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Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Socialismo Digital: El poder de la comunidad organizada en redes

Enviado por Manuel Gross el 29/11/2009 a las 9:09
Manuel Gross

 

The New Socialism: Global Collectivist Society Is Coming Online  

Por Sebastián Lorenzo 

 

Hace unas semanas César Calderón twitteó un enlace que me pareció excelente. Un artículo de Wired titulado “The New Socialism: Global Collectivist Society Is Coming Online”. Tanto me gustó que solicité a Celina, mi amiga, asistente y traductora oficial (recibida de traductora, eh…no es joda!) que me transcriba la versión al español para postearla. Mejoré aspectos técnicos de la traducción con una interpretación del mísmo artículo que encontre navegando y está muy bien.

 

Será uno de los textos que vamos a discutir entre los 1500 cuadros en los próximos meses. Va el resultado (los aportes a mejorar la traducción se agradecen, los escriben al final, en los comments, y los voy agregando al post):



The New Socialism: Global Collectivist Society Is Coming Online

 

Autor: Kevin Kelly
Texto original: http://www.wired.com/culture/culturereviews/magazine/17-06/nep_newsocialism
Traducido
por: Celina Silva

 

Una vez Bill Gates se burló de los partidarios del “código abierto” como el peor epíteto que un capitalista puede lograr formar. Esa gente- dijo él, era una “nueva clase de comunistas contemporáneos”, una fuerza malévola empeñada en destruir el incentivo monopolista que ayuda a respaldar el sueño norteamericano. Gates estaba equivocado. Los fanáticos de la fuente abierta son mas proclives a ser  libertarios que rojillos comunistas.  Sin embargo hay algo de cierto en su alegato. El frenético apuro global de conectarse todos con todos, todo el tiempo, esta dando origen discretamente a una versión revisada de socialismo.

 

Los aspectos comunales de la cultura digital pasan de manera profunda y amplia. La wikipedia es sólo un notable ejemplo de un emergente colectivismo – y no sólo la Wikipedia sino el wiki en general. Ward Cunningham, quien inventó la primera página colaborativa en 1994, siguió casi 150 tipos de wiki hoy, cada uno potenciando un gran número de sitios. Wetpaint, se lanzó hace sólo tres años, presentando mas de 1 millón de esfuerzos comunales. La adopción extendida de la compartida-amistosa  licencia alternativa de derechos Creative Commons y la subida del obicuo archivo-compartido son dos pasos más en este cambio. 

 

El crecimiento colaborativo acelerado de sitios como Digg, StumbleUpon, the Hype Machine, y Twine han agregado peso a esta gran agitación. Casi todos los días otro comienzo anuncia con orgullo un nuevo camino para aprovechar la acción comunitaria. Estos desarrollos sugieren un movimiento estable hacia una clase de socialismo únicamente sintonizado para un mundo conectado.

 

No estamos hablando sobre el socialismo de tu abuelo. De hecho, existe una larga lista de movimientos anteriores que este nuevo socialismo no es. No es una lucha de clases. No es anti-norteamericano; en efecto, el socialismo digital es un socialismo sin el estado. Esta nueva clase de socialismo opera actualmente en el mundo de la cultura y la economía, más que en el gobierno – por ahora.

 

El tipo de comunismo en el que Gates esperó para impermeabilizar a los creadores de Linux nació en una era de fronteras impuestas, comunicaciones centralizadas, y procesos industriales inestables. Aquellas restricciones ocasionaron un tipo de posesión colectiva que reemplazó el caos brillante de un mercado libre con planes científicos de cinco años creado por un politburó todopoderoso.

 

Este sistema operativo político falló, por no decir algo peor. Sin embargo, a diferencia de aquellas viejas tensiones de socialismo de banderas rojas, el nuevo socialismo repasa a una Internet sin fronteras, a través de una fuerte de economía  global integrada. Esta diseñada para aumentar la autonomía individual y frustrar la centralización. Es la extrema descentralización.

 

En vez de reunirnos en haciendas colectivas, nos reunimos en mundos colectivos. En vez de fábricas estatales, tenemos fábricas de escritorios conectadas a cooperativas virtuales. En vez de compartir brocas, picos, y palas, nosotros compartimos aplicaciones, scrips y APIs (Institutos de prensa Norteamericanos). En vez de burós políticos anónimos, tenemos meritocracias anónimas, dónde lo único que importa es hacer las cosas. En vez de producción nacional, tenemos producción par. En vez de subsidios gubernamentales y subsidios, tenemos una recompensa de mercancías gratuitas.

