Paradojas de la comunicación interna: lo que no se habla en las oficinas
La problemática de la comunicación interna en las organizaciones abunda en respuestas preelaboradas y "políticamente correctas". Veamos algunas incómodas paradojas que desafían a la doctrina establecida...
Por Saturnino Herrero Mitjans
Una paradoja, como su nombre lo indica, es una propuesta que rompe o confronta con la doctrina o el pensamiento establecido.
Una paradoja presenta un enunciado que no va de la mano de lo
"políticamente correcto y aceptado". Esto supone ensayar preguntas
incómodas que no sólo no cuentan con una respuesta preelaborada, sino
que van a contramano.
Las paradojas nos ayudan a pensar y a develar las verdades a medias que nos rodean con su apariencia de seriedad y racionalidad.
Así, intentaré esbozar algunas de las paradojas que el fenómeno de la
comunicación interna plantea en la vida de cualquier organización;
paradojas que, en mi caso, nacen de la observación y escucha de
aquellas cosas de las que no se habla en las oficinas.
Paradoja
1:
"la modernidad contemporánea transforma toda relación entre personas
en transacciones utilitarias. Por esto, la comunicación (que es el
centro de esa relación) se convierte en mercancía. A esta tendencia a
la cosificación no escapa ningún tipo de organización del esfuerzo
humano"
El pensador polaco, Zygmunt Baumann, sostiene que la aceleración de la
modernidad se traduce en aislación, diferencia, indiferencia,
precariedad y desarraigo.
Pese a las tecnologías informáticas y a las declamaciones varias acerca de la sociedad de la información, en la mayoría de las situaciones de trabajo, los barrotes de la "jaula de hierro" de la burocracia weberiana siguen firmes.
Basta ver cómo opera un sistema de ERP
para confirmar que el modelo laboral de Taylor-Ford sigue vigente:
parcelación del trabajo y descalificación de los requerimientos para su
desempeño. En síntesis, precarización del trabajo humano.
Esto supone admitir hoy, como lo habitual en la relación laboral, la
falta de vínculo y el consiguiente desarraigo entre empleador y
trabajador.
En un escenario de precariedad e intercambiabilidad, la ausencia de mutua lealtad no se considera un problema.
Esto se traduce en el empobrecimiento de las relaciones de trabajo, la consiguiente cosificación de la interacción personal y, por ende, de la comunicación con los colaboradores. Así, llegamos a la segunda paradoja.
Paradoja
2:
"Las organizaciones no comunican (dia-logo), en todo caso informan
(mono-logo), pero por lo general lo hacen con un doble discurso, que
desinforma y confunde"
Comunicar significa dialogar, es un ida y vuelta. Pero, en general,
cuando intentamos cumplimentar la llamada "comunicación interna"
formal, no dialogamos sino que informamos.
Y, a veces, lo que informamos no es central para el interés de los receptores del mensaje.
O peor aún, el mensaje está concebido de manera tal de decir lo mínimo
para no comprometernos, lo que lleva a confundir acerca de lo que se
debiera decir, que es distinto de lo que se intenta decir y de lo que
finalmente se expresa, pero más aún de lo que entiende o decodifica el
receptor.
Muy pocas organizaciones desarrollan y mantienen abiertos mecanismos de diálogo con sus miembros, y menos todavía en situaciones críticas.
Por otra parte, aún cuando se hagan periódicas encuestas internas de
opinión, su diseño y construcción suele ser parcial y no aborda con
claridad los temas críticos o de real interés para los encuestados.
Además, el tratamiento de la información obtenida es reservado y el proceso de devolución, cuando lo hay, suele ser lento.
Por eso, para preservar su salud mental, la gente tiende a defenderse:
confía poco y atiende menos a las informaciones o estímulos de la
pretendida comunicación interna.
Al igual que en los países totalitarios, los trabajadores hacen oídos
sordos y se burlan de esa especie de propaganda oficial. Esta paradoja
nos pone, en consecuencia, en la antesala de la siguiente.
