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La economía conductual y el fin de la economía racional

 

El fin de la economía racional 

Por Mario A. Salazar 

Un articulo reciente de HBR, escrito por el profesor Dan Ariely de Duke University,  me llamó poderosamente la atención ya que decía: “ Su empresa ha estado operando bajo la premisa de que las personas- clientes, empleados y ejecutivos- toman decisiones lógicas. Ha llegado la hora de abandonar este supuesto”.

 

Realmente un enunciado muy atractivo y es sin lugar a dudas un la puerta para empezar a pensar en el desarrollo de la nueva economía conductual.

La economía conductual es el resultado del apoyo de dos ciencias, la psicología y a economía. El supuesto operacional de la economía conductual se basa en que los sesgos cognoscitivos de las personas a menudo impiden que estas, puedan tomar decisiones racionales por mucho que lo intenten. Como dice en la lectura, si el hombre fuera una caricatura se parecería mas a Homero Simpson que ha Superman. Es decir tomamos decisiones irracionales y sesgadas.

Esto ultimo es contundente ya que rompe con dos dogmas de fe de la teoría económica estándar que es que los seres humanos solemos tomar decisiones racionales y que la mano invisible del mercado es un corrector confiable de los desequilibrios. Es decir todos los principios de la competencia perfecta.

Pero que decisiones? Por ejemplo, cuanto pagar por una taza de café? 4 dólares? Es racional?, elegir opciones sanas respecto a nuestra alimentación? Vamos al Burger King?, también cuanto ahorramos para momentos de necesidad? Fíjese en su cuenta de ahorros? Cero balas seguro.

Por ejemplo, en el articulo se menciona este experimento, “ un estudio en el cual a las personas se les dio a elegir entre un refinado bombón de trufa de Lindt a 15 centavos de dólar o un chocolate Kiss de Hershey’s a 1 centavo de dólar, una gran mayoría el 73% opto por la trufa. Pero cuando se ofreció los mismos chocolates a un centavo menos, es decir el bombón de trufa Lindt a 14 centavos y el chocolate Kiss gratis, la trufa salía perdiendo, es decir solo el 31% de los participantes la elegía. Descubrieron que la palabra “gratis” es una aliciente tan poderoso que hasta es capaz de alejarnos de una mejor oferta para aceptar una que es gratis”

Ahora, la economía conductual en realidad a sido en las ultimas décadas considerada como una disciplina marginal, sin embargo los economistas tradiciones, están ya empezando a aceptar que las personas de vez en cuando se comportan de forma irracional.

Existe un experimento que es emblemático para que economía conductual y se llama el juego de la confianza. Un grupo de investigadores suizos dirigido por Ernst Fehr realizo un  experimento que en la actualidad se conoce como el juego de la confianza, que revela mucho acerca de los motivos de vengarnos. El juego es así: usted y un socio anónimo reciben US$10 cada uno y usted es quien debe hacer la primera jugada. Usted debe decidir si le manda dinero a su socio o si se queda usted con el. Si usted se queda con el dinero, cada uno se queda con sus US$10 y el juego se acaba. Si usted lo envía, los experimentadores cuadruplican la suma a US$40, de modo que su socio ahora tiene US$50.

La pregunta obvia es: ¿por que regalaría sus US$10 en primer lugar?  La respuesta es que usted espera poder confiar en la próxima jugada de su socio . El puede elegir entre quedarse con los US$50 – lo que a usted lo dejaría sin nada- o enviarle US$25 de vuelta para que comparta la ganancia en montos iguales.

Si su socio actúa racionalmente y en beneficio propio, nunca le mandaría los US$25. Sabiendo esto y actuando de manera igualmente racional, usted nunca le mandaría el dinero que envió al principio. En consecuencia usted no hará nada y se ira a su casa. La buena noticia es que la gente es mas confiada y mas dada a la reciprocidad que lo que supone la teoría económica estándar. Durante el experimento muchas de las personas entregaban los US$10 a sus socios y muchos socios hacían el gesto de reciprocidad de enviar US$25 de vuelta.

