Hace un mes que decidí hacer un post sobre la procrastinación (también usada como procastinación), una elegante palabra para las más comunes de "postergación", "demora", "flojera", "lata" o "fiaca". He estado pensando en esto todo el tiempo, pero ahora que falta media hora para salir al Jardín Infantil para retirar a mi hijo Matías, creo que si me apuro lo suficiente alcazaré a publicarlo, recurriendo a dos textos siguientes que encontré navegando por Internet.
El primero es un ameno artículo que escribe la españolísima Maje (no encontré sus datos en la red) citando extensamente al filósofo José Antonio Marina (también español, casualmente). El segundo es un artículo periodístico que divulga algunas investigaciones de ciertos economistas, psicólogos y médicos.
Procrastinación, desidia y otros vicios
En su “Memorias de un investigador privado”, José Antonio Marina hace un pequeño esbozo de uno de mis más queridos defectos:
"La procastinación no es un simple aplazamiento, ni es negarse a hacer una cosa. Es, sin duda, desidia, pero una desidia acompañada de complejas tácticas dilatorias. El procastinador toma la firme decisión de hacer una cosa mañana, decisión que volverá a ser aplazada con la misma resolución al día siguiente.
Tiene, pues, una gran fuerza de voluntad para actuar en el futuro, pero una débil voluntad para el presente. Es como si se diera a sí mismo un talón con fecha renovable. Una complaciente voz interior le dice que emergerá de esa noche de prórroga transformado, dotado de energías maravillosas, que harán todo más fácil. ¿Quién puede negar que es mejor acometer una tarea sintiéndose pletórico de fuerzas?
El procastinador suele ser un postergador raciocinante, que se da argumentos muy convincentes- para él- que le aconsejan aplazar la acción. Voy a someterle a un test de urgencia para que compruebe si es usted un procastinador:
1. ¿Paga frecuentemente recargos por cheques devueltos, pagos atrasados, recibos o contribuciones pagadas fuera de plazo?
2. ¿Se queda demasiadas veces en la carretera sin gasolina por esperar a repostar en la gasolinera siguiente, que tiene, por ejemplo, mejor iluminación?
3. ¿Sabe que tiene que ordenar su mesa de despacho, pero se dice que es una operación tan importante que conviene esperar al lunes o a las vacaciones para acometerla con la dedicación que merece?
4. Cuando, al fin, se decide a ordenar, ¿se limita a organizar los montones de otra manera?
5. ¿Se le acumula la correspondencia, y toma, por vergüenza, decisiones que dificultan todavía más su puesta al día? Por ejemplo, lo que podía haberse resuelto con una breve nota necesita ahora una carta larga, que se aplaza para el día del cumpleaños del receptor, para así acompañarla de un regalo. Como esta carta tampoco se escribe, decide sustituirla por una visita en la que entregará el regalo personalmente. Pero entonces, le parece lógico esperar a la vuelta de un viaje, para tener el pretexto de haberlo comprado en el extranjero. Etcétera, etcétera, etcétera.
6. ¿Le sucede con frecuencia que aguanta molestias diarias por no arreglar una avería, cambiar de televisor o comprar un destornillador más grande?
7. ¿Suele aplazar una acción porque le falta algún pequeño requisito que en ese momento se le antoja imprescindible? Por ejemplo, sólo tiene un bolígrafo de punta fina cuando a usted le gustan los de punta gruesa. Y está convencido de que con el de punta fina no se le ocurrirá nada. Así que decide aplazar la redacción de la carta hasta que consiga el boli apropiado.
8. ¿Prepara el escenario de la acción con tanta minuciosidad que ya no le queda tiempo para ejecutarla?
9. ¿Piensa que las cosas no hay que hacerlas hasta que se puedan hacer perfectas?
Rita Emmett, en su divertido libro “The Procrastinator’s Handbook”, enuncia una irrefutable Ley de Emmett: “El temor a realizar una tarea consume más tiempo y energía que hacer la tarea en sí”.
Hay que advertir que el verdadero procastinador no dilata su actividad porque sea dolorosa o muy molesta. Suele ser tan sólo un poco más molesta que la que está haciendo en ese momento. Lo curioso es que cuando alguien se libera de ese tipo de adicción al día siguiente, se encuentra realmente bien. Si una persona decide utilizar la primera media hora del trabajo a responder a todas las cartas, conseguirá una envidiable tranquilidad para el resto del día.
