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Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Explorando La Mente del Estratega

Enviado por Manuel Gross el 01/03/2009 a las 17:35
Manuel Gross

 
Kenichi Ohmae"Donde no hay visión, la gente perece" - Proverbios 29:18 - La Biblia

Por Arnoldo Arana

Pensar en forma estratégica significa algo más que estar alerta ante las oportunidades que se nos presentan. Se necesita tener un fin determinado, un claro sentido de propósito. Se requiere también tener una visión clara: sentido de dirección de hacia dónde se quiere avanzar. Dice un dicho “sin visión no hay ocasión”. El elemento clave que mueve la mente del estratega es la visión proyectada a largo plazo.

En este sentido, la mente del estratega siempre tiene planes para el futuro, constantemente está visualizando opciones y evaluando escenarios, porque tiene un propósito claro, articulado en objetivos definidos. No solamente ve las circunstancias presentes, sino que está captando patrones y alternativas que otros no ven, como consecuencia de haber desarrollado el hábito de “alzar sus ojos hacia el horizonte y ver más allá de la coyuntura en que vive”, lo cual le permite tener capacidad de respuesta ante situaciones imprevistas, al prever los problemas y sus soluciones, porque la mente del estratega piensa con visión de largo plazo, con sentido de propósito, no se entretiene en lo cotidiano y de corto plazo.

Ahora la visión que guía al estratega no sólo está en su pensamiento sino también está presente en sus emociones; emerge de sus propias necesidades. El estratega (líder o gerente) necesita tomar contacto emocional con la visión, así es como asume el compromiso y la responsabilidad de alcanzar ésta. Es la pasión que desarrolla por la visión, lo que lo mantiene motivado a realizar acciones estratégicas dirigidas a materializar ésta. Su contacto emocional con la visión y sus propias necesidades, convierte su visión en una brújula interna que guía al estrategia. Si en algún momento pierde esa guía interna y los acontecimientos lo fuerzan a actuar, dejará de accionar en forma estratégica, y comenzará a reaccionar ante las situaciones de crisis.

Desarrollar un enfoque estratégico, pues, no significa llenarnos de cuentas y análisis rigurosos, aunque el análisis es necesario, sino más bien de adoptar un estado mental flexible y abierto al cambio; de embarazarnos de una visión que es alimentada y sustentada, como la mujer al feto, desde nuestras propias entrañas y energía interna; de concebir un proyecto de vida que es apuntalando con nuestra fuerza interior.

Es llenarnos de una perspectiva real del cambio que está operando, sin perder la perspectiva de que “los verdaderos cambios se instalan de adentro hacia fuera” (Manuel Barroso). Es desarrollar la capacidad de ver los obstáculos que se pueden presentar, las posibilidades ocultas y las diferentes opciones por las que se puede optar, lo que requiere también desarrollar la capacidad de visualizar e imaginar los pasos requeridos para alcanzar los objetivos planteados. Este es un proceso más intuitivo que racional, un proceso que va más allá del ámbito consciente y meramente analítico.

Como dice Kenichi Ohmae, en relación con el mundo empresarial: “… las estrategias de negocios que llegan a tener éxito no provienen de un riguroso análisis, sino más bien de un particular estado mental”. En tal sentido, deberíamos preguntarnos: ¿dónde nace y se desarrolla la visión estratégica? Nace en el corazón del estratega. Es fruto de su dinámica interna, de cómo percibe la realidad, de cómo se movilizan sus emociones, de cuáles son sus sueños, de cuáles son sus mapas, de cuáles son talentos dominantes.

La visión estratégica del líder o gerente estratega está matizada por su conocimiento / aprendizaje, su experiencia, su motivación, su intuición, sus mapas metabolizados o introyectados, su cosmovisión de la vida, su desarrollo de carácter y por la conciencia que tiene en sí mismo de lo que está ocurriendo en el entorno, en la organización donde lidera o gerencia y dentro de los límites de sí mismo. Todos estos elementos configuran el ambiente interno en el que florece o se marchita la visión, y en donde se construyen las estrategias o se obstaculiza el proceso de definición estratégica.

