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(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Marketing Estratégico ? Una Visión Sistémica del Concepto de Competitividad

Enviado por Manuel Gross el 16/11/2009 a las 7:43
Manuel Gross


Marketing Estratégico – Una Visión Sistémica, Cognitiva y Construccionista Social del Concepto de Competitividad

Por Alberto Levy

“Competitividad” es un concepto frecuente en el mundo de los negocios. Pero, ¿qué significa? En general, las definiciones brindan enfoques parciales e incompletos. Veamos, a continuación, una visión sistémica, cognitiva y construccionista social del concepto de competitividad…

En el mundo de los negocios, diferentes visiones han ofrecido enfoques parciales sobre la competitividad. Algunas se focalizan en el análisis macroeconómico. Otras, en la microeconomía. Sin embargo, en general, estos enfoques fallan en comprender a la competitividad desde un enfoque sistémico.

Comenzaremos este artículo proponiendo una primera definición elemental de competitividad que nos servirá como base para una profundización del concepto. En este primer abordaje, podemos hablar de competitividad internacional y competitividad doméstica, la del mercado interno.

Una plataforma inicial

Para empezar, diremos que la competitividad internacional de un país está dada por la competitividad de los productos y servicios que dicho país determina como su Estrategia de Portafolio. Por un lado, esos productos y servicios (vectores estratégicos) deben maximizar su productividad en el empleo de recursos e insumos, en la accesibilidad y en la logística.

Por otro lado, dichos productos y servicios deben maximizar la potencia de su posicionamiento (ventajas competitivas relativas de sus marcas contra otras marcas de otros países) en los mercados elegidos como targets (blancos de mercado).

En lo posible, el armado de la Estrategia de Portafolio de un país debe procurar sinergias de productividad y sinergias de posicionamiento. Estas sinergias serán positivas si los productos, por el hecho de constituir un mismo portafolio, producen emergentes mayores de productividad y/o de posicionamiento gracias a sus interrelaciones o si generan disminuciones del riesgo total asumido por su diversificación (mayor diversificación sostenible significa menor riesgo competitivo internacional).

Ahora bien, el concepto de “marca país” es posterior al logro de estas sinergias de competitividad. La marca país se sustenta sobre el andamiaje de la sólida competitividad de su portafolio. La estrategia de marca habrá triunfado cuando esa etapa previa sea tan fuerte que permita al país incorporar nuevos productos en su portafolio aprovechando esa sinergia. Así, cuanto mayor sea la cantidad de segmentos de demanda global en los que ese portafolio de productos pueda sostener y sustentar competitividad, mejor será el desempeño de la estrategia competitiva de ese país.

En el mercado doméstico, la competitividad del país depende de si sus ciudadanos pueden disponer del mayor portafolio de productos posible, para satisfacer la mayor cantidad posible de necesidades, de la mayor cantidad posible de segmentos, en relación al ingreso disponible de los miembros de esos segmentos.

Entendemos el concepto de “segmento” como una fracción de demanda. Es decir, como un conjunto de atributos esperados por un producto. Por ejemplo, un segmento de la demanda es una constelación de atributos esperados en una laptop, diferenciándose esa constelación de atributos esperados de otras constelaciones diferentes.

Aquí todavía no estamos hablando de gente, sino de constelaciones de atributos. Entonces, un mercado es heterogéneo si está particionado en más de una constelación de atributos esperados.

Ahora sí. Cada una de esas constelaciones surge de las preferencias heterogéneas de la gente. El peor error estratégico consiste en creer que la demanda es homogénea, que todos demandan lo mismo.

Así, la principal responsabilidad estratégica competitiva es descubrir cómo está segmentado el mercado. Las empresas no “segmentan” los mercados. “Descubren” segmentos. En el ámbito internacional, descubren segmentos globales que trascienden las fronteras. Por ejemplo, una de las constelaciones de atributos esperados en una laptop se descubre en varios países.

Una vez presentados estos conceptos fundamentales, nos adentraremos en la relación vertical entre la macroeconomía, la mesoeconomía y la microeconomía, para exponer un enfoque sistémico de la competitividad.