Hay otro asunto que facilita el dejar las cosas para otro momento. Tiene que ver con la percepción del tiempo. Los postergadores suelen pensar que hacer algo ocupa más tiempo de lo que en realidad ocupa, que no vale la pena iniciar una cosa si no la va a terminar de un tirón, y que poco tiempo es ningún tiempo. Manejan el tiempo al por mayor y no al menudeo, que es como de hecho lo vivimos (…) hay pequeños retales, huecos de tiempo entre una ocupación y otra (…) que el procastinador despilfarra."
Yo podría contar mil anécdotas de ficciones inventadas (de manera muy racional) con las cuales encontré grandes excusas para evitar hacer cosas de suma importancia. Verdaderos novelones. Un primer paso es actualizar más este blog y a ver si también mis tareas diarias. Me da miedo que ahora salga alguno de esos psicólogos diciendo que esto es una enfermedad que hay que tratar. Con este mundo tan psicoanalizado nunca se sabe. Siempre recuerdo una frase del “Doce monos”: La psicología es la última de las religiones (creo que era así).
Y aquí acaba una entrada que pensaba dejar para mañana…
This entry was written by Maje and posted on 9 Enero 2008 at 2:34
Fuente: Ilustración Digital
Postergadores: las razones de dejar todo para el último minuto
Si con sólo pensar en lo que tiene que hacer usted se estresa y, pese a ello, se pone a jugar solitario en el computador, con seguridad pertenece a esta categoría.
por Sebastián Urbina
09/01/2009 - 09:26
Revisar los mail, tomarse un café o fumarse un cigarrillo son algunos de los rituales indispensables para trabajar con inspiración y creatividad. Al menos así lo sienten quienes, producto de estos hábitos, dejan para última hora lo que tienen que hacer. Son los llamados postergadores habituales, especialistas en dejar para más tarde desde tareas relevantes hasta incluso algo tan simple como devolver una llamada telefónica. Si con sólo pensar en lo que tiene que hacer usted se estresa y, pese a ello, se pone a jugar solitario en el computador, con seguridad pertenece a esta categoría.
¿Por qué algunas personas caen con tanta frecuencia en estas actitudes, mientras otras rara vez pierden un segundo de su tiempo? Durante los últimos años, el hábito de postergar está atrayendo a los investigadores de la Ciencia del Comportamiento, tratando de encontrar una respuesta. Porque, de la mano de la globalización, el tema ha ido cobrando relevancia, incluso para los mercados, que atribuyen a esta conducta pérdidas económicas importantes.
El economista Piers Steel, de la Universidad de Calgary (Canadá), realizó una revisión de varios estudios sobre el tema y llegó a una cifra que se repetía de forma preocupante en varios países: entre el 15% y el 20% de los adultos en Estados Unidos, Canadá y Europa son postergadores habituales. Lo que, por lo menos en Estados Unidos, representa un aumento importante, porque hace tres décadas sólo el 5% de los americanos caía en esta clasificación.
Y lo peor es que Steel comprueba que a menor edad este comportamiento puede ser una plaga. Durante los primeros años de la universidad, relata su estudio, sobre el 80% de los alumnos tiende a postergar sus obligaciones.
DE DA VINCI A CAPOTE
Hasta el momento, las explicaciones sicológicas para este tipo de comportamiento son variadas: personas impulsivas, que se distraen con cualquier estímulo o bien, ansiosas, que prefieren retrasar el inicio de un trabajo que puede resultarles desagradable. Incluso, podría tratarse de problemas de autoestima.
El sicólogo Timothy Pychyl, director del Grupo de Investigación en Postergación de la Universidad de Carleton (Ottawa, Canadá), describe a un grupo muy particular de postergadores. Aquellos que hacen su tarea en el último momento buscando una excusa para explicar un posible resultado pobre. "Así pueden decirse a sí mismos: 'lo hubiera hecho mejor si hubiese empezado antes'. Se trata de un mecanismo de defensa inconsciente para quien puede tener una autoestima débil y se enfrenta a un desafío que le causa inseguridad", dice el especialista.
Pero el hábito de postergar no implica ni falta de capacidad ni una menor inteligencia. En eso están de acuerdo todas las investigaciones.
El médico Eunju Lee, de Halla University en Corea del Sur, plantea una tesis bastante más rebuscada. Después de varios análisis y una encuesta que incluyó a 262 estudiantes, llegó a la conclusión que detrás de cada postergador crónico subsiste una profunda dificultad para involucrarse de lleno en una tarea hasta terminarla. Porque se trata de personas caóticas, que fácilmente se distraen por su propensión a divagar y fantasear. Varias otras investigaciones aseguran, por ejemplo, que Leonardo Da Vinci fue uno de estos postergadores crónicos. Su fortaleza radicaba precisamente en su enorme capacidad de generar una idea tras otra en su mente, pero eso también le impedía trabajar en el proyecto que tenía en mano hasta finalizarlo. De hecho, el número de obras inconclusas que dejó supera por mucho a las que logró concretar.
