Software libre como realidad en la pyme
Por Héctor Cordobés
Una de las múltiples decisiones que debe tomar un emprendedor cuando establece su negocio es saber cómo va a gestionar todos los flujos de información que debe atender: gestión de clientes, contabilidad, logística… Es, en gran medida, aquello que junto a su propia capacidad organizativa le va a permitir centrarse en lo que realmente importa y sabe hacer: producir, vender y obtener un beneficio.
Por tanto, parece que es razonable que la elección del sistema de gestión dependa de parámetros como funcionalidad ofrecida, coste de adquisición o coste de mantenimiento. Sistema que en la actualidad está, indudablemente, soportado por ordenadores y programas específicos. Sobre estas premisas, intentaremos hacer una presentación del software libre. ¿Nos sirve?
¿Qué es “software libre”?
Es un modelo de creación y distribución de programas, donde a diferencia de la venta de licencias para programas cerrados a cal y canto (como sería el caso de Windows o Word), lo que se da al usuario es la libertad de usarlo como quiera y de modificarlo según sus necesidades, respetando ciertas condiciones: reconocimiento del autor, distribuir bajo las mismas condiciones las obras derivadas, etc.
Hablar de las implicaciones daría para muchos artículos, por lo que podréis encontrar al final del artículo algunos enlaces al respecto para aclarar dudas sobre la calidad de los programas, el origen del modelo o simplemente de qué vive quien hace los programas. Para nuestros propósitos, lo que nos importa es que podemos acceder a buenos programas a muy bajo coste, y en el caso remoto de necesitar soporte o una personalización, se podría contratar a un programador o empresa para que nos la hiciera, favoreciendo al tejido empresarial local, que siempre está bien.
Funcionalidad ofrecida
Independientemente de que usemos como base un sistema operativo libre (GNU/Linux por ejemplo) o sólo herramientas (un procesador de texto), en los últimos años ha aparecido multitud de software para muchos propósitos.
Por ejemplo, programas básicos de oficina, como OpenOffice, la primera suite en implementar el formato estándar ISO ODF y además compatible con la amplia mayoría de los documentos de Microsoft Office, incluyendo los más antiguos. También soluciones completas de facturación, punto de venta, nóminas, cobros y recibos (por ejemplo el proyecto Linex PYME incluye todas estas herramientas), o cualquier necesidad básica como navegador web, lector de correo electrónico, o programas de creación y grabación de DVD. Es decir, todo lo que una empresa mediana necesita para gestionar su negocio.
Coste de adquisición
Aquí hay pocos secretos. Quien más, quien menos, es conocido que normalmente el software libre no tiene costo de adquisición (aunque también se puede comprar “en caja”, con las conexiones actuales lo más sensato es la descarga). Claro que en un país con un índice tan alto de instalaciones de copias ilegales de software, quizás no es un factor tan valorado. No obstante, podemos tener ese ahorro y aún así ser legales. Y disfrutar del resto de las ventajas que el software libre ofrece.
Coste de mantenimiento
Aquí hay una fuerte división de opiniones, sobre todo dependiendo de los intereses particulares de cada parte. Las empresas pro-Microsoft (para las que el software libre representa una competencia significativa), advierten que son tecnologías complicadas de usar, caras de mantener y que no ofrecen garantías, por lo que el mantenimiento es caro.
Sin embargo, los partidarios pro-software libre opinan que los programas son como poco equivalentes en funcionalidad y usabilidad, aunque no sean copias exactas del mismo programa. Además, para cualquier profesional, los programas son más mantenibles, ya que cualquiera puede acudir a documentación o incluso a las fuentes del programa para ver cómo esta hecho y cómo funciona (algo imposible en el modelo cerrado) y hacer así cambios en ellos.
Adicionalmente, los programas de software libre suelen ceñirse escrupulosamente a estándares internacionales, por lo que la interoperabilidad entre ellos es sencilla, y por tanto, con un sistema bien pensado, no incurriríamos en costes adicionales para intercambiar datos entre nuestros programas.