 

Reconozco que la palabra socialismo esta destinada a hacer que muchos lectores se fastidien. Acarrea un tremendo equipaje cultural, así como los términos relacionados: comunal, comunitario, y colectivo. Yo uso socialismo porque técnicamente es la mejor palabra para indicar un alcance de tecnologías que cuentan con su poder en las interacciones sociales. En términos generales, la acción colectiva es lo que los sitios Web y las aplicaciones conectadas en red generan cuando utilizan una entrada de datos desde una audiencia global. Desde luego, hay un peligro retórico al agrupar tantas clases de organizaciones sobre tal inflamado encabezamiento. Pero no hay términos limpios disponibles, así que podríamos también redimir éste.

 

Cuando las masas de gente que poseen los medios de producción trabajan para un objetivo en común y comparten sus productos en común, cuando contribuyen trabajo sin paga y disfrutan de las frutas libres de costo alguno, no es poco razonable llamar eso socialismo.

 

A finales de los ‘90, el activista, agitador, y envejecido hippie John Barlow comenzó a llamar esta línea de pensamiento “dot-communism”, en forma casi irónica. Él lo definió como una “mano de obra compuesta completamente de agentes independientes”, un regalo descentralizado o un trueque en la economía donde no hay propiedades y donde la arquitectura tecnológica define el espacio político. Él estaba en lo cierto con respecto al dinero virtual. Pero hay un camino en el que el socialismo es la palabra equivocada para lo que está pasando: No es una ideología. No demanda un credo rígido. Más bien, es un espectro de actitudes técnicas, y herramientas que promueven  colaboración, intercambio, agrupación, coordinación, y un montón de otros tipos de cooperación social recientemente permitidos. Es un diseño fronterizo y un espacio particularmente fértil para la innovación.

 

Socialism: A History
1516
Thomas More's Utopia
1794
Thomas Paine's The Age of Reason
1825
First US commune
1848
Marx & Engels' The Communist Manifesto
1864
International Workingmen's Association
1903
Bolshevik Party elects Lenin
1917
Russian Revolution
1922
Stalin consolidates power
1946
State-run health care in Saskatchewan
1959
Cuban Revolution
1967
Che Guevara executed
1973
Salvador Allende deposed
1980
Usenet
1985
Mikhail Gorbachev's glasnost
1991
Soviet Union dissolves
1994
Linux 1.0
1998
Venezuela elects Hugo Chavez
1999
Blogger.com
2000
Google: 1 billion indexed pages
2001
Wikipedia
2002
Brazil elects Lula da Silva
2003
Public Library of Science
2004
Digg
2005
Amazon's Mechanical Turk
2006
Twitter
2008
Facebook: 100 million users
2008
US allocates $700 billion for troubled mortgage assets
2009
YouTube: 100 million monthly US users

 

En su libro del 2008, Here Comes Everybody , el teorizador de medios Clay Shirky sugiere una jerarquía útil para revisar estos nuevos arreglos sociales. Los grupos de personas empiezan simplemente compartiendo y luego progresan a la cooperación, la colaboración y finalmente, el colectivismo. A cada paso, aumenta el número de coordinación. Una investigación del paisaje en-línea revela una amplia evidencia de este fenómeno.

 

I. INTERCAMBIANDO

 

Las masas conectadas tienen una increíble y buena disposición para intercambiar. El número de fotos personales posteadas en Facebook y en MySpace es astronómico, pero es una apuesta segura que la mayoría de las incontenibles fotos sacadas con una cámara digital se intercambian de alguna manera. Luego están los estados actualizados, las ubicaciones de mapa, y la mitad de los pensamientos posteados en-línea. Agregale a esto 6 mil millones de videos servidos por YouTubemillones de historias creadas por fans cada mes en los EEUU solamente y las depositadas en los sitios fanfics. La lista de organizaciones que comparten es casi interminable: Yelp para reseñas, Loopt para ubicaciones, Delicious para bookmarks.

 

El intercambio es la forma más tranquila de socialismo, pero sirve como la fundación para niveles más altos de compromisos comunales.

 

II. COOPERACIÓN

 

Cuando los individuos trabajan juntos hacia un objetivo en gran escala, se producen resultados que emergen al nivel del grupo. No sólo los aficionados intercambian más de 3 mil millones de fotos en Flickr, sino que también le añadieron categorías, etiquetas, y palabras claves. Otros en la comunidad seleccionan las imágenes dentro de series. La popularidad de Creative Common Licensing significa que comunalmente, sino es comunísticamente por completo, tu imagen es mi imagen. Cualquiera puede usar una foto, así como las personas que vivían en comuna podrían usar la carretilla comunitaria. Entonces, ya no es necesario tomar otra foto de la Torre Eiffel, desde que la comunidad me puede proveer de una mejor foto de la que yo sacaría.