Es en el propio corazón del hombre donde se atiza o ahoga la visión estratégica del líder o gerente. Es en el corazón del hombre donde surgen las resistencias o las fuerzas para perseverar en los propósitos, donde se alojan los miedos a fracasar o el coraje para triunfar, donde se hace evidente la incapacidad o flexibilidad para manejar la incertidumbre y la ambigüedad que genera emprender procesos de cambios necesarios para alcanzar la visión.

Por otra parte, desarrollar una mentalidad de estratega supone cultivar el hábito de pensar en forma estratégica, al punto de que se constituya en una actitud de vida, una forma de ser y estar en el mundo. Como dice Kenichi Ohmae: “Es una disciplina diaria y no un recurso que puede dejarse en hibernación durante las épocas tranquilas y despertarse cuando surge una emergencia”. Ver la estrategia como un recurso o metodología para abordar “situaciones de crisis” o apagar fuegos inesperados, equivale a actuar reactivamente; pero el estratega no improvisa, no reacciona, no vive en “automático”, por inercia, según el dicho “como vamos viendo, vamos haciendo”, sino que actúa con proactividad, con intencionalidad, más aun, con mentalidad de oportunista, o como dice Peter Drucker: “oportunista con propósito”.

Lo vertiginoso y complejo del cambio no deja lugar para las improvisaciones. La falta de previsión y sentido estratégico puede resultar un error demasiado costoso, un lujo muy caro en estos tiempos de cambio permanente. Al respecto dice Peter Drucker “estar sorprendido con lo que ocurre es un riesgo muy grande para tolerar”, sobre todo en un mundo tan complejo, competitivo y cambiante. El líder / gerente estratega está consciente de esta realidad, por lo que no deja al azar o bajo la responsabilidad de otro, el curso de acción a seguir, sino que explora dentro de sí y en el entorno, para definir su estrategia.

Jesús de Nazaret también nos alerta sobre la necesidad de ser previsivo y de pensar estratégicamente. “Porque ¿quién de vosotros, que queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz” (Lucas 14:28-30).

Esta ilustración nos habla de la necesidad de actuar en la vida con previsión, con enfoque estratégico, lo cual es opuesto a la improvisación y a la acción ligera e irreflexiva, que no pondera las posibles consecuencias de las decisiones que se toman.

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....................


Fuente: DeGerencia 
Imagen: Kenichi Ohmae


Síntesis original:
http://www.gestiopolis.com/recursos/documentos/fulldocs/ger1/japnego.htm

 

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Estratega o improvisador

Enviado por el 27/06/2010 a las 1:57
Manuel Gross

Estratega o improvisador


AUTOR(A): Adafrancys Salazar
    TEMA: Habilidades gerenciales     PUBLICADO: 10/12/2007

El estratega no necesariamente es un reconocido gerente, líder o empresario, por el contrario cualquier persona debe convertirse en estratega, desarrollar la capacidad de capear las incertidumbres y adquirir el atributo de la viabilidad, es decir la habilidad de responder a estímulos no previstos de manera apropiada. Actualmente se trata de que los dirigentes empresariales puedan reconocer la necesidad de cambio o adaptación a las nuevas condiciones del medio que exige la competitividad empresarial; y éste aspecto es esencial para disponer de estrategias y acciones tácticas que busquen decididamente esa adaptación.

El estratega sufre una serie de elementos que no están dejados al alcance del pensamiento común, sino que es una mezcla casi única y particular de procesos mentales que se conjugan con una serie de elementos: pensamiento intuitivo, conocimiento tácito, pensamiento creativo, dotación natural y la capacidad para vislumbrar ideas brillantes que aparecen espontáneamente creando una conducta emergente que es la forma de pensar del estratega.

¿Qué es lo que hace que un estratega tenga éxito, mientras que los improvisadores fracasan?, ¿Por qué empresas que utilizan las mismas estrategias obtienen resultados diferentes: unos mejores que otros?

