La Teoría X y la Teoría Y de Douglas McGregor
Douglas Mc Gregor nació en 1906 y falleció en 1964 siendo profesor del prestigioso instituto Massachussets Institute of Technology durante sus últimos 10 años de vida. Su trabajo está muy cerca de las ponencias y postulados de Rensis Likert y de Arnold Tannenbaum, en su calidad de contemporáneos sin dejar de mencionar la influencia inicial que tuvieron en su formación las investigaciones de Elton Mayo.
Fue Presidente de un Colegio – Antioch College – y menciona que mucho de su trabajo y conclusiones sobre la marcha de las organizaciones tiene que ver con sus experiencias como líder de dicha institución. Se sugiere al lector que hagan referencia sobre estos temas a dos otros libros: 1. el trabajo de Víctor Thompson, y 2. el libro del Dr. Donald Cole y Eric Gaynor Butterfield “Suicidio Profesional y Asesinato Organizacional”.
¿ Cuál es la pregunta que se formula Douglas Mc Gregor?
Para Mc Gregor las organizaciones funcionan sobre la base de los supuestos que tienen los gerentes respecto del comportamiento humano de su personal. Teniendo en cuenta esos supuestos sobre comportamiento humano cada gerente elige una forma de relacionarse con sus subordinados, de dirigirlos, de esperar resultados, y a su vez ese estilo tiene también que ver como el propio gerente es.
Algunas de las características de los gerentes se orientan a establecer dirección a través del criterio de unidad de mando (ver Henry Fayol) con una supervisión mas bien estricta (Taylor y también Fayol). Al existir alguien que piensa (el gerente) respecto de lo que deben hacer otros (el subordinado), los supuestos implícitos en cuanto a la motivación humana muestran las siguientes características que se agrupan bajo lo que Mc Gregor denomina Teoría X.
Esos supuestos básicos sugieren que:
1. La mayor parte de las personas no tienen interés en trabajar y preferirían no hacerlo.
2. Las personas que se encuentran dentro del punto 1. arriba mencionado no son propensas a tomar iniciativa.
3. Estos miembros organizacionales necesitan de una fuerte presencia “superior” que le dé dirección a sus actividades y que también establezca métodos de control sobre las mismas.
4. Los superiores deben determinar los niveles de output que esperan de sus subordinados
5. Los superiores deben continuamente enfatizar las necesidades de orientar las tareas de los subordinados hacia la performance esperando mejoras en la productividad.
6. Para alcanzar estos niveles de productividad de acuerdo con el esquema establecido por la gerencia, deben darse incentivos económicos a cambio (muy cerca de la administración científica de Frederick Taylor)
7. El trabajo del gerente no incluye la función de coach.
8. Teniendo en cuenta que la mayor parte de las personas no están contentos con trabajar se debe adoptar – desde el punto de vista del superior – un sistema de coerción, donde se parametrizan los comportamientos del subordinado y se los amenaza y castiga por desviaciones fuera de dichos parámetros.
9. La mayor parte de las personas se sienten cómodas recibiendo directivas de sus superiores
10. La mayor parte de las personas no quieren ser responsables de su trabajo y menos aún ser “respondables”
11. La mayor parte de las personas prefieren vivir muchos años durante su trabajo bajo la práctica de “la mamadera”. No tienen ambición en su mayoría y aquellos que eventualmente tienen ambición no quieren hacer los esfuerzos necesarios para alcanzar lo que ambicionan.
Según Douglas Mc Gregor la organización bajo el modelo de Teoría X ha prevalecido por mucho tiempo y ha sido bajo muchas situaciones muy efectivo en tiempos pasados, pudiendo explicar el comportamiento humano de solamente algunas personas que son miembros de organizaciones. De todas maneras no es fácil la transición de un modelo X a un modelo Y donde el personal se caracteriza por mayor grado de autonomía al tener los gerentes supuestos básicos muy distintos de los que se han mencionado más arriba.
