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Una situación frecuente

Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Buenas prácticas para realizar reuniones efectivas

Enviado por Manuel Gross el 28/01/2009 a las 21:09
Manuel Gross



MeetingPor Bari Domínguez Fernández

Muchas veces cuando se nos invita a una reunión pensamos o escuchamos expresiones tales como: “De nuevo a perder el tiempo”, o “tengo mucho trabajo y no puedo asistir por que nunca se termina a tiempo”, entre otras más.

Este artículo tiene como objetivo el dar a conocer las buenas prácticas para lograr realizar reuniones efectivas.

Una reunión puede definirse, según www.wikipedia.com, como el “evento en que dos o más personas se juntan para discutir un tópico predeterminado tal como la planificación de un evento de negocios, evento de la comunidad, etc. normalmente de manera formal”. Predeterminado significa que ya es conocido con anticipación.

Otra definición de los autores Vanderhaar, Riggs (2001), es “Juntarse unos con otros”, y afirman que "se realiza para cumplir una meta de un grupo de personas, tomar decisiones, y tomar acciones, compartir información, identificar, desarrollar o juntar ideas, para buscar el apoyo del grupo u organización en el logro de una meta".

La frecuencia de las reuniones pueden variar entre diaria, semanal, mensual, bimensual, trimestral, etc.

Previo a realizar cualquier reunión debemos hacer un listado de los participantes, notificarles y también enviarles la agenda de la misma.

La página www.effectivemeetings.com nos dice que no existen reglas para notificar a los invitados de una reunión sobre la misma, pero especifica que debemos considerar cuánto tiempo requerirán los invitados para revisar el material, preparar sus ideas, crear documentos o realizar investigaciones con el fin de estar preparados para nuestra reunión.

Por lo descrito anteriormente y otras razones las reuniones no pueden ser notificadas el mismo día en que serán realizadas ya que no sería aceptable, la única excepción sería el caso en que sea una reunión de emergencia. El incurrir en dicha práctica puede llevar a afectar la productividad y le roba el tiempo que la gente ha planificado para otra tarea.

Lo correcto es notificar con suficiente tiempo a los invitados para lograr que estas lleguen a ser más exitosas y productivas.

Si recibimos la invitación a una reunión debemos preguntar si se requiere que preparemos algo en avance si no se nos ha requerido. La idea es que los participantes puedan tener toda la información necesaria en sus manos previo a que comience la reunión y en la misma sólo deberán tomar decisiones, invirtiendo de esta forma menor cantidad de tiempo en la misma.

Respecto a las personas que participarán en una reunión, la página www.nwlink.com en su artículo publicado “Meetings” detalla que cuando nos preparamos a participar en una reunión debemos hacer lo siguiente:

 * Conocer el propósito de la reunión y cuál es nuestro propósito al asistir
 * Obtener toda la información que debemos llevar
 * CVonocer la agenda que se seguirá y asegurarnos que nuestra agenda coincide con la de la reunión
 * Conocer nuestro rol y el camino que debemos seguir
 * Llegar a tiempo y estar en el salón de reunión hasta que la misma termine
 * Tomar la reunión en serio, pero también divertirnos un poco mientras participamos en ella.


Para aquellos que no tenemos buen control de las reuniones la página www.effectivemeetings.com recomienda seguir los siguientes pasos:

 * Reducir el número de reuniones que programamos
 * Siempre crear una agenda y trazar un objetivo a lograr
 * Seguir la agenda mientras se desarrolla la reunión, si llegan ideas nuevas anotarlas y programarlas para la próxima reunión.
 * Realizar un análisis de costo de las reuniones. La idea es mostrar cuánto dinero se pierde al realizar reuniones que no son efectivas.


Siempre debemos tener en mente que las reuniones son actividades costosas si no llegan a ser efectivas, esto implica que las mismas deben de enfocarse como todas las demás actividades importantes de la empresa.

