sesgo de retrospectiva: Sucede cuando, una vez que se sabe lo que ha ocurrido, se tiende a modificar el recuerdo de la opinión previa a que ocurrieran los hechos, en favor del resultado final.
En efecto, ¿cuántas veces hemos escuchado a alguien aseverar "siempre supe que esto iba a pasar"? Este efecto de "yo ya lo había supuesto" es producto de estar sesgados por el conocimiento de lo que realmente ha pasado cuando evaluamos nuestra capacidad de predicción. Es otro mecanismo por el que tendemos a creer que somos buenos decisores.
Sesgo de autoservicio: También conocido como "sesgo por interés personal" (en inglés, "self-serving bias") ocurre cuando atribuimos los éxitos a nuestra propia habilidad, mientras que los fracasos se los atribuimos a las circunstancias o a la mala suerte.
Por ejemplo, un estudiante obtiene una buena nota en un examen y dice: "¡He logrado una buena nota por que soy inteligente y he estudiado duro!". Otro, que ha sacado una nota inferior, murmura: "¡El profesor me puso una mala nota porque no le caigo simpático!".
Ahora bien, ¿cree que estos sesgos no se aplican a usted?
Es posible que esto sea fruto de otro sesgo muy estudiado: el del punto ciego. Éste nos enseña que uno mismo no se da cuenta de sus propios prejuicios cognitivos. ¡Todos solemos considerarnos mucho menos sujetos a los sesgos descriptos que la persona promedio!
En definitiva, la ciencia nos ofrece cada vez más evidencias de que es necesario prestar atención a la forma en que decidimos.
Si las decisiones que tomamos definen el futuro de nuestras vidas y el destino de las organizaciones en las que trabajamos, tal vez debamos prestar atención a nuestros procesos decisorios.
Afortunadamente, existen hoy soluciones para hacerlo. A lo largo de nuestros próximos artículos en MATERIABIZ presentaremos algunos de los conceptos y herramientas fundamentales para mejorar nuestras decisiones.
Ernesto Weissmann
Profesor de Teoría de la Decisión en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, del CEE de la Universidad de San Andrés y del CEMA. Director de Tandem, Soluciones de Decisión, y coautor del libro "La Decisión" editado por Norma, Kapelusz
octubre 18, 2009
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Fuente: MateriaBiz
Imagen: Decision maker
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Ahorros derrochadoras
Cinco ahorros que solo sirven para botar el dinero en su organización
5. Infraestructura barata: este es el número cinco, el menor de los pecados de este top 5; si Ud. ahorra por este medio, se lo podemos “perdonar”. Hay circunstancias en las cuales – sobre todo en las organizaciones de carácter industrial/productivo en que es totalmente comprensible, y casi inevitable. Además, las empresas nuevas no tienen en muchas ocasiones recursos – léase dinero – y “músculo organizacional” – léase tiempo, personal, procesos - suficientes para invertir en una infraestructura de buen nivel. Dicho lo anterior, no hay que confundir las cosas. Aún para la pequeña industria, si las condiciones laborales no están ayudando al personal – verdad de Perogrullo – pues entonces lo están afectando. La iluminación es un problema clásico, y por cierto, en la mayoría de los casos, bastante económico de resolver. En el caso de los puestos sujetos a trabajo intelectual, la temperatura es importante. Su gente clave y de control le va a producir más si está más cómoda. Conocí el caso de un Jefe de Compras que trabajaba literalmente sobre un piso improvisado con tarimas, en un mezzanine de una bodega, casi sin luz y con una temperatura infernal. Créame: le está afectando. Ahora bien, en el caso de empresas de servicio y sobre todo, si hay contacto directo con el cliente, recuerde que todo entra por los ojos. El backoffice puede incluso descuidarse – su frontdesk, jamás.
