Motivado por
el conflicto que se ha generado con el acuerdo secreto entre el
Gobierno y la Sociedad Chilena del Derecho de Autor
(SCD) me he
dedicado a releer algunos documentos relevantes para la comprensión del
fenómeno Internet y las implicaciones acerca de las nuevas libertades
que benefician a los ciudadanos del mundo pero que están amenazadas por
acciones coercitivas ejercidas por algunos gobiernos y muchas grandes
empresas transnacionales.
En estas circunstancias, he releído
con calma el conocido documento de Juan Freire "Declaración de
independencia de la blogosfera: por los ciudadanos hackers" que incluí
en mi artículo Consecuencias de la Declaración de Independencia de la Blogósfera.
También leí otro manifiesto importante escrito por el activista de los
derechos digitales John Perry Barlow titulado "Declaración de
Independencia del Ciberespacio" y que aunque ya tiene doce años de
publicado, sus declaraciones siguen siendo una guía para las acciones
defensivas de las libertades individuales. Lo publicaré en este blog
mañana o pasado mañana.
Pero lo que más me ha conmovido es el
artículo recién publicado ayer por un consultor vasco que más que
consultor es un verdadero filósofo de esta sociedad de la información.
Es Julen Iturbe, que en un extenso y atrayente documento expone su
certera y creativa visión acerca de las relaciones entre la tecnología,
la sociedad, la "autoridad y la vida cotidiana y que a mi me permite concluir que el ciberespacio es la prolongación del espacio social. Es lo que muestro a
continuación.
"Ciber-espacio" y "espacio" confluyen
Por Julen Iturbe
Ciberespacio es un término que acuñó William Gibson en su relato corto titulado "Burning Chrome" y que posteriormente utilizó de forma más extensa en su novela "Neuromante".
La expresión ha cobrado popularidad con el paso del tiempo para
referirse al conjunto de interacciones y elementos posibilitados por el
desarrollo de las tecnologías electrónicas de información y
comunicación. Cuenta incluso con su declaración de independencia, formulada por John Perry Barlow, uno de los fundadores de la Electronic Frontier Foundation.
El ciberespacio conforma hoy una realidad que se funde de forma
constante con la realidad física.
Si de forma habitual se han confrontado el mundo real y el virtual, los
átomos y los bits, es evidente que ambos planos han confluido en la
sociedad del siglo XXI. Las tecnologías lo son para quienes conocieron
un mundo sin ellas. Por contra, para quienes las han conocido desde su
nacimiento, suponen simples usos y costumbres. Las tecnologías nos
hacen, junto a otras características, seres humanos. El homo faber
accede a la tecnología y permite un punto de evolución que nos
diferencia del resto de seres vivos del planeta.
Sin embargo, como apunta Eudald Carbonell, la velocidad de los
cambios tecnológicos plantea dificultades de asimilación a los seres
humanos.
- El fuego es un invento de hace 600.000 años que tardó más de 200.000 en llegar a todos los humanos. El móvil ha hecho lo mismo en menos de 20 años. Los dos son inventos que cambian las relaciones sociales porque la tecnología hace que aumente la socialización de los primates humanos. Lo que pasa es que ahora estamos reacelerados. La generalización del fuego exigió centenares de miles de años; hoy en día, ocurre algo parecido en un año. La vida va demasiado rápida. Nuestro cerebro no está preparado para cambios tan rápidos.
Al margen de las creaciones de ciencia ficción que han dejado volar la imaginación y han permitido anticipar algunas realidades del ciberespacio, hoy los hechos se imponen. Las redes sociales que usan Internet como soporte expanden los límites de relación de la persona, más allá del número de Dunbar. Las personas encuentran en Internet la forma a través de la cual resocializarse. La identidad digital se fragmenta en miles de pedazos al tiempo que la tecnología es capaz de reconstruirnos para proyectar al mundo quiénes somos: es la identidad de dominio público. Nuestra reputación se desmembra en miles de hilos de información que se recomponen a cada instante y permiten a nuestros semejantes hacerese una idea de quiénes somos: un avatar, un formulario, una fotografía, un texto propio, un texto ajeno, un video. Así cientos y miles de micropartículas digitales, perceptibles en su unicididad pero también en su globalidad.
Somos desde hace ya tiempo seres digitales, lo
queramos o no. Y como consecuencia de las posibilidades que ofrece
Internet la individualidad, como afirma Manuel Castells, se redefine
para interactuar en red: nace el individualismo en red, diferente del
sentido colectivo tradicional y proporcionándonos la paradoja de
atender al mismo tiempo a la doble referencia de lo individual y lo
colectivo.