Pero el juego suizo no termina ahí. Si su socio decidiera quedarse con los US$50, el experimento le daría a usted una oportunidad durante la próxima etapa del juego para usar parte de su propio dinero para castigarlo. Por cada dólar que usted gaste su socio codicioso pierde US$2. En consecuencia, si usted decide gastar US$25 su socio perdería todas sus ganancias. Uno podría pensar que las personas que acaban de perder dinero no estarían dispuestas a perder aun mas solo para “vengarse” . Es así que la mayoría de las personas de este experimento decidió vengarse se su socio.

Sin embargo, este hallazgo no fue la parte mas interesante del estudio. Mientras los participantes tomaban sus decisiones, sus cerebros estaban siendo escaneados mediante una tomografía por emisión de positrones (PET). Los experimentadores vieron la actividad en el estriato, la parte del cerebro asociada con la obtención de recompensas. En otras palabras, la decisión de castigar al socio codicioso parecería estar relacionada con una sensación placentera. Es mas, las personas con un alto nivel de activación del estriato castigaron a sus socios mas severamente. Esto sugiere que el deseo de vengarse, aun cuando nos cuesta algo y es totalmente irracional, tiene un fundamento biológico.

Ahora la economía conductual tiene sus detractores y quizás el argumento mas fuerte es que estos experimento se realizan bajo condiciones controladas y sin el regulador mas importante de la conducta racional: el entorno vasto y competitivo del mercado.

Aun así pienso que hay mucho camino por delante en la economía conductual y quien sabe, sea las bases para unos nuevos principios económicos que estén mas centrados en las personas, sus irracionalidades y sesgos y en una teoría económica de competencia imperfecta, mas preponderante en los nuevos modelos económicos.

 
Publicado por Mario A. Salazar en 10:00 
sábado 8 de agosto de 2009 

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Fuente: Comercio, economía y actualidad   
Imagen: Behavioral economics 


Mario A. Salazar: Economista, Maestria en Administracion de Negocios Universidad de Miami - Especialidad en Negocios Internacionales. Catedratico Universidad Catolica Sedes Sapientiae. Catedratico Universidad San Martin de Porres. Ubicación: Lima, Perú.


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Comentarios

Si algo enseñan los textos de Levitt es que en todo movimiento económico hay una lógica económica y que, por tanto existe una racionalidad. Lo que sucede es que esa racionalidad puede ser realmente aviesa y, por supuesto (esto es mío y no de Levitt), la economía clasica no lo respalda y, por tanto, pervierte la naturaleza de los mercados imposibilitando el correcto funcionamiento de ese mecanismo llamado mano invisible.

 

Dicen que la mayoría no puede equivocarse, por eso sabemos que la mierda es buena porque 10.000.000.000 de moscas no pueden equivocarse. En el caso del Burger King es cierto que sus hamburguesas no son nada sanas, pero son ricas en grasas que como sabemos producen una sensación en nuestras papilas gustativas millones de veces más placentera que el de una cremita de puerros. No en vano, para poder tirar de esa sana crema de verduras tostamos unas tirillas de beacon y se las echamos por encima. Así pues, la racionalidad económica no nos aportará salud.

 

En cuanto a la elección del producto gratis en lugar del mejor también es obvio y, economicamente, previsible. La cuestión es más grave cuando elegimos nuestros productos en base a agresibas campañas publicitarias que terminan por imponer en nuestro cerebro ideas de que necesitamos objetos totalmente inútiles y los mercados se llenan de esos productos dejando de lado otros que sí son realmente necesarios. Eso es lo que yo llamo perversión de mercados.

 

Más grave es cuando las grandes compañías pretenden vender aire a los más altos precios y, para racionalizar más el beneficio, pagando el mínimo salario a sus trabajadores (beneficio puro).

 

Respecto a la confianza de los inversores y sus estímulos placenteros, con el simple hecho de explicar el proceso ya lo estamos racionalizando. La economía conductual si puede ser racional, lo que no puede es ser analizada correctamente por la economía clásica que, si intentamos analizar a fondo en muchas facetas, como la de la mano invisible, vemos que tiene muy poco, realmente, de racional.

 

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