Un punto muy importante para Mc Gregor radica en la existencia y forma de operar de los grupos staff. En la medida que los grupos staff se orienten a prestar servicios a todos los niveles gerenciales (en oposición a estar al servicio de la dirección superior de la empresa). Desdichadamente la mayor parte de las veces las funciones staff – y sus respectivos miembros – prefieren responder y relacionarse directamente con la cúspide organizacional y no proporcionan servicios a otros; cuando excepcionalmente se relacionan con otras unidades de línea lo hacen bajo las prácticas de la Teoría X como auditores, controladores o inspectores.
Mc Gregor sugiere que además existen otros mecanismos a los cuales la organización puede llegar a acudir con el propósito de transforman a la empresa de X a Y, como por ejemplo lo son las evaluaciones de personal, los sistemas de promoción, el entrenamiento y capacitación, entre otros. De todas maneras, si la organización en su conjunto no se transforma estos mecanismos han de producir cambios en el corto plazo que no han de sostenerse en el tiempo.
Los postulados de la Teoría Y se caracterizan por tener estos supuestos básicos:
1. La mayor parte de las personas no tienen desinterés en trabajar; dependiendo de las condiciones pueden ver el trabajo como una fuente de satisfacción o de castigo
2. Las personas que se encuentran dentro del punto 1. arriba mencionado son propensas a tomar iniciativa siempre que estén comprometidos con los objetivos a alcanzar
3. Estos miembros organizacionales no necesitan de una fuerte presencia “superior” que le dé dirección a sus actividades y que también establezca métodos de control sobre las mismas
4. Los superiores no necesitan determinar los niveles de output que esperan de sus subordinados; pueden trabajar conjuntamente para establecer objetivos superiores que están dentro del rango de aceptables
5. Los superiores no tienen necesidad de enfatizar permanentemente en sus subordinados la importancia de la productividad y otros aspectos cuantitativos por encima de indicadores cualitativos
6. Para alcanzar niveles altos de productividad de los participantes organizacionales, los gerentes deben fortalecer su relacionamiento con los subordinados teniendo en cuenta las distintas necesidades de éstos, dando incentivos de distinta índole además de los incentivos económicos
7. El trabajo del gerente debe tener en cuenta la función de coach.
8. La mayor parte de las personas se sienten cómodas trabajando en forma autónoma cuando recibe apoyo de sus superiores bajo situaciones no-repetitivas en su trabajo
9. La mayor parte de las personas tienen interés en hacerse responsables de sus actos
10. La mayor parte de las personas prefieren no apoyarse sobre las espaldas de otros; tienen ambiciones personales y están dispuestas a hacer los esfuerzos necesarios para alcanzar lo que ambicionan
11. Las personas tienen necesidades de auto-realización y las mismas son de un valor inmenso muchas veces por encima de las recompensas de tipo económico
12. Los miembros organizacionales de toda la empresa están en condiciones de realizar aportes y contribuciones, por encima de las que pueda realizar el equipo directivo y gerencial
13. Son muy pocas las personas que dentro de una organización alcanzan niveles de productividad cercanos a los de su real potencial
En resumen podemos decir que Mc Gregor tiene bien claro que el rol gerencial debe incluir necesariamente la de prestar apoyo y soporte al personal, por encima de la orientación tradicional de darle dirección desde el punto de vista prescriptivo y luego controlar los resultados que el miembro organizacional alcanza. El rol de Coaching hace su ingreso al mundo de las empresas, y lo hace para quedarse.
Sugerimos al lector hacer referencia al libro del Dr. Donald Cole y Eric Gaynor Butterfield: “Suicidio Profesional o Asesinato Organizacional”.
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Fuente: Extractado de una presentación de Eric Gaynor

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La teoría Y de McGregor
Cincuenta años después de la teoría Y de McGregor
Autor: Ing. José Enebral Fernández
Teoría de la organización
30-06-2010
Hace 50 años y dentro del emergente movimiento en torno al lado humano de la gestión empresarial, Douglas McGregor formuló la denominada Teoría Y, que suponía un salto cuántico en la dirección de personas. Ya por entonces y entre otras oportunas y valiosas aportaciones, se habían producido algunas de Maslow y Herzberg; pero McGregor vino a poner en cuestión la tradicional creencia de que los trabajadores tendían a eludir responsabilidades y precisaban controles —y aun amenazas— para llevar a cabo su trabajo (Teoría X).
