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Una situación frecuente

Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Neuromanagement. En un Contexto de Crisis ¿Podemos dominar el Miedo?

Enviado por Manuel Gross el 11/11/2009 a las 23:30
Manuel Gross


Por  Dr. Néstor Braidot  

Cuando una persona debe enfrentar un problema, un conflicto, o una situación estresante, se dispara una serie de emociones que se expresan a través de cambios físicos y comportamentales. Estas respuestas instintivas enturbian nuestra razón y sesgan nuestras decisiones. ¿Podemos controlarlas?

A lo largo de nuestra evolución, el cerebro humano adquirió ciertas características que nos hacen reaccionar ante la percepción del peligro. Con independencia de si el peligro percibido es real o imaginario, se activan los centros que coordinan las respuestas emocionales, que a su vez activan lo que se conoce como la “división simpática” del sistema nervioso autónomo.

Estas respuestas fisiológicas impactan sobre el normal desempeño del individuo. La razón se enturbia y la elevada carga emocional sesga la toma de decisiones, induciendo a la equivocación sistemática. Ahora bien, ¿Podemos hacer algo al respecto? ¿Es posible entrenar al sistema emocional del cerebro para responder de manera distinta ante el estrés? ¿Es posible controlar (o, al menos, acotar) procesos fisiológicos y emocionales altamente automatizados y que se disparan de manera involuntaria?

Es difícil, pero no imposible. Veremos, a continuación, los mecanismos neuronales que permiten desarrollar estrategias destinadas a favorecer la autorregulación simpática de manera consciente por parte del individuo inmerso en circunstancias adversas o sometido a un severo estrés.

El estrés como experiencia subjetiva

A diferencia del resto de las especies animales, en el ser humano las respuestas fisiológicas y emocionales también pueden ser producidas por un pensamiento o creencia previa, y se gestan en la neocorteza cerebral.

Estos pensamientos o creencias toman forma en los lóbulos frontales y tienen un significado propio para la persona. Este significado individual, si es de carácter negativo en función de las experiencias de vida personales, puede disparar la señal de alarma en el cerebro, provocando la misma alteración fisiológica y emocional que experimentaría si se encontrara ante una situación de riesgo real.

No obstante, el ser humano también posee una ventaja significativa sobre el resto de las especies animales: puede traducir las emociones en sentimientos conscientes. Y esto es condición indispensable para ejercer cierto control voluntario sobre la ansiedad derivada del estrés.

La corteza prefrontal nos permite, con el entrenamiento adecuado, pasar de una conducta reactiva, involuntaria y facilitada por el estrés, a una conducta voluntaria, proactiva y mediada por la razón. Es decir, la parte anterior de nuestro cerebro nos permite tener cierto control y nos brinda la capacidad de ser proactivos frente al miedo.

Este es, sin duda, el objetivo cardinal de todo programa de autorregulación emocional y de manejo del estrés. Mientras las demás especies sólo pueden responder de manera rutinaria, nosotros podemos convertirnos en un actor emocional que domine su propia actividad visceral.

Los hemisferios del cerebro y el dominio de nuestras emociones

Hemos observado que, más allá de los estímulos reales de amenaza específica para la supervivencia que pueden aparecer en el medio ambiente, el ser humano puede despertar a la amígdala trayendo a su memoria un recuerdo explícito consciente de su acervo vivencial personal.

Esto es posible porque la corteza prefrontal proyecta algunas de sus fibras nerviosas hacia la amígdala y el hipotálamo, responsables de descifrar la carga emocional de ese recuerdo o pensamiento puntual y movilizar los recursos metabólicos en consecuencia. Dicho en otros términos, podemos sentirnos ansiosos, temerosos o angustiados si alguien nos amenaza con un revólver.

Pero también podemos sentirnos ansiosos, temerosos o angustiados simplemente anticipando la posibilidad de ser asaltados o recordando el mal momento que vivimos cuando efectivamente nos amenazaron y robaron en la calle.

Cuando un animal se ve expuesto a una situación que entraña un peligro para su vida, reacciona de manera estereotipada siguiendo un programa de respuesta automatizado con base en el cerebro límbico y reptiliano. Sin embargo, cuando se trata de un ser humano, las respuestas conductuales que puede adoptar ante una amenaza específica (como puede ser un jefe iracundo o un proceso de reestructuración dentro de la empresa), no necesariamente deben estar sujetas a estructuras cerebrales subcorticales.

En efecto, la corteza prefrontal se encuentra anatómica y funcionalmente preparada para inhibir una conducta automática y reemplazarla por otra más civilizada o conveniente a los fines y objetivos de la persona. En otros términos, el registro de la experiencia individual puede interferir o influir sobre la determinación de respuestas a estímulos particulares estresantes.

La prueba de ello se encuentra en que mientras un hecho específico, como un despido, puede desencadenar una depresión profunda en una persona, no necesariamente lo mismo le ocurrirá a otra, en función de la interpretación que haga de las circunstancias gracias a su corteza prefrontal.

La neuropsicología nos ha brindado evidencia sobre el papel que desempeñan las cortezas prefrontales derecha e izquierda sobre la emocionalidad y el estado de ánimo. Concretamente, el hemisferio izquierdo parece estar más relacionado con las emociones de valencia afectiva positiva (alegría, optimismo, etc.) mientras que, sobre el hemisferio derecho, recae la responsabilidad de las emociones de valencia afectiva negativa (tristeza, enojo, etc.).

La experimentación y la observación clínica parecen demostrar que las lesiones en el lóbulo frontal izquierdo inducen un estado de tristeza profunda, al producirse un desequilibrio emocional como consecuencia de la pérdida de la gama de las emociones positivas. Por el contrario, las lesiones en el hemisferio derecho inducen un estado de inusual alegría, por supresión de las emociones negativas.