Los estudios de etnografía digital avanzan de la mano de una
realidad que se reconstruye de forma cotidiana. La dificultad para
aprehender el momento actual es evidente. Al tiempo que fotografíamos
la realidad, el bit interactúa con esos otros miles de fragmentos de
personalidad digital, y se escapa a la comprensión. Las personas
necesitan reconstruirse como cyborgs asumiendo que la
tecnología se incorpora cada vez más como un equipamiento de serie en
los seres humanos. La nanotecnología avanza hacia partículas
insignificantes en tamaño pero de trascedente repercusión para lo que
somos y sentimos. Nuestra percepción puede expandirse e introducirnos
en realidades que son a la vez, reales y ficticias, que juegan con los
límites de lo que podemos entender. Ahí fuera -o quizás aquí dentro- se
reconstruye otra realidad. Otra realidad que es la misma de siempre, la
que nuestros sentidos son capaces de proporcionarnos. Si los sentidos
modifican su capacidad, la realidad es otra.
Internet se ha convertido en una segunda piel, una
superficie de contacto con la realidad. Rodea todo lo que somos y al
mismo tiempo forma parte de lo que somos. Nuestra porosidad, nuestro
contacto con el mundo pasa a través de esta nueva membrana. En palabras
de Lawrence Lessig, "no hay interruptor que pueda aislarnos del efecto
Internet". Esta capa rodea tanto a las personas como a las cosas. La
tradicional capacidad de comunicación de las personas se desplaza,
hasta cierto punto, también a las cosas. Los objetos pueden comunicarse
entre sí al ser capaces de emitir y recibir información del entorno.
Surge así la llamada Internet de las cosas.
La fusión entre los digital y lo físico tiene muchas expresiones.
Átomos y bits se confunden, por ejemplo, cuando una persona es capaz de
diseñar un objeto a mano alzada y generar, al mismo tiempo, un fichero
digital interpretable por una impresora en tres dimensiones. El camino
es reversible: todo objeto podría ser digitalizado para recomponerse en
otro momento de tiempo/espacio.
Al tiempo que la tecnología se expande su uso por parte de la ciudadanía crece exponencialmente. La web 2.0, la web social,
representa una evolución natural en el uso. Si hace unos años sólo una
élite cualificada era la que accedía a las tecnologías de información y
comunicación, hoy el uso de ha generalizado. Las personas nacen en un
mundo donde ya existen tecnologías. Sólo queda usarlas, estirarlas,
deformarlas, maltratarlas. Sin respeto, las nuevas generaciones de
nativos digitales usan y aprenden a través de la interacción constante,
sin necesidad de manuales de instrucciones. Por contra, quienes
detentan el poder formal, las clases dirigentes, personal docente o
directivos de las empresas se sienten inmigrantes en un mundo que les
desborda. Quienes sabían no saben y quienes no sabían saben. La brecha
digital presenta muchas caras y requiere de imaginación para superarla.
La exclusión social también camina por los terrenos del analfabetismo
digital.
La web social ofrece fórmulas de socialización. La
interacción entre personas fluye por antiguos y nuevos medios. Las
posibilidades de expresión humana digital son múltiples: blogs,
microblogs, participación en redes sociales, wikis, etiquetación social
colectiva de contenidos, fotos y videos compartidos. Cualquiera puede
producir sus contenidos. La wikipedia marca un antes y un después en la
generación de conocimiento explícito. Nace un nuevo concepto: el amateur
hace frente al sistema de expertos. Fuera de los márgenes de las
instituciones económicas tradicionales, un inmenso ejército de personas
voluntarias contribuye a hacer realidad una enciclopedia que enriquece
el procomún. Las tecnologías proporcionan el soporte para hacer posible
otra forma de colaborar, de construir en forma acumulativa, dejando
siempre acceso a la memoria histórica debido a la trazabilidad completa
de las aportaciones.
La web social socava los principios tradicionales de autoridad.
Una persona puede convertirse en referente a través de un medio
personal de expresión. La reputación se desplaza de un círculo reducido
a un vasto ejército de votantes que a través de enlaces, comentarios,
etiquetas y citas interactúan con la producción original. La
omnipresente huella digital posibilita la transparencia del sistema y
asigna un valor a cada persona.
La otra cara de la moneda de la producción masiva de contenidos es la polución informativa, la infoxicación.
Los fragmentos de información salen disparados de los diferentes
artefactos digitales e impactan de continuo en las personas. Los
estímulos que recibimos a cada paso son continuos. Y, mientras tanto,
nuestras capacidades de atención son limitadas. Nuestros sentidos,
nuestra percepción, puede verse desbordada y conducirnos hacia diversas
patologías. Nos convertimos en el auténtico cuello de botella mientras
se desata una auténtica guerra por captar nuestra atención. Entramos en
la economía de la atención, en la economía de la abundancia. Hay de
todo en el primer mundo mientras buena parte del planeta no puede
acceder a los recursos básicos. La economía de la abundancia conduce a
trabajar sobre la atención. Somos sujeto de observación de las grandes
instituciones: desde la Administración hasta las grandes empresas de
comunicación. Todo pasa porque prestemos atención. Nosotros somos al
mismo tiempo el origen y la consecuencia. Producimos ingentes
cantidades de información que lanzamos al ciberespacio que después
conforman el alimento de nuestra eficiencia personal. En palabras de Barry Wellman, recogidas por Howard Rheingold en Smart Mobs, nos convertimos en "ovejas que cagan hierba".