Paradoja 3:
"Las organizaciones asumen y protagonizan la comunicación
incomunicada, como manera habitual de comunicar; siendo la comunicación
el elemento estructurante de la organización, ésta se muestra y
funciona de un modo limitado y limitante"
Una información que tiende a desinformar pero no a comunicar promueve
un "consenso manufacturado" (por tomar una expresión de Chomsky) que
impacta sobre las interrelaciones personales, y se refleja en la
desconfianza relativa entre los miembros de un grupo de trabajo, hacia otros grupos y los directivos.
Así, se genera una cultura organizativa con un círculo vicioso que
condiciona los modos de interacción y afecta la calidad operativa del
servicio o producto de esa estructura.
Este tipo de cultura lleva a comportamientos rígidos, donde el espacio
para la autonomía personal está restringido al mínimo posible. Drucker lo definió como "aquellas organizaciones donde, salvo lo expresamente permitido, todo lo demás está prohibido".
Esto significa un permanente acotamiento y acortamiento de la
creatividad y la apertura entre los miembros, generando comportamientos
defensivos de todo tipo y la instauración del "secretismo" como virtud.
Así, los miembros dedicarán mucho tiempo y esfuerzo en pos de una
"competencia por la supervivencia" que dificulta la posibilidad de
desarrollar proyectos laborales comunes relacionados con objetivos
personales compartidos.
Al carecer de libertad e iniciativa, en un ambiente laboral estrecho y
unidimensional, los trabajadores se sienten tratados como piezas
intercambiables, sin identidad ni futuro.
Y así llegamos a la cuarta paradoja.
Paradoja 4:
"La comunicación incomunicada define una cultura y un estilo cosificado de interacción y aprendizaje organizacional,
el cual más allá de lo laboral se proyecta sobre la madurez y el
desempeño de las personas en sus papeles en la vida social y en la
construcción de una sociedad en democracia"
El hacer como si, actuar cubriéndose, defenderse de modo paranoico
de los ataques ciertos o imaginarios de otros, esconderse ante las
figuras de poder, evitar al superior de mal talante, "cocinar"
información para pasar el examen y cuidarse en el uso del lenguaje
constituyen variadas formas de un "aprendizaje organizacional" negativo
que no figura en cursos, conferencias o libros, pero que es parte
indivisible de muchas realidades cotidianas.
Si una persona recibe un entrenamiento defensivo intenso y sus
requerimientos intelectuales para el trabajo son mínimos, ¿creemos que
está bien preparada para la vida en familia y en sociedad?
Sin duda (y afortunadamente) hay numerosos casos que superan este tipo
de "tratamiento intensivo" y logran ser personas integrales. Otros, sin
embargo, no lo alcanzan, pues ese "aprendizaje" impone una limitación
sobre el desarrollo pleno de sus potencialidades.
Tal vez ésta sea, en nuestra modernidad contemporánea, una de las
consecuencias más graves del fenómeno organización-comunicación que
impacta en nuestro comportamiento en sociedad y nos restringe para una
participación democrática efectiva.
A principios de 1956, se realizó en Roma, por iniciativa de la entonces
Oficina Europea de Productividad, una conferencia dedicada a las
relaciones humanas en la industria.
Entre otras conclusiones, se planteó la necesidad de una acción
democratizadora en los lugares de trabajo, como supuesto necesario para
la vigencia de una democracia efectiva en la sociedad europea.
Han pasado los años y, sin embargo, esta demanda permanece sin
respuesta, como también su proposición complementaria, formulada por
Peter Drucker: "la empresa es un proceso social con resultados
económicos y no un proceso económico con consecuencias sociales"
Cierro así la cuarta paradoja, tal vez la más llena de incógnitas y de
peticiones inconclusas, pues representa el nudo central, no resuelto,
de la sociedad organización en la que vivimos: cómo lograr la inclusión
y el protagonismo necesario de las personas, para asegurar su
participación plena en el ámbito del trabajo, pero también en las
distintas esferas de su vida en sociedad.
Saturnino Herrero Mitjans
Director de Asuntos Corporativos del Grupo Clarín
Este artículo es una versión abreviada de la presentación del autor en
el seminario "La comunicación interna: oportunidades, desafíos y
paradojas", organizado por la Asociación de Recursos Humanos de la Argentina (ADRHA)
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Fuente: MateriaBiz

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