Cuando estamos desempleados lo que más queremos es un trabajo donde emplear nuestras horas, obtener algunos reconocimientos, desarrollarnos, aprender y, por supuesto, ganar un buen salario; pero cuando lo tenemos no siempre lo cuidamos o nos cuidamos para no perderlo o perder la cabeza en él.
Ser una persona trabajadora y responsable no es lo mismo que estar sobre ocupado y ninguna de las dos es equivalente a ser adicto al trabajo, es importante reconocer qué tipo de empleados eres porque tu salud depende del nivel de dependencia que tengas con tu trabajo.
Los trabajadores que viven para trabajar y no trabajan para vivir son adictos. Adictos a la oficina, dependientes de su móvil y portátil, inútiles sin su agenda y ansiosos por la próxima reunión. Enfermos por el trabajo.
Pero ser un enfermo por el trabajo ya no es visto socialmente como una virtud; no se trata de alguien con capacidades extraordinarias para producir y ganar dinero, se trata de «workahólicos», personas que lo único que hacen de su vida es trabajar, mientras el resto de los planos de su vida se desmoronan.
Esta enfermedad afecta a profesionales de entre 30 y 40 años, en general con altos cargos que utilizan el empleo para evadirse de los problemas familiares o de pareja hasta que el mismo empleo comienza a absorberles y demandar más horas de las saludables.
Comienza con una vía de escape y acaba siendo una compulsión incontrolable de la cual no se puede salir sin ayuda; pero cuando la hora en que la desesperación por escapar ataca, ya nadie queda en el entorno del trabajador, nadie que pueda ayudarle a recobrar sus tiempos y espacios.
La adicción al trabajo es relativamente moderna, y comienza a ser estudiada como una patología recién en los años ochenta, a través de un antecedente que es el síndrome de Karoshi (o síndrome de Fatiga Crónica).
En estas dos décadas de estudio se ha logrado concluir un perfil del adicto y una serie de parámetros que es importante tener en cuenta para observar en uno mismo y en personas cercanas que comienzan a pasar horas de más en la oficina o a llevar trabajo a casa.
Dentro del perfil hay que destacar que, si bien la adicción no reconoce diferencias de género pudiendo afectar tanto a hombres como a mujeres, la mujer es menos proclive a la padecerla pues tiene una familia y ocupaciones hogareñas que le reclaman e impiden que se sumerja de lleno en su profesión.
Así, el perfil se dibuja como un profesional muy detallista y perfeccionista, de cargo o rango importante, mayor de 30 y hasta 40 años de edad, con afán por el éxito, ambicioso, competitivo e individualista que le cuesta trabajar en equipo y relacionarse con posibles colaboradores, dado que le cuesta delegar tareas.
Afecta a hombres de negocios, médicos, abogados y economistas de clase económica entre mediana y alta, es decir, que no tiene necesidad de trabajar horas extra para solventar sus gastos.
Algunas pistas que pueden ayudarte a saber si tú o alguien que conozcas está inmerso en esta adicción son:
- Poca capacidad de disfrute
- Implicación elevada y hasta exagerada con su trabajo
- Miedo al fracaso y constante búsqueda de poder y prestigio
- En vacaciones padece el síndrome de abstinencia
- Negación del problema y distorsión de la realidad que se les muestra
- Pérdida de control con los tiempos
- Irritabilidad cuando está fuera de su ámbito laboral
Es cierto que muchas de estas características pueden presentarse en una persona que es excesivamente profesional y responsable sin que ello implique una adicción, pero aquéllas pistas que acabamos de dar deben hacerte abrir los ojos para buscar los siguientes síntomas que son inequívocos del workahólico:
- Siempre están con prisa y tienen cosas pendientes que hacer, no disponen de un minuto de descanso.
- El tiempo les urge así que no pueden sentarse a tomar un café contigo.
- Como disponen de poco tiempo, necesitan hacer varias tareas a la vez y crean las combinaciones más insólitas con tal de acopiar más y más ocupaciones.
- Necesitan tener el control y difícilmente puedas hacerles cambiar de opinión.
- No delegan y como son excesivamente perfeccionistas, se cargan el trabajo de varias personas, para hacerlas mejor.
- El miedo al fracaso, un alto nivel de auto exigencia e intolerancia para con los demás son característicos.
- Se les dificulta relacionarse con otros personas, en especial si no pertenecen al mismo ámbito de trabajo.
- Cada vez se les hace más difícil relajarse y tener un tiempo de ocio, al que consideran una pérdida de tiempo.
- Pérdida de memoria por atención simultánea a muchas cosas.
- Descuido del ámbito familiar.
Como en otras adicciones el workahólico no reconoce su dependencia, escapa de los problemas familiares y siente urgencia por ocuparse de asuntos laborales a cualquier hora, incluso en mitad de la noche.
En esta adicción, como en otras, la compulsión es creciente y cada vez se necesitan de más y más horas extra para conseguir el efecto estimulante y el aparente bienestar con el trabajo. Esta demanda horaria provoca una agenda devastadora ara el trabajador que, ocasionalmente, no logra manejar la situación y queda atrapado por el trabajo y su obsesión.
Así, cuando han sido absorbidos por su agenda, el estrés, el insomnio, los ataques de ansiedad y de pánico hacen su aparición.
Ocasionalmente otras adicciones aparecen como complementos necesarios para mantener el ritmo y la capacidad de respuesta: tabaquismo, alcoholismo o adicción a drogas estimulantes y capaces de hacer su aporte para obtener un poco más de vértigo.
Con ese cuadro, el trabajador comienza a padecer los efectos negativos de su adicción: el matrimonio se derrumba, la salud física se resiente tras haber sido descuidada y la salud mental no consigue paz entre el insomnio y el estrés.
No es extraño que a esta altura aparezca depresión, hipertensión, infartos, accidentes cardiovasculares, úlceras de estómago y hasta intentos de suicidio.
El trabajo, fuera de control es realmente dañino y puede acabar con la vida de un trabajador que todos creían camino al éxito.






















Empleados adictos al trabajo
Empleados adictos al trabajo: qué perfiles tienen y cómo impactan en las empresas
Trabajar más de 12 horas diarias aumenta en un 37% la posibilidad de padecer alguna enfermedad. Expertos consultados por iProfesional.com revelan cómo detectar a un workaholic. Cuáles son las soluciones para prevenir la adicción y aprender a poner límites a las tareas. Qué papel juegan las compañías.
El deseo de ascender en la empresa y alcanzar mayores objetivos en el mundo corporativo lleva, inevitablemente, a que se extiendan las jornadas laborales y que los profesionales pasen más tiempo en sus oficinas que en sus propios hogares.
Trabajar, cumplir metas, avanzar y obtener mejores retribuciones económicas son fines esperables y necesarios para el grueso de los ejecutivos. Pero a veces se convierten en obligaciones autoimpuestas y excesivas que incluso, para algunas personas, se vuelven una adicción por la que el aspecto laboral pasa a ser prioritario en sus vidas.
Frente a semejante panorama, lo ideal es que los empleados sean capaces de controlar a tiempo este exceso de tareas. Sin embargo, existen perfiles que no pueden ponerse límites y para los que la adicción al trabajo se hace difícil de manejar. Son los denominados "workaholics", una tendencia moderna y absolutamente perjudicial para las personas.
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