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Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Hacia la sexualidad madura

Enviado por Alejandra Godoy Haeberle el 21/09/2009 a las 13:22
Alejandra Godoy Haeberle

 

Dr. Ricardo Capponi, psiquiatra

 

Los seres humanos somos una sumatoria de aspectos maduros, un poco inhibidos, de repente con tendencias adictivas y raramente con perversión. Todos son modelos de sexualidad que plantea el psiquiatra Ricardo Capponi para explicar cómo podemos ir caminando hacia una sexualidad que permita cumplir el reto de este siglo: mantener una sexualidad de calidad con la misma pareja durante toda la vida.

 

Hay un tremendo desafío en el siglo XXI. Y éste consiste en la humanización del amor, llamado amor sexual maduro. El desafío no sólo consiste en mantenerse atraído con el cuerpo del otro durante años, sino disfrutar del sexo con el otro durante toda la vida.

Antiguamente las parejas no se planteaban este desafío. Las mujeres no tenían acceso a una buena sexualidad y la estructura machista permitía que el hombre tuviera una sexualidad paralela con alguna cortesana o amante donde de alguna manera vaciaba su excitación sexual.


Esto cambia cuando la mujer se integra a la sociedad, exige sus derechos, y empieza además a tomarse conciencia de la sexualidad en el desarrollo mental. Es sólo a fines del siglo XX que empieza a construirse la relación de pareja en que, además de la sexualidad de calidad, se busca tener una calidad en el vínculo, lo que nos lleva al terrible dilema que podríamos llamar la monogamia única para toda la vida.


No hay recetas, porque además la sexualidad es una vivencia tremendamente privada y cualquier receta que dé puede ser extemporánea. Como es una vivencia personalizada requiere elaboraciones y pensamientos propios, y no me refiero a algo racional, sino a una aproximación afectiva, intelectual, emocional, personal y con la pareja.


Sabemos que la condición biológica que nos ofrece la excitación sexual es una vía para resolver una serie de angustias que tenemos los seres humanos por el solo hecho de existir. Hay varios términos para hablar de este mecanismo, pero el que uso se llama herida narcisista. Se trata de una herida, una falta, que sentimos por no ser completos.


En la vida tratamos de suplir estas heridas narcisistas con diferentes cosas: el trabajo, el arte, el afecto, el sexo. ¿Cómo lo hacemos? El sexo nos permite mitigar los sentimientos de omnipotencia, idealización, grandiosidad, que tenemos los seres humanos y que hemos ido construyendo desde la infancia hasta la adultez.


Pero ésta primariamente es una solución sexual primitiva que requiere de un trabajo para llevarla hacia una sexualidad madura. Porque mientras más primitiva sea la solución, más perversa es la sexualidad. Mientras más madura sea la solución, más normal es la sexualidad.


Nuestra sexualidad puede ir desde el polo de lo primitivo hacia el polo de lo más maduro, y éste es un tremendo reto. Podemos vivir en el infierno de la perversión - si es que hemos tenido una historia compleja- o de lo adictivo, en que podemos tener un deseo erótico de calidad - es decir, ser buenos para hacer el amor- , pero con incapacidad emocional, o llegar al estado de amor sexual maduro, que es finalmente el estado en que el sexo se pone al servicio de la construcción de una relación en fidelidad con un vínculo enriquecido.


En general, los seres humanos somos una sumatoria de aspectos maduros, un poco inhibidos, de repente con tendencias adictivas y raramente con perversión. Pero todos éstos son modelos. Lo maravilloso de la sexualidad es que podemos poco a poco ir creciendo, teniéndolo además presente para la educación sexual de nuestros hijos, de modo que no les entreguemos una sexualidad en extremo liberal - porque los haremos caer en la sexualidad adictiva- , ni en exceso inhibida porque tampoco podrán lograr la sexualidad madura en libertad.


¿Cómo son los mecanismos de la sexualidad perversa, la adictiva, la inhibida, la normal? ¿Cómo se logra una vida sexual que se acerque lo más posible a la madurez?


Los modelos que propongo, ojalá, que de alguna manera descoloquen y confundan. Mientras más confundido se quede, mejor será porque significa que se tendrá que pensar, y cuando se piensa es cuando se produce el cambio mental; y si se produce un cambio mental, se produce el cambio de actitud, y entonces hay crecimiento y desarrollo.

