Por Iraima V. Martínez
Psicología
Organizacional
Entender cómo es que las organizaciones facilitan o inhiben
aprendizajes, no es suficiente para concebir la organización como proyecto
racional, es también necesario verla como un ámbito humano donde se perpetúan y
modifican formas de relaciones que otorgan significado y sentido a la
experiencia.

El planteamiento anterior remite a
considerar, cómo los factores culturales de la organización pueden ayudar a
entender lo que los individuos aprenden, o se ven inhibidos de aprender en una
organización. En este sentido, es conveniente profundizar en lo que se entiende
como Cultura Organizacional, como
proceso simbólico del comportamiento organizacional.
La Cultura Organizacional
Por Stephen (1987), la define “Como
un sistema de significado común entre los miembros que distinguen una
organización de otra”; Deal (1984) lo entiende, como símbolos que manifiestan,
valores y conductas de sus miembros y expone que la cultura es una suma de
valores, mitos héroes y símbolos que han llegado a representar algo muy importante
para los trabajadores.
Schein (1985), sostiene que la
Cultura Organizacional está constituida por las creencias e hipótesis presentes
en el organización y el año 1988, le agrega a este concepto que, la Cultura
Organizacional es parte innata para aquellos que han estado toda su vida
trabajando en una organización. Del mismo modo expone que la “Asimilación de
valores y patrones culturales de una organización por parte de sus individuos,
influirá en la motivación en el trabajo por parte de los mismos” (p. 149).
Por su parte, Robbins (1996),
asocia la Cultura Organizacional con patrones de conducta. Para Gore (1996), es
un patrón de supuestos básicos que un grupo inventa, descubre o desarrolla para
enfrentar su necesidad de responder a las demandas externas sin perder la
coherencia interna. Desde este último punto de vista, una cultura es un
lenguaje común con categorías conceptuales compartidas; límites, criterios de
inclusión y exclusión, reglas para obtener, mantener o perder poder, estatus,
recompensa o castigo. Es así como, cada cultura organizativa, confiere a la
organización ya sus miembros una cierta identidad.
En una cultura orientada hacia los
resultados, se aprende criterios de eficiencia, se valoran los logros, se
otorga autoridad sobre la base del éxito, se mide el valor de ideas, cosas y
gente por la su posibilidad de conducir a resultados. Por otra parte, en una
cultura orientada hacia el poder, aprende a conseguir influencia, los éxitos,
la autoridad y el éxito son considerados tales, sólo, en relación con la
situación de equilibrio político de la organización. Por el contrario, en una
cultura orientada hacia la gente, el valor es estar en buenas relaciones con
los demás. Nada es importante si crea conflicto. Finalmente, en culturas
fundadas en procedimientos, lo importante no es qué se hace, ni a quién se
sirve, sino si se han seguido las normas que rigen esta acción, (Gore, 1996).
Por Schein (1985), la formación de
la cultura es un proceso de enseñanza los valores permanecerán en el tiempo, si
el grupo comparte la percepción de que la solución a un problema, está en vías
de ser resuelta y luego solucionada, al presentarse nuevamente un problema
similar, se aplican las mismas medidas, que en dar resultados positivos, se
debe tomar como una solución definitiva del grupo y se transmitirá a los nuevos
miembros. Es decir, los elementos que resuelvan los problemas del grupo sobrevivirán
en el tiempo.
Asimismo, considera que en la
medida que se profundice en el conocimiento de la Cultura Organizacional, ésta
puede llegar hacer más efectiva; sabiendo entonces que es necesario que los
empleados compartan los valores que integran esta cultura, porque orienten su
conducta hacia el logro de la efectividad organizacional.
Para esta investigación queda
definida la Cultura Organizacional como: Un conjunto de valores, ideas,
creencias y normas, que caracterizan el patrón de conducta de los miembros que
conforman una organización, la distingue de las demás y llega a los criterios
cognitivos sobre los que la realidad es construida.