La dimensión macroeconómica

La obra de dos gigantes como Dornbusch y Fischer (”Macroeconomics”, Dornbusch, R. y S. Fischer, Department of Economics, Massachusetts Institute of Technology, McGraw-Hill, 1978) constituye una de las fuentes más tradicionales y respetadas de la macroeconomía.

En el tema que nos ocupa, Dornbusch y Fischer consideran que una de las piezas centrales de la macroeconomía en un marco de tasas de intercambio flexibles es cómo las tasas de cambio afectan la competitividad de un país en los mercados internacionales y, por lo tanto, en la demanda mundial de sus productos.

Y dicen: “Medimos a la competitividad por el precio cargado por las contrapartes comerciales (trading partners) de un país en relación a sus propios precios. Un país gana competitividad si los precios de sus bienes caen en relación a los precios de sus competidores. Por lo tanto, al ganar un país competitividad, sus bienes se van haciendo más baratos en relación a los producidos por otros países”. Luego, aclaran que una medida tradicional de la competitividad es la de los “términos del intercambio”.

El punto crucial es que cuando un país se hace más competitivo, la demanda global tiende hacia los productos de ese país y se aleja de los productos de otros países. Entonces, un incremento en la competitividad tiende hacia un incremento en las exportaciones netas. Al mismo tiempo, ese país importa menos y consume más productos del mercado interno. Dadas ambas variables, aumentan las exportaciones netas.

Entonces, si la competitividad es baja, habrá déficit. Por el contrario, si la competitividad es alta, las exportaciones serán mayores y el gasto en importaciones, menor. Por lo tanto, “siendo iguales otras condiciones”, habrá superávit.

Ahora bien, los cambios en la competitividad ocurren ante modificaciones en los precios o en las tasas de cambio.

Suponiendo que los precios son fijos, es posible observar relaciones muy simples entre las fluctuaciones de las tasas de cambio y las fluctuaciones en la competitividad. Así, una depreciación de la moneda genera una ganancia en la competitividad interna. Una apreciación produce una pérdida.

Continuando en esta línea, Dornbusch y Fischer se refieren a los efectos de la movilidad del capital, a la política fiscal, a la política monetaria, al nivel de empleo, a la inflación, es decir, a lo que llamaremos “variables duras”, “tangibles” del escenario macroeconómico general de un determinado país en relación al mundo o a la economía internacional.

Todas estas consideraciones están estrechamente vinculadas con la dimensión “productividad” de la competitividad. Sin embargo, la competitividad no es sólo productividad. No se trata sólo de precios o de costos. Los consumidores “demandan” constelaciones de atributos, siendo el precio un atributo más. A veces el precio es el atributo crítico y discriminador definitivo. Pero, a veces, no.

Precisamente, la visión macroeconómica no incorpora la visión sistémica de los segmentos de demanda constituidos por constelaciones (gestalts) de atributos esperados, constelaciones localizadas en las percepciones y en las memorias localizadas en la “arquitectura” cognitiva de las mentes de los consumidores.

Entonces, para avanzar en nuestra comprensión de la competitividad de un país, la macroeconomía no es suficiente. Necesitamos analizar el escenario general desde una perspectiva radicalmente sistémica que incluya, además de las variables macroeconómicas, a las geopolíticas, tecnológicas, demográficas, políticas, legales, culturales, etnográficas, sociales, ambientales y comunicacionales, entre otras.

Todas estas variables se entrelazan, se interrelacionan, se potencian, se anulan, se multiplican, se dividen, se suman y se restan en el mundo de la complejidad y que, con algún orden oculto en el caos, afectan a la competitividad con un impacto que no es necesariamente el mismo para cualquier producto de ese país en cualquiera de sus targets de mercado.

La dimensión mesoeconómica

El impacto de las variables antes mencionadas puede diferir, ahora en el plano mesoeconómico, según qué “cluster” estemos teniendo en cuenta.

En realidad, la Estrategia de Portafolio de un país debe ser considerada, no como un portafolio de productos y servicios, sino como un portafolio de clusters. Los clusters en los que un país es competitivo determinarán los vectores estratégicos de su competitividad en el mercado internacional y en el mercado interno.