 

El sentimiento de omnipotencia: primera herida narcisista


Vivir significa un esfuerzo, para lograr el alimento para la subsistencia básica, la protección frente a las amenazas del medio ambiente. Nos implica un trabajo, por lo tanto, un displacer. Frente a ello, construimos fantasías de omnipotencia: que nos tomamos un año sabático o nos ganamos la lotería.


En el área de la sexualidad, las fantasías de omnipotencia poseen características propias que podemos clasificar en perversas, adictivas, inhibidas o maduras.


La solución perversa: El perverso busca resolver su herida narcisista de omnipotencia de una manera primitiva. El encuentro sexual es vivido con conductas que llevan a un dominio absoluto del otro, el que es usado a su total disposición como un objeto material sin vida propia. Los derivados agresivos se infiltran de tal modo que el amor y el odio están confundidos y el placer sexual está teñido de descargas destructivas.

La adictiva: No es tan extrema la agresión, aquí el vínculo sexual está al servicio de demostrar superioridad. Se busca tener el cuerpo del otro, pero sin conquistarlo afectivamente, sin preocuparse del otro, es decir, sin hacer un trabajo emocional. Esta solución omnipotente se da habitualmente en sujetos con una vida afectiva inestable, en personas que tienen múltiples parejas y en hombres machistas que usan a su pareja para reafirmar una inseguridad latente de sus sentimientos de potencia viril.

La inhibida: En este estilo no se puede usar la erotización al servicio de sentirse conquistador(a), por lo que se va produciendo una inhibición que se traduce en ausencia de conductas erotizadas, lo que lleva a empobrecer el repertorio sexual. Esta incapacidad está ligada con dificultades en el manejo de la agresión, muy típico en las mujeres, por mala identificación con la figura paterna, temor a la figura masculina, tendencia al sometimiento. O también por prohibiciones extremas en la expresión sexual, especialmente en la época del autoerotismo.


La madura: Es el grado más evolucionado al poder integrar este sentimiento rico de omnipotencia en el encuentro sexual. En este estilo se accede al contacto con los deseos primitivos de controlar, dominar y ejercer poder sobre el otro - con toda la gratificación que significa cumplir esta fantasía de omnipotencia- , pero dentro de un proceso en que los sentimientos amorosos y de preocupación por el otro van morigerando las tendencias más agresivas de despreocupación y del uso del otro como un objeto sustituible. En este estilo se va construyendo una alternativa de placer sexual vinculado de una manera más flexible, sin daño, provocándose placer el uno al otro, con la confianza de que el amor mutuo está por sobre las formas más agresivas.


Estas formas lúdicas en el encuentro sexual de dominio–sumisión son citadas en el milenario Kamasutra, que no es un libro de perversión, ya que el punto es cómo es integrado por la pareja, y cómo ésta se pone de acuerdo en ciertos elementos que le parecen excitantes... Porque les recuerdo el desafío: tratar de mantener una sexualidad de calidad con la misma pareja y entretenida para toda la vida, considerando que el promedio de vida está en los 85 años.

 

Conciencia de imperfección: segunda herida narcisista


La sensación de imperfección es una herida que nos acompaña toda la vida. Por ejemplo, en las actividades que emprendemos y no nos resultan. Sucede también en lo físico. Nos sentimos plagados de defectos. Esta sensación de imperfección se hace más intensa en la medida en que nos comparamos con otros modelos que idealizamos.


En la excitación sexual, se amplifican los mecanismos de idealización. Uno se idealiza a sí mismo cuando se excita, e idealiza también el cuerpo del otro. De este modo, transitoriamente, se puede negar la imperfección. Mientras vivimos el encuentro erotizado, la sensación de poseer a alguien perfecto resulta un bálsamo para nuestra herida narcisista. Ahora, nuevamente, según el grado de rigidez de agresión con que vivamos esto, será la mejor o peor, la calidad de esta vivencia.


La solución perversa: El perverso idealiza el dolor, la agresión y la angustia erotizando el dolor en el goce masoquista, la agresión en el goce sádico, y la angustia en el goce vinculado al riesgo vital.


La adictiva: Se idealiza la forma perfecta del cuerpo del otro pero exclusivamente en cuanto a su apariencia externa. Se goza con él en la medida en que ese cuerpo cumpla con los requisitos estéticos que la sociedad propone, que hoy está asociado a lo juvenil y estrictamente sensorial. En este caso, la calidad del deseo erótico es frágil, porque carece de la fuerza y solidez que da la ligazón afectiva y emocional con el otro. La fuerza de la atracción sensorial se desgasta y por ello la variación es el sello que caracteriza al adicto sexual. El Don Juan se cautiva con la mujer idealizada, la que pierde su encanto con el desgaste y por eso debe ser sustituida.


