
El economista argentivo Andrés Schuschny, actualmente trabajando en Chile "importado" por la CEPAL, desde noviembre de 2007 comenzó a escribir en su blog Humanismo y Conectividad acerca de las características personales de muchos economistas, que de acuerdo a las evidencias publicadas en varios de sus artículos, mostrarían el egoismo, oportunismo y otras facetas negativas del comportamiento de estos profesionales. Esta serie de artículos de Schuschny y las respectivas referencias a otras publicaciones extranjeras pueden rastrearse fácilmente hacia atrás gracias a la conveniente inclusión de muchos links en sus posteos.
Lo que interesa hoy es una concreción de una idea que permitiría mejorar el prestigio no sólo de los economistas sino que además de muchos otros profesionales que ejercen como ejecutivos de grandes empresas y que por la codicia de algunos de ellos con las operaciones hipotecas "subprime", serían los responsables de haber generado la actual crisis económica mundial. La idea, promovida por la Universidad de Harvard, es que estos profesionales, antes de comenzar a ejercer su profesión, realicen formalmente un juramente similar al juramento hipocrático que realizan los médicos.
Esto último es el tema del artículo "El Juramento Hipocrático para Ejecutivos del Harvard Business School" desde donde he extraído solamente el texto que muestro a continuación, que refleja el interés de que este Juramento MBA pueda ser difundido lo más ampliamente posible para generar el necesario debate acerca de su necesidad y conveniencia entre los interesados. Lo que sigue es el texto desarrollado en Harvard y traducido al castellano por Andrés Schuschny:
Manuel
Traducción del MBA Oath (Juramento de MBAs), versión larga:
Preámbulo
Como gerente y administrador de empresas, mi propósito es servir al bien común para que personas y recursos en forma conjunta logren crear valor cuando una persona por sí sola no pueda. Por lo tanto, voy a buscar el camino que consolide el valor que mi empresa pueda crear para la sociedad en el largo plazo. Reconozco que mis decisiones pueden tener consecuencias de gran alcance que afectan el bienestar de los individuos dentro y fuera de mi empresa, tanto hoy como en el futuro. Como buscaré conciliar intereses de muy diversa índole, soy conciente de que deberé enfrentar y tomar decisiones complicadas.
Por lo tanto, prometo que:
1. Actuaré con la máxima integridad y realizaré mi trabajo de una manera ética. Mi conducta personal será un ejemplo de integridad en conformidad con los valores que propugno públicamente.
2. Salvaguardaré los intereses de los accionistas, colaboradores, clientes y la sociedad en la que opera la empresa en la que me desempeñe. Trataré de proteger los intereses de aquellos que no tienen poder, pero cuyo bienestar depende de mis decisiones.
3. Manejaré la empresa en la que me desempeño de buena fe, protegiéndola de decisiones y comportamientos que tengan una naturaleza ambiciosa y que, como consecuencia de ello, puedan dañar a la empresa y la sociedad a la que sirve. La búsqueda del interés propio ha sido el motor esencial de una economía capitalista, pero la codicia desenfrenada ha mostrado ser igualmente perjudicial. Me opondré a la corrupción, la discriminación injusta, y la explotación.
4. Comprendo y defenderé, tanto en letra como en espíritu, los principios, leyes y contratos que rigen mi propia conducta y la de mi empresa. Si me parece que esos principios, leyes y contratos son injustos, anticuados o inútiles, no romperé con ellos, ni los ignoraré o evitaré. Buscaré la manera y los medios aceptables para modificarlos y reformarlos.
5. Asumiré la responsabilidad de mis acciones, y representaré el desempeño y los riesgos de mi empresa con justeza y honestidad. Mi objetivo no será distorsionar la verdad, sino explicar con transparencia y ayudar a la gente a entender cómo las decisiones que les afectan se realizan.
6. Me desarrollaré y procuraré que otros administradores bajo mi supervisión se desarrollen, para que la profesión siga creciendo y contribuyendo al bienestar de la sociedad. Consultaré a mis colegas y otras personas que pueden informarme y contribuir a formarme un juicio; invertiré continuamente en la evolución de los conocimientos en mi campo de actuación; estaré siempre abierto a la innovación. Promoveré la educación y entrenamiento de la próxima generación de líderes.