Una agenda debe contener
: Lugar de reunión, qué deberán llevar los asistentes, qué se debe leer previo a la misma, los puntos que serán cubiertos, fecha y hora en que será realizada, lista de participantes y duración de la misma. Si la agenda no pudo entregarse con anticipación se puede distribuir al comienzo de la reunión y también se les puede preguntar a los participantes si desean incluir algún tema adicional.

Algunos expertos recomiendan invitar solamente a las personas directamente envueltas en el logro de la meta que se desea alcanzar en la reunión.

Si tenemos invitados que no ven nuestra reunión como una prioridad se sugiere el asignarles algún tema de la agenda e incluso el que lleven alguna información a la reunión sobre uno de los primeros temas a tratar. Cuando se ha planificado una reunión a la misma hora de la nuestra, una de las dos debe reprogramarse y asegurarnos que todos los invitados puedan asistir a ambas. Si tenemos invitados que llegan tarde se recomienda enviar un e-mail diciendo que hagan el esfuerzo de llegar temprano porque no se repetirá lo que se ha dicho.

Expertos en el tema afirman que las mejores horas para realizar reuniones son las 9:00a.m. (antes de comenzar el día) y 3:00 p.m. (después del almuerzo).

Las reuniones sólo deben realizarse si realmente son necesarias. Debemos tratar los temas que son del interés de todos primero y luego los que son más particulares, esto es para que las personas que no se les requiere estar en la reunión completa puedan retornar a sus puestos de trabajo.

Si la reunión normalmente se alarga, la página www.effectivemeetings.com recomienda seguir los siguientes pasos para corregirlo:

   1. Planificar la agenda cuidadosamente
   2. Asignar que alguien lleve o controle el tiempo de reunión
   3. Rechazar discutir puntos fuera de agenda (se debe tomar notas para incluirlos en otra agenda).
   4. Evaluar el proceso de reunión al final de la misma


El tiempo de reunión puede ser acortado si se asigna la obtención de información o la revisión de documentos previo a que sea realizada.

También recomienda seguir los siguientes 10 mandamientos para lograr reuniones efectivas:

   1. Siempre saber qué hora es (El tiempo es Dios en las reuniones)
   2. Nunca olvide la razón principal de la reunión
   3. Recordar la regla de oro en reuniones: “Rezar en público, criticar en privado”
   4. No convenga reuniones fuera de las horas normales de trabajo, a menos que sea una emergencia.
   5. No utilice grupos para llegar a conclusiones
   6. No utilice las reuniones para destruir la carrera de otros
   7. Mantenga separados los asuntos personas de los asuntos de trabajo
   8. Recordar que el mejor modelo para las reuniones es la democracia, no la monarquía
   9. Siempre prepare una agenda clara y circularla con anticipación entre los participantes
  10. Termine una reunión programada regularmente cuando el propósito para realizarla ya no exista


Si se generan compromisos durante la reunión, estos deben quedar asignados e incluidos en un plan de acción en donde se establezca cómo mínimo el responsable y la fecha estimada de término. Lo ideal en este aspecto sería que cada participante tenga asignado uno de los puntos para que todos se envuelvan en la dinámica de la reunión. Las decisiones a que ha llegado el equipo deben ser documentadas.

Susan HeathField expresa en su articulo titulado “Effective Meetings produce results: Tips for meeting management” que debemos incluir los siguientes items para tener un plan de acción efectivo:

    * El punto de acción específico
    * El nombre de la persona a quién se le asignó el punto de acción
    * La fecha en que se completará.


También nos dice que nuestras acciones después de la reunión hasta la próxima es algo crucial para el logro de los puntos del plan de acción. Las minutas deben publicarse a más tardar 24 horas después de sostenida la reunión.

Para cada reunión debe establecerse reglas. Carter McNamara, en su articulo “Basic guide to conducting effective meetings” nos sugiere cuatro poderosas reglas básicas que cultivan los ingredientes básicos necesarios para una reunión exitosa:

Participar, Mantener el enfoque, Mantener el momentum y alcanzar el cierre.