Es posible, entonces, modificar el estado emocional de una persona con un entrenamiento adecuado que le enseñe cómo activar más el hemisferio izquierdo en detrimento del derecho.

Análogamente, existe un abundante cúmulo de evidencia que correlaciona positivamente el aumento progresivo de los trastornos del estado del ánimo con el desarrollo de contextos macrosociales amplios caracterizados por la ambigüedad, la incertidumbre, la crisis, y la incapacidad operativa de las personas para lidiar con la frustración, con aquello que no pueden prever.

Y esto encuentra su génesis en estructuras cerebrales arcaicas y primitivas, muy funcionales en un mundo salvaje signado por la ley del más fuerte, pero desfasado y desajustado al avance social y cultural, a los que el cerebro límbico permanece ajeno.

Autor:  Dr. Néstor Braidot
Profesor emérito de la UAI. Profesor de la Universidad de Salamanca (España). Presidente del Grupo Braidot de Consultoría y Capacitación.

lunes 9 de noviembre de 2009

............................

Fuente: Afilia Tube 
Imagen: Brain full  

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La crisis de los cuarenta

Enviado por el 11/07/2010 a las 23:13
Manuel Gross

La crisis de los cuarenta

BORJA VILASECA  11/07/2010

No importa lo que hayamos conseguido. Si no somos de verdad felices con nuestra existencia, llega un día en que necesitamos responder tres grandes preguntas: ¿de dónde venimos?, ¿quiénes somos? y ¿hacia dónde vamos?

Aunque pueda parecer lo mismo, hay una enorme diferencia entre existir y estar vivo. Muchas personas han tenido que estar a punto de morir para comprenderlo. Y no se trata solamente de una muerte física, sino también psicológica. Es decir, de levantarse un día por la mañana y notar un incómodo malestar en el estómago. De pararse unos minutos al mediodía y experimentar una falta absoluta de sentido. Y de detenerse un momento al anochecer y sentir un profundo vacío en el corazón.

“Solo cuestionando las creencias con las que hemos ido creando nuestra identidad, podemos llegar a ser libres mentalmente”

“Emprender la senda que nos propone ‘la voz interior’ es una oportunidad de entrenar la confianza y la valentía”

Formamos parte de una sociedad deshumanizada que nos ha deshumanizado. Muchos de nosotros estamos tan desconectados que funcionamos con el piloto automático, yendo de un lado para el otro por pura inercia. Y al carecer de una brújula interior que nos permita seguir nuestro propio camino, solemos escondernos tras una máscara del agrado de los demás, resignándonos a llevar una vida de segunda mano.

Algunos sociólogos contemporáneos afirman que nos hemos convertido en autómatas programados para producir y consumir de forma mecánica, una rueda que nos va atrapando y de la que nos es muy difícil salir. A este fenómeno socioeconómico hay quien lo denomina “grisedumbre”. Y dado que somos una mayoría los que llevamos una existencia alienada, monótona y gris, hemos llegado a la conclusión de que esta desconexión es lo normal y que lo raro es ser feliz.

LA REVOLUCIÓN INTERIOR

“Los gusanos llaman ‘crisis’ al nacimiento de las mariposas” (Anónimo)

El filósofo Aldous Huxley, autor de Un mundo feliz, solía afirmar que convertirnos en seres humanos responsables, libres y conscientes es tan sólo una “potencialidad”. Y que a menos que experimentemos una “revolución” en nuestra mente y en nuestro corazón seguiremos funcionando como “máquinas”. De ahí que también sostuviera que muchas personas nazcan, existan y mueran de manera “inconsciente”. Es decir, “enajenadas de sí mismas”, obedeciendo ciegamente los patrones de conducta determinados por la sociedad.

Esta es la razón por la que dependiendo del lugar donde nacemos solemos utilizar un determinado idioma, defender una determinada cultura, estar afiliados a un determinado partido político, seguir a una determinada religión e incluso apoyar a un determinado equipo de fútbol. Normalmente no elegimos nuestras creencias (que condicionan nuestra forma de comprender la vida), nuestros valores (que influyen en nuestra toma de decisiones) y nuestras aspiraciones (que marcan aquello que deseamos conseguir). Todo ello nos es determinado durante nuestro proceso de condicionamiento.

Tiranizados por nuestros miedos y carencias, al entrar en la edad adulta solemos marginar nuestros sueños, construyendo una vida siguiendo estas normas preestablecidas. Y como resultado, nos vamos alejando de nuestra verdadera esencia, convirtiéndonos en alguien que no somos y cosechando interminables frustraciones. Eso sí, tarde o temprano llega un día en que el malestar, el sinsentido y el vacío devienen insoportables. Solo entonces nos atrevemos a cambiar.

EL DESPERTAR DE LA CONSCIENCIA

“¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!” (Jonathan Swift)

No se sabe exactamente cómo funciona. Muchos lo definen como un “clic”. Otros, como el “despertar de la consciencia”. Sea como fuere, cada vez más seres humanos están padeciendo la denominada “crisis de los cuarenta”. Se ha comprobado que a esa edad muchas personas han vivido el tiempo suficiente como para haber hecho todo lo que esta sociedad les ha dicho que hicieran. Y para haber tenido todo lo que esta sociedad les ha dicho que tuvieran.

Sin embargo, ni el éxito (a través de la imagen) ni el materialismo (a través del consumo) ni la evasión (a través del entretenimiento) consiguen llenar el pozo sin fondo en el que nos hemos convertido. Lo curioso es que este proceso psicológico no tiene nada que ver con la edad, el sexo, la raza, la cultura ni la posición social. Se sabe de personas a quienes la “crisis de los cuarenta” les asalta durante la adolescencia y otras, durante la jubilación. Para bien o para mal, llega un momento en que nos es imposible seguir fingiendo y autoengañándonos. En todos estos casos, intuimos que nuestro vacío existencial no está relacionado con lo que tenemos (el mundo exterior), sino con lo que somos (nuestro mundo interior).