La inhibida: No hay capacidad para vivir la idealización, lo que a la larga genera apatía. Se usa la idealización solamente en relación con elementos emocionales y afectivos. Hay mujeres, por ejemplo, que les cuesta idealizar el cuerpo físico de su pareja. Lo que idealizan es su personalidad, pero sin lo sensorial.


La madura: En el estilo maduro la excitación sexual amplifica los aspectos hermosos del cuerpo, vinculado con una geografía de significados personales, producto de muchos momentos compartidos. Se idealiza un sentido. Al hombre o a la mujer se le encuentra bello porque hay todo un compartir, una historia, un aspecto afectivo y tierno que permite que el otro resulte atractivo. Un significado donde el otro aparece deseable no sólo por su perfección corporal externa, sino por su personalidad, los recuerdos, el compromiso, el pasado en conjunto. En definitiva, porque se es capaz de apreciar una estética del mundo interno de la pareja. Esta, ahora, se extrapola a la anatomía de sujeto. De ahí, se pasa al cuerpo, y se hace deseable. Ésta es la idealización que contribuye a mantener el deseo sexual de la pareja a pesar de los años. Y se puede hacer el amor, a pesar a veces del deterioro y la limitación.

 

Sensación de pequeñez: tercera herida narcisista


La sensación de pequeñez es consustancial al ser humano. Siempre necesitamos un proceso de crecimiento para conseguir lo que queremos. El dolor y la frustración que significa ser pequeño y tener que hacer un penoso camino para llegar a ser grande, adulto, moviliza un deseo natural de querer saltárselo para llegar al tiro al final del camino.

La solución perversa: La excitación sexual aquí aparece como la posibilidad de construir una sensación de grandiosidad que nos instala en un lugar privilegiado sin hacer ningún esfuerzo. Es decir, se vive la sexualidad al servicio de la negación de la diferencia que hay entre una generación y otra. Es el caso de la pedofilia, por ejemplo, en que se niega la diferencia en forma tan grotesca que se usa la excitación sexual para investir como objeto de deseo a un niño que no ha crecido lo suficiente.


La adictiva: Soluciona la herida de pequeñez evitando el proceso de trabajo emocional que significa la entrega sexual mutua, es decir, el otro es usado como un objeto desechable. No es necesario construir una relación con el cuidado, preocupación, afecto. Más bien el acento se pone en la seducción con el fin de obtener un trofeo que engrandezca la vanidad, usando la excitación sexual como una vía para alcanzar la posesión del otro: Ahora es mío, ahora es mía.


La inhibida: La persona tiende a sentirse culpable por ser un adulto con derechos. Esta inhibición se da en hombres y mujeres hiposexuales, poco motivados al placer erótico por un sentimiento de culpa. Muchas veces una educación muy represora les ordenó que debían portarse bien, no explorar, ni aventurarse en un mundo que es exclusivamente de los mayores.


La madura: Es típicamente lúdica. Se incorporan a la vida sexual todos los derivados relacionados con la conquista fácil, con el acceso al otro en forma automática, con las más variadas maneras de obtener placer por el placer. Son las parejas que a veces tienen encuentros sexuales de cualquier manera, en cualquier lugar, de manera rápida, en un juego erótico en donde ellos han podido integrar esta forma adulta de hacer el amor. Le agrega así salsa a su vida sexual. Estas parejas tienen la sensación de control y de poder vivir esto como un juego porque junto con esto, en otros momentos, en forma alternante o simultánea, son capaces de disfrutar con un proceso amoroso, con una conquista gradual, centrada en el otro.

 

El anhelo de lo prohibido: cuarta herida narcisista


Un elemento que contribuye al deseo de transgredir proviene del hecho de que el deseo sexual se desarrolla desde la infancia en un clima de puras prohibiciones, entonces la mente siempre está buscando qué podría hacer para transgredir.


La solución perversa: La excitación se logra montando un escenario que permite revivir los momentos de frustración con carácter de víctima, masoquista, para enseguida pasar a un escenario inverso, en que aparece el dominar e imponerse. Esta práctica, donde gusta transgredir llevando las cosas al extremo, se ha empezado a dar con mucha frecuencia en sociedades como la americana y europea, en que incorporan terceros a la relación de pareja, o intercambios de parejas. Son fantasías tremendamente perversas que las parejas habitualmente no pueden tolerar terminando en la separación.


