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En
un mundo globalizado como en el que vivimos, los retos para realizar
proyectos de gran magnitud, con tecnología cada vez más avanzada, al
menor costo y en el tiempo más corto posible, han sido y serán cada día
más grandes y complejos.
Todo proyecto, como instrumento prospectivo que es, implica necesariamente un riesgo. En consecuencia, se puede decir que todos los proyectos, independientemente de su tipo y magnitud, tienen altas probabilidades de fracaso.
Al nivel internacional, casi todos los autores coinciden en que por lo general fallan entre el 60 y 85% de los proyectos. En México, según resultados de nuestra propia investigación, en 65% de los casos no se alcanza una o más de las metas establecidas en los planes básicos del proyecto, y en 10% definitivamente no se alcanza el objetivo, lo que inevitablemente significa un fracaso del proyecto.
Concepción Suárez (1) observa que es necesario analizar los proyectos modificados, es decir aquellos que finalizan, aunque no en el tiempo y costos estimados. ?¿Podemos decir que [?] los proyectos que no se completaron en plazos y costes se pueden considerar fracasados del mismo modo que [aquellos que] se cancelaron? Hay algunos autores que así lo consideran. La suposición de que un proyecto no terminado en el tiempo y con el presupuesto establecido se debe considerar fracasado es bastante cuestionable y sería necesario hacer un análisis más profundo para ver si se han cumplido las expectativas de los usuarios.?
Entendido como sistema abierto en un entorno específico, el proyecto está siempre expuesto a diversos riesgos que, de ocurrir, afectan al logro de sus objetivos y a la inversión que lo sustenta. De manera general, un riesgo se define como la contingencia o evento que, de ocurrir, redunda en daño para algo o contra alguien. Algunos riesgos son endógenos, inherentes a las propias actividades del proyecto, como las cuestiones financieras, técnicas y de planeación; otros son exógenos y provienen del entorno o del azar, como problemas sociales y de orden público, las condiciones climáticas y de fuerza mayor, las condiciones de mercado y el entorno económico, etcétera.
Independientemente de su origen, se diferencian dos tipos de riesgos que podrían derivar en cursos de acción distintos para evitar o mitigar sus consecuencias en el eventual fracaso del proyecto. Son los siguientes:
- los riesgos cuya ocurrencia afecta directamente a las utilidades del negocio o los beneficios que se esperaban obtener a través del objeto del proyecto;
- los riesgos que de ocurrir afectan directamente al proyecto y al logro de sus objetivos específicos.
En la práctica resulta imposible separar los efectos de ambos tipos de riesgos, ya sea los primeros sobre el proyecto o bien, los segundos sobre la inversión. En tal caso, partiendo de que todo proyecto es un medio para alcanzar un objetivo que producirá en el futuro cierto beneficio esperado, el éxito se alcanza cuando el proyecto materializa el objeto esperado ?el inmueble, en el caso de los proyectos inmobiliarios? en el tiempo previsto, al costo estimado y con la calidad especificada. El éxito de la inversión se alcanza cuando se obtienen los beneficios esperados del objeto del proyecto.
Con base en lo anterior, se puede decir que la ocurrencia o no de ambos tipos de riesgos, o de alguno de ellos, determinará el éxito o fracaso del proyecto, o el éxito o fracaso de la inversión, o el éxito o fracaso de ambas cuestiones. Todos esos escenarios se esquematizan en el siguiente gráfico basado en la relación de los ejes cartesianos:

Lo deseable en todo proyecto es la situación del primer cuadrante (I), en el que se alcanza plenamente el éxito esperado. Al contrario, la situación crítica, la que representa el mayor riesgo, está representada por la del tercer cuadrante (III), ya que significa un fracaso rotundo tanto del proyecto cuanto de la inversión.
En lo que se refiere a los escenarios de los cuadrantes (II) y (IV), ambos de alguna manera representan también un fracaso, por lo siguiente: en el escenario (II) sí se alcanza el éxito del proyecto mediante el logro del objetivo que le dio origen, pero la inversión ?el negocio? resulta un fracaso al no alcanzar la utilidad o los beneficios esperados; en la situación del cuadrante (IV) no se alcanza el objetivo del proyecto, sin embargo, la inversión ?el negocio? sí logra redituar la utilidad o los beneficios esperados, y en ocasiones hasta puede rebasar las expectativas originales, aunque esto se alcance fuera del tiempo previsto, o con diferente calidad a la especificada originalmente.
Es incongruente planear para alcanzar deliberadamente alguna de estas dos últimas situaciones, ya que la previsión y manejo de los riegos potenciales permite, si no evitarlos, al menos minimizarlos para mitigar sus efectos.