Hacerse preguntas

“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jesús de Nazaret)

Así es como tomamos consciencia de que no podemos seguir viviendo de la manera en la que lo hemos venido haciendo. Al ser lo suficientemente honestos como para reconocer que no necesitamos sufrir más, abrimos nuestra mente y nuestro corazón a nuevas formas de comprender y de relacionarnos con la vida. Esta humildad nos convierte en aprendices, buscando la manera de liberarnos de nuestro sufrimiento. Y es tal nuestra necesidad de cambio, que conectamos con el coraje para adentrarnos en un territorio incierto y desconocido: nosotros mismos.

La “crisis de los cuarenta” nos lleva a averiguar, en primer lugar, de dónde venimos. Se trata de reflexionar acerca de las motivaciones que nos han llevado a seguir un determinado estilo de vida. Y no se trata de juzgarnos ni de victimizarnos, sino de responsabilizarnos por la persona que creemos que somos y por la que podemos llegar a ser.

No en vano, formamos parte de una sociedad que se asienta sobre un sistema monetario, sobre el que se han edificado las instituciones sociales, religiosas, políticas, empresariales y financieras que tanto poder e influencia tienen sobre nuestra manera de pensar y de vivir. Más allá de promover nuestro bienestar, la principal finalidad de estas estructuras es ocuparse de sí mismas, haciendo lo posible para sobrevivir económicamente. Y en parte lo consiguen preservando el orden establecido, impidiendo e incluso paralizando el avance de nuevas formas de conocimiento que posibiliten cambios constructivos y beneficiosos para todos nosotros.

A menos que cuestionemos y nos deshagamos de las creencias con las que hemos ido creando nuestra identidad, no podremos cuestionar las normas, las reglas y los dogmas con los que fuimos condicionados durante nuestra infancia por este tipo de instituciones. Solo por medio de este cuestionamiento podemos conocer nuestra verdad –cada uno la suya–, y llegar a ser libres mentalmente.

CONOCERSE A UNO MISMO

“Si no lo encuentras dentro de ti, ¿dónde lo encontrarás?”

(Alan Watts)

En segundo lugar, la “crisis de los cuarenta” nos mueve a saber quiénes somos, una pregunta que no puede responderse con palabras ni conceptos, sino a través de nuestra propia experiencia. De ahí que el autoconocimiento, el desarrollo personal y el coaching sean tres herramientas cada vez más aceptadas y demandadas por la sociedad. Y aunque esta “búsqueda interior” parezca estar poniéndose de moda, no tiene nada de nuevo. Hace más de 2.500 años, en el templo de Delfos, un lugar de culto de la antigua Grecia, se inscribió el aforismo más repetido a lo largo de todos los tiempos: “Conócete a ti mismo”.

Aunque se suele atribuir al filósofo Sócrates, su origen es anterior al inicio de la historia de la filosofía. Y nos orienta a conocer nuestra verdadera esencia, más allá de la capa superficial de creencias con las que hemos construido el disfraz de nuestra personalidad. No obstante, la palabra “persona” en griego significa “máscara”. De ahí que mientras no descubramos quiénes somos, no sepamos ni podamos conectar con la fuente de bienestar y dicha que reside en nuestro interior.

Así, comprometernos con nosotros mismos pasa por comprender cómo funciona nuestra mente, gestionando nuestros pensamientos de forma más constructiva y regulando nuestras emociones de manera más eficiente. Para lograrlo, hemos de contar con información veraz, cuidar nuestra salud y entrenarnos en el arte de vivir conscientemente. Gracias a este proceso de autoconocimiento podemos aprender a ser felices por nosotros mismos, a sentirnos en paz con los demás y a aceptar y amar a la vida tal y como es. Y aunque es muy fácil de decir, ponerlo en práctica da para toda una existencia de aprendizaje. De ahí que se diga que la sabiduría no sea una meta a conseguir, sino un camino a seguir.

LA BÚSQUEDA DE SENTIDO

“El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive” (Fiódor Dostoievski)

Una vez sabemos de dónde venimos y descubrimos quiénes somos, estamos preparados para decidir hacia dónde queremos ir. En este punto del camino es importante discernir que el sentido de nuestra existencia no sólo alude a la manera en la que nos “sentimos”, sino también a la “dirección” que decidimos darle. Y en este caso, la decisión no viene movida por la razón, sino por la vocación. Al reconectar con nuestra verdadera esencia, empezamos a escuchar a nuestra “voz interior”. Así es como dejamos de tomar decisiones movidas por nuestro instinto de supervivencia, y comenzamos a seguir los dictados de nuestra intuición, de nuestra conciencia y, por supuesto, de nuestro corazón.

Aunque no es posible comprenderlo por medio de la lógica ni la razón, esta “voz interior” ya sabe quiénes estamos predestinados a ser. De ahí que emprender la senda que nos propone sea una invitación a la épica personal, una oportunidad para entrenar los músculos de la confianza y la valentía. En definitiva, saber hacia dónde vamos consiste en descubrir nuestro propósito vital (qué queremos hacer con nuestra vida) y nuestra misión profesional, contribuyendo a mejorar la vida de los demás. Sin duda alguna, esta es la esencia del liderazgo. Así, no es casual que los verdaderos líderes siempre dediquen sus vidas al servicio de los demás, impulsando proyectos que realmente beneficien a la sociedad.

PARA APROVECHAR LAS CRISIS

1. LIBRO

‘Héroes cotidianos’, de Pilar Jericó (Planeta). Un ensayo lúcido e inspirador que describe las diferentes fases que atraviesan los seres humanos en su camino por vencer sus miedos y tomar las riendas de su existencia.