Las normas son definidas como la
guía de acciones que deben seguir los integrantes de la organización para
cumplir con los objetivos estratégicos de la organización. En este sentido, se
considera que las normas son las políticas que orientan y guían a la
organización en su comportamiento y el de su personal.
Robbins (1996), afirma que las
normas son estándares aceptables de comportamiento dentro de un grupo que se
comparten los miembros de éste. Explica el autor que las normas formalizadas se
incorporan en los manuales de la organización, los cuales detallan las reglas y
procedimientos que deben cumplir a cabalidad los integrantes de la
organización. “Las normas de un grupo de trabajo son como las huellas
dactilares: cada una es única” (p. 23). Aspiraciones e ideologías más
generalizadas.
En forma particular Robbins plantea
que entre los elementos a considerar, en el estudio de los valores sociales se
encuentran: el objeto mismo que es un valor, la capacidad que tiene el objeto
de satisfacer las necesidades sociales, la apreciación que tiene la gente del
objeto y de su capacidad de dar satisfacción.
La estructura constituye otro de
los elementos de importancia dentro de la Cultura Organizacional y partiendo de
cómo estén conformadas las relaciones de mando, se podrá llevar a cabo una
mejor planificación de las comunicaciones en la misma. La estructura es creada
en las organizaciones para facilitar la coordinación de las actividades y el
control de las acciones de su personal. Así pues, la estructura organizacional
es la forma en que las tareas de los puestos se dividen, agrupan y coordinan
formalmente.
La estructura constituye un apoyo
para la dirección de la organización, en virtud de que es creada para realizar
las funciones, las actividades y para cumplir los deberes y las
responsabilidades de los componentes sociales de la organización. Del mismo
modo, se define como un programa que indica la forma en que se agrupan
personas, los lugares de trabajo en una organización y queda ilustrada por
medio de un organigrama.
Los atributos estructurales en las
organizaciones incluyen el grado de formalización de las reglas de los
procedimientos, el grado en que los líderes de la organización delegan
autoridad a los miembros, el número de subordinados por lo que son responsables
los directores (ámbitos de control ), el miembro al que corresponde la cadena
de mando, los niveles de la jerarquía en la organización, la designación de
subunidades especializadas en la organización y la descripción formal de
posiciones y responsabilidades laborales en la organización, (Kreps, 1995) .
Por otra parte, al hablar de
Cultura Organizacional, se hace referencia a dos tipos de Cultura y Subcultura.
Se refiere a los valores,
creencias, principios que son compartidos por todos los miembros de la
organización adjudicando, en la misma, una personalidad diferente.
Se caracteriza por contener los valores
centrales de la cultura dominante, junto con otros que son típicos de los
miembros de la organización. Reflejan innumerables distinciones de trabajos y
ambientes sociales dentro de la organización, producto de la tendencia de la
organización hacia la diferenciación por niveles y funciones, que crean la
oportunidad del surgimiento de culturas opuestas. La mayoría de las
subculturas, están basadas en el nivel directivo donde los miembros de estos
grupos comparten los valores y expectativas similares así como la orientación
en el trabajo.
Relación entre cultura y Aprendizaje Organizacional
En cuanto a la relación entre cultura y Aprendizaje Organizacional, Schein (2000)
plantea que la Cultura Organizacional constituye, al mismo tiempo, el contexto
en que la organización se forma, se educa, se aprende y el resultado de la
educación y aprendizaje.
La actividad de las organizaciones,
tiene como finalidad y consecuencias últimas, la formación, consolidación,
cambio y realización de la Cultura Organizacional. Aunque estos procesos se
realizan mediante los diferentes momentos de interacción que se suscitan en la
cotidianidad organizacional, se puede considerar que son inherentes al
Aprendizaje Organizacional.
El aprendizaje organizacional,
sucede cuando la Cultura Organizacional establece procesos que facilitan el
desarrollo de las destrezas basadas en aptitudes y características personales
como: la responsabilidad, la creatividad, iniciativa, capacidad de discusión y
análisis, y, solución de problemas, (Schein, 2000).