Ha pasado, sí, medio siglo desde la publicación de The human side of enterprise (1960), en que McGregor describía las dos creencias básicas enfrentadas, X e Y, quizá sin deseo de defender manifiestamente una sobre la otra y consciente de que se trataba de estereotipos; pero él estaba convencido de que la revolucionaria Teoría Y podía llevarse a la práctica con las cautelas debidas. De hecho, y como se supo bastantes años después, lo hizo con éxito en Procter & Gamble (Georgia), junto a la orquestación de equipos autodirigidos.
Convengamos, con alguna perspectiva y simplificación, que la Teoría X veía a los trabajadores como un problema y un coste inevitables, y la Teoría Y, los veía como una solución y un valor a explotar; que la Teoría X se alineaba con la imagen de un trabajo “mecánico”, y la Teoría Y, con un trabajo de pensar y aplicar conocimientos; que la Teoría X se relacionaba con la ejecución de tareas asignadas, y la Teoría Y, con la asunción de responsabilidad y generación de resultados; que la Teoría X contemplaba la obediencia de los trabajadores, y la Teoría Y, su inteligencia.
McGregor sostuvo ciertamente que formulaba sus Teorías X e Y con cierta distancia emocional, con cierta frialdad, aunque se interpretó que defendía la emergente Teoría Y. Murió (1964) antes de formular su Teoría Z, más realista y aplicable que la Y, y en la que había más de sí mismo; fue Bill Ouchi quien recogería más tarde (Teoría Z, 1981) el testigo, para refuerzo del modelo japonés de gestión en un momento en que la gestión japonesa causaba cierta fascinación, y no sólo por los niveles de calidad alcanzados. Pero las visiones X e Y siguen constituyendo hoy dos excluyentes polos de referencia, cuya consideración nos resulta muy útil.
La Teoría Y sostenía, sí, una imagen de trabajador capaz, responsable, autocontrolado y comprometido con los resultados, que hoy resulta natural, pero que en los años 60 suscitó no pocas controversias. Esta visión podría considerarse el origen de muchos de los cambios culturales que conocimos en los años 80 y 90, pero tal vez debamos asimismo admitir que todavía hoy quedan en nuestro entorno no pocas empresas instaladas en las creencias recogidas por la Teoría X, lo que podría relacionarse con el estado de nuestra productividad, aparentemente atorada.
Observando las características de la denominada economía del conocimiento y la innovación, la Teoría Y parece prometer mayor productividad y satisfacción profesional. Es así porque prevé el despliegue del capital humano tras objetivos específicos, es decir, el de los conocimientos derivados del aprendizaje permanente, el de la inteligencia cognitiva y emocional, el de la creatividad, el de la intuición genuina… Podemos ver al trabajador del saber como un recurso humano —y en esto están todavía muchas empresas—, pero también como sujeto que porta y aporta capital humano a su organización. Quizá no deberíamos incurrir en la frecuente sinonimia entre los términos “recursos humanos” y “capital humano”.
Hoy podríamos relacionar la Teoría X con la Dirección por Instrucciones o Tareas, con la contratación de la obediencia y aun la complicidad de los trabajadores, con la medida del trabajo por el tiempo de presencia en el puesto, con el autoritarismo del jefe… Paralelamente, cabría relacionar la Teoría Y con la Dirección por Objetivos bien orquestada, con la contratación de la inteligencia y la creatividad de los trabajadores, con la evaluación del desempeño de acuerdo con los resultados, con una relación jerárquica marcada por el respeto mutuo y la profesionalidad.