Ahora bien, es importante diferenciar la concepción mesoeconómica tradicional de los “sectores industriales” de la nueva concepción de los clusters. Esta segunda forma de abordar los conglomerados de actores económicos, sociales, públicos, ONGs, educacionales y todos los que tengan que ver con un “núcleo” de desarrollo estratégico competitivo (vitivinícola, tecnológico, turístico, educacional, de la salud, siderúrgico) es mucho más abarcativa y sistémica.

Por lo tanto, es menor el riesgo de padecer la “miopía estratégica” de no considerar un actor que tenga influencia positiva o negativa.

Pero, ¿qué es un cluster?

Definimos a un “cluster” como toda la cadena de valor o columna vertebral que liga el encadenamiento de actividades sucesivas desde las materias primas hasta el consumidor final, pero abarcando la provisión “upstream” (aguas arriba), la distribución “downstream” (aguas abajo), y las instituciones de gobierno, las ONGs, las instituciones académicas y científicas que tengan que ver, por ejemplo, con la competitividad del vino argentino.

El cluster vitivinícola abarca, entonces, a todos los actores de la producción directa del vino. Pero también a las cristalerías, a los importadores de corcho, a las imprentas, a las escuelas de enología y de gastronomía, a las instituciones de promoción internacional como la Fundación Exportar, como Wines of Argentina, el Instituto Nacional de Tecnología Agrícola, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, las asociaciones de consumidores y todo lo que tenga alguna influencia con el producto central del cluster. No es sólo la “asociación de empresas productoras de vino”. Es mucho más. Es todo el sistema.

No obstante, para que esto funcione, se necesita una cultura que permita que el cluster se estructure competitivamente. Una cultura así privilegia valores operacionales, una ideología y una conducta, caracterizadas por la búsqueda de valor agregado, sustentabilidad, innovación, trazabilidad, iniciativa social, proactividad, visión sistémica y, fundamentalmente, asociatividad. Aquí vemos la horizontalidad requerida a nivel mesoeconómico.

La dimensión microeconómica

Finalmente, podemos ingresar en el análisis de la competitividad a nivel microeconómico. Como hemos observado, la competitividad tiene dos dimensiones fundamentales: la productividad y el posicionamiento.

Un producto será competitivo contra sus competidores directos y sustitutivos si logra mayor productividad en el empleo de los recursos tangibles e intangibles que la empresa le asigna y si logra mejor posicionamiento de su marca en relación a los posicionamientos logrados por las marcas enemigas en los segmentos de mercado apuntados como targets.

La productividad se encuentra en función de las habilidades distintivas (competencias, skills) con las que la empresa “construye” el producto ofrecido. El posicionamiento es función de las ventajas competitivas (percepciones diferenciales de valor) con las que el mercado “construye” el producto demandado.

La competitividad microeconómica de la empresa Gamma dependerá, entonces, de si las ventajas competitivas que la demanda le otorga al producto (marca) de Gamma son superiores en cuanto a “valor diferencial percibido” (en la arquitectura cognitiva del comprador) en relación al valor percibido por ese cliente en las ventajas competitivas de las empresas competidoras.

Sin embargo, estas ventajas competitivas podrían otorgar a Gamma un fuerte posicionamiento, pero la empresa no ser eficiente en la creación de valor patrimonial y rentabilidad sostenible. Por lo tanto, además, Gamma debe ser eficiente en el proceso de asignación y empleo de sus recursos. De esto dependerá la otra rienda de la competitividad: la productividad.

La productividad de Gamma dependerá de si dispone (o no) de las habilidades requeridas para optimizar el proceso de asignación y empleo de recursos. Si en la arquitectura cognitiva colectiva de la gente de Gamma se cuenta con esas habilidades requeridas para lograrlo, podrá optimizar la productividad.

Pero, si además de disponer de esas habilidades, Gamma cuenta con habilidades superiores que sus competidores, podemos decir que se cierra el acople estratégico competitivo máximo. Las ventajas competitivas (en el mercado) y las habilidades distintivas (en el manejo de sus recursos) se potencian unas a otras. ¡Esto es competitividad!

Sin embargo, no es suficiente con asignar recursos adecuados en mercados atractivos. Además, la cultura interna de Gamma (sus valores compartidos) debe soportar este proceso con una “ideología dual” orientada, tanto a optimizar el empleo de los recursos, como a maximizar la fidelización de los mercados.