2. PELÍCULA

‘Patch Adams’, de Tom Shadyac. Basada en la autobiografía del médico Hunter ‘Patch’ Adams, esta película narra la vida de un hombre cuya depresión le lleva al borde del suicidio. Y de cómo a raíz de una profunda crisis existencial termina descubriendo quién es y qué quiere hacer con su vida.

3. CANCIÓN.

‘Visiones’, de James Newton Howard. Esta canción instrumental forma parte de la banda sonora de la película ‘El protegido’, en la que el protagonista siente profunda tristeza por no haberse convertido en el héroe que puede llegar a ser.

Una revelación de última hora

Se cuenta que hubo un niño muy sensible e inteligente, que solía preocuparse y lamentarse por el estado en el que se encontraba el mundo. Más adelante, durante su juventud, empezó a protestar y a quejarse por las políticas impulsadas por el Gobierno de su país. Frustrado por no conseguir los cambios que deseaba, al llegar a la edad adulta centró sus críticas y juicios en su mujer y sus hijos. Fue sin duda una vida marcada por la lucha, el conflicto y el sufrimiento. Sin embargo, al cumplir 80 años y aquejado de una enfermedad terminal, experimentó una revelación que transformó su manera de ver la vida. Tanto es así, que horas antes de fallecer dejó por escrito el epitafio que más tarde se escribiría sobre su tumba: “Cuando era niño quería cambiar el mundo. Cuando era joven quería cambiar a mi país. Cuado era adulto quería cambiar a mi familia. Y ahora que soy un anciano y que estoy a punto de morir, he comprendido que si hubiera cambiado yo, habría cambiado todo lo demás”.

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Las 8 crisis del ejecutivo

Enviado por el 11/07/2010 a las 22:35
Manuel Gross

domingo 11 de julio de 2010

Las 8 crisis del ejecutivo

Un ejecutivo a largo de su trayectoria se enfrenta a las llamadas "crisis del ejecutivo", las cuales es mejor identificar para que cuando nos toque hacerles frente estemos mejor preparados. Les dejo el listado de estas crisis para que no los tomen desprevenidos:

1. La Crisis de la Experiencia

Esta crisis normalmente la vive, un joven ejecutivo con título profesional o sin él, que ha sido contratado por el conocimiento que tiene, pero, que le falta experiencia en el trabajo que desempeña. Normalmente, ve promociones de personas, educativamente en desventaja respecto a él, pero con más experiencia de trabajo. Al ver esta situación, la justifica invocando la injusticia, las palancas o buscando un justificativo a lo que está presenciando.

Esta Crisis, hace añorar al ejecutivo que el tiempo pase rápido

2. La Crisis de la Maestría

En el mundo occidental, un ejecutivo sin maestría, es como una gran lluvia sin paraguas. En el otro lado, muchos consideran que el tener una maestría les garantiza tener la verdad. El pre-requisito para ser gerente, ha sido cumplido, ahora hace falta la esquiva posición en la organización, que a veces tarda en llegar…

3. La Crisis de la Posición

El ejecutivo acaba de ser promovido a la posición añorada por largo tiempo. Dispone de una gran responsabilidad, así como poder. Acaba de encontrar una forma, para él/ella y su familia, que le permitirá mejorar su calidad de vida. Se pregunta: ¿Será que puedo con la responsabilidad? Aquí se define el futuro del ejecutivo: Si lo hace con responsabilidad, ahínco y esfuerzo, de seguro cosechará resultados en el mediano plazo. Si lo toma deportivamente, con seguridad, el futuro le regresará a su punto de partida. El soporte familiar es crucial en este período.

4. La Crisis de los Resultados

El ejecutivo ha venido desenvolviendo una montaña de trabajo que tiene que desarrollar para alcanzar sus metas. No ha logrado implementar una estrategia adecuada para poner sobre la mesa los resultados esperados. Las justificaciones, los prerrequisitos, las fallas de otras áreas de soporte, la falta de apoyo, de personal o de recursos, los tiene a flor de piel. Su posición está comprometida.

5. La Crisis de la Salida

El ejecutivo acaba de salir de la organización: voluntaria o forzadamente. Si ha sido tentado por otra organización, el futuro es promisorio. Si ha decidido emprender, sugerimos que lea Las Siete Crisis del Emprendedor. Si se encuentra a la vera del mercado, su futuro es incierto.

6. La Crisis de la Edad

El ejecutivo acaba de pasar la barrera de los 50 años. Su edad, comienza a ser un obstáculo en su desarrollo ejecutivo. La decisión de abandonar la empresa y encontrar nuevos rumbos se desvanece rápidamente. La estabilidad es añorada.

7. La Crisis de la Inseguridad

El ejecutivo está consciente de la gran experiencia que atesora. Su amplia red de contactos, los logros alcanzados, el reconocimiento público, el próspero pasado, son los ingredientes con los que quisiera amalgamar una fórmula de éxito en el corto plazo. La familia, está ahí para recordarle los errores cometidos, las decisiones discordantes, o lo bueno que hubiera sido el futuro, si, no se hubiera hecho tal o cual cosa. La remembranza de sus logros, le dan energía para continuar. Se pregunta ¿Porqué las cosas no pasan como antaño?

8. La Crisis de la Política

El ejecutivo observa como los valores, la constancia, la experiencia, la educación, los méritos, el sacrificio, el esfuerzo; sucumben ante la componenda, las amistades, la incapacidad y los bajos instintos. Las promociones ejecutivas no se dan por méritos, sino por relaciones. Si este es el caso, prepárese para el desembarco (dejar la empresa) o esté listo para perder el brío, el quemimportismo será el compañero de ruta, que le permita justificar su continuidad.