Una buena práctica es comenzar las reuniones a tiempo ya que de no ser así la práctica se convertiría en costumbre.

Conclusión:

Las reuniones son necesarias para mantener la comunicación en la empresa, realizar el trabajo en equipo y son de tanta importancia como cualquier otra actividad clave de la empresa ya que en ellas se: toman de decisiones, solucionan de problemas, intercambia información, planifica, entre otras.

Siguiendo las herramientas discutidas en este artículo podemos eficientizar más el trabajo nuestro y el de los demás.


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Este artículo es Copyright de su autor(a). El autor(a) es responsable por el contenido y las opiniones expresadas, así como de la legitimidad de su autoría.

El contenido puede ser incluido en publicaciones o webs con fines informativos y educativos (pero no comerciales), si se respetan las siguientes condiciones:

  1) se publique tal como está, sin alteraciones
  2) se haga referencia al autor (Bari Domínguez Fernández)
  3) se haga referencia a la fuente (degerencia.com)
  4) se provea un enlace al artículo original (http://www.degerencia.com/articulo/buenas_practicas_para_realizar_reuniones_efectivas)
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Reunionitis

Enviado por el 18/05/2010 a las 23:23
Manuel Gross

Salve a su empresa del mal de la 'reunionitis'

Cuando el directivo pasa el día en citas peligra su productividad y la de los demás - La dinámica asamblearia escuda al que evita tomar decisiones - La tecnología puede ayudar a ser resolutivos

JOSEP GARRIGA  18/05/2010

 
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¿Alguna vez ha calculado cuánto le cuesta a su empresa una reunión de casi una hora en la que sus colaboradores han estado divagando la mayor parte del tiempo? Si es usted un empresario, por favor, conéctese a esta dirección web (http://www.payscale.com/meeting-miser), introduzca los datos que le solicita el simulador y sabrá la cantidad de dinero que ha desperdiciado. Después, transcurrido un tiempo razonable, verifique cuántas de las decisiones adoptadas en esa reunión se han consumado. Si la respuesta es ninguna, multiplique por dos esa cantidad. Y ahora, vuelva a multiplicar esa cifra por el número de reuniones que celebra a la semana, al mes o al año. Y ahora sí. Piense cuántas de esas órdenes, reflexiones, consultas y opiniones compartidas se hubieran podido transmitir mediante un simple correo electrónico. ¿Ya tiene la respuesta? No lo dude: un virus muy en boga invade su empresa: el que contagia el síndrome de la reunionitis. No se preocupe, tiene curación.

Una web de EE UU calcula el dinero que se desperdicia en entrevistas

El problema no es el número de encuentros, sino su efectividad

Los trabajos relacionados con el conocimiento requieren debate

Una reunión bien gestionada no tiene que sobrepasar los 45 minutos

Peter Drucker, tratadista austriaco y autor de varias obras sobre gestión de las organizaciones, afirmaba: "Una reunión cuya única función es colocar a los participantes en la presencia del ejecutivo no hay manera de lograr que sea productiva. Son los gajes del oficio. Los altos ejecutivos son eficaces en la medida en que logran evitar que estas reuniones interfieran en su jornada de trabajo".

Muchos directivos convocan a sus plantillas o a sus cargos intermedios por cualquier motivo y a cualquier hora, a veces sin ton ni son, sin tener presente que entorpecen la propia dinámica del trabajo y que el recurso más escaso es el tiempo de las personas. Xavier Navarro, de Navarro Consultores, de Valencia, recuerda cómo un presidente de una compañía de su región reunía a todos sus ayudantes a primera hora de la mañana para que rindieran cuentas del día anterior. En la mayoría de las ocasiones, los empleados aportaban escasas novedades y las entrevistas casi nunca resultaban fructíferas. "Esas reuniones constituían toda una lacra para la empresa y los empleados se lo tomaban como un impuesto revolucionario que habían de pagar cada mañana", explica. El año pasado, una consultora de nivel mundial también realizó una encuesta entre sus 4.000 empleados sobre cómo optimizar la jornada laboral y la conciliación con la vida familiar. La primera queja fue el exceso de reuniones.