Finalmente, todo el soporte de la Administración de Gamma (es decir, su organigrama, sus sistemas de información, la ingeniería de procesos, la gestión de proyectos) debe estar alineado con la Estrategia Competitiva.

En este sentido, la Administración también debe ser diseñada para cumplir una operatividad doble: adaptarse a los requerimientos operacionales de los distintos mercados en los que actúa y, además, integrarse operacionalmente para la optimización de los recursos disponibles.

Así queda configurada la interrelación de las cinco dimensiones del Modelo PENTA de Análisis Sincrónico: Estrategia, Cultura, Recursos, Administración y Mercados. La comprensión de las interacciones entre todas estas variables nos permite obtener una visión sistémica de la competitividad.

Autor: Alberto Levy
Director de la división de Innovation & Growth de Deloitte LATCO. Profesor Titular Consulto de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. www.albertolevyblog.com

Posted by CEO mkt on Noviembre 3rd, 2009
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Fuente: Blog Marketing 
Imagen: Competition 
 

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Consejos para el desarrollo del marketing online

Enviado por el 27/09/2010 a las 23:59
Manuel Gross

Consejos para el desarrollo del marketing online

Las redes sociales se han convertido en una de las más poderosas herramientas del e-marketing. Y es que han cambiado la forma en la que los usuarios se mueven a través de la red, y constituyen uno de los espacios en los que más tiempo invierten los cibernautas. Por este motivo, resulta de vital importancia desarrollar un correcto manejo de las herramientas online para potenciar la gestión empresarial.

 

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Dirección estratégica de marketing

Enviado por el 15/09/2010 a las 22:50
Manuel Gross

La dirección estratégica

Las compañías de hoy en día se enfrentan más que nunca al reto de asimilar fuertes y continuos cambios, no sólo del entorno, sino también sociales, medios tecnológicos, nuevas regularizaciones y legislaciones, recursos de capital... Es necesario, pues, tomar decisiones dentro del ámbito empresarial para poder adaptarse a este cambiante y complejo mundo. Este proceso recibe la denominación de dirección estratégica, que podemos definirla como el arte y la ciencia de poner en práctica y desarrollar todos los potenciales de una empresa, que le aseguren una supervivencia a largo plazo y a ser posible beneficiosa.

Es importante recordar que la estrategia tiene que ir siempre de la mano de la innovación y la creación de valor añadido. En 1984 cuando creé como máximo ejecutivo, junto a un grupo de grandes profesionales, Visionlab, no estábamos creando una óptica más, sino que estábamos aportando un valor añadido a lo que existía en ese momento, «sus gafas en una hora».

Cualquier empresa que desee tener éxito y busque beneficios, debe someterse a un sistema formal de dirección estratégica, es decir, seleccionar y definir perfectamente sus valores dentro de la cadena de valor de la compañía que la hará destacar frente a la competencia.

La dirección estratégica puede ser dividida en tres fases:

  • Definición de objetivos estratégicos:

– Definir la filosofía y misión de la empresa o unidad de negocio.

– Establecer objetivos a corto y largo plazo para lograr la misión de la empresa, que define las actividades de negocios presentes y futuras de una organización.

  • Planificación estratégica:

– Formular diversas estrategias posibles y elegir la que será más adecuada para conseguir los objetivos establecidos en la misión de la empresa.

– Desarrollar una estructura organizativa para conseguir la estrategia.

  • Implementación estratégica:

– Asegurar las actividades necesarias para lograr que la estrategia se cumpla con efectividad.

– Controlar la eficacia de la estrategia para conseguir los objetivos de la organización.

Aunque la palabra estrategia, a nivel de gestión empresarial, tuvo un importante protagonismo a partir de 1980, sus orígenes se fijan en el término griego stratego que significa «general» en el sentido de mando militar. También fueron grandes estrategas militares los chinos, principalmente encabezados por el gran Sun Tzu, que marca los importantes pilares sobre los que se asienta gran parte de la estrategia empresarial actual.

Por tanto, el proceso de dirección estratégica requiere una planificación, un proceso continuo de toma de decisiones, decidiendo por adelantado qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo y quién lo va a hacer.

