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Amalio Rey: Sin imitación no hay innovación


ScriptoriumPara quienes nos nutrimos diariamente en Internet del acontecer de la sociedad en general y de la ciencia y tecnología en particular, cuatro años parecen una eternidad, pero esta percepción es relativa, por cuanto hay muchos materiales creados por pensadores auténticos que permanecen vigentes con el transcurrir de los años (y a veces de las décadas). 

 

Esto último es lo que sucede con un artículo de Amalio Rey que yo publiqué sólo hace un mes con el título de "20 principios para la Gestión de la I+D+i en la Pyme", pero que originalmente se referenció como una ponencia de Amalio Rey por lo menos en septiembre de 2005 en la convocatoria al Segundo Congreso de Innovación y Empresa, celebrado en Sevilla. En esta ponencia, el Principio número 18 decía: "La imitación creativa es una forma (legítima y rentable) de innovación" y a continuación, extrapolando palabras de Tomás Alva Edison expone cuatro razones que explican los beneficios de la imitación.

Eso fué el origen. Porque volviendo a retomar la idea del Principio 18, hace medio año Amalio Rey publica otro largo artículo, "Imitación, piratería e innovación" dedicado íntegramente a analizar desde varios puntos de vista el fenómeno de la imitación o copia como legítima fuente de innovación. Yo concuerdo plenamente con estos principios por lo que mucho me interesa que sean difundidos lo más ampliamente posible, especialmente considerando la gran cantidad de réplicas que provocan los posts que publico en Pensamiento Imaginactivo. Este es el artículo de Amalio:


Imitación, piratería e innovación (post- 12)


Por Amalio Rey


La relación que se produce entre innovar e imitar siempre me ha interesado como objeto de investigación.

Mi interés aumenta en estos tiempos en los que la llamada “piratería” gana portadas, y los empresarios españoles alzan su voz contra las copias que vienen de China.

La imitación tiene dos rasgos distintivos: 1) Constituye una acción unilateral, es decir, el imitador no paga nada al innovador por la tecnología copiada (a diferencia de las licencias, entraña una transferencia involuntaria para el innovador), 2) Los costes de desarrollo del imitador son inferiores a los del innovador, es decir, el primero ahorra dinero con su acción.

Partiendo de reconocer que es un asunto complejo, y polémico, resumiré en unas breves sentencias mi punto de vista al respecto:

   1. ¿Quién ha dicho que los chinos son los únicos que copian?. No seamos hipócritas, en nuestro país se copia, y mucho!!!. Me consta que España es de los países donde más se ha copiado y se sigue haciendo.

   2. La imitación es una formidable fuente de aprendizaje, además de tener muchas otras virtudes que comentaré más adelante. Es totalmente legítimo comenzar imitando ideas de otros como paso previo para encontrar el pensamiento original.  Los grandes creadores, después de imitar mucho, terminaron encontrando su propio estilo.

   3. La mejor protección contra la imitación (y la única, en la mayoría de los sectores) es la innovación continua. Las barreras legales están sobrevaloradas y se han vuelto obsoletas con la aceleración de los ciclos de innovación y la facilidad con que fluye la información por Internet.

   4. Defiendo el derecho a copiar si se cumplen cuatro circunstancias que explico más adelante: a) Reconocer la fuente original, b) No suplantar identidades ajenas, c) Mejorar en algo lo imitado, d) Dejarse copiar. 

   5. Sin imitación, no habría innovación. Ambos conceptos conforman un par dialéctico.

Sin imitación, los monopolios durarían mucho más, y los productos innovadores serían siempre muy caros. La imitación es un incentivo brutal para innovar.

Los españoles padecemos de una pésima memoria histórica. Somos hipócritas porque el listado de cosas que hoy cuestionamos después de haber sido entusiastas practicantes es impresionante, empezando por la emigración y terminando por el arte de “copiar” o “imitar”.

Seamos sensatos, los chinos de hoy copian más que los españoles de la Europa de los 80’s NO porque sean menos honestos, sino porque: 1) existe Internet, que le ha puesto las cosas más fáciles, 2) son más hábiles (culturalmente) que nosotros para copiar, 3) nosotros, el llamado Primer mundo, hemos ido allí a pescar en río revuelto y ellos, que no son tontos, aprenden lo suyo.  De hecho, hoy innovamos tanto (¿tanto?) porque en su momento empezamos copiando.

Pondré ejemplos que conozco: los sectores del mueble y del calzado en España. Ambos sectores han estado marcados, y lo siguen estando, por el hábito de la copia de modelos y por la imitación de tendencias y de modelos propiamente dichos sin mucho respeto por la propiedad intelectual que ahora pretende defenderse como el santo grial ante las importaciones chinas.

Afirmo que la gran mayoría de las empresas de estos dos sectores, al menos en España, no invierte en diseños originales o totalmente propios sino que adapta los diseños copiados a los competidores (mediante fotos o muestras).  Es un hecho real y que desmonta el tópico falso según el cual los fabricantes españoles son más víctimas que victimarios de la copia ilegal de diseños.

Volviendo al debate inicial, en este post voy a comentar lo que me parece legítimo, obviando la parte “legal” del asunto porque no soy un experto jurídico. Lo primero que me gustaría distinguir es la diferencia que existe entre “imitación” y “piratería”.

