
DEMOCRACIA PARTICIPATIVA:
¿En qué consistiría? En que los ciudadanos, a través de sus propias organizaciones(consumidores, asociaciones de barrios, profesionales, amas de casa, ecologistas, defensores de los derechos humanos,educación, libertades cívicas, igualdad sexual, y de los derechos del mundo animal,-por poner ejemplos concretos,- todas y cada una de esas organizaciones existentes y las que pudieran crearse por la dinámica social , se estructuren,organicen coordinen y nombren representantes municipales, provinciales, nacionales.
Tal organización complementaria en un principio enriquecería grandemente la democracia, y, poco a poco, llegarían a hacer inútil la existencia de dos organizaciones supervivientes del viejo capitalismo: sindicatos y partidos políticos. Tales organizaciones se hallan hoy prácticamente controladas directa o indirectamente por el gran capital multinacional y la presión de los estados más fuertes del capitalismo neoliberal que sirven a este, hasta tal punto que sindicatos y partidos que se dicen del pueblo, y que en su principio surgieron para defenderlo, son cada vez más organizaciones que actúan contra los propios pueblos por la presión exterior que reciben. Han tocado techo histórico, agonizan, pero se niegan a morir. Lo malo es que arrastran en su caída a los ciudadanos . Pero no es eso lo peor: lo peor es que no saben o no quieren pedir a esos mismos ciudadanos que colaboren directamente en las decisiones que les afectan, abriendo así a los pueblos las puertas de los Parlamentos, que dejarían de estar en manos de políticos profesionales, aslejados del control popular y fácilmente corruptos.
Todos somos conscientes del retroceso de las libertades democráticas en Occidente y su deriva hacia estados policíacos. Esto es especialmente evidente en los países anglosajones, pero sabemos que lo que allí empieza termina por llegarnos, como ha sucedido con la crisis inmobiliaria y financiera, el control en los aeropuertos, las injusticias contra la población inmigrante, la domesticación de los sindicatos, las cámaras de vigilancia que no cesan de aumentar, y tantas otras cosas que vienen a mostrarnos el retroceso de los derechos civiles y laborales. Se nos dice que el terrorismo es culpable. Bueno, pero ¿son evitables las causas que lo provocan? Por los políticos, no. Evidentemente, pero a nosotros, la población civil, nos caen sus bombas, las de unos y las de otros, sin que tengamos nada que ver.
Se nos dice que existe una crisis económica en EEUU. ¿Es evitable allí la recesión? Si, por supuesto. Dejen de jugar al Monopoly de verdad, dejen de hacer guerras, dejen de empobrecer a sus ciudadanos que las pagan y verán cómo cumplen con sus hipotecas, y de paso no nos llega a los “países amigos” la onda expansiva de todo lo que provocan y revierten sobre el capital financiero del mundo globalizado, que ve cómo se abre más y más la brecha entre clases sociales y entre países pobres y ricos.
La injusticia social avanza a gran velocidad sin que ni democracia parlamentaria ni políticos sean instrumentos capaces de evitarla. Y a la vez que avanza la injusticia avanza el pensamiento conservador y retrógrado. Ahora mismo la gente normal es más conservadora que hace 30 años, pero no es conservacionista: es acomodaticia. Y lo es porque tiene miedo. Y es que el miedo es el gran instrumento del poder.
Aunque resulta evidente la necesidad de controlar a los políticos en todas partes, porque el sistema parlamentario no nos sirve ya, la mentalidad colectiva no acompaña, porque también ha sido desarmada moralmente y desengañada por las revoluciones fracasadas. No es para menos, pero es preciso revisar de nuevo las ideas que liberan; es preciso apostar por una revolución espiritual pacífica donde tengan cabida todos los elementos morales espirituales comunes de la humanidad. No basta la conciencia social si no hay conciencia espiritual. Pero no esperemos que la primera nos la sirvan los políticos, ni la última las iglesias. Todavía es posible practicar los Diez Mandamientos, en los que en teoría cree todo el mundo. Y creo que es urgente empezar por ahí si queremos cambiarnos y cambiar este mundo.
Hay demasiadas cosas en juego en este Planeta que exigen la participación colectiva. Si queremos, seamos pasivos y miremos para otro lado. Eso evitará, con toda seguridad, que veamos lo que se nos viene encima por el lado contrario.





















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