De cualquier manera, la lista de pretextos para ?justificar? el fracaso de un proyecto suele ser más larga que la de las causas que lo originaron. Frente a ese panorama, cabría pensar que los proyectos están abocados al fracaso y que, por tanto, no vale la pena esforzarse por remar contra la corriente. Al respecto, Jaime Pereña (2) observa que no hay nada más alejado de la realidad, y sustenta la tesis de que la variable ?gestión? es decisiva. ?Una adecuada gestión de los proyectos ?dice? no resolverá todas las dificultades existentes pero invertirá la proporción entre éxito y fracaso: lo normal será que un proyecto bien gestionado sea un éxito.?
Nuestra tesis, como resultado de la investigación realizada para definir el statu quo de la administración de proyectos en México, es la siguiente:
La falta de un método de administración de proyectos, o su deficiente aplicación en el desarrollo de proyectos inmobiliarios, es causa de errores y fracasos; por tanto, la aplicación eficiente de algún método de administración de proyectos minimiza los riesgos potenciales, evita la improvisación y el desorden en el desarrollo y ejecución de los planes básicos del proyecto, asegurando el logro del objetivo primigenio y del beneficio esperado.
Fuentes citadas:
(1) CONCEPCIÓN, Ramiro. Metodología de gestión de proyectos en las administraciones públicas según ISO 10.006. [ed.] Universidad de Oviedo. Ovedo : Biblioteca Universitaria, Colección Tesis Doctoral, 2007.
(2) PEREÑA, Jaime. Dirección y gestión de proyectos. 2a ed. Madrid : Díaz de Santos, S. A., 1999.
...............
Fuente: Horatio
Imagen: Fracaso
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Financiamiento de proyectos
domingo 9 de mayo de 2010
La fase de financiamiento de proyectos
Según el Centro de Investigaciones y Cooperación para el Desarrollo de España, los proyectos sociales cuentan con cuatro fases principales: identificación, diseño o formulación, ejecución y evaluación. Mientras que el Project Management Institute sostiene que los proyectos están estructurados por una fase inicial (nacimiento de la idea y formulación), una fase intermedia (planificación y ejecución) y una fase de terminación donde se cierra el proyecto y se introduce al mercado el bien o servicio desarrollado.
Independientemente de estas diferencias conceptuales en cuanto al ciclo del proyecto y al carácter de este, hay una fase que a pesar de su importancia pasa desapercibida o no se nombra cuando se habla del ciclo de proyectos, tal vez por pensarse que se sobre entiende su existencia. Esta fase es la de financiamiento o búsqueda de fondos para ejecutar el proyecto.
Una vez que hemos culminado con la formulación del proyecto y tenemos clara la cantidad de dinero que necesitamos para llevarlo a cabo, expresada en nuestro presupuesto, debemos comenzar a buscar los recursos para financiar las actividades que nos llevarán al logro del objetivo de la intervención. Esta búsqueda comienza mucho antes, durante la etapa de identificación, donde como su nombre lo indica identificamos entre otras cosas a los actores del proyecto, entre quienes están también los posibles financistas, sin embargo es al finalizar la etapa de formulación donde podemos establecer de manera clara la cantidad de fondos necesaria para desarrollar el proyecto.
Las fuentes de financiamiento de un proyecto pueden ser de dos tipos, aquellas de carácter interno y las de carácter externo. Cuando hablamos de financiamiento interno hacemos referencia a aquellos fondos provenientes de la organización que realiza el proyecto. Por ejemplo si una corporación está desarrollando un bien o servicio y decide financiarlo con sus propios fondos o un emprendedor decide utilizar sus ahorros para llevar adelante una idea. Por el contrario el financiamiento externo es aquel que obtenemos de un tercero, por lo general un banco comercial o de desarrollo.
De que depende el financiamiento de un proyecto (La óptica del financista)
La obtención de financiamiento para un proyecto, sea interno o externo, va a depender de ciertos factores:
En el caso de los proyectos sociales, que por lo general son financiados por bancos de desarrollo, organizaciones multilaterales y los Estados y de los proyectos financieros o privados financiados por bancos comerciales, existen dos criterios fundamentales para la obtención de los fondos.