7. Trataré de promover el desarrollo económico, social, ambiental y el bienestar de todas las personas en todo el mundo. La prosperidad sostenible se crea cuando la empresa produce una salida a largo plazo que es mayor que el costo de oportunidad de todos los insumos que esta consume.
8. Rendiré cuentas a mis compañeros y pares y ellos ante mi, para que adoptemos y encarnemos este juramento. Reconozco que el status y privilegio como profesional derivan del respeto y la confianza que la profesión goza en su conjunto y, por eso, acepto mi responsabilidad de encarnar, proteger y desarrollar las normas de la profesión, a fin de aumentar esa confianza y respecto.
Realizo este juramento con total libertad y apoyado en mi honor.
Notas relacionadas: Juramento Hipocrático para ejecutivos, Juramento Hipocrático para economistas y ¿Economistas u oportunistas? .
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Fuente: Humanismo y Conectividad
Domingo 21 de junio: Schuschny ha publicado en su Facebook un enlace al artículo MBAs Around The World Embracing Oath que informa de las universidades que están suscribiendo el Juramento.
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Ben Franklin's MBA Oath
Ben Franklin's MBA Oath
4:22 PM Wednesday July 28, 2010
by John Paul Rollert | Comments (0)
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Buy it now »Is it necessary for us to agree that management is a profession before we can have a meaningful discussion about creating a "code" of business ethics?
Maybe not. Consider America's first code of business ethics, that contained in Benjamin Franklin's Autobiography. Written in fits and starts over the years leading up to Franklin's death, the Autobiography does not chronicle the life and times of the famous Philadelphian in exhaustive detail. Instead, it focuses on his early years as a runaway apprentice turned successful small businessman. Franklin believed that these years would be more valuable to his readers for, he says, they show how he rose from "Poverty and Obscurity" to "a State of Affluence & some Degree of Reputation in the World." Indeed, he presents his life as an object lesson to his readers, a rags-to-riches story that, he claims, is "fit to be imitated."
As such, Franklin's Autobiography is a prototype for the "How to Succeed in Business" books that keep printing presses running the world over. It includes a colorful cast of characters, especially the villains — Keimer, the vulgar, disorganized shopkeeper; David Harry, the dandified, dissolute apprentice; his brother James, the mean spirited, abusive boss — all of whom provide models of bad business behavior. The hero, of course, is Franklin, who made such a fortune in the printing business that he was able to retire at 42 and devote the rest of his life to the activities for which he is still celebrated: writing, inventing, and serving the public good.
What was the secret to his success? In his early 20s, shortly after opening his printing house, Franklin embarks upon his "Project of arriving at moral Perfection." He settles on 13 principles that make up his colonial code of business ethics. Some of these principles will be very familiar to modern readers: Industry, Order, Sincerity, Justice. Others now seem a little quaint: Humility, Frugality, Temperance. A few — Cleanliness, Silence, Chastity — remind us how much has changed since Ben's day.
Franklin credits his code of business ethics with, among other things, the "Acquisition of his Fortune" and the opportunity to become a "useful Citizen" and gain "some Degree of Reputation" among the colonial elite. In these respects, it achieves the primary goal of a modern code of business ethics, namely, creating a set of principles by which the pursuit of private gain and the public interest seem not at odds with each other but commensurate, even indistinguishable.
This was certainly how Franklin saw it, and he tailored his code to the particular circumstances of his own world, a world of small-town trade where personal and professional associations were closely intertwined. Certainly, he thought these principles could be generalized — the Autobiography is not a personal history so much as a book of instruction — but the takeaway lesson of Franklin's code is not that the aspiring entrepreneur should take it for gospel, but that he should take account of his own circumstances and attempt to write a code that applies to them.
By this light, Franklin's code may not have not have much to add to the current debate over whether management can properly be called a profession, but for those who say the answer is "No," it does provide another way of thinking about a code of business ethics apart from the set conventions of a formal profession. It suggests that the goal may not be to write a code of business ethics, but to teach students how to write codes of business ethics, each student her own. This is an exercise that will not only teach business school students how to apply the tools of moral decision-making to the particularities of their own professions, but also to compare across codes and to learn from one another.
If they do, they will probably find that their views of what makes for "business ethics" aren't all that different from one another. The real question will be whether they can find the courage to implement them.
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