Esta toma de decisiones estratégicas es función y responsabilidad de directivos de todos los niveles de la organización, pero la responsabilidad final corresponde a la alta dirección. Es ésta quien establecerá la visión, la misión y la filosofía de la empresa:

  • La visión de la empresa es el resultado de un proceso de búsqueda, un impulso intuitivo que resulta de la experiencia y la acumulación de la información.
  • La misión es la que define la razón de ser de la empresa, que condicionará sus actividades presentes y futuras, proporciona unidad, sentido de dirección y guía en la toma de decisiones estratégicas. Nos va a proporcionar una visión clara a la hora de definir en qué mercado estamos, quiénes son nuestros clientes y con quién estamos compitiendo. Sin una misión clara es imposible practicar la dirección estratégica.
  • La filosofía de la empresa define el sistema de valores y creencias de una organización. Está compuesta por una serie de principios, que se basan en saber quiénes somos y en qué creemos, es decir, en sus ideas y valores; y cuáles son sus preceptos, así como conocer nuestros compromisos y nuestras responsabilidades con nuestro público, tanto interno como externo. Así pues, la filosofía de la empresa es la que establece el marco de relaciones entre la empresa y sus accionistas, empleados, clientes, proveedores, gobierno, sociedad en general, etc.

Dentro del proceso de planificación estratégico, está el saber qué herramientas tenemos que utilizar para posicionarnos con ventaja frente a la competencia y contribuir a crear valor. Si seguimos leyendo el capítulo, vamos a poder conocer las que a mi juicio profesional son más válidas en la actualidad y de las que, tras su lectura, más de uno comentará la sencillez y lógica que tienen en su planteamiento, es cierto, la verdadera dificultad vendrá en saber realizar, combinar y ponerlas en práctica.

Personalmente me gusta comparar esta actividad con una bonita partida de ajedrez, donde el tablero es el marco donde posicionar el mercado y la competencia, y nuestras fichas son las herramientas estratégicas de las que disponemos. Los movimientos que realicemos y la visión que tengamos será lo que nos haga ganar la partida.

Por tanto, la implantación de la estrategia consiste en la asignación de acciones específicas a personas concretas de la empresa, a las que se les asignan los medios materiales necesarios, para que alcancen los objetivos previstos por la organización.

 

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Estrategias para ser más competitivo

Enviado por el 09/09/2010 a las 17:03
Manuel Gross
Estrategias para ser más competitivo PDF Imprimir Correo electrónico
Lunes 22 de Febrero de 2010 08:44

La globalización de los mercados ha modificado la forma de hacer negocios, ahora las empresas deben preparase de manera diferente. Lea cómo hacerlo.

Tal como en la guerra, las empresas deben luchar unas contra otras para mantener el liderazgo del mercado, traducido en una mayor cantidad de clientes.

 

Mientras mejor sea su 'estrategia', más posibilidad tendrán de vencer al enemigo.

Además, la estrategia se basa en los recursos de los que dispone una empresa y que sean suficientes para alcanzar las metas en el tiempo que cree necesario.

Las estrategias más utilizadas
¿Qué tipo de estrategias y tácticas se necesitan para alcanzar el éxito de un sector? A continuación se describen algunas de las más comunes:

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Estrategias para ser más competitivo

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Inteligencia competitiva

Enviado por el 20/04/2010 a las 22:19
Manuel Gross

Importancia de la inteligencia competitiva

Una de las tendencias más evidentes en los negocios de la actualidad es el aumento de la competencia. Una de las razones para semejante competencia es que el mundo de hoy es un solo mercado.

Leer el artículo en

http://www.mercado.com.ar/nota.php?id=364890

 

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Plan de marketing I

Enviado por el 13/04/2010 a las 23:59
Manuel Gross

PLAN DE MARKETING (primera parte)

