Una década de destrucción
¿Usted piensa que el advenimiento de Internet
cambió la vida para bien y nos acerca al mundo feliz?
Pregúntele a su tendal de víctimas.
Por Daniel Lyons
La década pasada es el período en que Internet
arruinó todo. Basta mirar a las industrias que sufrieron con
el advenimiento de la Web: diarios, revistas, libros,
televisión, películas y música.
Minoristas de casi todas las ramas, desde autos hasta bienes
raíces. Telecomunicaciones. Aerolíneas y hoteles.
Donde sea que las empresas dependieran de la publicidad para ganar
dinero, donde sea que obtuvieran ganancias por la falta de
transparencia o de competencia, donde había lugar para limar
asperezas, ahí sufrieron las industrias.
Quizá recuerde todo lo que se decía en un
principio sobre cómo Internet iba a cambiar todo y nos iba a
adentrar en la tecno-utopía de un mundo feliz. En fin, para
llegar a esa tierra prometida primero tuvimos que sobrevivir al
período que el economista Joseph Schumpeter
denominó “destrucción
creativa”, durante el cual Internet aplastó
industrias enteras como si fuera un tsunami, arrasando lo viejo y
podrido y a todos los que no estuvieran dispuestos a cambiar. De eso se
trataron estos últimos 10 años, y no fue nada
agradable.
Hablemos primero de los diarios. Uno nunca se imaginaría que
en la era de la información, la principal víctima
sería un portador de información. Pero
ahí lo tienen. Los diarios están desapareciendo,
en parte porque no se dieron cuenta de que estaban operando en la
industria de la información, pensaron que su negocio estaba
en plasmar tinta sobre papel y distribuir físicamente esas
pilas de papel con infinidad de flotas de camiones y repartidores.
Los diarios tardaron en migrar a la Web. Por un tiempo dieron vueltas
al asunto, pensando que era algo temporario. Incluso cuando lanzaron
sus propios sitios web, no lo hicieron muy convencidos, los crearon
casi con desgano. Cuesta creer que una compañía
que se dedica a las noticias no viera venir este cambio. Supuestamente
se dedican a encontrar novedades, ¿no? Aún
así, no supieron ver el cambio (y la oportunidad)
más grande que haya impactado su negocio.
Ver que los diarios cierran a causa de Internet es como ver que un
tambo cierre porque los clientes ahora prefieren tomar la leche en
saché y no en botella.
Los diarios están desapareciendo porque Internet los
despojó de sus pequeños monopolios. Durante
décadas casi no tuvieron competencia, por lo que
podían cobrar lo que querían por cosas como
publicar un pequeño clasificado. Esto era de cierto modo
algo bueno, nos dice gente que ahora se lava las manos ante la
desaparición de los periódicos. Bueno o malo, la
verdad es que ya no existen, gracias a sitios como Craigslist (de
clasificados online), que apareció y comenzó a
brindar el mismo servicio sin cobrar un centavo.
La televisión está sufriendo la misma suerte.
Durante décadas existieron tres grandes emisoras en Estados
Unidos. No eran exactamente un monopolio, pero casi. Con tan poca
oferta, las redes aglomeraban enormes audiencias y cobraban cifras
astronómicas por su espacio publicitario. Luego
apareció el cable, que trajo aparejado el incremento de la
competencia. Esto generó cierto debilitamiento, pero la
aparición de Internet fue la gota que colmó el
vaso.
De repente la cantidad de “canales”
creció de modo exponencial. No tiene límites. Es
infinita. Ese exceso de oferta repentino hizo que la
televisión dejara de recibir pauta publicitaria, de
ahí que gran parte de las transmisiones estén
plagadas de basura de bajo costo, reality shows, canales de
“noticias” que se parecen más a Jerry
Springer que a Walter Cronkite, y Jay Leno cinco noches por semana en
horario premium, en reemplazo de programas guionados (de mayor costo).
Básicamente, la televisión se está
yendo a pique y soltando lastre (bajando costos) para salvarse de la
destrucción total. Puede que sea una solución
temporaria, pero transmitir productos de mala calidad seguramente no es
el mejor modo de sobrevivir.