 

Miles de sitios agregados emplean la misma dinámica social para beneficiarse el triple. Primero, la tecnología ayuda directamente a los usuarios, dejándolos etiquetar, señalar, categorizar y archivar para su propio uso. Segundo, otros usuarios se benefician desde las etiquetas de un individuo, las señales, etcétera. Y esto, a su vez, a menudo crea un valor adicional que puede provenir sólo desde el grupo en su totalidad. Por ejemplo, etiquetando fotos instantáneas de la misma escena desde distintos ángulos se pueden montar un sensacional mapeo en 3-D del lugar. (Comprueba el Photosynth de Microsoft). De manera curiosa, esta proposición excede la promesa socialista de “de cada quien de acuerdo a su habilidad, para cada quien de acuerdo con sus necesidades” porque mejora lo que se contribuye y  reparte mas de lo que se necesita.

 

El agregadores comunitarios pueden liberar un poder asombroso. Sitios como Digg y Reddit, que dejan que los usuarios voten en los vínculos de la web y estos se visualicen de manera destacada, pueden dirigir las conversaciones públicas tanto como los periódicos o las cadenas televisivas. (Revelación completa: la sociedad de Wired, Condé Nast es dueña de Reddit). Colaboradores dedicados a estos sitios le ponen mucha más energía de la que obtienen a cambio, pero siguen colaborando en parte por el poder cultural que estos instrumentos ejercen. La influencia de un colaborador se extiende mas allá de un solitario voto, y la influencia colectiva de la comunidad puede ser desproporcionada en relación al número de colaboradores. Ese es el punto entero de las instituciones sociales – la suma supera a las partes. El socialismo tradicional apunta a nivelar esta vía dinámica de estado. Ahora, desconectado del gobierno y conectado a la matriz digital global, esta fuerza evasiva opera a gran escala como nunca antes fue posible.

 

III. COLABORACIÓN

 

Colaboraciones organizadas pueden producir resultados más allá de los logros de la cooperación adecuada. Sólo mira a cualquiera de los miles de proyectos software de fuente abierta, tales como el servidor Apache Web. En estos esfuerzos, las herramientas comunales finamente sintonizadas generan alta calidad de productos desde el trabajo coordinado de miles o decenas de miles de miembros. En contraste con la cooperación informal, colaboración en grande, los proyectos complejos tienden a traerle al participante sólo beneficios indirectos, desde que cada miembro del grupo interactúa con sólo una pequeña parte del producto final. Un entusiasta puede pasar meses escribiendo un código para una rutina sustituta cuando la completa utilidad del programa esta hace varios años. De hecho, la recompensa laboral en proporción esta descentrado desde una perspectiva de mercado libre – los trabajadores hacen inmensas cantidades de trabajos de alto valor para el mercado sin paga alguna – que esos esfuerzos colaborativos no tienen sentido sin el capitalismo.

 

Añadiendo a la disonancia económica, nos hemos acostumbrado a disfrutar de los productos de estas colaboraciones libre de cargo. En vez de dinero, el par de productores que crearon el producto obtienen crédito, estado social, reputación, placer, satisfacción, y experiencia. No sólo es libre el producto sino que también se puede copiar de manera gratuita para usarlo como base para nuevos productos. Ideas alternativas para manejar la propiedad intelectual, incluyendo Creative Commons y las licencias GNU, fueron inventadas para asegurar estos productos “gratuitos”.

 

Desde luego, no hay nada particularmente socialista sobre la colaboración en sí. Pero las herramientas de la colaboración en línea ayudan al estilo comunal de producción que rechaza a los inversionistas capitalistas y mantiene la propiedad en las manos de los trabajadores, y hasta cierto punto a aquellos de las masas consumistas.

 

IV. COLECTIVISMO

 

The Old Socialism The New Socialism
Authority centralized among elite officials
Power distributed among ad hoc participants
Limited resources dispensed by the state
Unlimited, free cloud computing
Forced labor in government factories
Volunteer group work a la Wikipedia
Property owned in common
Sharing protected by Creative Commons
Government- controlled information
Real-time Twitter and RSS feeds
Harsh penalties for criticizing leaders
Passionate opinions on the Huffington Post



Mientras que la cooperación puede escribir una enciclopedia, nadie es responsable si la comunidad falla en alcanzar el consenso, y el carecimiento de estar de acuerdo no pone en peligro a la empresa en su totalidad. El objetivo de un colectivo, sin embargo, es el de manipular un sistema en donde los pares dirigidos a sí mismos asumen la responsabilidad por procesos críticos y donde las decisiones difíciles, como fijar prioridades, son decididas por todos los participantes. A lo largo de la historia, cientos de grupos colectivistas en menor escala han probado este sistema operativo. Los resultados no han sido alentadores, aún apartando a Jim Jones y a la familia Manson.