Todavía se habla y escribe a menudo sobre el absentismo y el denominado presentismo, y esto me hace creer que seguimos relacionando el rendimiento del individuo con su tiempo dedicado. Quizá deberíamos atender más a la inteligencia y la creatividad desplegadas, porque el trabajo del saber nos mueve a pensar, y quizá, en algún caso, donde peor se piensa es en la oficina; pero sobre todo habríamos de atender a los resultados alcanzados, porque las demandas de productividad y competitividad exigen ver a los trabajadores como profesionales, más que como empleados sumisos.
Ya sugería Pío Baroja que en España se pagaba por la sumisión y no tanto por el trabajo; pero esto ya no debería ser así en ningún caso. Obviamente, cada empresa ha de convenir metas y objetivos con sus directivos y trabajadores séniores; pero luego, en la economía del saber y el innovar, debería probablemente ceder el protagonismo de cada función a quien la desarrolla.
Tal vez el individuo debe protagonizar plenamente su trabajo —Teoría Y—, si buscamos mayor productividad. Aunque todo esto es muy complejo, no podemos pedir aprendizaje permanente a los trabajadores, y luego exigirles que actúen en conformidad con lo que sabe o quiere el jefe, quizá menos actualizado en materia técnica.
En 2010 —emergente la era del conocimiento—, McGregor seguiría probablemente contemplando sus dos teorías básicas de referencia, a las que cada organización podría aproximarse según sus características; pero tal vez las describiría incorporando la evolución del lenguaje del management. La Teoría X se dulcificaría diciendo, quién sabe, que los trabajadores precisan de un líder a quien seguir. No olvidemos algunas definiciones que, del jefe-líder, nos ofrece alguno de nuestros expertos nacionales: “el jefe-líder es aquel que sabe extraer lo mejor de sus colaboradores”, “el jefe-líder es el que consigue que sus colaboradores quieran hacer lo que han de hacer”, “el jefe-líder es aquel que conquista la voluntad y las emociones de sus colaboradores”…
Sí, todavía parecemos contemplar a un trabajador que no quiere hacer lo que ha de hacer, y precisa de un jefe-líder que domine su voluntad; a un trabajador que no puede generar los resultados deseados, sin un jefe-líder que active su potencial… Al portador de capital humano, júnior o sénior, no parece caber otra posibilidad que la de ser un obligado seguidor de su jefe-líder. El lector puede alinearse con otras lecturas posibles del liderazgo, pero a mí, en estas definiciones, me parece percibir Teoría X, quizá sustituyendo los gestos de autoridad por la manipulación. Mejor que nos autolideremos todos tras metas convenidas; que persigamos metas en vez de seguir al jefe.
¿Cómo describir la Teoría Y con el lenguaje de hoy, cinco décadas después? Podemos estudiar lo sucedido en las empresas que valoran realmente el capital humano y catalizan su expresión, las empresas inteligentes e innovadoras que han constituido una referencia en los años pasados, y aun antes de la publicación del libro de McGregor. No todas las empresas que proclaman la importancia de las personas creen en ella (oí a Tom Peters decir que casi todos los directivos mienten al hablar de la importancia de las personas), pero admitamos que algunas sí.
Hoy, ciertamente, podemos vincular la Teoría Y con las empresas inteligentes e innovadoras que han decidido valorar el capital humano y obtener de él el máximo provecho; con aquellas que facilitan el aprendizaje permanente de sus trabajadores, y les piden que apliquen sus conocimientos técnicos y no los de sus jefes. Al referirme a empresas innovadoras, déjenme recordar que no toda la tecnología es TIC (tecnologías de la información y la comunicación), ni toda la innovación es tecnológica; temo que conviene recordarlo, porque a menudo parece olvidarse.
A veces pienso que, en nuestro país, hemos venido predicando la formación continua con el límite de que nadie se atreva a saber más que su jefe; pero la economía del conocimiento parece distinguir no tanto entre jefes y subordinados, como entre profesionales de la gestión y profesionales técnicos en los campos respectivos. La gestión resulta cada día más compleja y los gestores no pueden mantenerse plenamente actualizados en materia técnica; por otra parte, el avance técnico es sensible en todos los campos y los trabajadores han de aprender continuamente.
