Hoy he descubierto un sitio destacable por la calidad de sus publicaciones dedicadas sustancialmente al mundo de la cultura, y con preferencia a los libros y sus autores. Me refiero a la revista electrónica Portal Cultural Dosdoce donde escribe un equipo de ocho redactores de alto nivel profesional. Entre ellos está su director, el Master en Relaciones Internacionales Javier Celaya, quien ha escrito el artículo siguiente que devela el negativo fenómeno de la acumulación de "amigos" virtuales en que se involucran muchos miembros de las redes sociales.
El comportamiento de los usuarios en las redes sociales
Autor: Javier Celaya
El procedimiento para añadir nuevos amigos es tan simple en la mayoría de las redes sociales que invita a agregar “sin ton ni son” centenares de perfiles de personas que nunca has conocido, ni conocerás, en tu vida real.
Una de las críticas
más feroces en contra de las redes sociales se basa en el incesante
goteo de invitaciones de personas que no conoces de nada para que
formes parte de su red de contactos. Cada día hay más usuarios que
manifiestan estar hartos de recibir solicitudes de desconocidas
terceras personas con las que además no tienen nada en común (no han
trabajado en el mismo sector empresarial, o no tienen los mismos gustos
ni aficiones, ni hablan su idioma...) y aun así piden que sean
aceptados como amigos…
¿A qué se debe este comportamiento, por
cierto, tan extendido en todas las redes sociales? Parece ser que
tener muchos amigos en Twitter, Xing, Facebook o Myspace
es una manera de demostrar tu popularidad en la web social. La culpa
de esta ansiedad coleccionista no sólo la tiene el usuario; el propio
diseño web de algunas de estas plataformas virtuales otorga demasiada
importancia y visibilidad al número de contactos que tiene una persona
en esa red social.
No hay duda de que las nuevas tecnologías nos permiten extender nuestros círculos sociales. El antropólogo Dunbar
sostiene que en el mundo analógico una persona mantiene relaciones
sociales permanentes y fluidas con alrededor de 150 personas (familia,
amigos, trabajo). Como humanos estamos programados para conversar e
intercambiamos opiniones y recomendaciones sobre productos y servicios
con las personas que nos importan. Con la llegada de las nuevas
tecnologías sociales, una persona puede incrementar su comunidad de
“conocidos” entre 500 y 1.500 personas, según su grado de participación
en las redes sociales.
Cada vez que entras en un nuevo perfil,
el diseño del mismo destaca de forma notoria el número de contactos que
tiene esa persona en esa red social. Dada la notoriedad de este
criterio en los perfiles de los usuarios, muchas personas consideran
que es uno de los principales indicadores que determinan el grado de
reputación de una persona en una red social. Es decir a mayor número de
contactos, mayor reputación en esa comunidad. Además, el procedimiento
para añadir nuevos amigos es tan simple en la mayoría de las redes
sociales que invita a agregar “sin ton ni son” centenares de perfiles
de personas que nunca has conocido, ni conocerás, en tu vida real.
Parece como si los propios gestores de las plataformas virtuales
estuvieran muy interesados en fomentar este tipo de comportamiento y de
alguna forma premiarlo con una mayor visibilidad.
Debido al auge
de usuarios coleccionistas de perfiles, muchos cuestionan la veracidad
y validez de las relaciones en determinadas redes sociales: ¿Son amigos
o meros conocidos? Más bien creo que son como niños en un patio de
colegio intercambiando cromos de futbolistas. En este caso, las
personas intercambian un cromo virtual, su propio perfil, con el fin de
tener el álbum virtual con el mayor número de cromos posible dentro de
la red social.
No debemos olvidar que, aunque sean muy populares, la mayoría de las redes sociales (Facebook, Myspace, Tuenti,
etc.) se encuentra aún en una primera fase de desarrollo. Puedo
entender que durante la fase de lanzamiento de estas comunidades los
gestores tengan como objetivo de negocio lograr el mayor número de
nuevos miembros y para ello destaquen la captación de nuevos amigos y
la creación de grupos como reclamo publicitario. Pero una vez logrado
un cierto tamaño, creo que mantener ese enfoque disminuye la
credibilidad de las relaciones dentro de esa red social.
Con el
fin de minimizar el intrusismo de los usuarios coleccionistas de
perfiles, las redes sociales deberían desarrollar una serie de
procedimientos mas rigurosos que limiten la capacidad de agregar amigos
o grupos. No estamos abogando por la creación de redes sociales
elitistas como Asmallword,
que cuenta con unos 10.000 usuarios en España, pero sí establecer
algunos criterios que limiten comportamientos compulsivos por parte de
algunos usuarios.
Por ejemplo, la red social profesional LinkedIn
solicita al usuario que quiere agregarse un nuevo perfil el correo
electrónico de esa persona para asegurarse de que la conoce. Otras
redes sociales, como Xing, solicitan información sobre dónde conoció a
esa persona o preguntan sobre cuáles son los motivos por los que
quiere contactar con esa persona. La red social Tuenti.com sólo
admite nuevos miembros bajo invitación de otro miembro; de esta manera
se aseguran que inicialmente las personas contactadas se conocen de
alguna manera.