 

De hecho, una cerca examinación del núcleo gobernante, de decir, Wikipedia, Linux, u OpenOffice demuestra  que esos esfuerzos van mas allá de los ideales colectivistas de lo que parecen desde afuera. Mientras millones de escritores contribuyen a la Wikipedia, un pequeño grupo de editores (alrededor de 1.500) son responsables de la mayor parte de la redacción. Lo mismo para colectivos que escriben códigos. Un extenso ejército de contribuciones son manejados por un grupo de coordinadores mucho más pequeño. Así como observó  MitchKapor -presidente fundador del código de  fuente abierta Mozilla-, “Dentro de cada anarquía que trabaja, hay un viejo niño en red”.

 

Esto no es necesariamente algo malo. Algunas clases de colectivos se benefician desde la jerarquía mientras otras son dañadas por ella. Plataformas como la Internet y Facebook, o la democracia -que son previstas a servir como un sustrato para producir bienes y entregar servicios- se benefician de ser lo menos jerárquicos posibles, minimizando barreras para entrar y distribuir derechos y responsabilidades por igual. Cuando aparecen actores poderosos, sufre la estructura completa. Por otro lado, las organizaciones hechas para crear productos a menudo necesitan de fuertes líderes y jerarquías arregladas alrededor de escalas de tiempo: Un nivel se centra en las necesidades cada hora, otro en los próximos cinco años.

 

En el pasado, era casi imposible construir una organización que explotara la jerarquía pero maximizara el colectivismo. Hoy las redes digitales proveen la infraestructura necesaria. La Red otorga poderes a las organizaciones centradas en productos para que funcionen colectivamente mientras mantienen a la jerarquía de que absorba la totalidad. La organización detrás de MySOL, una base de datos de fuente abierta, no es no-jerárquica de forma idealizada, sino que es más colectivista que el Oráculo. Asimismo, la Wikipedia no es un bastión de igualdad, pero es infinitamente más colectivista que la Enciclopedia Británica. El núcleo de elite que encontramos en el corazón de los colectivistas conectados es en realidad un signo de que el socialismo sin estado puede trabajar a gran escala.

 

La mayoría de del mundo occidental, incluyéndome a mí mismo, fuimos adoctrinados con la noción de que extendiendo el poder de los individuos disminuye necesariamente el poder del estado y vice versa. Sin embargo en la práctica, la mayoría de las políticas socializan algunos recursos e individualizan otros. La mayoría de las economías de mercado libre han socializado la educación, y aún las sociedades extremadamente socializadas permiten alguna propiedad privada.

Más que considerar el socialismo tecnológico como un canje de  “suma cero”, el individualismo del libre mercado y la autoridad centralizada puede ser visto como un sistema operativo cultural que es mejor para ambos, para el individuo y para el grupo a la vez. El en gran parte inarticulado,  intuitivamente sobreentendido, el objetivo de la tecnología comunitaria es esto: maximizar la autonomía individual y el poder de la gente trabajando juntos. Así, el socialismo digital puede ser visto como una tercer manera de hacer irrelevantes a los viejos debates.

 

La noción de una tercer manera es razonada por Yochai Benkler, autor de The Wealth of Networks, quién ha pensado probablemente más que cualquiera sobre las políticas de las redes. “Veo la emergencia de la producción social y la producción en par como una alternativa a los sistemas cerrados de propiedad basados en los sistemas de marca registrada”, dijo él, notando que estas actividades “pueden aumentar la creatividad, la productividad, y la libertad”. El nuevo sistema operativo no es el comunismo clásico de planes centralizados sin propiedad privada ni el caos puro de un libre mercado. En cambio, es un emergente diseño espacial, en el que descentralizar la coordinación pública puede resolver problemas y crear cosas que ni el puro comunismo ni el puro capitalismo pueden.

 

No son nuevos los sistemas híbridos que mezclan los mecanismos del mercado y del no mercado. Por décadas, investigadores han estudiado lo descentralizado, los métodos de producción socializados del norte de Italia y las cooperativas industriales Basque, en el que los empleados son dueños, escogiendo el manejo y limitando la distribución de ganancias, independientes al control de estado. Pero sólo desde el arribo de costos bajos, instantáneos, y la colaboración ubicua ha sido posible emigrar el núcleo de estas ideas en nuevos y diversos mundos, como escribir en la compañía software o en libros de referencia.

 

El sueño es escalar esta tercer manera más allá de los experimentos locales. ¿Qué tan grande? Ohloh, una compañía que rastrea a la industria de la fuente abierta, listas de aproximadamente 250.000 personas trabajando en 275.000 asombrosos proyectos. Eso es casi el tamaño del personal de General Motors. Hay una tremenda cantidad de personas trabajando gratis, aún sino son de tiempo completo. ¡Imagine si todos los empleados de General Motors no fueran pagados y sin embargo continuaran produciendo automóviles!

