Una Agenda Pro Amabilidad para Villarrica
Las circunstancias son propicias para que autoridades, candidatos, dirigentes sociales y ciudadanos sean capaces de conversar, concordar los puntos que los unen y finalmente se comprometan en el financiamiento y ejecución de una Agenda Pro Amabilidad que beneficie permanentemente a los villarricenses.
Por Manuel Gross Osses
Hasta hace unos pocos años, Villarrica era un pueblo grande, que con el devenir del “progreso” se ha convertido en una pequeña ciudad que crece con ímpetus adquiriendo en el camino los vicios típicos de las urbes mayores, como la pérdida de la amabilidad y del espíritu de colaboración entre los distintos estamentos sociales.
El estilo de vida que prevalece en esas ciudades está marcado por el anonimato citadino, por las actitudes generalizadas de descortesía y por la necesaria imposición de severas normas de orden público que restringen la libertad individual. A ese clima humano le sumamos la construcción de grandes obras públicas que generalmente están concebidas por los técnicos solamente como soluciones de infraestructura, ignorando el impacto que se produce en la incomodidad de muchos ciudadanos para seguir realizando sus actividades cotidianas en la forma en que tradicionalmente lo han hecho.
Obviamente que “mal de muchos es consuelo de tontos”, lo que significa que no podemos ni debemos resignarnos a que ese inhóspito panorama de las grandes ciudades sea el destino inevitable que nos espera. Por el contrario, esas grandes ciudades deben servirnos de perfecto ejemplo del tipo de ciudad que no queremos ser, para lo cual debemos perseverar en corregir los muchos defectos que van apareciendo aparejados con el crecimiento, mientras todavía son fácilmente controlables y antes que se transformen en características permanentes de Villarrica.
Por ejemplo, ya es costumbre en Chile que las campañas electorales sean una verdadera competencia entre los candidatos por hacer las ofertas más espectaculares para atraer la votación de los electores, que son acompañadas de millonarios gastos en publicidad y eventos propagandísticos que solamente se traducen en basura después del día de las elecciones.
Pero hay dos datos duros que podrían cambiar este esquema: Uno es el desprestigio de los políticos en general y el otro es el dinamismo de las organizaciones sociales que permanentemente impulsan campañas de bien público, que resuelven exitosamente muchas deficiencias que, por razones generalmente financieras, no han sido resueltas por los organismos estatales pertinentes.
Las circunstancias, entonces, son propicias para que autoridades, candidatos, dirigentes sociales y ciudadanos sean capaces de conversar, concordar los puntos que los unen y finalmente se comprometan en el financiamiento y ejecución de una Agenda Pro Amabilidad que beneficie permanentemente a los villarricenses (y a los políticos).

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