Pero no hay que alarmarse ni tomar medidas drásticas a partir de estos comentarios. Las reuniones son absolutamente necesarias porque constituyen mecanismos de coordinación fundamentales entre los distintos niveles de una empresa. Lo que no conviene es abusar de ellas. Pero ahora mismo, señala Ana Navarro, profesora de Ingeniería de la Organización de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), "evidentemente hay un exceso de las mismas". Una opinión que comparte Esther Sánchez, profesora de la Facultad de Derecho de la escuela de negocios ESADE.

Algunas reuniones se celebran para acreditar un trabajo que realmente no se hace. Otras, en cambio, comentan los expertos, manifiestan ciertas dinámicas asamblearias para justificar la participación de jefes intermedios en la toma de decisiones, cuando buena parte de las veces la decisión ya ha sido tomada de antemano en otros despachos. Otras se convocan para delegar ciertas funciones pero en verdad esconden la escasa confianza hacia el personal de escalas inferiores. Y otras son una forma de ir pastoreando elementos que no funcionan correctamente. "La reunionitis evidencia pésima planificación y malos esquemas de coordinación entre los equipos de la empresa", resume Navarro.

Esta profesora de la UPM ha construido su propia teoría sobre las causas de la reunionitis, que achaca a la sociedad del conocimiento. "Si tu trabajo consiste en una cadena de montaje en una empresa automovilística, cuando hemos terminado de fabricar el coche, el trabajo se da por terminado. Pero cuando estás en una página web o en un informe sobre cierto asunto, entonces se es mucho más dependiente de la opinión de la persona que lo está haciendo, porque la tarea es mucho más subjetiva. Y eso requiere mucha coordinación y, por tanto, reuniones".

Sin embargo, esta conclusión no debe implicar, de ningún modo, malgastar horas de trabajo, porque la génesis del problema no radica en el número de entrevistas, sino en el cumplimiento efectivo de los objetivos acordados en ellas. Pero ojo, no convoque otra reunión para comprobar si se han ejecutado sus órdenes porque entraría en una espiral sin fin. De ahí que, como apunta Esther Sánchez, "las personas que se imponen la consecución de resultados semanales o mensuales son las que encuentran mayores distorsiones en esta cultura de la reunionitis".

Los manuales de las escuelas de negocios rebosan de teorías sobre cómo organizar una reunión exitosa. Primero, el convocante tiene que preguntarse siempre por los motivos concretos del encuentro, es decir, si es imprescindible su celebración y qué objetivos persigue. A partir de ahí, plantearse si existen otras herramientas alternativas mucho más adecuadas y eficaces para alcanzarlos, como un correo electrónico o una teleconferencia. Estos mecanismos se han demostrado más rápidos y valiosos para recabar opiniones sobre informes, estrategias o decisiones adoptadas. "Las nuevas tecnologías facilitan el intercambio de información", señala Esther Sánchez.

Segundo, hay que planificar a conciencia la reunión: convocar a las personas precisas e indispensables, establecer un orden del día concreto sobre los temas a discutir y marcar, sobre todo, un principio y un final, de lo contrario podría eternizarse por culpa de vagas discusiones. "A veces te dicen que va a empezar a las doce, pero no sabes cuándo acaba. Es como si la reunión durara todo el tiempo disponible hasta que la persona de más alto rango tenga que marcharse", agrega Ana Navarro. "En los países nórdicos, mucho más parcos y poco dados a estas entrevistas, se fija siempre la hora de finalización", añade Sánchez. Un dato que tener en cuenta: las reuniones de directivos no deberían exceder la mitad de su jornada laboral, y las de técnicos, el 25%.

