Hacer que el Plan Estratégico produzca resultados
La Planificación Estratégica tiene promotores y detractores, como cualquier otra metodología de administración, sobre lo que hemos publicado varios artículos en este blog Imaginactivo. En esta ocasión, en el siguiente artículo, Mauricio Castro solamente nos entrega varios consejos de sentido común (y usando el lado derecho del cerebro) para contribuir a que los planes estratégicos alcancen los resultados esperados.
Asegure el éxito de su plan estratégico
La estrategia no es lo que fue, ni lo que podría ser. En los últimos años ha sido representada como un problema analítico por resolver, un tipo de ejercicio del lado izquierdo del cerebro. Te invitamos a analizar la relación de la estrategia actual con el funcionamiento de tu empresa.
Por Mauricio Castro
La Planificación Estratégica no tiene fama de panacea. Pocos dudan de
su valor como herramienta para la gestión de negocios, pero aplicarla
no es sinónimo de éxito automático. Los estudios dicen que sólo un
mínimo porcentaje de las grandes firmas que declaran haber realizado
procesos formales de Planificación Estratégica, lograron resultados
concretos luego de un año de haberlos realizado.
En este documento quiero expresar algunas ideas obtenidas tanto de la
experiencia como también de artículos interesantes que he leído, acerca
de cómo las empresas podrían obtener mejores resultados de sus procesos
de Planificación Estratégica.
Prepare las mentes para la estrategia
No es poco común encontrarse con ejecutivos desempolvando sus
presentaciones de años anteriores, cambiando un par de cosas,
actualizando fechas y gráficos, para pararse frente a una audiencia que
desea escuchar cosas novedosas, pero sin una noción muy clara de qué
desea escuchar.
Yo recuerdo haber participado de procesos de planificación donde los
énfasis se colocaban en que todos ocupásemos las mismas plantillas
PowerPoint o que siguiésemos los mismos patrones de presentación.
Llegar temprano y usar una tenida ad-hoc. Era importante ser
corporativo, no parecer muy distinto.
De partida, es importante enseñar a los equipos qué es una
Planificación Estratégica: cuáles son los pasos a seguir, cómo se logra
un proceso exitoso, qué es una estrategia de negocios y sobretodo, qué
es lo que se busca: una Ventaja Competitiva. El resto son luces.
Es importante expresar que se busca lo mejor de cada gerente, las
mejores ideas, las propuestas asadas, los proyectos novedosos. No
castigar a quienes se salgan del molde. Exigir pensamiento y obligar a
que cada uno muestre caminos nuevos para lograr los objetivos que el
negocio está requiriendo.
Llevar adelante una Planificación Estratégica para hacer más de lo mismo no tiene mucho sentido.
El proceso debe ser un momento de reflexión inteligente: el
conocimiento del negocio debe encontrarse con el debate franco. Los
puntos de vista deben confluir hacia conceptos consensuados, de valor
hacia el mercado. Esto es como “ganar plata”. Todos aprendemos en algún
momento que es una consecuencia, no el fin último.
El Gerente General debe haberse preocupado previamente de preparar las
mentes: conocimiento, flexibilidad, cuestionamiento a los paradigmas,
confianza. La arena política debe estar despejada y las sensibilidades
deben estar preparadas. Ese es el trabajo del Gerente General: preparar
las mentes tanto para su vuelo como también para su aterrizaje.
La política se resuelve antes de la reunión estratégica
Si los accionistas no están preparados para escuchar ideas novedosas o
si Gerente General no está preparado para proponer nuevos caminos para
el negocio, mejor no hacer un Plan Estratégico.
El Gerente General debe enfrentar un proceso de Planificación
Estratégica con una idea razonablemente clara de los espacios que su
Directorio le otorgará para innovar en la estrategia del negocio. Si se
hace un plan no sabiendo si será “muy osado” para los accionistas del
negocio, el Gerente General no ha hecho su trabajo.
Por otra parte, si la actividad de Planificación Estratégica servirá
para resolver conflictos de poder o para que los gerentes demarquen sus
feudos, ello debe quedar previamente resuelto. La exigencia debe ser
clara y los resultados esperados deben ser concretos. En este sentido,
se debe lograr que los gerentes de cada área tengan una noción muy
clara de su responsabilidad en el éxito del esfuerzo estratégico.
El proceso de Planificación Estratégica es una instancia de figuración
organizacional, dado que permite a quienes participan en éstos, mejorar
sus posiciones de poder sobre la base de la exposición, defensa e
imposición de nuevas ideas. Hasta allí todo bien. El tema es cuando
otros empiezan a elaborar las estrategias por las que los ejecutivos
deberán hacerse responsables.
El sentido de pertenencia sobre el Plan Estratégico es un elemento
clave para la efectividad de éste. Los Gerentes deben sentirse
absolutamente los autores de la estrategia del negocio. De no ser así,
el grado de prioridad que ellos darán durante el año al Plan
Estratégico, obviamente será menor que si ellos se sintiesen los
ideólogos del mismo.