4. Equipo barato: Ya empezamos a subir la escala. Si su gente trabaja con equipo barato, desactualizado o incorrecto, ya no es “pecata minuta”. Productividad. Ese es el tema. Parece mentira, pero en mi experiencia, un monitor o teclado con problemas digamos leves puede disminuir la productividad de un persona en un 20%. Y ni para que hablar del hardware compartido en las organizaciones: impresoras, fotocopiadoras, scanners, etc. El efecto se multiplica por n, donde n es el número de usuarios del equipo en cuestión. Ha vivido alguna vez la fila de gente en torno a una impresora dañada? No vale la pena: arréglelo. Cámbielo. Contrate servicio de mantenimiento preventivo y correctivo. Le sale mucho más barato. Su operación se está trabando por esto. Y no me malinterprete: no se trata de tener la última moda en tecnología o los equipos más nuevos y costosos del mercado – se trata de disponibilidad, productividad y confianza. Ud. me entiende.
3. Proveedores baratos. Y a mitad de nuestro “top five”, los proveedores baratos. Caractericemos bien que es un “proveedor barato” (porque existen proveedores que ofrecen excelentes prestaciones a precios muy convenientes, de esos que todos queremos). Un “proveedor barato” es aquel que ofrece precios bajos, a costa suya. Estos son un problema no solo por lo que intuitivamente Ud. ya está pensando (problemas de calidad, ya sea en materia prima, servicios o cualquier otra cosa que Ud. adquiera como insumo para su cadena de valor o procesos de soporte, y por lo tanto con impacto en el cliente final – su cliente -) , sino por el desgaste operativo para Ud. Su organización le da la cara al cliente, y a la vez tiene que vérselas con el proveedor. Se está dando de “golpes” en ambos sentidos. Con este pecado, ya Ud. está en la lista negra.
2. Personal barato: Número dos: ya estamos en los pecados capitales. Lógicamente, hay puestos de puestos, situaciones de situaciones y momentos de momentos, pero en términos generales, contar con personal barato: personal de muy bajo nivel y sin invertir en capacitación, motivación, comunicación le está saliendo caro. Esto lo podemos detallar: si Ud. lidera un departamento, dirección o empresa, parece mentira lo importantes que son las asistentes ejecutivas y secretarias. Esos son puestos claves para liberar su tiempo. Los mandos medios y coordinadores también lo son. En general, los perfiles profesionales de baja calidad, todo por ahorrarse “unos dólares más”, le está saliendo carísimos. Discúlpeme el tono coloquial, pero si: sale carísimo! Esto se explica en mayor detalle por su repercusión en el pecado mayor, el punto 1 a continuación:
1. Tiempo “personal” barato: estamos siempre hablando de gestión organizacional? Sí. Empecemos diciendo que el tiempo “personal” lo podemos dividir en el tiempo dedicado a la organización -léase el tiempo laboral - y el tiempo dedicado a su vida privada – léase familia, su propia persona, etc. Si Ud. no invierte bien en estos dos puntos bien, todo lo demás va a andar a medias, e inclusive a carecer de sentido. Veamos con más detalle:
1.1 Tiempo público/laboral: para empezar, por si no se ha dado cuenta, Ud. es parte de la organización, y por el simple hecho de estar buscando mejorarse a sí mismo leyendo estas cuando menos bien intencionadas líneas, es una parte fundamental de la misma. Entonces le aplican los mismos principios e ideas esbozados en el punto 2, pero multiplicados por un factor de diez: Ud. está en un puesto clave, y debe estar capacitado, motivado, entrenado y preparado para el mismo. Y si es el CEO, líder, capitán o como queramos decirle, ni hablar!.
1.2 Tiempo privado/íntimo: este no es un artículo filosófico ni mucho menos psicológico, pero digámoslo directo: por más trabajólico y/o ermitaño que Ud. sea, lo cierto es que nadie trabaja ni remotamente bien si está cansado o desmotivado. Para qué trabaja Ud.? Para quién (es) trabaja Ud.? Como bien dice Stephen Covey “sólo seremos sinceramente efectivos si empezamos con el fin en mente”, y me permito añadir, si mantenemos esa idea alumbrándonos durante todo el camino. Tómese esas vacaciones. Todos hemos experimentado el síndrome del “desastre de las 5pm”: hay algo pendiente en su agenda o algún problema, y a esa hora es para Ud. una catástrofe, y no tiene la menor idea sobre cómo resolverlo. Pero, como acto de magia, al día siguiente, después de descansar, no era la gran cosa. Imagínese el efecto acumulado por meses o años sin parar de laborar. Descanse. Dése su lugar como persona también: va a trabajar mejor, y a darle sentido a todo ese esfuerzo….
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