Autor: Ing. Pablo G. Páez. CEO. Pirámide Digital

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La maldición de cronos

Enviado por el 17/05/2010 a las 23:51
Manuel Gross

La maldición de cronos - la nueva enfermedad organizacional
AUTOR(A): Yojana Pavón

El miedo a sentir que perdemos nuestra posición y status dentro del entorno de trabajo, la ansiedad que nos produce la pérdida de poder dentro de nuestro mundo laboral, el temor a ser desplazados y sustituidos es la génesis de una nueva enfermedad de corte psicosocial que se agrava aún más en las circunstancias de la actual crisis laboral y financiera. La Maldición de Cronos afecta casi a un 50% de las organizaciones y puede ser mortal, inhabilitando de por vida el desarrollo y la productividad. Además, puede tener comorbilidad con otro tipo de trastornos organizacionales como el Mobbing, y cualquier tipo de representación de abuso de autoridad que cronifique los síntomas de insatisfacción laboral.

1. 1. INTRODUCCIÓN

Cronos era el menor de sus hermanos. Hijo de Urano y Gea perteneció a la generación de divinidades que siguió la de los Olímpicos. Al ser el menor de los titanes, Cronos permaneció gran parte de su infancia y adolescencia a la sombra de las hazañas de los mayores e intentando ganar la atención de su madre. Ansiaba el protagonismo de ellos y el poder de su padre Urano. Tal fue así que cortó los testículos de su padre marcando la separación del Cielo y de la Tierra. Para no tener rivales, en su nuevo futuro, encerró en los Infiernos a sus hermanos, los cíclopes. Se unió a su hermana la titánide Rea y engendró un gran número de hijos: Hestia, Démeter, Hera, Hades y Poseidón. Pero como tal y como su padre Urano le había espetado en una maldición antes de morir, uno de sus hijos le quitaría todo su poder y le destronaría. Para que eso no pasara, a Cronos no se le ocurrió otra idea que inmediatamente que cada uno de sus hijos naciera procedería a devorarlos él mismo vivo. Y así fue, uno tras uno como Cronos fue comiéndose todos y cada uno de los recién nacidos. Todos, menos su último hijo Zeus, que gracias a que su madre lo escondió pudo escapar. Cuando Zeus creció, logró revelarse a su padre y destronarle, llegando a ser el nuevo Dios Supremo del Olimpo.

Según dicen algunos, los dioses de las distintas mitologías son la representación de los defectos y virtudes humanos, y es innegable que el ser humano dentro de su complejidad ha ofrecido bastantes muestras de lo que es capaz de hacer con tal de obtener el tan ansiado poder. Mc Clelland ya señaló que el individuo presenta una necesidad de poder, asegurando que las personas que son capaces de ocupar la mayor parte de su tiempo pensando sobre la influencia que pueden ejercer sobre los otros y la manera en que pueden utilizarla para cambiar el comportamiento de aquellos que son sus subordinados son las que más lo demuestran. Su motivación intrínseca estriba en la manera en que son capaces de manipular y controlar a sus subalternos. Esta historia mitológica llevada al ámbito organizacional según los expertos en RR.HH se denomina el síndrome de Cronos o lo que es lo mismo, el miedo patológico a ser desplazados; surgido por la necesidad de mantenerse seguro en su micro entorno y no ser alcanzado por alguien que pueda atentar contra él en su la manera que se tiene subjetivamente de percibir su entorno laboral.

2.- EL SÍNDROME DE CRONOS EN LA EMPRESA. Miedo a ser desplazados del poder.

El desarrollar una carrera profesional que implique un mayor número de responsabilidades, estatus y cómo no, el consecuente salario se obtiene a medida que se va ascendiendo e cargo dentro de la pirámide evolutiva del organigrama empresarial. Una vez que se alcanza, es muy difícil poder entender por la psique humana que quizá algún día, pueda llegar a perderse. En algunos casos puede presentarse el deseo casi patológico de querer aferrarse a él de una manera enfermiza. Esta podría ser una de las razones que motiva a algunos jefes a evitar que sus subordinados se desarrollen y terminen ocupando su lugar , estableciendo un techo de cristal profesional que no les permite seguir desarrollándose, impidiendo que el brillo de las nuevas ideas o de un perfil académico mejor pueda hacerles sombra. Esta necesidad de mantenerse seguro, eliminar al adversario y sobrevivir es tan antigua como los dioses griegos. Es una necesidad vital.

En la gerencia contemporánea también hay gerentes que devoran aunque no literalmente a sus subordinados, pero sí elaborando explicaciones y excusas que se ofrecen a los empleados para justificar la ausencia de incrementos salariales, ascensos, traslados o cualquier otro tipo de mejora que lo acerque o iguale a su superior. El Síndrome de Cronos es una enfermedad gerencial crónica e incluso mortal que afecta a más del 50% de las organizaciones en el mundo. No distingue tamaño, o nacionalidad. Incrementa la resistencia al cambio e impide el desarrollo del talento. Se denomina como la acción deliberada del supervisor de estancar a su personal por temor a ser desplazado o sustituido, evitando el crecimiento de los subordinados en el área en donde él ejerce su poder o lo posee.

En muchos de los casos de hostigamiento laboral o Mobbing, se esconde en el agresor un marcado Síndrome de Cronos que determina ciertas conductas denigrantes hacia la víctima que persiguen eliminarla de la organización. Sobre todo, a aquellas víctimas que pueden ser una amenaza para la misma debido a que pueden ser empleados estrella, inteligentes con un elevado nivel de competencias laborales que en determinado momento pueden hacer sombra al agresor.