El éxito de aquellos que se convierten en estrategas es producto de la actitud permanente de hacer análisis y así estimular el proceso creativo, para probar las ideas que surgen, para averiguar las consecuencias estratégicas o para no fallar en la ejecución de ideas "locas" que tienen grandes posibilidades y que, de otro modo, nunca se habrían puesto en práctica. El análisis es el punto de partida del pensamiento estratégico. El pensador estratégico se enfrenta a problemas, tendencias o situaciones que parecen constituir un todo armonioso.

El estratega debe desmembrar ese todo en sus partes constitutivas y, una vez que conoce el significado de cada parte, debe volver a juntarlas intentando aprovechar al máximo la ventaja competitiva de la empresa. La solución obtenida de esta forma es distinta de la conseguida con el pensamiento lineal y empírico. Estudia los elementos concernientes al problema en particular y los organiza de una manera significativa.

A diferencia de aquellos que improvisan y practican el coloquial dicho “como vaya viniendo vamos viendo”, el estratega convive en un ambiente de alta dirección empresarial e inclusive de vivencia personal, partiendo de una visión. misión y los procesos de engranaje cultural que permitan alinear la cultura con la estrategia.

El conocimiento o visión personal del estratega, es la clave del proceso. Como el proceso es creativo y parcialmente intuitivo, , las grandes estrategias están más allá del alcance del análisis consciente y los planes resultantes pueden parecer, sin embargo, inaceptables para el simple analista. El gran estratega es un pensador flexible que entiende la completa gama de alternativas y constantemente mide los costos y beneficios de cada uno. Para considerar alternativas se pregunta "¿qué pasaría si...?" o "si la situación fuera tal y tal, ¿cuál sería nuestro mejor curso de acción?". No tiene una forma unidimensional de pensamiento, es mas bien un pensamiento diverso, variado y pocas veces previsible, pues es una forma de pensar que se mueve de forma tridimensional en su entorno, el interior de la organización y las relaciones de causalidad creando condiciones para enfrentar el mañana, para adaptarse si es necesario, pero entendiendo que este se mueve más en el terreno de la proactividad, pues su pensamiento más que adaptativo es generativo.

Es un creador de oportunidades innato, crea condiciones en cualquier medio, de forma tal que aprovecha cualquier amenaza en una oportunidad y cualquier debilidad en una fortaleza; no tiene definida una forma estática de pensar y proceder.

En las organizaciones modernas, la estrategia es el centro y el planeamiento estratégico el camino. El día a día ésta dominado por la incertidumbre y es por ello que "la piel" y el cerebro de los estrategas de hoy son muy diferentes a los planeadores estratégicos de ayer. Hoy la diferencia está en si la estrategia explora y lidera las ideas, y el planeamiento relaciona, conecta y coordina el proceso de atacar las ideas con la acción.

A medida que han ido floreciendo los procesos de planificación se ha marchitado el pensamiento estratégico. Si la mente del estratega se contrapone a la cultura de una corporación ¿cómo puede una compañía recuperar su capacidad para concebir y ejecutar estrategias creativas? La respuesta involucra la formación de estrategas dando rienda suelta a la imaginación y sentido empresarial para producir ideas innovadoras, basadas en análisis a nivel ejecutivo probando, dirigiendo y asignando prioridades a las ideas y proporcionando asistencia de alto nivel.

Hay que practicar constantemente el pensamiento estratégico, ejercitarse para convertirse en un estratega. El gran estratega depende del pensamiento estratégico: la combinación de método analítico y flexibilidad mental.

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The Mind of the Strategist

Enviado por el 01/03/2009 a las 23:53
Manuel Gross

Libro original:

The Mind of the Strategist: The Art of Japanese Business - McGraw-Hill - 1996

Una extensa síntesis está en Gestiopolis 

Otro resumen, de Miguel Angel Zapata Cruz, online en  http://html.rincondelvago.com/la-mente-del-estratega_kenichi-ohmae.html

 

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