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Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

(Anónimo. Una fuente: Mensaje para ti)

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Un cerebro cansado no permite tomar buenas decisiones

Enviado por Manuel Gross el 08/09/2008 a las 18:23
Manuel Gross


Un cerebro cansado no permite tomar buenas decisiones

Tomar decisiones debilita al cerebro
La función ejecutiva queda exhausta tras la toma de decisiones difíciles

La función ejecutiva es un recurso limitado que cansa, fatiga y agota al cerebro, del mismo modo en que el músculo de un brazo se cansa y fatiga al levantar un peso. El proceso de toma de decisiones incluye entre otras cosas la consideración de las diferentes opciones, el sacrificio de las ventajas de una de ellas a cambio de lo que nos ofrece la otra, la transición desde un estado mental evaluativo a otro decisorio; y son estas actividades mentales las que requieren el esfuerzo que termina por fatigar a la función ejecutiva.

Por César Gutiérrez.

La llamada función ejecutiva es en realidad un conjunto de subfunciones cognitivas que incluye habilidades como la concentración a la hora de realizar una determinada tarea, la toma de decisiones, la memoria a corto plazo y el control inhibitorio. Se trata pues de una función subyacente y reguladora de muchas otras diversas actividades mentales, y juega un importantísimo papel en la capacidad de raciocinio, hata el punto de que es necesario tenerla en cuenta para cualquier intento de valoración o medición de la inteligencia, como demostraba una investigación publicada en 2007 en la revista Child Development.

Los mencionados procesos implican un esfuerzo –el trabajo de mantener la mente alerta en el caso de la concentración, para no distraernos del objeto que hemos de enfocar, o el necesario para no ceder a las tentaciones de la peor opción, en el caso de la toma de decisiones–, y dicho esfuerzo supone a su vez un cansancio y un agotamiento de la función ejecutiva, del mismo modo que levantar un peso cansa y agota los músculos de los brazos.

Decisiones importantes

Así lo describe una colaboración de On Amir en la revista Scientific American: Elecciones difíciles: cómo tomar decisiones cansa tu cerebro. Para mejor entender la función ejecutiva como un constructo que subyace a la toma de decisiones sobre asuntos que pueden no tener nada que ver entre sí, el autor propone el ilustrativo ejemplo de alguien que delibera sobre las un tanto irrelevantes opciones de comerse o no una galleta.

Posteriormente, esa misma persona ha de tomar una decisión mucho más importante, concerniente a un ámbito completamente distinto y que afectará de manera muy relevante a su vida, como es la elección entre dos posibles trabajos que le han sido ofrecidos. Pues bien, esta última decisión puede verse afectada por el esfuerzo realizado anteriormente en torno al problema de la galleta, ya que los efectos de dicho esfuerzo son persistentes y pueden haber agotado el instrumento –la función ejecutiva– que ahora se precisa para tomar una decisión trascendente.

El hecho de que el mero hecho de tomar decisiones canse e incluso agote la función ejecutiva, y esto tenga repercusiones en tareas cognitivas posteriores, parece confirmado por las investigaciones y los estudios de campo realizados por la psicóloga de la Universidad de Minnesota Kathleen Vohs y colegas.

En uno de ellos, por ejemplo, se llevó a unos estudiantes a un centro comercial, donde estuvieron haciendo elecciones de compra. Posteriormente se les encomendó la resolución de problemas algebraicos simples, y los estudiantes que habían hecho un mayor número de elecciones en el centro comercial tuvieron una considerablemente mayor dificultad para resolverlos.

Agotamiento mental

El proceso de toma de decisiones incluye entre otras cosas la consideración de las diferentes opciones, el sacrificio de las ventajas de una de ellas a cambio de lo que nos ofrece la otra, la transición desde un estado mental evaluativo a otro decisorio; y son estas actividades mentales las que requieren el esfuerzo que termina por fatigar a la función ejecutiva.

Especialmente agotador, según las conclusiones de un estudio paralelo realizado por Nathan Novemsky –profesor de la Universidad de Yale– y sus colegas, es enfrentarse al necesario sacrificio de una cosa al optar por otra; y aquí cabe señalar que, cuanto mayor similitud guarden entre sí las distintas opciones entre las que es necesario elegir, más agotador resulta el esfuerzo realizado.

Otro estudio, publicado por la psicóloga de la Universidad de Maryland Anastasiya Pocheptsova y colegas en 2007, confirma también los efectos de cansancio y fatiga sobre la función ejecutiva, en este caso mediante experimentos en torno a la concentración y la regulación de la atención, que también requieren del uso de aquélla. Los sujetos con el cerebro cansado por esta actividad tomaron las peores decisiones en las cuestiones que se les plantearon posteriormente.

Herramientas cognitivas

Por otro lado, muchos de los tests y pruebas utilizados en este tipo de investigaciones, además de servir para valorar el grado en que la ejecución de determinadas actividades cognitivas cansan, fatigan o agotan al “músculo” cerebral, pueden utilizarse asimismo como entrenamiento para el mismo, como señala Clancy Blair, profesor asociado de Desarrollo Humano y Estudio de Familia en la Pennsylvania State University, y autor del primero de dichos estudios citado en el presente artículo.

Todos estos resultados y conclusiones son extremadamente relevantes, ya que la función ejecutiva es algo que usamos continuamente a lo largo de todo el día. Podrián cuestionar la idea de que la multi-funcionalidad en los puestos de trabajo aumente la productividad, ya que solamente el tiempo de transición entre unas tareas y otras por parte de un empleado podría más bien reducirla, especialmente si se trata de tareas complejas. También este aspecto ha sido objeto de investigación.