Año con año www.Interbrand.com una de las más destacada consultoras de marcas, desarrolla una encuesta de marcas, y su última medición ubica a Coca Cola como la marca número uno en el planeta, su valor actual es de $68,734.oo millones de dólares, por encima de marcas como IBM, Microsoft, GE, Nokia, McDonald´s, Google, Toyota, Intel y otras. Uno de los vicepresidentes de Coca Cola, señala que la verdadera fórmula secreta del éxito empresarial, radica en los planes de MARKETING, los cuales les ofrecen una visión integrada, sistemática y sintetizada del mercado.
Las 5 etapas para desarrollar un plan de marketing son las siguientes:
- Etapa 1: Análisis Externo e Interno
- Etapa 2: Diagnóstico
- Etapa 3: Objetivos de Marketing
- Etapa 4: Diseño de Estrategias
- Etapa 5: Planes de Acción
En esta oportunidad desarrollaré sólo el ANÁLISIS EXTERNO.
El Análisis Externo se refiere a los elementos “no controlables” por la empresa, es un análisis a la macroeconomía, y un análisis de las fuerzas competitivas de PORTER. Su objetivo fundamental es descubrir “oportunidades y amenazas”. Por ejemplo, al desarrollar un plan en la categoría de electrodomésticos, algunas variables a considerar serían: número de Viviendas iniciadas, terminadas y en proyecto, número de hogares urbanos y rurales, promedio de habitantes por hogar, grupos de edad, estado civil, clasificación socioeconómica, hijos nacidos vivos, número de matrimonios, PEA, consumo privado, balanza comercial, crecimiento salarial, IPC, importación de electrodomésticos, rivalidad entre competidores, poder de negociación del cliente y proveedor, amenaza de productos sustitutivos y entrantes y dificultad de salida del sector, entre otras. En fin, es un análisis cuidadoso de los factores externos que inciden en el producto a ser comercializado.
A la vez, el Análisis Externo conlleva conocer la “situación y evolución” de los segmentos de mercado, la tipología y perfil de los segmentos existentes, las necesidades insatisfechas y satisfechas del consumidor, cambios en la demanda, tamaño de la oferta, tipos de productos ofertados, marcas, estrategia de competidores, y una clara delimitación del mercado relevante.
El Análisis Externo debe ser conciso, no excesivamente largo ya que pierde la naturaleza dinámica con la que debe estar estructurado un plan de marketing.
En los próximos post explicaré el ANÁLISIS INTERNO y las 4 etapas restantes-
Quiero terminar como siempre con una reflexión, ¿está realizando su empresa, un análisis externo realmente profundo?

'Más por menos' ha llegado para quedarse

Enviado por el 21/03/2010 a las 22:58
Manuel Gross

Uno de los conceptos que con más fuerza ha irrumpido en los modelos de negocio empresariales en los últimos años ha sido el del “low-cost”, es decir, vender una determinada calidad a buen precio o, desde otro punto de vista, quitarle al producto todas las características accesorias y vender solamente el producto o servicio básico. ( Véase, por ejemplo, Innovación de bajo coste ).

Leer en:

“Más por menos”; ha llegado para quedarse

 


Qué es Inteligencia Competitiva

Enviado por el 20/03/2010 a las 22:26
Manuel Gross

La IC tiene y debe entenderse como una fuente de ventaja competitiva para liderar el mercado. No es suficiente su uso esporádico, tímido y solo por algunos miembros de la organización. La Inteligencia Competitiva debe partir desde las personas, para integrarse en los grupos de trabajo, los departamentos tácticos/operativos, y fundamentalmente en las esferas de dirección. La IC es estratégica.

 

Leer en:

El QUÉ, el CÓMO y el PORQUÉ de la INTELIGENCIA

 


Objetivos estratégicos de marketing

Enviado por el 18/03/2010 a las 21:40
Manuel Gross
La definición de los objetivos que se persiguen conseguir con la campaña de marketing en Internet es una de las fases necesarias en la construcción del plan de marketing en Internet. Estos objetivos dependen de otros factores, externos e internos, misión de la empresa, valoración de la inversión, mercado, competencia.
Una pequeña empresa puede utilizar Internet únicamente como escaparate de sus productos a partir de una página web y, por el contrario, los objetivos que pretende alcanzar una marca conocida en Internet pueden ir orientados a generar recuerdo, a presentar un producto nuevo o a consolidar su reputación.
Leer en:

Inteligencia Competitiva

Enviado por el 28/01/2010 a las 23:44
Manuel Gross

Un vistazo a la Inteligencia Competitiva Empresarial, esencial hoy en día en el mundo de los negocios, y como los japoneses utilizan esta de una mejor manera que en occidente, lo cuál les ha dado una ventaja competitiva impresionante a través de los años.

Ver completo (en castellano) en

Inteligencia Competitiva - How do Japanese Perform Competititve Intelligence 

 


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