Hay otros ejemplos de esta condición también en la literatura, dicen los investigadores, como los escritores Truman Capote y Ralph Ellison. El primero impactó al mundo con su novela A sangre fría, en 1965, pero fue incapaz de escribir algo más; mientras que Ellison estuvo 40 años trabajando en una segunda novela después de El hombre invisible y la dejó incompleta al morir, en 1994. Mucho se habló del bloqueo que sufrieron estos escritores, pero según los científicos, su conducta calza perfectamente con los postergadores crónicos.
RAICES BIOLOGICAS
Existe una condición básica para que el postergador entre en acción: los plazos prolongados. Mientras más tiempo tengan, estas personas prácticamente se olvidan de la tarea que deben realizar porque para muchos de ellos sólo el estrés que implica la cercanía del límite los lleva a actuar y a sentir el trabajo terminado como una verdadera recompensa.
Esta situación fue lo que llevó a muchos científicos a sospechar que el hábito de postergar involucra un mecanismo neuroquímico.
En 2004, el neurocientista Barry Richmond y sus colegas del Instituto Nacional de Salud Mental de EEUU realizaron un experimento con monos adiestrados. Usando una nueva técnica genética, lograron que estos animales que solían trabajar a desgano se transformaran en verdaderos trabajólicos durante varias semanas.
Para esto, les inyectaron una molécula que bloqueó el gen que produce los receptores D2 de la dopamina. Este químico es responsable de que el cerebro identifique una recompensa y actúe en función de obtenerla. En la medida que la dopamina tiene menos efectos en las neuronas (al estar bloqueados los receptores), la sensación de recompensa se diluye y el sujeto no necesita sentir este estímulo para trabajar. "Los monos se transformaron en trabajólicos, casi sin cometer errores, independiente de cuán distante estuviera la recompensa", explica Richmond.
LOS COSTOS DE POSTERGAR
La afición por dejar todo para mañana tiene costos altísimos: financiero, profesional, de salud e, incluso, de daño en las relaciones personales. "La postergación va socavando el bienestar de las personas en forma amplia", dice Pychyl.
En 2002, un 40% de los norteamericanos que declararon impuestos cometieron errores al completar los documentos por dejar el trámite para último momento, lo que se tradujo en un sobrepago de US$473 millones.
En 2006, la sicóloga de la U. de Windsor en Canadá, Fuschia Sirois, realizó un estudio con 254 adultos y concluyó que los postergadores tienen mayores niveles de estrés y problemas de salud.
EXISTEN 4 TIPOS DE POSTERGADORES
Evitadores: intentan retrasar lo más posible el tener que hacer alguna tarea que les desagrada.
Indecisos: se les pasa el tiempo pensando distintas alternativas para hacer un trabajo.
Adrenalínicos: su estilo de trabajo es bajo presión, con la adrenalina de sentir encima el plazo fatal.
Baja autoestima: dejan todo para el final para tener una excusa si el resultado es pobre. Así protegen su frágil autoestima.
ALGUNOS FAMOSOS
Leonardo da Vinci: sus proyectos superan sus obras terminadas.
Truman Capote: después de A sangre fría no saca otra novela.
Ralph Ellison: tras El hombre invisible, intenta 40 años sacar otra novela.
Fuente: La Tercera
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Los publicaré luego...
Imagen: Procrastination
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Yo también soy un procrastinador
Hola Mariano.
Me ha gustado mucho tu comentario, porque permite debatir un tema que a mi me interesa personalmente. No me preocupa mucho los diagnósticos médicos o psiquiátricos acerca de mis características de procrastinador. Pero SI me interesa la incomprensión generalizada sobre las personas que tenemos una permanente actitud reflexiva, analítica, perfeccionista, introvertida, etc. que ocupamos todo el tiempo disponible para asegurarnos que las cosas las haremos bien, lo que implica que generalmente tengamos que hacerlas cuando ya se acerca el fin del plazo final, lo que al observador externo poco inteligente le hace pensar que somos unos flojos.
Como escribo para que me lean, prefiero que este debate lo hagamos en este blog y no por email.
Hasta pronto.
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