Por tanto, en un mundo infoxicado las competencias para localizar
información pertinente son críticas. La información se convierte en una
commodity
que está disponible en grandes cantidades. Y en este mercado desbocado
las herramientas de búsqueda y filtrado son cruciales. Internet
proporciona estos recursos a través de una doble perspectiva. Por una
parte, existe software que mediante ciertos algoritmos es capaz de
devolvernos resultados inmediatos de una búsqueda. Pero este tipo de
búsquedas presentan las limitaciones de la semántica. Las máquinas
recorren los contenidos digitales que ya existen dispersos en millones
de páginas web por el planeta. Hacen su trabajo como ejército
disciplinado una y otra vez.
Pero Internet también da paso a búsquedas humanas. La etiquetación colectiva de contenidos es un buen ejemplo. Del.icio.us
devuelve información que muestra a personas. No sólo estamos frente a
los resultados de un motor de búsqueda, sino que tenemos acceso a los
resultados de asignación colectiva de significado a determinados
contenidos. La biblioteca se desordena y reordena millones de veces
desde cada óptica personal y de ese proceso emerge un orden
comprensible. Frente a la taxonomía clásica que estructura el mundo en
categorías, cuando surge una alternativa poliédrica. Internet
proporciona la alternativa de observar el mundo desde los ojos de
muchos observadores.
En este contexto la ciudadanía se encuentra ante un reto: redefinir
su papel en la sociedad. La evolución de los acontecimientos requiere
una ciudadanía hacker, que reinterpreta su papel desde el activismo, la
pasión y el compromiso. Retomamos la propuesta de Juan Freire para mostrar el nuevo rol de la ciudadanía:
- Rompe el código cerrado del elitismo, de los fundamentalismos de todo tipo. Abre el código de la conversación y de la transversalidad intelectual.
- Se inquisitivo, rompe con las ideas aceptadas sin crítica, pregúntale a los datos disponibles, recombina la información para observar la realidad desde otros puntos de vista.
- Internet ofrece un espacio virtual de libertad, autónomo de las autoridades del mundo físico. Pero esta independencia será siempre temporal, en cualquier momento es susceptible de terminarse o de reinventarse; por lo tanto, aprovecha esta independencia transitoria intensamente.
- Escribe sobre lo que desees, sobre tu vida o sobre el mundo. Todo es útil, nada impide que exista en la red; sólo aquel al que le interese (si existen esos personajes hipotéticos) te leerá.
- Aprende "idiomas", descubre gente e ideas alejadas de tu entorno geográfico y cultural. Construye nuevos mapas con tus exploraciones y compártelos con tus "vecinos".
- Traslada tu ética y tu actitud intelectual en la red a tu vida "física". Conviértete en un hacker ciudadano. Pero, toma precauciones; en el mundo "real" existen más fuerzas y más poderosas que pueden impedir tu acción.
- Ampárate en el anonimato si lo crees necesario para evitar censuras legales o sociales. Mantén y promueve tu identidad virtual, aunque no tenga una correspondencia visible con tu identidad "real". Guíate por tu honestidad, elabora tu propia ética de actuación.
- Colabora con las redes. Pero no permitas que te conviertan en un elemento genérico y prescindible. Tu fuerza, la de todos, está en unir el poder de muchos al valor del individuo. Relacionate intensamente con el resto e la red, pero libremente.
- Enlaza, enlaza, enlaza.
- Haz gala de no incluir publicidad en tu blog … o incluye anuncios en tu blog y gana dinero, si puedes. Ambas opciones son válidas si se hacen con honestidad y transparencia. No importa tanto lo que haces, importa como lo haces.
Así pues, el ciberespacio se ha integrado en la vida
cotidiana, "es" -hasta cierto punto- la vida cotidiana. Movido por
movimientos imprevistos y excesivos muchas de las veces, proporciona
nuevas tecnología sociales que transforman nuestra sociedad. Nunca
antes habíamos tenido tantas posibilidades de extender nuestras
capacidades como seres humanos. El ciberespacio deja de ser un lugar
inhóspito asociado a un futuro apocalíptico y pasa a formar parte de
nuestra realidad cotidiana: la red de amistades fluye por alguna de las
redes sociales disponibles, leemos el blog de algunas personas con las
que establecemos insospechados lazos de complicidad, participamos en la
construcción colectiva de una enciclopedia universal. Son actos
cotidianos. Es la vida misma.
....................
Fuente: Consultoría artesana en red
Una aclaración necesaria
Se
me ha criticado, bien intencionadamente, que ciertos materiales
existentes en otros sitios los publico in extenso en este blog, cuando,
según las críticas, bastaría con colocar un link a ese material.
Mi
explicación es sencilla: Cuando empecé a bloguear hace unos tres años,
colocaba todos los links que era pertinente, pero rápidamente me
percaté de que los links son bastante volátiles, que se rompen con el
paso del tiempo y que en mi caso esto sucedía con mucha frecuencia en
los artículos más antiguos. Moraleja: Para que mis lectores no se
decepcionen con el ominoso mensaje de "página no encontrada" lo mejor
era incluir el material íntegramente en mi blog.

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