 

Hasta el momento, los esfuerzos mas grandes fueron los proyectos de fuente abierta, y los más largos de ellos, tales como Apache, manejan varios de cientos de colaboradores -cerca del tamaño de una aldea. Un estudio estima que 60.000 años de trabajo han sido vertidos en los últimos años dispensados de Fedora Linux 9, así que hemos probado que el montable y los dinámicos de intercambiar pueden guiar un proyecto en la escala de una aldea o ciudad descentralizada.

 

Desde luego, el censo total de participantes en el trabajo colectivo en-línea es mucho más grande. YouTube asegura tener algo así como 350 millones de visitantes por mes. Casi 10 millones de usuarios registrados han colaborado con la Wikipedia, 160.000 de los cuales son designados activos. Más de 35 millones de personas han posteado y etiquetado más de 3 mil millones de fotos y videos en Flickr. Yahoo tiene 7,8 millones de grupos centrados en cada posible sujeto. Google tiene 3,9 millones.

 

Esos números todavía son escasos para una nación. Hasta quizás no crucen el umbral de la corriente dominante (aunque si YouTube no es la corriente dominante, ¿qué es?). Pero claramente la población que vive con los medios socializados es significante. El número de personas que hacen cosas gratis, comparten cosas gratis, y usan cosas gratis, pertenecen a un cultivo colectivo de software, trabajan en proyectos que requieren de decisiones comunales, o experiencian los beneficios del socialismo descentralizado que ha llegado a millones y sigue contando. Las revoluciones han pasado a números mucho más chicos.

 

A primera vista, uno podría esperar mucho de la postura política de gente que ha construido una alternativa hacia el capitalismo y el corporativismo. Pero los codificadores, hackers, y programadores que diseñaron las herramientas compartidas no piensan que son revolucionarios. Ningún partido político se esta organizando en salas de conferencias – al menos no es EEUU. (en Suecia, el Pirate Party formó una plataforma de archivos compartidos. Obtuvo un irrisorio de 0,63% de los votos en las elecciones nacionales del 2006).

 

De hecho, los líderes del nuevo socialismo son extremadamente pragmáticos. En una investigación participaron 2.784 desarrolladores de código abierto para sondear sus motivaciones. La más común fue “aprender y desarrollar nuevas habilidades”. Eso es práctico. Un académico lo puso así (parafraseando): La mayor razón para trabajar gratis en cosas es la de mejorar mi propio maldito software. Básicamente las patentes políticas no son demasiado prácticas.

 

Pero el resto de nosotros no estamos inmunes políticamente a la creciente corriente del intercambio, la cooperación, la colaboración y el colectivismo. Por primera vez en años, la palabra -s esta siendo pronunciada por expertos televisivos y revistas nacionales como una fuerza política en EEUU.

 

Obviamente, la tendencia hacia nacionalizar pedazos de industria, entablar asistencias médicas nacionales, y comenzar con la creación de trabajos con dinero de impuestos no es del todo debido a el socialismo tecno. Pero la última elección demostró el poder de la web descentralizada, basada con colaboración digital en su núcleo. Cuanto más nos beneficiamos de tales colaboraciones, nos volvemos más abiertos a instituciones socialistas en el gobierno. El coactivo y estupendo sistema de Corea del Norte esta muerto; el futuro es un híbrido que toma entradas de ambos, la Wikipedia y el socialismo moderado de Suecia.

 

¿Qué tan cerca de una fuente abierta no capitalista de sociedad en par de producción puede este movimiento llevarnos? Cada vez que se ha hecho esta pregunta, la respuesta ha sido: más cerca de lo que pensamos. Considere la lista de Craig. Sólo anuncios clasificados, ¿no? Pero el sitio amplifica la hábil comunidad de intercambio de llegar a una audiencia regional, mejorándolo con fotos y actualizaciones en tiempo real, y de repente se convierte en un tesoro nacional. Operando sin el estado fundador o control, conectando a los ciudadanos directamente con ciudadanos, este mercado en su mayoría libre consigue bienes sociales con tal eficiencia que podría tambalear cualquier gobierno o corporación tradicional. Seguro, le quita al modelo laboral de los diarios, pero al mismo tiempo hace un caso indisputable que el modelo de intercambio es una alternativa viable para ambos, las corporaciones que buscan beneficios, y las instituciones cívicas que apoyan a los impuestos.

 

¿Quién iba a creer que pobres granjeros podrían conseguir préstamos de $100 de perfectos extraños del otro lado del planeta -y pagarles de vuelta? Eso es lo que Kiva hace con el préstamo de par-a-par. Cada experto de asistencia médica pública declara que el intercambio era bueno para las fotos, pero nadie podría intercambiar los registros médicos. Pero PatientsLikeMe (pacientes como yo) donde el fondo común de los pacientes resulta en tratamientos para mejorar su propia salud, prueba que la acción colectivista puede triunfar en ambos para doctores y pánicos privados. El hábito, cada vez más común de intercambiar lo que estas pensando (Twitter), lo que estás leyendo (StumbleUpon), tus finanzas (Wesabe), tu todo (la Web) se está convirtiendo en una fundación de nuestra cultura. Al hacerlo mientras las enciclopedias construidas en forma colectiva, las nuevas agencias, los archivos videos, y el software en grupos que abarcan continentes, con personas que no conoces y cuya clase social es irrelevante – eso hace que el socialismo político sea el próximo paso lógico.