Y sobre las garantías… ¿alguna vez Microsoft nos recuperó un documento perdido por culpa de un cuelgue del XP? ¿Nos arregló el ordenador tras años de uso? ¿O más bien nos ofrecieron amablemente que reinstaláramos? Pues eso.
En definitiva, es una opción que se nos presenta como una buena oportunidad. Las ventajas presentadas son claras: unos costes de adquisición muy bajos, la completa libertad y facilidad para extender o personalizar el producto, y la posibilidad de activar el sector local.
¿Debilidad a este planteamiento? La necesidad de contar con buen asesoramiento o unos buenos profesionales del sector IT en caso de ser una empresa pequeña, ya que es necesario (aunque cada vez menos) un cierto grado de conocimiento. En caso de tener nuestro propio departamento IT, la interiorización de conocimiento en software libre puede hacerse más estable y confiable si incorporamos a un especialista en la plantilla, y se convertirá en una buena base para la creación de servicios de valor añadido para los clientes, ya que podremos invertir a partir de ese momento en tecnologías ya desarrolladas sobre software libre (por ejemplo, un servidor web o una centralita SIP) sin coste en licencias.
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Fuente: Tecnología Pyme































Software libre solo para hackers?
Presento los siguientes párrafos del artículo escrito por Julen Iturbe en Consultoria artesana en red "Software libre minoritario y paradójico":
Me revoloteó por la cabeza todo el tiempo la pregunta de si las personas (hackers) que trabajan con software libre buscan realmente la extensión de su uso. Antes de que se me echen los leones encima (porque mira que hay pocas mujeres en el sarao), me explico: creo que si queremos que el uso del software libre se extienda tenemos que colocarnos más en el lugar del usuario.
El problema es que “el usuario” son “una ingente cantidad de usuarios” y esto supone muy diferentes actitudes y conocimientos. Pero hay que tender puentes y jugar a la usabilidad y a la sencillez. Si no, la inmensa parte central de la campana de gaus que conforman los usuarios “normales” quizá no entren porque seguirá pareciéndoles excesivo el esfuerzo de aprendizaje que se requiere.
Quizá si buscamos ciudadanía hacker que use software libre tenemos que asumir que se tratará, siempre, de una parte minoritaria de la población. Punto. Y las tácticas para trabajar con este colectivo son diferentes de las que debiéramos mantener si pensáramos que esto va dirigido a una (inmensa) mayoría de la población.
Y hay que reconocer, además, que la curiosidad que delata al hacker no tiene por qué ser una característica exclusiva de estas personas y que afecta sólo a una pequeña parte de la población. No hay que confundir la curiosidad por la tecnología con a curiosidad en general, como actitud.
Si el uso del software libre se extendiera a grandes cantidades de la población debería moverse en terrenos de mucha mayor sencillez. Es decir, que no podrá pensar que la montaña se va a acercar a Mahoma, sino que será Mahoma el que tendrá que acercarse a la montaña.
Pero, insisto, no sé si esto tiene sentido. No sé si extender el uso quebranta ciertos principios. No sé si extender el uso no es, simplemente, imposible si el objetivo es la mayor parte de la población.
Las conversaciones que tuvieron lugar ayer nos colocan en nuestro sitio. Si alguien hubiera tenido un agujerito para vernos y escucharnos, habría pensado que allí había una cuadrilla de frikis hablando de sus cosas. Dicho lo cual, quizá eso consiga que quienes andábamos por allí incrementáramos nuestra autoestima. Socializar supone asumir los riesgos, pero también los beneficios, del mestizaje.
La influencia del usuario “poco competente” y ¿mayoritario? debería hacer evolucionar el software libre hacia parámetros de mayor usabilidad.
Imaginactivo - Villarrica Cultural