Asimismo son evidentes las implicaciones de los mismos en otros muchos ámbitos (incluyendo el económico) de nuestras vidas, y tener en cuenta estos estudios y sus resultados puede ayudarnos, como mínimo, a identificar cuándo no es un buen momento para tomar una decisión importante. Por ejemplo, después de haber estado evaluando la conveniencia de comerse o no una galleta.

Viernes 25 Julio 2008
César Gutiérrez
.....................

Fuente: Tendencias 21 


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Decisions: I Can?t Think!

Enviado por el 02/03/2011 a las 19:59
Manuel Gross

I Can’t Think!

The Twitterization of our culture has revolutionized our lives, but with an unintended consequence—our overloaded brains freeze when we have to make decisions.

by Sharon Begley

 

Imagine the most mind-numbing choice you’ve faced lately, one in which the possibilities almost paralyzed you: buying a car, choosing a health-care plan, figuring out what to do with your 401(k).

The anxiety you felt might have been just the well-known consequence of information overload, but Angelika Dimoka, director of the Center for Neural Decision Making at Temple University, suspects that a more complicated biological phenomenon is at work. To confirm it, she needed to find a problem that overtaxes people’s decision-making abilities, so she joined forces with economists and computer scientists who study “combinatorial auctions,” bidding wars that bear almost no resemblance to the eBay version. Bidders consider a dizzying number of items that can be bought either alone or bundled, such as airport landing slots.

 

The challenge is to buy the combination you want at the lowest price—a diabolical puzzle if you’re considering, say, 100 landing slots at LAX. As the number of items and combinations explodes, so does the quantity of information bidders must juggle: passenger load, weather, connecting flights. Even experts become anxious and mentally exhausted. In fact, the more information they try to absorb, the fewer of the desired items they get and the more they overpay or make critical errors.

 

Sigue...

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consejos para una siesta de calidad

Enviado por el 11/08/2010 a las 13:00
Manuel Gross

Una cabezada que no supere los 30 minutos alivia la tensión y mejora el rendimiento y el estado de ánimo

POR CAROLINA G. MENÉNDEZ

Para que la cabezada del mediodía se convierta en una fuente de salud con la que se consigue liberar el estrés, mejorar la atención, la productividad y hasta el estado de ánimo es conveniente seguir unas pautas de actuación. Éstas son: no dejar transcurrir demasiado tiempo desde el final de la comida hasta el momento de recostarse, evitar echar la siesta ya entrada la tarde para no interferir el horario normal del sueño, optar por el sofá en vez de la cama y abstenerse de este descanso las personas que padecen insomnio.

Después de comer, cuando la fisiología humana es más baja, es la hora de la siesta, un tiempo para disfrutar de un sueño ligero que no ha de sobrepasar la media hora y que tiene como objetivo recuperar las fuerzas que se fueron perdiendo a lo largo de la mañana. Con este breve pero saludable descanso, el organismo estará preparado para afrontar a pleno rendimiento lo que queda de jornada.

Si la siesta se prolonga más allá de los 20 o 30 minutos aconsejables deja de cumplir su finalidad reparadora. Pasado este período se entra en un sueño profundo y resulta más difícil despertarse; de hecho, cuando se consigue, en la mayoría de los casos se hace de mal humor, aturdido, incluso con dolor de cabeza y con la sensación de no haber descansado lo suficiente. Y otra desventaja de prolongar esta cabezada es que altera el horario de descanso nocturno, apunta el doctor Félix Payo Losa. «Si se necesita echar una siesta de una hora es que no se ha dormido bien por la noche», señala el neumólogo del Hospital Central de Asturias, al tiempo que hace hincapié en que el descanso del mediodía no tiene como finalidad reparar los malos hábitos de sueño. «No es un sustituto de una mala noche», afirma. Como excepción, los trabajadores a turnos y que por ello se ven obligados a trastocar la estructura del sueño podrían encontrar en la siesta la forma de compensar sus alteraciones de vigilia nocturna. Pero, de no ser así, «la siesta no es la solución a una mala estructura del sueño, sino que debe ser un recurso para hacer un paréntesis y para desconectar el cerebro de las preocupaciones», resalta este especialista en el estudio de las alteraciones de la respiración durante el sueño.

Y una buena higiene del sueño pasa por dormir ocho horas todas las noches, hábito que no tiene la mayoría de las personas. «Casi todo el mundo acaba quitando horas del sueño, lo que se convierte en una mala costumbre que termina pasando factura: apnea, obesidad, alteración de la presión arterial y riesgos cardiovasculares, entre otros problemas», comenta el doctor Payo. E, incluso, existe una relación entre las horas de sueño y la mortalidad prematura. Pero, además, la somnolencia diurna, fruto del mal dormir, provoca mal carácter, dificulta la resolución de problemas y puede ser la causa de numerosos accidentes, principalmente de tráfico.

Y ya que está demostrado que la siesta consigue mejorar el rendimiento laboral y la productividad, son muchos los expertos que defienden su incorporación en los centros de trabajo. Así, empresas de Alemania y Estados Unidos ya cuentan con espacios adaptados para que sus empleados puedan echar una cabezada a mitad de la jornada.

Pequeños consejos para una siesta de calidad

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La función ejecutiva (en neuropsicología)

Enviado por el 08/09/2008 a las 22:35
Manuel Gross

Una descripción bastante completa de la "función ejecutiva" puede verse en el artículo "La función ejecutiva y sus trastornos", del Dr. David A. Pineda.

 

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