La conducta patológica del Síndrome de Cronos atenta contra los cinco pilares básicos de la gerencia del capital humano que se orientan a ofrecer el bienestar y el desarrollo de toda organización:

  • Productividad
  • Comunicación
  • Identificación
  • Conducta
  • Motivación


Estos pilares básicos con las extremidades del cuerpo organizacional. Si alguna enfermedad afecta a alguna de estas extremidades, difícilmente la organización podrá moverse con rapidez, adaptarse a los cambios, y modularse al entorno. Esta conducta limita el crecimiento organizacional y debe erradicarse en cualquiera de las áreas donde pueda encontrarse.

1.1.- Sintomatología del Síndrome de Cronos.

El listado de síntomas de esta nueva patología organizacional con el cual podemos realizar un diagnóstico consiste en:

  1. Se presenta en cualquier empresa u organización independientemente de su tamaño o actividad productiva

  2. Es practicada por personas que poseen un cargo de relativa importancia dentro de la empresa: mandos intermedios, directivos, etc.

  3. No importa la edad el sexo o condición del gerente, aunque usualmente ocurre en personas con muy poca preparación académica y que tienen un grado de antigüedad dentro de la empresa

  4. Las personas que presentan este síndrome poseen un alto nivel de inseguridad, así como una carencia de conocimientos competencias laborales o habilidades


1.2.- El Jefe Cronos.

La enfermedad Cronos encuentra un hábitat idóneo en aquellas culturas empresariales en las que prevalece un sentido paternalista en el que se premia la lealtad y la obediencia en detrimento de la eficacia. El directivo enfermo de Cronos está siempre buscando la gloria de ser el mejor. La necesidad de sentirse seguro le lleva a rodearse siempre de mediocres sumisos a quienes utiliza en su favor. Impide el desarrollo de sus colaboradores por el temor a la pérdida de status y poder. Buscan por todos los medios “parecer jóvenes” y con ideas novedosas, a costa de aquellos trabajadores verdaderamente jóvenes. El directivo enfermo de este síndrome es incapaz de reconocer sus errores. No le alteran las críticas y reacciona agresivamente... Los éxitos y cualidades ajenas le suscitan su envidia desmedida.

Las organizaciones que tienen gerentes con Síndrome Cronos no tienen el problema en el modelo de gerencia, sino en la propia cultura empresarial, una cultura basada en el rendimiento financiero única y exclusivamente, dejando a un lado el clima laboral.

1.3.- Las víctimas del Síndrome Cronos.

Un subordinado que observa la consulta de su Jefe – Cronos, puede reaccionar de dos formas:

a) Expresando su descontento aunque eso implique la consecuente pérdida de su trabajo

b) Limitándose a comunicar lo estrictamente necesario, en espera de alguna oportunidad donde pueda desligarse de su supervisor.


El estancamiento en los empleados produce una aja productividad además de sentimientos de frustración e impotencia con ciertas dosis de resentimiento, lo cual impide el flujo de comunicación laboral, que es la base de una eficacia y calidad en el trabajo. La pérdida de interés en los trabajadores genera un descenso en picado de la productividad, haciendo que la organización se estanque y que por la ley natural, sea una firme candidata a desaparecer de la faz del entramado sistema productivo. Los subordinados, ante el clima- cronos, comienzan a manifestar una conducta más bien orientada al desinterés y desdén al darse cuenta que su crecimiento profesional está estancado. También pueden darse síntomas de hostilidad o indiferencia. Al sentirse estancado, poco puede hacerse para estimular al trabajador, quizá sólo un acontecimiento increíblemente extraordinario pueda devolverle el interés perdido.

3.- ALGUNAS RECOMENDACIONES ANTE LA MALDICIÓN DE CRONOS.

Los estudios de clima laboral están a la orden del día en los gabinetes de Prevención de Riesgos Laborales, dando cada vez más importancia a los factores psicosociales que repercuten en la insatisfacción laboral. Pero los nuevos cambios organizaciones emergidos tras la actual crisis laboral y financiera generan nuevas “enfermedades psicosociales” en el entorno empresarial. Algunas recomendaciones cuando dentro de la organización se detecten personas con este síndrome, para obtener un buen diagnóstico dentro de los estudios de clima laboral pueden ser:

  • Evaluar el estado de ánimo el personal

  • Evaluar el sentido de seguridad y pertenencia de los trabajadores dentro de la cultura empresarial.

  • Evaluar el tipo de procesos operativos y humanos como base sustancial de los futuros cambios organizacionales

  • Desarrollar una visión una visión a largo plazo con un enfoque por los resultados a través de las personas y no a pesar de ellas.


Los clásicos griegos inventaron la democracia. Ellos enseñaban que el gobierno más difícil es el gobierno de uno mismo. Y aunque sea el gobierno más difícil, es también el más eficaz y la fuente de cualquier ejercicio de poder, y por supuesto, del ejercicio de la empresa.


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Miedos sobrevaloradoe

Enviado por el 08/04/2010 a las 13:38
Manuel Gross

MIEDO: una palabra sobrevalorada

In coaching, coaching personal, psicologia positiva on Marzo 17, 2010 at 5:36 pm

El miedo está sobrevalorado. Parece que es importante no tener miedo, controlar el miedo, saber utilizar el miedo, entender al miedo.

Hay mucha gente que busca en internet las claves para superarlo. Lo que yo me preguntaría es ¿por qué tenemos tanto miedo?, más que ¿a qué le tememos?. Ya sabemos a qué:

a hablar en público

a fracasar

a volar

a la muerte

a los espacios abiertos

a los espacios cerrados

a los animales

a comer en publico

a la soledad

al desamparo

a lo desconocido

a lo diferente

a quedarnos sin trabajo

a que no nos quieran

…suma y sigue

ya habrás leido por ahí que el miedo es una reacción muy primaria que nos permite estar alertas y como tal es útil.

