Adriano-Memorias-Extracto
Por Adolfo Wagner
Parte de nuestros males proviene de que hay demasiados hombres vergonzosamente ricos o desesperadamente pobres. Hoy en día, por suerte, tiende a establecerse el equilibrio entre los dos extremos.
(No creo que sea así);las colosales fortunas de emperadores y libertos son cosa pasada; Trimalción y Nerón han muerto. Pero un inteligente reajuste económico del mundo está todavía por hacerse.
Cuando subí al poder renuncié a las contribuciones voluntarias ofrecidas al emperador por las ciudades, y que no son más que un robo disfrazado (centralismo). La anulación completa de las deudas de los particulares al Estado era una medida más osada, pero igualmente necesaria para hacer tabla rasa después de diez años de economía de guerra.
Nuestras tierras
se cultivan al azar; tan solo los distritos privilegiados- Egipto, el África,
Acabé con el escándalo de las tierras dejadas en barbecho (ociosas) por los grandes propietarios (incluyendo el Estado) indiferentes al bien público; a partir de ahora, todo campo no cultivado durante cinco años pertenece al agricultor que se encarga de cultivarlo. Lo mismo puedo decir de las explotaciones mineras.
La mayorías de nuestros ricos hacen enormes donaciones al Estado, a las instituciones públicas y al príncipe. Muchos lo hacen por interés, algunos por virtud, y casi todos salen ganando con ello. Pero yo hubiese querido que su generosidad no asumiera la forma de la limosna ostentosa, y que aprendieran a aumentar sensatamente sus bienes en interés de la comunidad, así como hasta hoy lo han hecho para enriquecer a sus hijos.
Guiado por este principio, tomé en mano propia la gestión del dominio imperial; nadie tiene derecho a tratar la tierra como trata el avaro su hucha llena de oro.
A veces nuestros comerciantes son nuestros mejores geógrafos y astónomos, nuestros naturalistas más sabios. Los banqueros se cuentan entre los mejores conocedores de los hombres. Utilicé las competencias; luché con todas mis fuerzas contra las usurpaciones. El apoyo dado a los armadores ha duplicado los intercambios con países extranjeros; pude así, con poco gasto, reforzar la costosa flota imperial.
Con respecto de las importaciones del Oriente y África, Italia es una isla, y a falta de cosecha propia depende de los comerciantes de grano para su subsistencia. La única manera de remediar los peligros de esta situación consiste en tratar e esos indispensables negociantes como funcionarios estrechamente vigilados.
Nuestra antiguas provincias han alcanzado en los últimos años una prosperidad que aún puede ir en aumento, pero lo que importa es que la prosperidad sirva para todos y no solo para la banca de Herodes Atico o para el pequeño especulador que acapara todo el aceite de una pequeña aldea griega.
Se necesitan leyes más rigurosas para reducir el numero de intermediarios que pululan en nuestras ciudades: raza obscena y ventruda, murmurando en todas las tabernas, acodada en los mostradores, pronta a minar cualquier política que no le proporciones ganancias inmediatas.
Una distribución juiciosa de los graneros del Estado ayuda a contener la escandalosa inflación de los precios en épocas carestía, pero yo contaba sobre todo con la organización de los productores mismos, los viñateros galos, los pescadores del Ponto Euxino, cuya miserable pitanza devoran los importadores de caviar y de pescado salado prontos a sacar tajada de sus fatigas y sus peligros.
Uno de mis días más hermosos fue aquel en que convencí a un grupo de marineros del Archipiélago de que se asociaran formando una corporación y que trataran directamente con los vendedores de las ciudades.
Jamás me sentí más útil como príncipe.
¿ Cuanto hemos cambiado ?
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Buen texto
Qué buen texto. Felicitaciones