La adictiva: Es menos grave que la perversa, pero también muy complicada. Atrae o seduce aquel o aquella que no me pertenece, que es pareja de otro, por el solo placer de arrebatarlo. El deseo se alimenta casi exclusivamente por el placer de romper la norma. La fantasía de triunfo y venganza es lo que impregna la relación. Una vez que se consiguió lo que se perseguía, viene el aburrimiento porque la relación se asentaba sólo en el deseo de ocupar el cuerpo del otro para mi propio provecho. Ésta es una pésima solución en la sexualidad que se traduce en la búsqueda indiscriminada de pareja llevando a la promiscuidad. Se da en donjuanes y adolescentes, además de parejas que intentan combatir el tedio de una relación que está perdiendo la pasión abriéndose a aventuras a terceros.


La inhibida: En este caso se evita todo contacto con fantasías eróticas en las cuales aparezcan terceros. Hay sensación inmediata de que a eso no se tiene derecho, porque es un pecado de pensamiento. El problema es que eso llena de angustia, celos, inseguridades y más que contribuir al deseo, lo inhibe. El acceso a escenas que activen deseos a mayor intimidad sexual, más que despertar curiosidad de seguir explorando, producen sensaciones que paralizan.


La madura: El transgredir adquiere un carácter simbólico en un marco de una sana moral en común. Se va creando un clima de complicidad en que la pareja explora nuevas fronteras del placer. En la sexualidad madura, asimismo, se integra un disfrutar promovido por los aspectos complementarios de la identidad, es decir, el hombre con sus aspectos femeninos y la mujer con sus aspectos masculinos. Al hombre le resulta estimulante una mujer que tiene cierta rudeza, iniciativa, a veces hasta con toques de agresividad. Y a la mujer le encanta también la capacidad femenina del hombre de ser tierno, amoroso, adecuadamente conquistador.

 

La dolorosa soledad: quinta herida narcisista


En la medida que los seres humanos experimentamos de niños el estrecho apego con la madre y la padre, nos quedan recuerdos imborrables de plenitud. Pero nuestro desarrollo nos exigió ir abandonando estas relaciones tan apegadas para lograr un grado cada vez mayor de autonomía en nuestro desarrollo. Esta separación nos ha ido dejando recuerdos de intensa soledad.


Cuando estamos en el cuerpo de otro se disminuye el sentimiento de soledad, generando una sensación de pertenencia mutua que calma esta angustia básica. Este es uno de los aspectos más bonitos del encuentro amoroso.


La solución perversa: Lo que hace es fundirse y confundirse de tal modo con el otro que se elimina la separatividad; el otro no es un otro. En la ninfomanía, por ejemplo, donde no hay capacidad de comunicación verbal o mental, lo que interesa es meterse en el cuerpo del otro.

 
La adictiva: No tiene tolerancia a la separación, lo que lleva a vivir la soledad con altos niveles de angustia. Se busca el vínculo sexual como una forma de unión que alivia transitoriamente. Esto es lo que se llama la adicción sexual.


La inhibida: No usa la excitación sexual como un medio para tranquilizarse frente a la soledad. Su actitud es de rechazo al contacto de piel. La sensación de perder la noción de sí mismo provoca que cueste dejarse llevar en forma total durante el acto sexual, por eso sus parejas se quejan de falta de sincronía, como si no alcanzaran el mismo ritmo.


La madura: Permite usar la excitación al servicio de vivir transitoriamente como un juego el estado de completa fusión, pudiendo luego recuperar la propia individualidad sin sufrir intensas angustias, culpas o estado melancólicos. Se goza del encuentro total mitigando la soledad y dejando un gratificante recuerdo de contención, lo que como consecuencia consolida el vínculo.

 

Ricardo Capponi.

 

 

 

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Sitios que enlazan este artículo:

Pareja y Sexualidad

Enviado por el 28/03/2010 a las 21:07
Manuel Gross

Este nuevo sitio de reflexión tiene el objetivo de ampliar y profundizar en algunos de los temas de pareja y sexualidad que ya hemos visto en nuestros Blogs, pero tocaremos también otros totalmente nuevos.

Hablaremos de cómo elegimos pareja, de cómo saber si somos compatibles, de mitos en torno al amor y el sexo, de las etapas del amor, de fidelidad y celos, de nuestro cerebro enamorado, de comunicación y negociación, de separación, de cómo ser padres después de la separación, de psicoeducación, de terapia, de disfunciones sexuales y de tantos otros temas muy interesantes.