Entonces..¿donde está el problema? Creo que el problema comienza a partir de que las certezas que son una excepción, comenzaron a ser tratadas como la regla. Hace millones de años no era seguro que la comida estuviera allí, ni se podían predecir las tormentas, ni se sabía si aquel llegaba era amigo o enemigo.

A partir de ahí y con el paso de las generaciones y tanta agua bajo el puente nos hemos convertido en seres incapaces de lidiar con la incertidumbre y ese deficit pasa facturas a veces excesivas. Genera ansiedad, nos impide ser creativos, en definitiva nos paraliza. ¿Quién dijo que la seguridad es una valor?

Es por  eso que creo de lo que se trata es de aprender a convivir con el miedo y saber utilizarlo en lugar de desplegar estrategias variopintas para eludirlo.

He leído por ahí que hay quienes ya apuntan los cañones del desprestigio hacia la psicología positiva culpándola de todos los males: si cuando pierdes tu trabajo no debes tener miedo ni deprimirte sino debes pensar SOLO que es una oportunidad de CAMBIO, te sentirás un pringado si por un mes no quieres salir de la cama, que el problema no e sese, el problema es si sigues ahí un año después. Si antes de ir a esa cita con una persona que te gusta pero a la que apenas conoces tiemblas pensando en qué decir, en qué ponerte, adonde ir y coges el telefono para anularla, una voz interna madre de todos los gurúes de autoayuda te hablará de hombres que no escuchan , mujeres que aman demasiado, autoestimas pulverizadas…cuando es posible que solo se trata de que llevas un mal día para una conversación “a ciegas”, ya quedarás mañana .

Estas críticas hablan de que ya tenemos bastante con vivir para encima pensar que todo es posible y que si no lo logramos solo nosotros somos los culpables, la verdad es que en parte les doy la razón.

“El miedo no es tonto” dicen por ahí…y es verdad pero a veces es miope y eso también es verdad.

Lo que quiero decir es que se trata de conocer las propias zonas ciegas esas que no conocemos pero que los otros ven y eso solo se logra ejercitando la observación cuidadosa para no temer a sombras.

Y se trata también de saber que a veces las organizaciones, sobre todo las españolas, utilizian el miedo como un instrumento de gestión y eso sí que paraliza. Los miedos más habituales  son,s egún Pilar Jericó: miedo a no llegar a fin de mes, al cambio, al rechazo, al fracaso y el miedo a perder poder.

MIEDO es una palabra sobrevalorada, a veces no se pronuncia, es tabú. pero ¿qué son las crisis de ansiedad, el distrés y otras yerbas sino miedo, sobrevalorado, exagerado,?

No creo que se trate de buscar no tener miedo sino de usarlo como señal de que ahí hay un obstáculo y de que como en los tiempos de las cavernas una vez más: hay que atacar o huír…

Cuando tengo que elegir entre dos males, siempre prefiero aquel que no he probado.”

Mae West


Los miedos de Chile

Enviado por el 24/12/2009 a las 17:46
Manuel Gross

Artículo en la revista Capital:

¿Cuáles son los factores que producen miedo y que temores experimentamos con mayor intensidad los chilenos? Estas son algunas de las interrogantes que Capital y Feedback quisieron dilucidar. Una encuesta a 600 personas y las opinión de quienes trabajan con el alma humana intentan arrojar algo de luz sobre este espeluznante tema.

Reportajes y Entrevistas
Los miedos de Chile

Artículo correspondiente al Martes 22 de Diciembre, 2009


Catálogo de miedos

Enviado por el 14/11/2009 a las 15:51
Manuel Gross

Reflexiones sobre el miedo

Por Raúl Herrera Labarca

A raíz de una conversación con amigos sobre el miedo y su impacto en la empresa, escribí estas líneas para apoyar la reflexión,  las dejo tal cual, sin los links que me gusta poner como fundamento a lo que digo. Los lectores de este blog podrán reconocer muchos de los puntos acá tratados.

MIEDO COMO EMOCIÓN BÁSICA

El miedo lo ha identificado Darwin como una emoción básica (junto con la pena, rabia, alegría y asco), necesaria para la supervivencia, y creo que este punto de partida es importante, si no tenemos miedo no sobrevivimos

 Y como emoción básica, es previa al lenguaje, es decir la encontramos en todos los animales superiores, y su rol es generar en el cuerpo una reacción básica, antes que tengamos tiempo de reflexionar. Así si vemos un peligro, nuestro cuerpo reacciona, antes que nos demos siquiera cuenta. Las emociones no las decidimos, nos pasan

 PARA QUE NOS SIRVE, Y COMO NOS COMPLICA

Gracias al miedo, el ser humano aprendió a anticipar el futuro, ahorró, tomó precauciones, aprendió a diseñar y construir herramientas, etc, Cuando estamos con miedo nuestros sentidos se agudizan, somos capaces de escuchar sonidos, olfatear, etc, en una forma más aguda que otras veces, nuestro cuerpo se contrae, listo para huir.

 La agudización de los sentidos y la contracción de nuestros músculos, nos puede llevar también a quedarnos paralizados, sin capacidad de movimientos, a concentrar nuestro foco de atención en lo que genera el miedo, en la urgencia, descuidando otros factores relevantes para el mediano y largo plazo.