 

Algo similar pasó con los mercados libres en los siglos pasados. Cada día alguien preguntó: ¿qué pueden hacer los mercados? Tomamos una larga lista de problemas que requerían de planes racionales o el gobierno paternal y en vez aplicamos la lógica de mercado. En la mayoría de los casos, la solución de mercado trabajó mucho mejor. En las recientes décadas mucho de la prosperidad fue obtenido por desatar las fuerzas de mercado en los problemas sociales.

 

Ahora están probando el mismo truco con la tecnología social colaborativa, aplicando el socialismo digital a crecientes listas de deseos -y ocasionalmente a problemas que el mercado libre no pudo resolver- para ver si funciona. Hasta ahora, los resultados han sido asombrosos. Casi en cada vuelta, el poder del intercambio, la cooperación, la colaboración, la franqueza, el precio libre, y la transparencia han demostrado ser más prácticos de lo que nosotros como capitalistas pensamos posible. Cada vez que probamos, descubrimos que el poder del nuevo socialismo es más grande de lo que habíamos imaginado.

 

Subestimamos el poder de nuestras herramientas para reorganizar nuestras mentes. ¿Realmente pensamos que podríamos construir de manera colaborativa un mundo virtual para habitar todos los días, cada día, y que no nos afecte nuestra perspectiva? La fuerza del socialismo conectado está creciendo. Su dinámica se esparce más allá de los electrones -quizás en elecciones.

This entry was posted on Martes, Octubre 27th, 2009 at 23:40

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Fuente: El blog de Sebastián Lorenzo    
Imagen: Social media clutter
 

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El Nuevo Socialismo: La Sociedad Colectivista Global viene Online
Wikipedia, Flickr, and Twitter aren't just revolutions in online social media. They're the vanguard of a cultural movement. 
http://amparoland.blogspot.com/2009/11/cada-uno-hace-lo-que-puede-con-su.html

 

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El ADN de los emprendedores sociales

Enviado por el 05/10/2010 a las 17:31
Manuel Gross

El ADN de los emprendedores sociales...

Una buena reflexión sobre el perfil de las personas que pretenden lograr un cambio a nivel social y sobre su visión a largo plazo.

Guillermina Lazzaro - Directora Ejecutiva at Ashoka Emprendedores Sociales. Para LA NACION - Sábado 2 de octubre de 2010 | Publicado en edición impresa

Los emprendedores sociales no conciben la posibilidad de cambio si no es a escala. Esto tiene base en su ADN, que los impulsa a desarrollar soluciones innovadoras que puedan atacar los principales problemas sociales pensando globalmente y comenzando por una acción local.

Para que este cambio sea escalable debe ser sistémico. Ese es el ADN que define a un emprendedor social: su pensamiento sistémico.

Sólo a partir de visiones interdisciplinarias e intersectoriales podemos pensar en generar escala a largo plazo, de tal forma que las visiones particulares se enriquezcan a partir de las de otros. Pensar sistémicamente implica una mayor apertura teniendo como objetivo el largo plazo y la sustentabilidad del cambio social que se quiere lograr.

En este camino, los emprendedores sociales tienen que operar sobre distintas dimensiones que conllevan diferentes desafíos:

- Trabajar en terreno e incidir en políticas públicas. La mayoría de las organizaciones sociales que generan un gran impacto social advierten que necesitan incluir la incidencia en políticas públicas para lograr una verdadera transformación social.

- El combinar trabajo de campo concreto con incidencia en políticas públicas otorga legitimidad a la organización como un actor relevante y necesario. El desafío entonces es lograr ser parte del diseño de la política pública. Es esencial conseguir la distancia suficiente con el sector público para ser respetado como actor, generando una relación de confianza e igualdad que rompa el sistema clientelar.

- Trabajar junto con las empresas para dejar la visión filantrópica tradicional y pasar a pensar conjuntamente en la inversión social de largo plazo, creando relaciones de paridad.

Si pensamos en el cambio a escala, es necesario inspirar a otros. Desde Ashoka trabajamos para generar un ecosistema emprendedor que involucre a empresas, gobierno, medios de comunicación, universidades, hombres de negocios, jóvenes y la ciudadanía en general. Sumar a nuevos miembros a la causa; trabajar inspirando a nuevas personas con la misión de aumentar el área de influencia.

A su vez, generar redes de organizaciones, compartir información y tender puentes de colaboración es otra forma de sumar escalabilidad.