El Clima Organizacional
Así como la cultura, las
organizaciones tienen un ambiente interno o Clima Organizacional específico,
que la caracteriza y diferencia de las otras. Este ambiente interno surge de la
interacción entre las características de la personalidad de los individuos, con
los elementos estructurales de la organización y actúa de manera directa sobre
los individuos, condicionando su percepción, y en consecuencia su
comportamiento y desempeño, (Martínez, 1999).
Hay diferentes acepciones y
definiciones sobre Clima Organizacional, comenzando con la definición genérica
de Keith (1986), según la cual se trata del ambiente humano en donde realizan
sus tareas los trabajadores de una organización, y se ve afectado por todo lo
que pasa dentro de la misma. De acuerdo con lo planteado anteriormente, se
interpreta que este ambiente interno interactúa con las características
individuales, para determinar el comportamiento del sujeto.
Según Gibson (1990), el Clima
Organizacional es “un grupo de características que describen una organización y
que la distinguen de otras organizaciones, son de permanencia relativa en el
tiempo e influyen en la conducta de las personas de la organización “.
James y Jones (1974), identifican
tres enfoques o puntos de vista para estudiar el concepto de Clima
Organizacional: estructural, perceptivo e interactivo.
La primera explicación de la
formación de Clima Organizacional se dio en términos de una aproximación
estructural. Bajo esta óptica, la naturaleza del clima es un atributo que
pertenece a la organización, independientemente de la percepción de sus
miembros individuales.
Lo expuesto lleva a considerar que,
para James y Jones (op cit), Clima Organizacional es un conjunto de
características que describen a una organización y la distinguen de otros, que
son relativamente estables en el tiempo y que influyen en el comportamiento de
los individuos dentro de la organización. En contraste con la visión
estructurada, que localiza la génesis del Clima en las propiedades
organizacionales, el modelo perceptual sustenta el origen del Clima en los
individuos. Se entiende Clima como un proceso de descripción psicológica de las
condiciones organizacionales, siendo un producto de procesos cognitivos
perceptuales.
La aproximación perceptual
representa una definición deductiva del Clima Organizacional, que responde a la
polémica que vincula la percepción del Clima a los valores, actitudes u
opiniones personales de los empleados, considerando incluso su grado de
satisfacción. Teniendo en cuenta esta perspectiva, el individuo percibe el
Clima Organizacional en función de las necesidades que la organización le puede
satisfacer.
Desde esta perspectiva, la base de
la formación del clima se encuentra dentro del individuo mismo. Los individuos
responden a variables situacionales de una forma que tiene significado
psicológico para ellos, en este sentido, el Clima Organizacional es una
descripción psicológicamente procesada de las condiciones organizacionales.
Esto sugiere que el clima difiere de organización en organización, en función
de los diferentes tipos de personas que ingresan en cada una de ellas.
Por otro lado, el enfoque simbólico
interaccionista o interactivo sitúa el significado del Clima Organizacional,
explicando los acontecimientos que se producen en la interacción entre los
individuos de una organización. Esta perspectiva otorga una gran importancia a
las interacciones y vivencias por la que pasa un individuo al ingresar en la
organización, es decir, durante su periodo de socialización. También subraya la
importancia del sentido de pertenecía al grupo como determinante del Clima, el
cual varía de grupo en grupo.
Esta perspectiva señala que la
interacción de los individuos ante las situaciones hace surgir conductas que
forman parte de las normas aceptadas y compartidas por los miembros de la
organización, y estas conforman la base del Clima Organizacional. Varios
investigadores definen el Clima Organizacional como una combinación de los
efectos de las características de personalidad interaccionando con los
elementos estructurales de la organización.
Kreinter (1997), basándose en la
corriente del interaccionismo simbólico, propuso el modelo Elección, Selección
y Ajuste (ESA), según el cual entre la organización y la persona se dan tres
transacciones diferentes:
Elección: la persona elige la
organización según sus intereses y su visión de cómo la organización se alinea
con ella. Selección: la organización selecciona un tipo determinado de
personal, que a su juicio se adecuará a sus requerimientos. Ajuste: se da un
proceso interactivo entre la persona y la organización, una serie de
compromisos psicológicos de dar y ceder, a través de las cuales se cumplen las
fases anteriores.