 EL CONTROL, LA EXPRESIÓN DEL MIEDO

Para trabajar con el miedo, la herramienta es el control, controlamos donde está el enemigo, si tenemos miedo que nuestros empelados no trabajen, lo controlamos, desde el control tenemos la ilusión que lo que no queremos que pase, no pasará. Y eso es muy válido, nos permite anticipar tendencias y actuar a tiempo

 Organizacionalmente, el miedo se usa, controlamos y castigamos las desviaciones, eso genera miedo, y por tanto movilización, acción. Ha sido la herramienta organizacional por excelencia en la época industrial, tanto el palo como la zanahoria son expresiones de lo mismo, si no cumples, te doy un palo, si no cumples, no te doy la zanahoria. El tema es que con miedo, actuamos apretados, desde ahí no hay innovación, no hay goce, no hay superación

 EL MIEDO QUE SE QUEDA EN EL CUERPO

Como la emoción, y en este caso el miedo, pertenece a la biología, y no al razonamiento, actúa primero, y más aún tiende a quedarse pegado en el cuerpo, los músculos tienden a quedar contraídos, y eso genera que hay cuerpos, por su historia, que son mas miedosos que otros, y tienden a actuar desde el miedo, aunque razonablemente lo que generó ese miedo ya no esté presente. Estas personas tienden a ser delgadas, con poca musculatura, y su miedo aparece en la tendencia sobre controlar

 MIEDO Y CONFIANZA

Lo contrario del miedo, no es la valentía, (eso es actuar pese al miedo) sino que la confianza, y esa es una tendencia organizacional que empieza a surgir con fuerza, vamos cada vez a menos miedo y más confianza, entendiendo por supuesto que en mucha confianza hay peligro y ahí llega el miedo para alertarnos, requerimos movernos entre estas dos variables, entendiendo que mucho miedo y por tanto mucho control es caro, y mucha confianza es peligrosa

 TRABAJANDO EL MIEDO

El miedo lo podemos trabajar desde dos extremos, una externa, eliminar el peligro, eliminar los enemigos, (ejemplo la competencia) o internamente, fortalecernos para que el enemigo no nos perjudique (el aprendizaje permanente) y eso lo podemos aplicar a cualquier dimensión de la vida.

 Parte importante de nuestros miedos no resisten mucho análisis, son como fantasmas vestidos de blanco, que una vez que los pintamos dejan de ser miedos, se desvanecen; la forma de pintarlos, es hablar de ellos, y poder ver desde la razón, que no tienen sentidos, y guardar esa sensación para la próxima vez que el miedo se nos aparezca

 MIEDO Y CULTURA. UNA POSIBILIDAD ORGANIZACIONAL

Culturalmente el miedo es mal visto, especialmente si somos hombres, y eso nos lleva a no comentarlo o peor aún a no reconocerlo en nosotros mismos, es como si rompiéramos el termómetro orgánico del miedo. Esto dificulta trabajarlo y ponerlo al servicio de nosotros mismos, tendemos a ignorarlo y no ver las consecuencias en el largo plazo, o a sobre reaccionar y no hacer nada.

 Culturalmente, hablar del miedo, es mostrar la vulnerabilidad. y eso requiere hacerse en ambientes donde predomina la confianza, a mayor confianza, mas intimidad, es más fácil hablar de los miedos, y por tanto ver el real peligro que implica, y poder pasar a la acción.

 No hablar de los miedos hace que se hable de generalidades que a nada conducen

 Es por tanto un importante ejercicio organizacional generar ambientes donde la vulnerabilidad sea permitida, los miedos admitidos y analizados. Este se logra creando confianza en lo que se diga será usado con respeto y no será comentado con terceros

 MIEDOS MÁS RECURRENTES

Nuestros miedos más usuales, los que se me vienen a la mente y complementados con miedos que emergen de nuestra conversación, son

    * Menoscabo de nuestra identidad, miedo a traer un pasado que queremos mantener oculto o con bajo perfil; en la medida que lo aceptamos, nos hacemos mas fuertes
    * Menoscabo de nuestra auto estima, especialmente cuando basamos esta en lo que sabemos, en vez de basarla en nuestra capacidad de acción, desde ahí no sabemos decir no sé, y eso ocurre en forma diferencial en diversos campos
    * Miedo al futuro, especialmente lo vemos en el campo económico y acumulamos recursos, tendemos a verlo menos en el campo de cuidar la salud o nuestras relaciones
    * Miedo a que no nos quieran, y tendemos a comprar afectos, a generar dependencias, apegos, en vez de cultivar nuestro ser interior para que sea atractivo al resto
    * Miedo al dolor, y no nos exponemos a situaciones donde hay dolor o disminuimos la capacidad del cuerpo de expresarlo, y muchas veces olvidamos que el dolor es sólo un síntoma de algo que está cambiando Requerimos evitar el dolor innecesario
    * Miedo al sufrimiento, al igual que con el dolor, tendemos a evitarlo, sin darnos cuenta que es la expresión de un cambio en nuestro ser, y por tanto inevitable. Resistirse al sufrimiento genera más sufrimiento. Requerimos evitar el sufrimiento innecesario.
    * Miedo al fracaso, surge de no aceptar que el fracaso es una posibilidad en cualquier iniciativa que tomemos, y por cierto una vía de aprendizaje. En el extremo, nos aseguramos de no hacer nada y tenemos la ilusión de no fracasar. Podemos recordar que no hacer nada también es una forma de acción
    * Temor a equivocarme, mi autoestima está basada en saber todo y de todo, si me equivoco tengo una buena explicación que muestra que no soy el culpable del error, la otra posibilidad es basar mi autoestima en mi capacidad de aprender
    * Miedo al rechazo, No pido para que no me digan que no, no reclamo, paso desapercibido, acepto situaciones en que dignidad sufre
    * Miedo al ridículo. Miedo al juicio desfavorable de los demás, me lleva a actuar lo más posible dentro de las normas socialmente aceptadas del grupo, aunque vayan contra mis valores y mis ganas de aparecer, no hago nada distinto, ni nada en que pueda fracasar. Impide el aprendizaje.
    * etc...

Al verlos de esta forma equivale a pintarlos, es decir una invitación a disolverlos

Enviado por Raúl Herrera Labarca el viernes, 13 noviembre, 2009 a las 8:03 PM

Fuente: Gestión Holística 

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