Pero la pregunta es: ¿a qué hora ha de convocarse una reunión? Lo idóneo son las primeras horas de la mañana. Si se prefiere de la tarde, pero nunca se debe interrumpir la dinámica de trabajo. "Para que una persona sea productiva tiene que trabajar de manera sostenida dos horas y media o tres", explica Sánchez. Y Xavier Navarro confirma: "La gente está mucho más fresca a primera hora". En cualquier caso, hay que tener en cuenta las características particulares de la plantilla. No es lo mismo trabajar en un entorno de personas jóvenes que en otro de mujeres casadas y con hijos, pues sus necesidades y obligaciones son diametralmente opuestas. "Hay que hablarlo con la gente", insiste la profesora de Derecho de ESADE.

Nunca celebre una reunión en torno a un almuerzo, una costumbre muy enraizada en la cultura española, avezada a cerrar negocios en la sobremesa. "El almuerzo o una cena tienen que ser para celebrar algún trato, la firma de una operación. Negociar mientras estás comiendo le da un ambiente informal que podría quedar como una conversación de pasillo", advierte Xavier Navarro. "Son extraordinariamente perniciosas", añade Esther Sánchez.

Y tercero, preparar la reunión, porque se demostrará insustituible si todos los que acuden a ella han seguido la misma pauta. Por ejemplo, si se abordan o discuten documentos, hay que distribuirlos entre los asistentes con suficiente antelación. Si quiere exhibir diapositivas, que sean lo más claras y concretas posibles. La exposición no debe prolongarse más de 10 minutos. Y por favor, no deje que sus empleados acudan con sus ordenadores portátiles o sus teléfonos móviles, así evitará distracciones. Esta ha sido la primera orden impartida a su flamante Gabinete por el primer ministro británico, el conservador David Cameron.

Si sigue estos consejos a rajatabla, ahorrará tiempo y, particularmente, dinero. "Una reunión bien gestionada, bien planificada, con un orden del día no muy denso, se puede ventilar en media hora o tres cuartos", concluye Esther Sánchez.

Sin embargo, a pesar de que estos consejos figuran en los manuales desde hace 20 años, todavía existen empresas y empresarios que incurren en los mismos errores. "Los teóricos del cambio cultural aseguran que las cosas se cambian o bien por miedo o bien por optimización. Seguramente, todos encontrarán muchos beneficios haciendo las cosas de distinta manera y obtendrán provechos tangibles. Si lo consiguen, entonces no habrá resistencia al cambio", explica Esther Sánchez.

"Los cambios siempre son traumáticos", sostiene Xavier Navarro. "Nosotros no vamos a una empresa con una varita mágica, sino que les proporcionamos una metodología de trabajo concreta, ciertas dinámicas organizativas que creemos que serán positivas para que incrementen su productividad".

Toda una serie de recetas para combatir y neutralizar el virus de la reunionitis que Navarro define como "el abuso o mala utilización de las reuniones, siendo la consecuencia de esto la pérdida de tiempo, los costes directos e indirectos consiguientes, es decir, el coste de la oportunidad, la creencia por parte de los colaboradores de que las reuniones no sirven para nada y, por tanto, son un impedimento para obtener resultados positivos. Es decir, el efecto contrario a lo que se pretende conseguir cuando se convoca una reunión".

Consejos prácticos

- Preparar la reunión. El consultor Xavier Navarro recomienda primero tener un objetivo, así se evita que se cambie constantemente de tema. Una vez decidido, se determinarán los participantes, la metodología, el lugar, el momento, el papel de cada asistente, y se realizará la convocatoria formal. Es conveniente que el número de participantes no exceda de ocho. Si debe discutirse un material, se enviará a todos con cierta antelación.

- Celebrar el encuentro. Generar interés en los participantes, explicándoles los motivos y los objetivos que se plantean, el orden del día y la metodología que se empleará. Hacer una breve presentación de los asistentes si no se conocen y justificar su presencia. El directivo ha de evitar las interrupciones. A cada acción tomada se le asignará un plan de acción que incluirá qué, quién y cuándo estará finalizado. Antes de acabar se realizará un balance y se fijará fecha y hora para la próxima reunión.