Estas transacciones responden a un
proceso de unificación de las personalidades de los miembros de la organización
y de su percepción de las situaciones que existen en la organización. Los
procesos organizacionales como la selección de la organización, los procesos
individuales como el deseo de incorporar, y el roce de esta da a sus miembros,
dan como resultado miembros relativamente homogéneos.
Pero antes planteado, se puede
concluir que para el enfoque interactivo, el clima está considerado como una
medida perceptiva de los atributos organizacionales y esta definido como una
serie de características que son percibidas a propósito de una organización y /
o sus unidades (departamentos), y que pueden ser deducidas según la forma en
que la organización y / o sus unidades actúan con los miembros y con la sociedad.
Desde esta perspectiva se resume
que los atributos que definen a la organización, como la estructura y el
proceso organizacional, interactúa con la personalidad del individuo para
producir las percepciones.
Otro grupo de investigadores,
propone una nueva categoría en explicar cómo se forma el Clima Organizacional,
le llaman perspectiva cultural. Este enfoque se ha concentrado en los valores
básicos, las creencias e hipótesis que están presentes en las organizaciones y
los patrones de conducta que resultan de estos significados compartidos. El
modelo considera la interacción entre los miembros de un grupo como elemento
determinante del Clima Organizacional: indica, además, que la influencia
predominante, sobre estas interacciones está representada por los conocimientos
compartidos y significados encontrados en la Cultura Organizacional . Los
discernimientos ofrecidos por el enfoque cultural, hacen posible una definición
comprensible de Clima organizacional como una característica organizacional,
relativamente duradera que la distingue de otras organizaciones, por las
siguientes condiciones:
(a) Engloba las percepciones
colectivas los miembros de la organización en cuanto a dimensiones como
autonomía, confianza, cohesión, apoyo, reconocimiento, innovación y justicia,
(b) Se produce por interacción de
los miembros,
(c) Sirve como punto de partida
para la interpretación de una situación dada,
(d) Refleja los valores y actitudes
prevalentes de la Cultura Organizacional, y finalmente,
(y) Actúa como fuente de influencia
que moldea la conducta.
Para otro grupo de autores, Clima
Organizacional es una cualidad relativamente permanente del medio ambiente
interno de una organización que experimentan sus miembros, influye en la
conducta de éstos, y se puede escribir en términos de valores de un conjunto en
particular de características (o atributos) de la organización.
Según Litwin (1987), el Clima
Organizacional es la calidad o propiedad del ambiente organizacional que es
percibida o experimentada por los miembros de la organización e influye en su
comportamiento. La medición del clima reporta una percepción agregada sobre
cómo los empleados entienden metas y políticas, el grado de responsabilidad
personal y cómo se sienten dentro del grupo de trabajo.
Davis y Newstrom (1986), plantea
que el Clima Organizacional es el ambiente humano en donde realizan su trabajo
los empleados de una organización. Él tiene existencia real y afecta a todo lo
que pasa dentro de la organización. Las organizaciones son siempre únicas, cada
una posee su propia cultura, sus tradiciones y métodos de acción que en su
totalidad constituyen el Clima.
Por Daft (1992), Clima
Organizacional pudiera entender como una configuración de características que
definen a una organización, así como las características personales de un
individuo pueden constituir su personalidad. Asimismo, el Clima Organizacional
es un componente multidimensional de elementos que pueden descomponer en
términos de estructura organizacional, formas de organización, estilos de
liderazgo, etc. Todos ellos se suman para formar el clima particular dotado de
sus propias características que representan de alguna manera, la personalidad
de una organización e influye en el comportamiento de las personas.