Para que se produzca la piratería, no basta con que haya “imitación” o “copia”, sino que ha de darse también una suplantación de identidad, es decir, que la copia se ofrezca como si fuera el original, con su misma marca.
Si no hay suplantación de identidad, a mi juicio no hay piratería, siendo la imitación una práctica que merece el mayor de los respetos, y que es socialmente óptima.

El conocimiento es libre, y defiendo el derecho a copiar en la medida de que se cumplan los cuatro requisitos siguientes:

   1. Se reconozca la fuente del conocimiento original, es decir, se citen las fuentes
   2. No se engañe a los usuarios diciendo que eres alguien que no eres, lo que implica respetar la identidad auténtica del producto o servicio
   3. Se produzca algún esfuerzo de mejora del producto o servicio imitado, en lugar de hacer una copia exacta y cómoda del original
   4. Se admita la posibilidad y el derecho a que otros te copien en las mismas condiciones, para seguir alimentando el efecto socializador de la imitación (tal como se defiende, a capa y espada, dentro del movimiento de software libre).

Ahora bien, lo anterior es perfectamente compatible con el derecho legítimo de las empresas de intentar retardar o encarecer la imitación de sus competidores.

Me parece lógico que lo hagan, pero las barreras legales no me gustan, me parecen obsoletas y artificiales, además de premiar en exceso al primero que llega a las oficinas de patentes (aunque no sea el más innovador) o al que más dinero tiene para financiarse la carrera legal.

Siento mucho más respeto por las barreras técnicas y estratégicas que por las legales, siempre que no vayan en detrimento de la calidad de la experiencia del usuario, es decir, que no impliquen una práctica abusiva contra los clientes.

Las “barreras técnicas”  son obstáculos que se introducen en el diseño de los productos para impedir, dificultar o retardar la imitación por parte de los competidores. Estas trabas técnicas van desde trucos para “borrar la huella“, en caso de que se intente copiar el producto por ingeniería inversa, hasta una falsa sofisticación del diseño con el uso de componentes ficticios, que no sirven para nada más que para despistar al imitador, o marcas de agua con el objetivo de dejar patente quien es el autor original. 

Las barreras estratégicas a la imitación son, por su parte, maniobras que realizan los innovadores para alargar lo más posible el “lead time” o la “ventana de oportunidad” que goza su producto como novedad en el mercado.

La mayoría de estas barreras tienen que ver con lo que se da en llamar en la literatura de innovación como “ventajas del primer entrante” (first mover advantages), vale decir, aprovecharse de factores como la lealtad de marca, las economías de escala, las economías de experiencia, el acceso privilegiado a recursos escasos o el dominio de estándares, para conseguir ventajas competitivas más duraderas que persisten incluso cuando la novedad se atenúa o desaparece.

Volviendo a las virtudes de la imitación (y recuerdo, no de la piratería), lo cierto es que todos comenzamos copiando porque es una magnífica forma de aprender. La imitación es el primer paso para la innovación genuina porque se aprende muchísimo imitando.

Thomas Edison tenía razón cuando decía que no pasa nada por tomar prestada una idea de otra persona, y nos aconsejaba que: “Haga de ello un hábito: estar al acecho de ideas novedosas e interesantes que otros han usado con éxito“.

Por resumir, sinceramente pienso que la copia o imitación tiene una mala prensa inmerecida porque:

- Es una postura hipócrita dado que al final, TODOS copiamos, de un modo u otro. La víctima de la copia hoy, practica la imitación mañana. El que innova hoy, copió mucho ayer. ¿Cuántas ideas son realmente originales? Según he podido leer, resulta que los Beatles comenzaron interpretando melodías de otros, mientras que Joan Sebastián Bach terminó ciego en su vejez copiando partituras de otros músicos con fines de estudio personal.
- Copiar es socialmente óptimo porque si no fuera por la copia, ¿qué sería de los precios que pagamos los consumidores? Es la copia la que obliga a innovar constantemente, y a bajar los precios. Si no fuera por la imitación, los coches seguirían siendo un artículo de ricos o la inmensa mayoría de nosotros no tendríamos ordenadores por lo caros que aún serían.
- Copiar es de sentido común porque empeñarse en reinventar la rueda es un esfuerzo estúpido: ¿por qué no copiar lo que otros han demostrado antes que funciona?
- Copiar e innovar son acciones que van juntas, porque (casi) nadie copia las cosas tal como son. (Casi) nadie es tan poco original para no intentar mejorar algo.

Ya finalizando, y por añadir una nota de humor, suelo decir en mis charlas que igual que algunas ciudades tienen monumentos a grandes inventores españoles como Isaac Peral o Juan de la Cierva, deberían construir monumentos al ”imitador anónimo“ que, teniendo menos glamour, ha contribuido  tanto a socializar los inventos, recortar los precios y estimular (indirectamente) la innovación.

En definitiva, ¡¡sin imitación no hay innovación!! porque son pares dialécticos que se necesitan mutuamente.

Tags: aprendizaje, barreras legales, barreras tecnicas, calzado, china, copia, copia ilegal, Diseño, españa, Estrategia, imitacion, incentivos, innovación, marca, memoria historica, muebles, paradoja, patentes, pirateria, software libre

3 Agosto, 2008 in Innovación 2.0 by Amalio

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Fuente: Blog de Amalio A. Rey 

 

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