Leer en

"Hablemos de Pareja y Sexualidad"



Manuel

Enviado por el 29/03/2010 a las 21:31
Alejandra Godoy Haeberle

Manuel

Enviado por el 15/03/2010 a las 18:37
Alejandra Godoy Haeberle

Muchas gracias por este interesante artículo que complementa muy bien al de Capponi.

Saludos, Ale

PSICOLOGÍA Y MÁS / Blog de Alejandra Godoy Haeberle

 

 


Sexo con cuerpo y alma

Enviado por el 13/03/2010 a las 21:43
Manuel Gross

La Sexualidad en Oriente y Occidente

Publicado por Malena el 10 de Marzo de 2010

La sexualidad humana, además de ser una función reproductiva, tiene un objetivo espiritual, la unión de dos personas que se encuentran en un diálogo íntimo, que les brinda la oportunidad de expresar las fantasías sexuales de cada uno.

En Occidente, los especialistas en sexualidad actuales opinan que el órgano sexual por excelencia es el cerebro, porque es el que rige desde el instinto más arcaico hasta la sensibilidad más exquisita.

De manera que, la forma en que un individuo se comporta sexualmente no depende tanto de sus órganos sexuales sino de factores como su historia personal, su personalidad, sus experiencias, sus creencias, su educación y otros.

Shere Conrad y Michael Milburn, psicólogos de la Universidad de Massachussets, de Boston, incorporan el concepto de “inteligencia sexual” en un libro con ese mismo título, para medir la capacidad erótica de una persona; ya que según esta perspectiva, la inteligencia sexual forma parte de la inteligencia emocional que menciona Daniel Goleman, y se puede detectar, medir e incluso aumentar.

Quiere decir que el sexo no depende tanto de las características físicas individuales de cada uno sino del desarrollo de las habilidades especiales adquiridas que son las que permiten relacionarse mejor sexualmente.

Según estos autores, este tipo de inteligencia sexual se puede aprender y todos tienen la misma capacidad para desarrollarla.

El sexo sin ningún conocimiento está destinado al fracaso para ambos integrantes de una pareja o para uno de ellos, generalmente para la mujer, la que no logrará en este caso, unirse sexualmente con placer sino por el contrario con dolor y frustración.

Una sexualidad plena exige además conocimientos e inteligencia y representa la solución de muchas parejas mal avenidas que han fracasado desde que se conocen y siguen agregando frustración a sus vidas con la resignación de quien no conoce otra cosa.

Es necesario que ambos conozcan su propio cuerpo y su particular sensibilidad, que es única e irrepetible y que está determinada por múltiples factores relacionados con la vida personal y la experiencia existencial.

La comunicación fluida y sin inhibiciones en una pareja es indispensable, quienes de esa manera podrán compartir sus dificultades y sus logros y aprender mutuamente uno del otro.

En Oriente, desde la antigüedad, el placer sexual es considerado sagrado y exige la unión de la mente y el cuerpo para lograr la armonía y la experiencia trascendente de unidadespiritual.

Para los Taoístas, la práctica del sexo exige vaciar la mente, porque no se trata de desarrollar técnicas para llegar al orgasmo, sino de frenar ese impulso la mayor cantidad de veces posible para que al alcanzarlo, se pueda conocer una experiencia única y sagrada.

Los Taoístas recomiendan preparar el escenario adecuado para la intimidad, utilizando velas, aromas, flores y música suave. La relajación total es necesaria y requiere disponer de tiempo y un baño de placer puede resultar muy reconfortante.

El estrés es un estado emocional que impide relajarse y que mantiene la cabeza llena de preocupaciones. Las relaciones sexuales en ese estado se reducen a ser simples descargas orgánicas sin ninguna emoción compartida, generalmente insatisfactoria para la mujer.

Las palabras en la intimidad de una pareja tienen el mismo efecto de una caricia y representan un elemento muy estimulante en el acto sexual, porque el amor necesita también ser expresado en palabras.

La sexualidad debe vivirse con los cinco sentidos y se transforma en un acto trascendente cuando existe compromiso espiritual y afectivo.

Oriente y Occidente son culturas opuestas que se complementan entre si; y a la hora de hacer el amor lo mejor es tomar lo mejor de ambas y experimentar una sexualidad de fusión, con la cabeza y con el corazón.

Fuente: “El Tao de la energía sexual”, de Emmanuelle Temis, Ed. Océano Ambar.

http://psicologia.laguia2000.com/la-sexualidad/la-sexualidad-con-alma-y-vida

 


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