Asimismo Schein (1982), establece
asimismo algunas características del Clima Organizacional:
Esta basado en las percepciones
individuales. Se denomina organizacional porque se centra en las prácticas y
procedimientos de la organización como elementos de análisis. Las percepciones
del clima representan una respuesta al estímulo externo, que se basa en la
naturaleza intrínsecamente psicológica del individuo.
Tras el análisis de las diferentes
acepciones en relación con el Clima organizacional, se asume para esta
investigación que se refiere a la percepción que tienen los individuos de cómo
son las estructuras organizativas, sus características y propiedades, y
ampliando el concepto, el Clima se refiere a la percepción individual del
ambiente de trabajo, de las oportunidades que ofrece la organización para la
satisfacción de sus necesidades, independencia y autonomía; refleja una
orientación personal y está en función de los valores personales .
El Aprendizaje Organizacional
El reto de los nuevos tiempos,
producto de los profundos cambios en la economía, la sociedad y el
conocimiento; crean un nuevo contexto en el que la educación ocupa un lugar
primordial.
Todo este proceso conduce de manera
imparable en las sociedades en el conocimiento, (Tapscott, 1999). De esta
manera se pueda hablar de la transición de la sociedad de la información en la
denominada Sociedad del Conocimiento, esta última entendida por Moreno (2001)
como: “Una sociedad donde las ventajas competitivas han dejado de depender sólo
del capital físico, por fundamentarse en el capital humano y en el capital
social y su productividad “, (p. 23).
De lo expuesto, se puede
interpretar que la nueva sociedad basada en el conocimiento, sienta sus bases
no sólo en el conocimiento y experiencia que tiene la población de un país:
el., Sino además, en los sus valores y principios colectivos: el. Esta sería
una de las razones por lo que diferentes autores coinciden en resaltar que el
capital social merece una importante atención por parte de todas las ciencias
sociales y específicamente la educativa, por su potencial importancia para el
desarrollo global. Desde este punto de vista, el capital social puede
entenderse como la capacidad de los individuos para asociarse o trabajar
juntos, en grupos u organizaciones, para alcanzar objetivos comunes; depende
del grado en que los integrantes de una comunidad confían unos en otros y de
los valores y normas que comparten, (Caracciolo y Foti, 2003).
Ante este panorama, la gestión
escolar como proceso global y complejo que conjuga enfoques, estrategias,
metodologías y técnicas con principios ideológicos, epistemológicos y
axiológicos, entre otros, por el logro de la calidad institucional, requiere
incorporar un nuevo paradigma que permita comprender y manejar los niveles de
incertidumbre y complejidad característicos de los tiempos actuales.
De acuerdo al planteamiento de Ruiz
(1999), este nuevo paradigma debe surgir de los múltiples intercambios de los
actores institucionales en el currículo como respuesta a los rápidos y
demandantes cambios que se producen en el entramado social. Es este punto es
importante resaltar que desde esta perspectiva el currículo no es un concepto
sino una construcción cultural y se refiere a las experiencias de los actores
escolares, y sus significados, consiguientes a la experiencia del currículo, y
no a los diversos aspectos que lo configuran. Esto significa que debe buscar el
currículo no en la estantería de las escuelas, sino en las acciones de las
personas y en sus interrelaciones con los demás, porque el currículo es una
construcción social, (Grundy, 2000).
Dentro de este marco, Bolívar
(2000), señala que las instituciones educativas, además de lugar de trabajo,
deben configurarse en este nuevo paradigma como unidades básicas de formación e
innovación. Esto supone, que en su seno tiene lugar un aprendizaje
institucional u organizacional, es decir, el entorno y relaciones de trabajo
adquieren un carácter específico y la organización como conjunto aprende, de la
memoria acumulada en su historia institucional, los procesos de interacción
puestos en juego y del entorno.
Del mismo modo, las instituciones
educativas como organizaciones orientadas al Aprendizaje Organizacional,
desarrollan estrategias de innovación y un conjunto de principios: visión
sistémica del cambio, relevancia de la autoevaluación como base del sistema de
mejora continua, trabajar en forma conjunta, aprender en el proceso de trabajo,
relevancia de los procesos de planificación y evaluación y un liderazgo que
conjuga visión y acción.