- Evaluar resultados. Analizar y hacer autocrítica para mejorar nuestra gestión y dirección en futuras reuniones, comprobar el grado de cumplimiento de las acciones y detectar si el trabajo en equipo optimiza el individual y facilita la coordinación.

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El poder del círculo

Enviado por el 18/05/2010 a las 16:38
Manuel Gross

El poder del círculo

17 Mar 2010 | Por gnisivoccia

Comienza la reunión del equipo de ventas: cada uno ocupa su lugar en la gran mesa, munido con sus papeles, notebooks, etc. Se irán tocando diferentes temas, se comentarán aciertos y errores. Algo me permite anticipar que los egos están a buen resguardo y los resultados no serán los posibles: la gran mesa.

Existen pocas instancias en las que los seres humanos modernos nos reunimos espontáneamente en rueda, desnudos en nuestra humanidad respecto a los demás (y mucho menos en el ambiente organizacional): una rueda de canciones frente al fogón en algún campamento, alguna rueda de mate improvisada “antes que llegue el jefe”, y poco más. Son casi inexistentes las ocasiones en que nos damos tan por entero a los demás como en una rueda, en un círculo.

Acaso no existan versiones organizacionales modernas de aquellas gigantescas ruedas que cualquier tribu-organización antigua utilizaba habitualmente para tratar sus temas importantes. Sería impensable para cualquiera de estas organizaciones tribales no reunirse de esa forma, cada uno equidistante del centro, sin cabeceras de poder, sin elementos que nos “defiendan” de los demás.

El círculo, la rueda, es una forma de organización del espacio del poder no sólo horizontal, sino que facilita nuestra comunicación, despojándola de accesorios y símbolos de poder distintos a lo que cada persona nos inspira por sí misma. Además, nos ubica inexorablemente en el “aquí y ahora” del grupo, de sus miembros, de su presencia, quitándonos resguardos y posibilidades de “distracción-evasión” en papeles, anotaciones, etc.

  • Por ello cuesta. Por estas razones nos expone. El círculo nos enfrenta a los demás desde nuestra presencia, ni más, ni menos.

En una cultura fuertemente jerarquizada y agresora, el círculo es un problema. ¡No deja claro quién es que manda! Tampoco permite tener elementos que nos cubran, cual trinchera, en caso de ser atacados, algo excesivamente común hoy por hoy. También resulta más difícil evadirse de lo que está sucediendo. Y entonces, como afirmamos repetidamente en estas columnas, “lo que no se dice, se actúa” y ocupamos lugares para una relación jerarquizada, vertical, y agresiva.

Hace muchos años ya, distintas corrientes estudian la comunicación no verbal y asignan una importancia relevante a cualquier objeto que se interponga entre los interlocutores como elemento de “protección”, que facilite no comunicarse francamente, adoptando una posición defensiva. Puede ser una taza de café, y mucho mejor aún, un escritorio o mesa. Por estos motivos, la comunicación grupal en círculo es tan difícil.

Era un taller de dos días a realizar con el personal de una empresa. La primer jornada ya se iniciaba y se habían dispuesto cuatro mesas redondas con unas 8 sillas en cada una. Los participantes fueron llegando y ubicándose a su alrededor. Rápidamente la participación derivó en una serie de acusaciones y “tiros por elevación” de cada sub grupo hacia los otros. Salvo excepciones, cada mesa representó un subgrupo en conflicto de la organización.
Desde la coordinación, en la previa al inicio, yo había dudado en desarmar las mesas, sobretodo por un tema de tiempo y practicidad, dado que había que mover absolutamente todo y la gente ya estaba por llegar.
Un error fatal para una organización que resultó estar en conflicto.
Quedaba únicamente una chance, para la segunda -y última- jornada.