Varios estudios demuestran que este tipo de
procesos ralentiza el ritmo de crecimiento de una red social al impedir
una participación compulsiva, pero a la vez garantiza que las
relaciones establecidas en esas redes sociales sean más constructivas y
reales.
Es cierto que cuantos más usuarios tenga una red
social más valor tendrá esa plataforma en todos los aspectos del
negocio (publicación de contenidos, incremento del tráfico, ingresos
publicitarios, etc.), pero al final el comportamiento de la mayoría de
los usuarios determinará el nivel de confianza que se otorga a esa
plataforma.
La credibilidad de una red social se nutre del
grado de participación y fidelidad de los usuarios. Cómo utilizan los
miembros esa plataforma, qué información comparten y qué tiempos
dedican determinarán el valor de esa red social para sus miembros.
Existe
todo tipo de usuarios en las redes sociales. Hay pocos usuarios muy
activos que publican a diario artículos, crean grupos y establecen
conversaciones muy complejas, mientras que la mayoría asume un rol de
lector pasivo. Todos los usuarios son necesarios en las redes sociales,
pero los gestores de estas comunidades deben entender que el usuario
“coleccionista de perfiles” aporta muy poco valor a sus plataformas y
por ello deberían tomar medidas para minimizar su visibilidad y sus
malas prácticas.
Como ya mencionamos en el estudio Comunicación Empresarial 2.0 (BPMO, 2007), las redes sociales no son tan participativas como se autodescriben en la mayoría de sus páginas web. Jacob Nielsen,
una de las autoridades más respetadas en el ámbito mundial sobre
usabilidad en la Web, señala que tan sólo un 1% de los internautas son
creadores originales de contenidos en la Web; este tipo de usuarios
forman el principal activo de las redes sociales, mientras que un 90%
son lectores y consumidores pasivos de los mismos. El 9% restante
pertenece a una interesante categoría de personas que asume la función
de “altavoz” divulgando en sus redes sociales aquellos contenidos que
consideran más interesantes y originales publicados en Internet. En
este contexto, uno de los principales retos de los gestores de estas
comunidades es fomentar un mayor número de usuarios activos en sus
respectivas plataformas.
Al igual que añadir un nuevo amigo a
nuestro perfil es relativamente sencillo - sólo necesitamos la
aceptación de la otra persona - apuntarse a un grupo de interés en una
red social es igual de simple. Existe todo tipo de grupos y
asociaciones en estas comunidades; desde clubes de lectores de libros
hasta afiliados a sindicatos o ex-empleados de empresas. Dado que el
procedimiento para darse de alta en estos grupos es tan sencillo,
muchos usuarios se apuntan a decenas de ellos sin intención de
participar en los mismos. Mucha gente piensa que pertenecer a multitud
de grupos implica tener una mejor reputación dentro de la comunidad.
Este tipo de comportamiento crea una distorsión en el funcionamiento y
productividad de los grupos, pues muchos de ellos cuentan con un
elevado número de supuestos miembros pero sin actividad alguna. Los
gestores de las plataformas deberían premiar a los usuarios que
participan regularmente en grupos aportando conocimientos, contenidos,
nuevos miembros, etc. Varias redes sociales ya están premiando a este
tipo de usuarios con ofertas especiales, acceso a zonas restringidas,
licencias Premium, etc.
Conocer nuevas personas en la Red, al
igual que en la vida analógica, puede ser muy gratificante. Una red
social abierta que nos permita ver el perfil de cualquier usuario y
contactar directamente con esa persona nos permitirá acceder a nuevos
círculos sociales. A través de las nuevas amistades podemos acceder a
nuevas fuentes de información, compartir aficiones, conocer nuevos
puntos de vista, visitar nuevos lugares, etc. Pero también, este tipo
de redes sociales está más expuesta a ser manipulada por los usuarios
con fines comerciales, usurpación de identidades, adquisición
compulsiva de perfiles, etc.
Las redes sociales deberían
rediseñar sus sitios web para minimizar las malas prácticas y premiar a
los usuarios que más contribuyen haciendo que sus aportaciones sean aún
más visibles. Aparte de determinar el verdadero grado de relación que
mantengan con sus diferentes contactos - si son verdaderos amigos o
meros conocidos - la red social debería medir su grado de actividad, el
tiempo que dedican a hacer crecer la comunidad, qué tipo de cosas
recomiendan a otros usuarios, en qué grupos participan y qué aportan.
Los perfiles de los usuarios deberían destacar el número de artículos
publicados, así como el número de veces que han sido leídos o
comentados por los usuarios. También podrían destacar el número de
fotos y vídeos que hayan compartido en la Red con otros usuarios o
penalizar a aquellos que se den de alta en grupos en los que luego no
participa.
Aquellas redes sociales que empiecen a dotar a sus plataformas de medidas que generen relaciones de confianza entre sus usuarios lograrán obtener la fidelidad de los mismos.
Artículos relacionados con este tema:
- La empresa en las Redes Sociales
- Comunicación Empresarial 2.0
- La invisibilidad de las mujeres en las Redes Sociales
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Datos del autor: Javier Celaya
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Fuente: Revista Dosdoce





















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