En este sentido, el Aprendizaje
Organizativo es un medio para un fin: conseguir una organización que aprende.
Se entiende aprendizaje como el proceso de adquisición de competencias
individuales que permite al individuo crear su propia realidad y su futuro,
aprender es incorporar nuevas habilidades que posibilitan lograr objetivos, que
hasta ahora se encontraban fuera del alcance, (Senge, 1990).
Según Bittel (1989), el aprendizaje
organizacional en las instituciones educativas, comprende la aplicación de
estrategias para desencadenar procesos que amplíen la capacidad de construcción
y aplicación de conocimiento, la distribución de la información y mejora de la
desempeño en la gestión organizacional. El término gestión está referido al
proceso de obtener, distribuir y utilizar una variedad de recursos que son
esenciales para apoyar el logro de los objetivos de una organización.
La aplicación de soluciones a
problemas en organizaciones de aprendizaje humano, y en este caso particular
las instituciones educativas, requiere la construcción de modelos conceptuales
con tres ingredientes: un marco teórico, un escenario logístico y un protocolo
de solución que los integra y hace funcionar, Baroja (2002). El marco teórico
permite entender las creencias, valores, principios de las instituciones de
aprendizaje involucrados en la solución del problema (Clima y Cultura
Organizacional) y del contexto en el que éste se define. El escenario logístico
lo conforman, las condiciones y los principios de operación de esta
organización, y se refiere tanto a los recursos humanos, materiales y
tecnológicos con que cuenta, como las habilidades prácticas que hacen posible
su funcionamiento. Y el protocolo de solución a los procedimientos considerados
pertinentes (toma de decisiones, resolución de conflictos, entre otros), para
dar respuesta a los problemas de interés.
El planteamiento de los teóricos de
Aprendizaje organizacional entre ellos Senge (1990), Nonaka y Takeuchi (1999),
Swieringa y Wierdsma (1995), Gore (1996), Drucker (2003), Picón (1994) ,
insisten en que la representación y manejo del conocimiento en el proceso de
aprendizaje organizacional debe implicar ya la vez ser consecuencia, de
aprendizajes de los individuos en interacción.
Por eso es necesario que los
actores escolares (docentes, directivos, estudiantes, personal administrativo y
obrero, comunidad local, padres y representantes) asuman como integrantes de
una comunidad de aprendices que pretenden la construcción de determinado
conocimiento organizacional, especialmente si se persigue generar un ambiente
de aprendizaje en el que la prestación de los servicios educativos, las metas y
objetivos de la organización escolar satisfagan, las expectativas sociales en
cuanto a la calidad de educación que recibe los niños y niñas, la formación en
valores y su concreción en el rendimiento escolar. Para hacer suyos los
propósitos de una organización, sugiere Baroja (2003), que los integrantes
pueden ser guiados a través de la interacción de conocimientos individuales en
la solución de los problemas que afectan a la institución escolar, como
organización social. Es decir, el trabajo en equipo para la solución a
problemas de manera conjunta y la toma de decisiones, son alguna de las formas
de conseguir conocimiento organizacional en las escuelas.
En este contexto la aplicación de
estrategias que promuevan el Aprendizaje organizacional, por parte de los
actores de las instituciones educativas, es una vía hacia la mejora de la
calidad de la enseñanza que produce esta institución, si la planificación,
ejecución, seguimiento y evaluación de sus acciones tienen como eje central los
problemas relevantes del currículo y en especial el de la enseñanza y formación
de los estudiantes.