Para lograr este cambio a escala los emprendedores también necesitan estar atentos a desafíos internos. Uno de ellos es la flexibilidad a los cambios como forma de responder a una realidad cambiante. Adaptándose al contexto y pensando en maneras innovadoras de responder a las problemáticas.

La comunicación es otro gran desafío. La escala hace necesario comenzar a transitar por sistemas más sofisticados de comunicación para llegar a nuevos públicos.

Los emprendedores sociales también tienen que ser conscientes de la solidez de sus modelos y ser flexibles para poder demostrar una alta capacidad de trabajo con otros, sin por esto resignar la esencia. Es fundamental que piensen en la necesidad de una construcción colectiva vinculada con otros actores sociales, políticos y económicos.

La transformación social sólo se logra a escala. Requiere entonces visión de largo plazo, abordajes integrales, agendas multisectoriales e innovación permanente."

Para todos aquellos que saben que pueden hacer la diferencia, sepanlo, no están solos, somos muchos los que desde diferentes lugares nos sumamos porque pensamos que se puede lograr.

Como siempre besos a las damas y abrazos a los caballeros.
Publicado por Lazaro M. Maisler en 07:33

sábado 2 de octubre de 2010

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Twitter - Facebook


Twitter and Facebook cannot change the world

Enviado por el 04/10/2010 a las 9:57
Manuel Gross

Twitter and Facebook cannot change the real world, says Malcolm Gladwell

The bestselling author of The Tipping Point has enraged social network users by dismissing their impact on real issues.

Social networks, those loose, busy and self-absorbing communities of Facebookers and Twitterers, have always invited analogies from the insect world. If we are to accept the most common of them, then in the past week, Malcolm Gladwell, provocateur-in-chief at the New Yorker magazine, has poked a sharp stick into the online ants' nest. The twitterers have responded to his provocation by swarming on to blogs and websites to protect their uniting belief: that the future belongs to them.

Gladwell is a spirited contrarian. His argument in the New Yorker was an attack on the prevalent idea that online social networks represent the future of campaigning and protest, and perhaps – in totalitarian states – of revolution. The bestselling author of The Tipping Point unpicked this notion with typical chutzpah, moving quickly from emotive and carefully selected individual case studies to sweeping universal principles.

Gladwell examined the most effective mass protest of modern times – the American civil rights movement. Using an account of the courageous coffee bar sit-in in Greensboro, North Carolina in 1960, he argued that such activism was based on the strength of intimate friendships and shared experience, and directed by hierarchical power, could never have arisen from the "weak ties" and "horizontal" associations that characterise the campaigning of online "friends" and "followers".

"Enthusiasts for social media would no doubt have us believe that [Martin Luther] King's task in Birmingham, Alabama, would have been made infinitely easier had he been able to communicate with his followers through Facebook, and contented himself with tweets from a Birmingham jail," Gladwell argued.

"But [online] networks are messy: think of the ceaseless pattern of correction and revision, amendment and debate, that characterises Wikipedia. If Martin Luther King, Jr had tried to do a wiki-boycott in Montgomery, he would have been steamrollered by the white power structure. And of what use would a digital communication tool be in a town where 98% of the black community could be reached every Sunday morning at church? The things that King needed – discipline and strategy – were things that online social media cannot provide."

As an example of the comparative ineffectiveness of wiki-activism Gladwell cited the virtual support groups that arose at the height of the civil war in western Sudan. The Facebook page of the Save Darfur Coalition had 1,282,339 members, he noted, before detailing, with a flourish, the financial commitment of those "protesters" to their cause: an average of 15 cents each.

From this and other anecdotes Gladwell drew the following conclusion: that while social networks may be useful for some communication – to alert like-minded acquaintances to social events, or to solve a specific "weak tie" problem, such as the location of a bone marrow donor – they do not promote the passionate collective engagement that causes individuals to make commitments that result in social change. Facebook "likers", he argued, are not sitters-in or nonviolent activists, they are not even marchers or candle-wavers; they may wish to associate themselves with a protest app, but the nature of their medium means they do so with negligible risk and therefore negligible effect.

"The evangelists of social media," he concluded, "seem to believe that a Facebook friend is the same as a real friend. Social networks are effective at increasing participation – by lessening the motivation that participation requires. In other words, Facebook activism succeeds not by motivating people to make a real sacrifice but by motivating them to do the things that people do when they are not motivated enough to make a real sacrifice."

To many of the anonymously outraged, this was fighting talk. "Cynic" in a long and vitriolic thread on the rival Atlantic Monthly website, argued that while "once a group of local activists might have placed notices in the local paper, today, it tweets. There are important changes implicit in this transition to be sure. Organisations have a much easier time in reaching broader publics… They can enlist a huge number of people to perform small tasks, that in aggregate add up to large accomplishments."