Quitadas las mesas, armé personalmente un gran círculo con las sillas. Los participantes fueron ocupando sus lugares, mirando recelosamente hacia los lados, evaluando su ubicación respecto a otros.
Pudimos comenzar a conversar desde cada uno, desde cómo nos sentíamos respecto a la organización y finalmente, reconocer los conflictos y cómo le resonaba a cada uno.
El conflicto era viejo y persistía también por aspectos organizativos del trabajo, hecho que no iba a cambiar de la noche a la mañana. Sin embargo, pudimos exponerlo, clarificarlo, medir las consecuencias y hasta encontrar que tras las barricadas había “sólo” gente igual a cada uno de nosotros.
Eramos personas buscando clarificar, conocernos desde otro lugar, diferente al rol, a la barricada.
Y eso logramos. El taller finalizó, en un ambiente calmo, de apertura, de esperanza, con disposición a comenzar a transitar otros caminos.

Está de moda decir que queremos “trabajar en equipo”, aunque en la mayor parte de los casos que conozco lo hagamos desde el lenguaje de la verticalidad y no de la horizontalidad. Está de moda decir que estamos disponibles a los demás, aunque siempre sea en el ambiente de seguridad de cada uno, tras algún tipo de barrera física. Entonces nos sorprende que no se logren resultados, que cueste conseguir el involucramiento, que sigamos en “la trinchera”(!).

El círculo es un elemento poderoso para el trabajo grupal cuando se busca trabajar desde la horizontalidad de un equipo. Le puedo garantizar que si se anima a utilizarlo en forma regular, habrá comenzado a transitar un nuevo camino.

@2009 Gustavo Nisivoccia

 

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Reuniones efectivas

Enviado por el 09/05/2010 a las 20:22
Manuel Gross

09/05/2010
Checkin y Checkout

Seguramente muchos de nosotros hemos participado de reuniones (o jornadas de trabajo) poco efectivas. No es algo raro, más bien es un común denominador. Además diría que somos expertos en detectar si estamos en una de esas reuniones o no. Algunos de los muchos indicadores que nos ayudan podrían ser:

Continúa...

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El valor de las reuniones

Enviado por Ion Gómez el 29/01/2009 a las 10:47
Ion Gómez

Soy partidario de efectuar reuniones periódicas puesto que es una buena forma de mantener al tanto a todos los integrantes de un equipo del trabajo realizado hasta la fecha además del trabajo pendiente por hacer. Por otro lado, muchas veces resulta complicado lograr la interacción adecuada entre los participantes. Es difícil sacar algo en claro de una reunión y cuando se consigue, quizás se haya invertido mucho tiempo.

He asistido a muchas reuniones en las que no se ha dedicado el tiempo suficiente para prepararlas y el foco inicial no estaba bien definido desde un comienzo. Creo que estos dos factores son cruciales para el desempeño correcto de una reunión. Me gusta mucho el uso de técnicas como la de los Seis sombreros para pensar  puesto que aporta un toque práctico y a la vez divertido. Además resulta una manera sencilla a la hora de obtener diferentes impresiones de los asistentes a la reunión.


Seis sombreros para pensar y Reframing

Enviado por el 30/01/2009 a las 23:42
Manuel Gross

Estamos de acuerdo en dos cosas:

1. El contenido de las reuniones no se prepara con la suficiente acuciocidad.

2. No hay claridad en que toda reunión debe terminar con resultados concretos.

Por mi parte, mi experiencia me ha mostrado que no existe habilidad suficiente para manejar los distintos enfoques o criterios que pueden aplicar los participantes. Para manejar esto es adecuado lo que propones, la técnica de los 6 sombreros de Edward De Bono.

Sin embargo, considero que una herramienta mucho más eficaz, queno sólo sirve para las reuniones, es el enfoque del Reframing, expuesto por Bolman & Deal, "Reframing Organizations". Sobre esto, escribí un corto artículo hace varios años, y ahora pienso escribir una descripción más detallada para publicarla en este blog.

 

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