En los tiempos recientes la formación de directivos no ha resultado muy efectiva, y las escuelas de negocios empiezan a preguntarse si deberían reconsiderar sus programas. Se ha predicado mucho, sí, el liderazgo, pero quizá más para defender el statu quo ante las amenazas de la era del conocimiento, que para catalizar la expresión del capital humano de las empresas, pendiente asignatura.
Ya no podemos ver a los trabajadores expertos sólo como empleados, recursos, seguidores, subordinados, colaboradores o coachees, sino especialmente como profesionales técnicos obligados al aprendizaje permanente. Éste, y no el de seguidores, es el perfil a que los esfuerzos de formación se habrían probablemente de orientar: al desarrollo de profesionales de tipo “Y”. Puede que resulte más rentable desarrollar el perfil Y en los trabajadores, que el supuesto liderazgo en sus jefes inmediatos (vistos algunos de los modelos de liderazgo que se propugnan); pero bueno sería el liderazgo si consistiera en favorecer el desarrollo profesional de los trabajadores, sin hurtar a éstos su protagonismo.
En efecto, hay empresas en que el jefe se “apropia” de lo que hace el subordinado, el área de Formación se “apropia” de lo que sabe o aprende, el área de Calidad se “apropia” de lo que hace bien… La Teoría Y contempla un trabajador protagonista, que asume responsabilidad ante los fallos y los aciertos, y que rinde cuentas de sus propios resultados.
Obviamente, si una empresa más cercana a la Teoría X deseara aproximarse hoy a la Teoría Y, éste sería un proceso a abordar con amplitud de miras y perspectiva sistémica, y requeriría tal vez un cambio en los modelos mentales de los directivos. Se trata en cierto modo de un salto cuántico, rompedor, audaz, aunque haya que orquestarlo de modo progresivo. Pero, en muchos casos, valdría la pena porque se reflejaría seguramente en la productividad y competitividad. De otro modo, instalada en Teoría X (“haz lo que te digo y cómo te lo digo”, “hago lo que me dicen y sólo lo que me dicen”), aunque ésta se muestre dulcificada, una empresa de la economía del saber y el innovar estaría desaprovechando conocimiento e inteligencia de sus personas.
¿Con qué obstáculos nos enfrentaríamos? No pocos, pero tal vez de modo principal con una creencia arraigada en muchos directivos: la de que sus cabezas valen más que todas las de sus colaboradores juntas. Ya lo han denunciado así expertos como Warren Bennis (alumno, por cierto, de McGregor en el Antioch College). Pero, puestos a acudir a grandes pensadores del management, obligado es hacerlo con Peter Drucker, cuya Dirección por Objetivos constituye en muchos casos, si no la adulteramos, la más profesional forma de dirigir y la más idónea tras la mejora de la productividad. De hecho, McGregor se alineó enseguida con la DpO (que Drucker comenzó llamando management by objectives and self control).
Desplegar, interpretándolas debidamente en nuestro tiempo, la Teoría Y y la Dirección por Objetivos, puede exigir un esfuerzo sensible; pero, sin este esfuerzo, nuestro binomio de productividad y competitividad podría permanecer atorado. De estos postulados nos acordamos bien hoy, cincuenta años después, pero habremos de ver si nos acordamos dentro de diez años de otras fórmulas que se nos han mostrado en nuestro país como alternativas o complementarias, tales como la Dirección por Hábitos, la Dirección por Valores o la Dirección por Misiones. Digo esto último sin poner en duda la necesidad de practicar buenos hábitos, compartir valores o desplegar misiones; pero el hecho es que la empresa ha de generar resultados.
Agradezco al lector su atención y le invito a reflexionar. A mí me pareció buena idea recordar a Douglas McGregor (1906-1964) y su Teoría Y, cincuenta años después; especialmente por la frecuencia con que hablamos todos en España de la necesidad de mejorar la productividad y la competitividad.
Ing. José Enebral Fernández - jenebralarrobayahoo.es
Consultor y conferenciante.
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