Base sus análisis en datos objetivos
Yo creo que la parafernalia sirve bien para fines que deben estar muy
bien demarcados. Todas las actividades, aunque sean importantes, deben
ser entretenidas y motivadoras tanto por sus razones de fondo como por
la forma en que son realizadas.
Sin embargo, a la hora de proponer y argumentar, los antecedentes
basados en datos objetivos (estadísticas, estudios, análisis
independientes, etc.) deben ocupar la mayor parte de las discusiones.
Es importante tener en cuenta una frase muy sabia: si no se ha medido
es porque no es importante.
Con lo anterior no quiero decir que los fenómenos estratégicos deben
ser observados sólo a la luz de los gráficos, pero es importante
destacar que en las reuniones de estrategia, el grado de credibilidad,
la experiencia, el grado de empatía o por último el nivel de simpatía
que sentimos por nuestros interlocutores, puede influir en nuestra
capacidad de aceptar o rechazar determinadas posturas o propuestas.
Podemos estar mejor predispuestos a aceptar determinadas líneas de
argumentación, si vienen de cierto tipo de personas.
La capacidad de argumentar es una herramienta que sabemos importante en
las compañías modernas (si estamos de acuerdo en que los modelos
autocráticos pertenecen al pasado), pero no debe ser el principal motor
de las decisiones estratégicas. Si hay un dato duro, éste debe ser
puesto por delante de cualquier PowerPoint bien diseñada o cualquier
orador elocuente.
La intuición es otro elemento que creo debe tener cabida en aquellos
ámbitos donde no han hecho su aparición las ciencias básicas. Si no
existen datos objetivos, no significa que ciertos temas no deban ser
discutidos o analizados. Muchas veces, acudir a la experiencia y al
sentido común puede ahorrar un buen trecho en análisis que, de esperar
a realizar un estudio, puede demorar meses.
Elija qué cosas dejará de hacer
Mi esposa tiene una gran frase: “Elegir es renunciar”. No sé si es para
recordarme algo, pero yo le veo una gran utilidad para analizar ciertos
aspectos de las estrategias de negocios.
Los procesos de Planificación Estratégica son en buena medida, una
suerte de “renovación de los votos”. En estas reuniones se hace un
recuento de lo bueno y lo malo, para sobre esas bases, montar ideas y
proyectos que den nuevos impulsos al negocio.
Recuerdo que hace un par de años, en una conversación que tuve con un
Gerente de Tecnología de una gran compañía en Chile, me comentaba que
contaba con una cartera de más de 120 proyectos, los cuales, con los
recursos que contaba la empresa, él estimaba que podrían finiquitarse
en un plazo de 30 meses (y él no contaba precisamente con un área con
“pocos recursos”). En ese momento intuí que allí había algo malo.
¿Alguien puede decir que no le ha tocado ver, durante su experiencia
laboral en empresas de tamaño medio o grande, áreas como tecnología u
otras de soporte, que están absolutamente colapsadas? La verdad es que
es un lugar común.
Se puede tener una lista larga de proyectos, ese no es el punto. El
tema es cuando alguien viene con una nueva idea y le dicen que se ponga
a la fila, porque hay otros que llegaron antes. Si esa nueva idea es
una buena idea, deberá luchar entonces contra una maraña administrativa
y de luchas de poder. Una vez que esa idea ha logrado superar la
burocracia, lo más probable es que de todas maneras deba compartir
recursos con proyectos que si no están añejos, por lo menos ya tienen
aroma rancio.
Bueno, este tema da para mucho. Pero mi punto es simple. Creo que es
absolutamente imprescindible que las decisiones estratégicas no sólo
consideren lo que SÍ se va a hacer, sino que también lo que NO se va a
hacer.
Mientras menos objetivos, más probable alcanzarlos. Eso es una máxima.
Es claro: si queremos que los bríos organizacionales empujen a la
empresa por sendas que sorprenderán al mercado, cautivarán a sus
clientes e infartarán a sus competidores; los estrategas deberán no
sólo mostrar el futuro, sino también aliviar los lastres.
El líder debe colocar sobre los hombros de los gerentes nuevos
proyectos que signifiquen nuevos desafíos y oportunidades para la
empresa, pero al mismo tiempo sacar de sus espaldas aquellos proyectos
que se mantienen en carpeta sólo para alimentar burócratas, justificar
cargos improductivos o bien aprovechar oportunidades que dejaron de
existir hace tiempo.
Si los gerentes perciben que los procesos de Planificación Estratégica
son sinónimos de sumar tareas y nunca de eliminar aquellas
injustificadas, con toda seguridad la confianza que se tiene en estas
actividades, disminuirá en el futuro cercano.
Sea claro en las declaraciones estratégicas
Si desea decorar el lobby de su oficina, compre una réplica de un Miró,
no ocupe la Misión o la Visión. La Misión, la Visión, los Valores
Organizaciones y los Objetivos Estratégicos; son herramientas para la
Gestión Estratégica. Como tales, deben ser claras y simples.