En el marco del Aprendizaje
organizacional, la agenda para la formación y el aprendizaje de los estudiantes
y las condiciones de aprendizaje de los docentes son dos caras de una misma
moneda, en este sentido Fullan (1995) expresa que, se puede fracasar como
institución escolar “produciendo mucha reestructuración pero poca re-culturación
en la enseñanza, aprendizaje y colegialidad profesional”, (p 233).
lo expuesto, y desde la perspectiva
constructivista las relaciones entre estructura y práctica docente están
mediadas por las poderosas fuerzas de los postulados ontológicos y epistemológicos
del conocimiento, de las creencias, normas y destrezas de los docentes ,
directivos y otros miembros del currículo escolar, que forman la Cultura
Organizacional establecida. Al respecto Elmore (1996) aduce que no basta
reestructuración, sin re-culturización. Por lo que es importante considerar que
el núcleo del cambio educativo ante las oportunidades y desafíos de la Sociedad
del Conocimiento se sitúa no a nivel micro del aula, ni en el macro de las
estructuras organizacionales, sino en el entramado de ambos procesos el cual es
denominado por Elmore (op cit), nivel intermedio, el cual representa las
condiciones organizativas de la institución escolar.
En un sentido general, las
instituciones educativas que aprenden proporcionan ideas, generan procesos y
aplican estrategias para orientar el cómo pueden aprender y al mismo tiempo
buscar explicación al porqué en otras ocasiones, no lo hacen. Para ello
necesita concentrarse en su propia realidad educativa, y repensar sobre lo que
pueden hacer para mejorarla y así dar respuesta a las demandas de la sociedad
del conocimiento en el siglo XXI.
En cuanto al planteamiento
anterior, la revisión de la literatura especializada, concuerdan en afirmar que
un rasgo distintivo de las políticas educativas actuales es de condiciones
estructurales para una educación permanente de todos los sujetos. En forma
particular Tedesco (1999) plantea que “asumir que tenemos que educar a lo largo
de toda la vida, que ningún aprendizaje es definitivo y que el acceso al conocimiento
no garantiza ascenso social, modifica profundamente la representación social
tradicional sobre la educación” , (p. 45).
Del mismo modo, asistimos a un
escenario global de profundos cambios que impactan en un sentido más estricto a
las políticas educativas y sus reformas y, por tanto, a la institución escolar
y sus dinámicas de distribución del conocimiento social. Este nuevo orden
basado en el conocimiento genera un agotamiento en los estilos tradicionales de
hacer educación, tensionando la estructura misma de gestión de conocimiento que
tiene lugar en la escuela.
Desde esta perspectiva, al plantear
la institución educativa como espacio social, es importante tener en cuenta que
la propia escuela es una construcción histórica orientada a resolver el
problema de la herencia cultural hacia las nuevas generaciones, es decir, la
escuela es el espacio de la socialización que trabaja con el conocimiento que
la sociedad requiere para consolidarse en el tiempo de acuerdo a los planes y
políticas del Estado.
Desde otro punto de vista, hay una
serie de aproximaciones a la escuela como una organización que otorga
referencia a las estructuras, procesos y objetivo.
Iraima V. Martínez M.
Dra En Educación / Investigadora
del Comportamiento Organizacional, Orientador -Psicoterapeuta,Consultor y
Facilitador Organizacional, Especialista en Dinámica de Grupos y Gerencia de
Recursos Humanos, Maestría en Intervención Psicoterapeutica individual y
grupal, entenamiento en coaching ontológico. Diplomado Internacional de Coaching
Integral. UNESCO-UPEl
domingo, octubre 02, 2011
…………………………………………………
Fuente: Psicología Organizacional
Imagen: Organizacional culture

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El Cableado de la Cultura
El Cableado de la Cultura, de Mark Pagel
El biólogo evolucionista, Mark Pagel, entra en el terreno nada fácil de argumentar que las estructuras sociales son la clave para la evolución humana en el “Cableado de la Cultura”.
Durante décadas, los defensores del poder de la cultura en el desarrollo humano han sido enemigos acérrimos de aquellos que defienden el poder de la evolución. Los primeros han sido vilipendiados por retratar a los humanos como pizarras en blanco, y los segundos desdeñados por abrazar el determinismo genético. El término medio era tierra de nadie.