La industria de la música sufrió
todavía más. Primero apareció Napster,
que distribuía música a costo cero. La soga
salvadora en este caso la tiró Apple con su iTunes Store,
pero forzó a las compañías de
música a ceder el control de su industria a Steve Jobs. Y
hablando de los comercios minoristas que vendían
música… ¿se acuerdan que
existían? Sí, niños, antes
existían negocios físicos en los que uno
podía entrar y comprar música, un CD o hasta
discos de vinilo. Ya casi no se ven.
En cuanto a la industria del cine, Apple ahora ofrece a los estudios de
cine la misma oferta de doble filo que hizo a las
discográficas: “Ustedes concéntrense en
hacer películas, nosotros nos ocupamos de la
distribución digital”. Pero la gente de cine
mantiene sus sospechas, y desde ya que preferiría llegar a
un arreglo con muchos distribuidores digitales diferentes en vez de
permitir que uno único concentre demasiado poder. Los
estudios ahora se dan cuenta de que la revolución digital
está afectando su negocio. Lo más que pueden
hacer es desacelerar el proceso.
Pero no son únicamente las compañías
anticuadas las que resultaron heridas por el crecimiento de Internet,
incluso las de tecnología sufrieron algunos
daños. Antes de que surgiera Internet, Microsoft reinaba
sobre la industria de la computación.
Las pequeñas empresas de software vivían a la
sombra de Microsoft, y sabían que si su firma
tenía mucho éxito, no pasaría mucho
tiempo antes de que Microsoft les diera dos opciones: “O nos
venden la empresa por migajas, o creamos un software que haga lo mismo
que su producto y los fundimos”. Microsoft
amenazó tanto a sus rivales como a sus socios, hasta que
estos últimos se cansaron y recurrieron a la justicia, que
en 2002 emitió un fallo antimonopólico contra el
gigante del software.
Hoy en día nadie le teme a Microsoft. La
compañía es un escollo torpe e inefectivo. Sin
embargo, esto no se debe al Poder Judicial. Lo que hizo tambalear a
Microsoft fue Internet. El modelo de negocios de Microsoft estaba
basado en esperar que los demás innovaran, para luego hacer
una copia barata de lo que los otros vendían. Microsoft se
copió de Apple para hacer Windows. Copió a Lotus
y WordPerfect para crear Excel y Word, y luego juntó las
aplicaciones en un paquete de bajo costo que llamó Office.
Se copió de Netscape Navigator para dar forma a Internet
Explorer, y luego lo regaló, lo unió a Windows y
destruyó a Netscape. Pero el modelo de copiarse de los
demás ya no funciona. ¿Por qué? Por un
lado Microsoft se puso más lento, mientras que todos ahora
son más veloces. Las nuevas compañías
basadas en la Red, como Yahoo! o Google, precisan poco dinero para
comenzar y pudieron crecer rápidamente. Google
descubrió la publicidad mediante palabras claves y
creció tanto y tan rápido que Microsoft no pudo
contraatacar.
Apple lanzó el iPod y luego la tienda iTunes, y para cuando
Microsoft se dio cuenta de que vender música en Internet era
un buen negocio, ya era demasiado tarde: Apple estaba bien afianzado.
Lo mismo pasó con Amazon (el mercado de venta online), con
el libro electrónico Kindle y con los servicios
informáticos “en nube”. Microsoft ahora
corre para ver si alcanza a esas compañías,
mientras invierte recursos y energías en defender a sus
productos que generan ingresos, como Windows y Office.
Es un caso de estudio que bien podría estar incluido en el
libro del profesor de Harvard Clayton Christensen “The
Innovator’s Dilemma” (“El dilema del
innovador”). Microsoft es demasiado grande como para
desaparecer por la oleada, pero está muy anclado en el viejo
mundo como para triunfar en el nuevo. Está pasando
rápidamente a ser irrelevante, quizá no tanto
como un diario común, pero casi.
Internet cambió casi todos los aspectos de nuestras vidas
durante la última década. ¿Para bien o
para mal? Eso depende de a quién le pregunte.
Publicado por Fernando en 18:35
miércoles 25 de noviembre de 2009
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Fuente: De qué me quieren convencer
Imagen: Destrucción creativa
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Etiquetas en Bitacoras.com: management, gestion, innovacion, conocimiento, organizacional, imaginactivo, manuelgross, bligoo

































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