Una Misión que se refiere al negocio de la empresa como “nuestros
productos”, a su mercado objetivo como “nuestros clientes”, y sus
diferenciales competitivos como “un servicio de excelencia”, deja mucho
espacio a la imaginación y a las interpretaciones. Pero, como buenas
cartas de navegación, éstas deben ser instrumentos de precisión.
Veamos un ejemplo de declaración de Misión de la empresa:
“Proveemos soluciones en el ámbito de los componentes y la ingeniería
de procesos, para empresas del sector productivo nacional.”
Distinto es decir:
“Ahorramos energía en la fabricación de productos alimenticios en Chile”.
Ambas declaraciones de Misión podrían pertenecer a la misma empresa.
Sin embargo, la segunda con mucha seguridad guiará más efectivamente
las decisiones de los ejecutivos en esta compañía.
Es probable que la empresa desee mantener abiertas y vigentes sus
opciones de negocios en el espectro más amplio posible. Esto es algo
válido y legítimo para cualquier negocio. El punto es cuando, de querer
abarcar mucho, se pierde el foco y las energías se disipan.
Haga seguimiento de buena calidad
Uno de los factores de mayor incidencia en el fracaso de los procesos
de Planificación Estratégica, es la falta de seguimiento a las
actividades que cada área comprometió una vez diseñado el plan.
Pero un buen seguimiento va más allá de sólo estar preguntando “como va
este tema” o estar presionando al gerente responsable para que algo
salga adelante. Un buen seguimiento debe considerar tres factores:
periodicidad, indicadores e incentivos.
La periodicidad del seguimiento está directamente relacionada con la
prioridad que tiene el proyecto y el ritmo que se desee dar a los
avances que cada área deba ir generando. Una mayor periodicidad al
seguimiento habla de proyectos con mayor prioridad que deben ir
avanzando más rápido.
Los indicadores son los elementos que hablan del grado de éxito que va
alcanzando el proyecto. Los indicadores objetivizan los logros. No
basta con que a uno le respondan “vamos bien” o “estamos avanzando”.
Los indicadores fueron definidos cuando el proyecto fue sometido a
aprobación, no se inventan en el camino. Los indicadores hablan de
plazos, porcentajes de avance, niveles de ventas, grados de
satisfacción de clientes, nuevos productos lanzados al mercado, marcas
mejor percibidas, mayores resultados, menores costos, más eficiencia,
mejor clima organizacional, etc.
Si el Plan Estratégico habla de innovación, calidad de servicio o
satisfacción de clientes, pero en el día a día se mide a los ejecutivos
por el volumen de ventas, lo más probable es que lo que se produzca es
que las ventas vayan mejor que la innovación y la satisfacción. Obvio.
Los incentivos refuerzan la intención del Plan Estratégico. Si en los
objetivos estratégicos se busca incrementar la participación de mercado
en determinados segmentos competitivos, el logro de los indicadores
asociados claramente deberá incrementar los ingresos de las personas
que lo han propiciado. Si la estrategia busca posicionar a la empresa
en el ámbito de la innovación, seguramente se medirán cosas como en
número de nuevos productos que se lanza al mercado, la cantidad de
patentes que la empresa inscribe durante el año o bien el incremento de
índices de percepción en el mercado de la empresa como una marca
innovadora para sus clientes, con el consiguiente ascenso en la
pirámide organizacional de los ejecutivos que logran dichas mejoras.
Conclusión
La Planificación Estratégica es un proceso racional e inteligente. Las
personas que participan en dicho proceso deben estar mentalmente
preparadas para entregar lo mejo de sí mismas. Igualmente, la alta
administración debe facilitar las condiciones tanto para que se
produzcan las ideas como también para que ellas caigan sobre terreno
fértil.
El análisis estratégico debe estar basado, en su mayor parte, sobre
datos objetivos. Las discusiones deben privilegiar los antecedentes por
sobre las argumentaciones empíricas o la casuística. Las decisiones
acerca de la estrategia a seguir, deben contemplar tanto las cosas que
sí se harán, como aquellas que no serán contempladas.
Las declaraciones estratégicas deben ser muy claras, a fin de que
cumplan su rol para la toma de decisiones: ser verdaderas cartas de
navegación.
Por último, las acciones que se deriven del Plan Estratégico, deben
estar sujetas a un estrecho seguimiento, medidas con indicadores
concretos que hablen de sus logros y los ejecutivos responsables de
lograr las metas, deben estar adecuadamente incentivados, a fin de
lograr los cambios conductuales que faciliten los cambios en el negocio.
[Mauricio Castro]
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Fuente: WinRed

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Planifique fácil su 2010
La paciencia y una buena planificación son dos herramientas básicas para cumplir todo lo que nos propongamos. Qué mejor que comenzar el año con un buen plan que nos lleve directamente al éxito, para ello es necesario ponerse manos a la obra.
El éxito que logremos con el cumplimiento de nuestros objetivos está en una correcta planeación; a continuación podrá conocer una forma práctica de logar sus metas para este 2010.
Ver el artículo:
Este 2010 logre sus metas de una manera práctica y sencilla
http://emprendejalisco.com/este-2010-logre-sus-metas-de-una-manera-prctica-y-sencilla/