Ahora, por fin, la guerra parece haber terminado. Está surgiendo un consenso de que los humanos tienen una impresionante capacidad para el cambio sin límites, tal como tanto han proclamado los culturalistas, pero que esto no es más que el resultado de la evolución genética, y en sí mismo, el proceso evolutivo. La cultura ya puede ser abordada desde una perspectiva evolutiva, mientras que los evolucionistas tienen mucho que aprender de los “historiadores naturales" de las culturas.
Mark Pagel, un profesor de biología evolutiva de la Universidad de Reading, Reino Unido, ha tenido a bien escribir sobre estos recientes acontecimientos. En “El Cableado de la Cultura” (Wired for Culture), él enmarca el desarrollo cultural en el lenguaje de la teoría del gen egoísta deRichard Dawkins, donde los genes son los replicantes que construyen cuerpos individuales como vehículos para su propia supervivencia. Dawkins acuñó el famoso término "meme" como análogo cultural de un gen. El argumento de Pagel da un paso más allá.
Los memes, dice, han construido vehículos alrededor de sí mismos compuestos de grupos de gente. Vivimos dentro de “vehículos de supervivencia cultural” que nos permiten sobrevivir colectivamente y se reproducen en cualquier entorno dado. Pagel sostiene que hay miles de estos vehículos, cada uno adaptado a diferentes ambientes, ejemplificados por la riqueza de lenguas de la humanidad. Genéticamente seguimos siendo una sola especie, pero culturalmente somos mundos aparte, comparables a los dinosaurios, aves y mamíferos.
El libro explora las implicaciones de un emergente consenso que atraviesa toda la experiencia humana, desde la religión, las artes y la economía, a través de la conciencia, el engaño, el conflicto y la idea misma de verdad.
Pagel escribe bien, y sus ideas se expresan de manera atractiva. Sin embargo, en un libro que intenta superar la tradicional separación entre los evolucionistas y los culturalistas, Pagel tiene dificultades para hacerlo dentro de su propio campo.
Los biólogos evolucionistas están divididos sobre el tema de la selección de grupo, la visión de que las adaptaciones pueden evolucionar "por el bien del grupo". La aceptación de la selección de grupos, en el contexto de la teoría del gen egoísta, sirve de bisagra para la cuestión de si los grupos pueden ser vehículos de la selección. Dawkins y otros teóricos del gen egoísta, como Daniel Dennett se muestran escépticos ante esta posibilidad, y su escepticismo se extiende a las ideas sobre la cultura y la religión. De hecho, ambos han argumentado que los memesreligiosos son como parásitos perjudiciales para sus “huéspedes” humanos.
Pagel se aparta de Dawkins y Dennett por retratar las culturas como vehículos de supervivencia de nivel grupal, y da que pensar que al emplear el lenguaje de la teoría del gen egoísta rechaza la selección de grupo. Esto es un fallo de traslación. Cuando hace declaraciones como: "Cualquier grupo que falle en adquirir estas formas culturales podrían encontrarse en competencia con otros que ya lo tienen", lo cual invoca la selección de grupos, pura y simplemente.
Aquí hay para todos los gustos, los libros como El gen egoísta tuvieron un gran impacto, ya que llevaron estos temas, como la selección de grupo, a la esfera pública. Gran parte del trabajo de Pagel reconoce abiertamente el papel de la selección de grupo en la evolución de la sociedad humana, y negar su importancia es un flaco favor a la comprensión del público. Es una lástima que Pagel, cuya especialidad es la evolución de las lenguas, no parezca haber sabido traducir entre los idiomas que se hablan dentro de su propia disciplina.
Título: El Cableado de la Cultura, de Mark Pagel. Allen Lane/W. W. Norton
- Referencia: NewScientist.com, 5 de marzo 2012, por David Sloan Wilson
- David Sloan Wilson es profesor de ciencias biológicas y antropología en la Universidad de Binghamton, Nueva York. Su último libro es The Neighborhood Project: Using evolution to improve my city, one block at a time (Little, Brown)
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