Gladwell had reserved much of his ire for Clay Shirky, the charismatic New York University evangelist of the power of online crowds, and author of the seminal social media text Here Comes Everybody. Shirky, Gladwell argued, had oversold the potential of wiki-activism as a tool for social transformation.

When I contacted Shirky to wonder what he made of the broadside, he suggested that his principle response was mystification. "What a weird article it was," Shirky said. "It started out with two unobjectionable observations: danger requires political activists to be strongly committed to each other, not just to the cause; and that people talked a lot of shit about Twitter during the green uprising [last year's demonstrations in Iran, which were claimed by some as evidence of the power of virtual communication]. That put him in a position to talk about how strong and weak ties, or hierarchies and networks, actually relate to each other in protest movements, but instead he seems to have committed himself to the idea that they don't, that social networks are useless for spreading the 'fever' he was talking about, or for recruiting those who had caught the 'fever'."

Oddest of all, Shirky suggested was that "the book that has done most to explain to the public how weak ties could spread the kind of political fever that Gladwell writes about is The Tipping Point". If this all sounds like an internecine battle in Manhattan media elites, there is a wider context. The New Yorker, for which Gladwell is a stellar correspondent, sees itself as the spiritual home of a kind of reading and writing and engagement that could seem threatened by the attention overload and surface concerns of online skimming. I spoke to Gladwell a while back about his use of computers: he never spent much time on the internet, he said: "I run out of things to look up really quickly." By making the apparently counter-intuitive argument that social media will be of little use in changing society, Gladwell seems to be advancing a more general scepticism about technological communication: the risk-free kinds of relationship that technology promotes are the antithesis of genuine complex human interaction.

New Yorker editor David Remnick argued recently that "as long as I'm there, we are not going to change who we are, no matter what the delivery systems are, no matter what the means of reading us. We are about reading. We're about long-form journalism… a sense of delight, a sense of seriousness when it's appropriate. [We will not] give away these core things because in the short term we think, 'Wow, you know, actually [the future is] three-paragraph long pieces, the hell with doing 15,000 words on American politics, or sending somebody to Afghanistan three times to get the story…'"

In an – ironic – online forum that followed the furore he had created, Gladwell argued last Thursday that what drove him crazy about "the digerati" was that they "refuse to accept the fact that there is a class of social problems for which there is no technological solution.

"Look, technology is going to solve the energy problem. I'm convinced of it. But technology does not and cannot change the underlying dynamics of 'human' problems: it does not make it easier to love or to motivate or to dream or convince."

In an argument that will run and run, he seemed to be inverting the wisdom of a social theorist from a previous age: the message is not only about the medium.

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Twitter - Facebook


Liderar en comunidades

Enviado por el 25/05/2010 a las 23:52
Manuel Gross

Cómo liderar en el mundo de comunidades interactivas

0 comentarios

El nuevo mundo informático y de redes sociales han estado forzando cambios en nuestras formas de trabajar, de vivir y, si somos empresarios, de liderar.

Este último grupo, los empresarios, han tardado bastante en ponerse al día, tratando a las comunidades más como estorbo que cómo oportunidades para implicar a sus clientes en sus marcas, sus negocios y sus servicios.

Hace tiempo hablé de la irritación de un músico con United Airlines cuando rompieron su guitarra y, como ignoraron sus protestas, colgó una canción en YouTube que ya han visto más de tres millones de veces (lo incluyo otra vez para los que no lo han visto).

Puede que sea más cómodo para empresas que estas herramientas no existieran pero ignorar tu realidad comercial no suele ser una buena forma de llevar los negocios.

Ya que existen, ya que se utilizan y ya que te pueden hacer daño, mejor asumirlo y ver cómo se puede utilizar estas herramientas, no para manipular a tus clientes, pero para maximizar el valor que puedes ofrecer.

En este contexto, aquí tenemos un decálogo de consejos para nuestros empresarios y directivos de empresas sobre cómo aprovechar estas herramientas:

  1. Recuerda que los empresarios son 72,8% agua, y los clientes también.
  2. Participa, no queda otra opción.
  3. Escucha, cómo se dice, tienes dos orejas y una boca por algo.
  4. Se proactivo, con tus clientes y con sus necesidades.
  5. Olvídate de jerarquías.
  6. Ten opiniones.
  7. Piensa comunidad no audiencia.
  8. La simplicidad es más importante que la claridad.
  9. Reducir barreras de seguridad entre redes internos y externos.
  10. Inicia conversaciones.

Mi compañero, Alejandro, nos da un ejemplo de la dificultad para empresas de trabajar de las viejas formas, como si los consumidores no tuvieran herramientas o iniciativa para buscarse la vida. Empresas deben aprender.

Vía | Management Today (en inglés)
En El Blog Salmón | Facebook vende la información personal de sus usuarios

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