Por
Decía recientemente Yoriento
que "la
Formación no forma" y yo, cuando por
Formación entendemos la transmisión hablada de
conocimientos, soy de la misma opinión.
Creo que seguimos anclados en buena medida en el viejo
paradigma de la Formación como proceso de transferencia de
conocimiento,
proceso en el que el poseedor de dicho conocimiento ("el que sabe") lo
transfiere ("enseña") a los receptores ("los que aprenden")
durante la
sesión formativa.
La Formación, y esto lo digo desde mi experiencia
profesional como formador, es además un remedio
muy socorrido en el entorno empresarial.
Qué el vendedor no vende: se le envía a un curso
de ventas; que el jefe
es un paquete: necesita un curso de liderazgo... Así, si el
vendedor
sigue sin vender o el jefe sigue siendo un paquete la culpa es del
curso, lo que permite la opción de probar con un curso
distinto
mientras el tiempo pasa...
Hablamos en realidad de una variante algo más refinada de la
Consultolabia
de siempre y que al final se resume en pagar por transferir
la responsabilidad a un tercero si algo sale mal.
La realidad es que no se enseña, en el
sentido de que nadie "es enseñado", sino que se
aprende
y eso lo sabemos todos los que hemos trabajado en Formación,
sea esta
del tipo que sea. Una frase que ejemplifica esto magistralmente es la
que oí hace tiempo a una maestra ya retirada: "hay
niños que aprenden
con cualquier maestro; niños que aprenden con un buen
maestro y niños
que no aprenden ni con el Divino Maestro".
Y esto es así porque al final aprender es un acto
volitivo. No se puede enseñar al que no
quiere aprender. Además, aprender
requiere acción, sea esta física o
intelectual. Aprendemos cuando hacemos algo, sea física o
intelectualmente.
Un curso de Formación tradicional "informa" pero no
"transforma". Un curso sobre ventas o liderazgo no convierte
a nadie en un buen vendedor o en un buen jefe, aunque sí
da acceso a la información sobre las posibles
acciones a tomar para mejorar como vendedor o como jefe. Sin embargo es
necesaria la voluntad para, construyendo sobre esa
información, aprender a ser mejor vendedor, o mejor jefe, y
eso sólo se consigue practicando, es
decir, "haciendo" o, en este caso concreto, "siendo".
La palabra Formación en realidad es, al igual que Flexibilidad
y tantas otras, una palabra aditivo
más. Una palabra sujeta a un uso impostor
por las connotaciones positivas que posee. En lugar de
Formación deberíamos hablar de Divulgación,
porque en eso consiste en realidad, por más que esta palabra
esté infravalorada.
La Divulgación nos permite tener acceso
a información desconocida, descubrir
nuevas alternativas y posibilidades, contrastar lo
que conocemos o desconocemos sobre un área y despertar
en nosotros la inquietud o el interés por aprender
más sobre un tema concreto. Es además el
mejor incentivo para impulsar a aprender, sobre todo si se
divulga bien. ¿Se le puede pedir más?
¿Por qué entonces decir Formación
cuando queremos decir Divulgación? La respuesta es sencilla.
Porque la Formación implica un compromiso
tácito, aunque fraudulento por incumplible, de cambio.
Y digo incumplible porque no está en la mano del formador
asegurar el
cambio, sino del "alumno", que es quien en última instancia
decidirá
aprender o no y, por tanto, cambiará o no.
Una de las razones por las que el coaching serio funciona es porque el
compromiso de cambio procede de la persona a la que se le hace
coaching. El coach profesional no promete cambio porque es honesto y
sabe que es algo que no está en su mano garantizar.
Pienso que hay que acabar con el Mito de la Formación como
panacea y
para ello lo primero es dejar de usar la palabra Formación a
no ser que
hablemos de una actividad eminentemente práctica
que realmente produzca un cambio medible en cuanto a la
adquisición de habilidades o competencias.
Creo que ha llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre y
empezar a hablar de Divulgación,
Información o Facilitación como procesos
de valor añadido desde los que se provee, con
honestidad y sin prometer incumplibles, el acceso a
información relevante orientada a posibilitar,
facilitar e incitar al verdadero aprendizaje.
Es parte del cambio necesario para que se acepte de
una vez por todas que el camino a la solución
se puede facilitar desde el exterior pero que la
solución final a los problemas debe
surgir de las propias personas.
miércoles 8 de julio de
2009
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