El primero tiene que ver con el hecho de que los proyectos estén directamente relacionados con la planificación y lineamientos estratégicos del ente que los financiará. Para ilustrar esta situación, supongamos que estamos interesados en realizar un proyecto para incentivar la productividad del sector agrícola y se lo presentamos a una institución financiera de desarrollo que depende del Estado. Pero los planes de la nación están orientados a promover el desarrollo industrial y todas las instituciones del Estado obedecen a este lineamiento. Por supuesto el banco al que hemos acudido con nuestro proyecto no nos financiara, pues dentro de su planificación solo está previsto proveer fondos a proyectos relacionados con la industria y no a aquellos de carácter agrícola.
De esta misma forma, muchos organismos multilaterales y bancos de desarrollo se especializan en financiar determinados tipos de proyectos, hay quienes solo financian construcción de infraestructura, hay aquellos dedicados a iniciativas de formación etc. Lo importante acá, es que debemos tomar en cuenta cómo los objetivos que pretendemos alcanzar con el proyecto coinciden con la planificación del ente financiero, a la hora de elegir las puertas que tocaremos para obtener los fondos de nuestra iniciativa.
En el caso de proyectos privados, tomamos también en cuenta la orientación de la institución financiera a la que acudiremos en busca del dinero para cristalizar nuestras ideas. Si por ejemplo queremos desarrollar una microempresa nos dirigiremos a aquellos bancos dedicados a financiar este tipo de actividades, lo mismo sucede en el caso de que nuestro proyecto trate sobre la instalación de una planta industrial, esté ubicado en el sector comercial o agrícola.
El otro elemento importante, es que el proyecto que desarrollemos debe generar beneficios superiores a sus costos.
A pesar de que los proyectos de carácter social no se miden por la rentabilidad, en términos estrictamente financieros, los beneficios que estos generan (de índole social, económico, financiero, etc.) deben superar a la inversión necesaria para realizarlos.
Esto está directamente relacionado con el uso eficiente de los recursos, los cuales son escasos, y si el proyecto no es capaz de producir “ganancias” que justifiquen la inversión, simplemente no debe realizarse porque los recursos que se estarían invirtiendo en él podrían usarse de una manera alternativa, generando mayor impacto.
Para que una entidad financiera nos otorgue fondos para el proyecto debemos garantizar entonces, al menos de forma teórica, que este generará ganancias superiores a sus costos.
Este criterio aplica de igual manera para iniciativas privadas, si una persona está interesada en obtener un financiamiento para emprender un proyecto, debe garantizarle a la institución financiera, que este generará los recursos suficientes para retornar la inversión, cubrir los intereses del financiamiento, los costos de la operación resultado del proyecto y generar una ganancia.
Riesgos del financiamiento
Cuando solicitamos un financiamiento externo para hacer realidad un proyecto, existen al menos dos situaciones que pueden materializarse y poner en riesgo el desarrollo del mismo. Estás son:
Que la institución financiera no nos dé el total de los fondos solicitados y/o que la provisión de los fondos no coincida con los tiempos del proyecto.
Puede darse el caso de que la institución financiera a la que acudimos a solicitar los fondos para el proyecto solo nos otorgue un porcentaje del total que hemos solicitado, esto nos pone en problemas a la hora de ejecutar las actividades ya que tendremos que financiarlas con recursos propios, buscar financiamiento alternativo o simplemente desistir de la realización del proyecto.
También puede ocurrir que los fondos no sean entregados en la fecha prevista para poder iniciar el proyecto, lo que nos traería retrasos en la ejecución, que como sabemos debe cumplir de manera estricta con un cronograma para poder garantizar el impacto deseado.
Para evitar estas dos situaciones, lo ideal es que diversifiquemos las fuentes de financiamiento, es decir que en vez de presentar nuestro proyecto a un banco u organismo se lo presentemos a varios, de esta manera contaremos con diferentes alternativas para la provisión de fondos.
De igual manera, si uno de los bancos se retrasa en entregarnos el dinero, seguramente otro si nos proveerá de fondos a tiempo para comenzar con la ejecución.
En definitiva, durante las etapas tempranas del proyecto (identificación y formulación) es necesario que tomemos en cuenta estos elementos para elegir nuestras fuentes de financiamiento, de manera tal que podamos garantizar el flujo de fondos que nos permita alcanzar nuestros objetivos.
Fuentes consultadas:
Project Management Institute. (2003). Project Management Book of Knowledge. PMI. P.A, Estados Unidos de América.
Palacios, Luis. (2005). Gerencia de Proyectos Un Enfoque Latino. Universidad Católica Andrés Bello. Caracas, Venezuela.
Gomez, M y Sainz, H. (2003). El Ciclo del Proyecto de Cooperación al Desarrollo. Centro de Investigaciones y Cooperación Para el Desarrollo. Madrid, España.
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