Vuelvo después de unos meses de descanso sabático en que recorrí llanos, montañas y valles, abandonando y olvidándome de todo y de todos, y en que además de mirar y admirar este bello planeta me dediqué a reflexionar acerca de cosas de mi interés. Una de ellas son los llamados "estilos de dirección" de las que les hablaré ahora; otras, las dejaré para más adelante.
Los autores académicos se regodean creando perfiles y estereotipos acerca de los directores (encargados de algo), y hablan del director tipo tal y del director tipo cual, y describen sus características, ventajas y desventajas. Crean rangos de actuación que van desde el tirano hasta el ultrademocrático, y a cada uno (y los intermedios) les atribuyen comportamientos. Con tiempo de sobra para leer y pensar, arrullado por la caida de alguna cascada o los ruidos de la noche en cualquier paisaje o del viento paseándose por los árboles de la selva, y repasando mi experiencia de docente y hombre de negocios forjado en la práctica, llegué a la conclusión siguiente: todos esas descripciones y estereotipos son falsos. Sólo existen en la mente de algún estratega de marketing que nunca bajó al llano a vender una hamburguesa pero sí tuvo tiempo de sobra para ganar títulos.
De todas maneras, una cosa es verdad: los directores existen y no son iguales. ¿Cómo perfilarlos, entonces? Mi conclusión: desde la perspectiva del guiado, no del que guía (que es la perspectiva clásica académica). Si miramos con las pupilas del que es guiado por ese director se nos aclaran conceptos un tanto esotéricos como el de liderazgo, por ejemplo.
¿Cómo explicar claramente mi punto de vista? Mi experiencia me presta un pasaje de mi vida. Durante un lapso de mi juventud trabajé para una multinacional israelí, con sede en Tel Aviv. En una reunión de planeamiento, en un edificio alto y moderno de esa moderna ciudad israelí, el Director nos hacía conocer su punto de vista acerca de cómo dirigir y cómo liderar grupos humanos; es decir, nos hablaba acerca de los estilos de dirección. Era un ex militar de ejército, bajo y fornido, que hablaba en un inglés duro y cortado. Un pasaje que me impactó y modeló para toda mi vida fué cuando nos mencionó que el ejército israelí es el que tiene la tasa de generales muertos en acción más alta del mundo. ¿Por qué? Porque el general israelí dice a sus tropas "¡Síganme!" en tanto los generales de los demás ejércitos les dicen a las suyas "¡Avancen!". Un general del ejército israelí muere de un balazo en el pecho, en tanto que los otros mueren en sus camas de un resfrio. Y continuó mostrándonos qué quería de nosotros.
No existen más que 2 estilos de dirección: síganme, o avancen. Depende de cual adopten, serán sus resultados. Depende de cuál adopten, será el diseño de sus estrategias y tácticas en el combate diario de vender, vender, vender (porque para producir, cualquiera produce). ¿Vale la pena perder el tiempo en crear perfiles de uno u otro estilo de dirección? No lo creo, porque en mis años de experiencia he conocido de ambos, encasquetados en perfiles y modelos diferentes. Síganme o avancen los he encontrado en flemáticos ejecutivos, frios como la piedra, y también en iracundos que actúan siempre al borde del síncope cardíaco.
No existen más que 2 estilos de dirección: síganme, o avancen. O sea, los que mueren de un balazo en el pecho, o los que mueren retirados y forrados en pensiones de oro envejeciendo con un vaso de wiskey frente a una estufa.
¿Cuál prefieres? Personalmente, y desde que salí a recorrer mundo y a vivir la vida que yo mismo iba eligiendo, siempre fuí del tipo Síganme... y nunca me he arrepentido. Y con ese estilo el wiskey y la estufa me llegaron solos, sin buscarlos siquiera.





















Gracias
Gracias Manuel: me tendrás frecuentemente en tu blog, el que sigue siendo tan interesante como siempre.
Efectivamente, el estilo autoritario es casi una constante latinoamericana, para desgracia de nuestros pueblos. Nuestros empresarios gritan Avancen, con toda la fuerza de sus pulmones. Pero tuve la suerte de conocer una región en que el Síganme es la tónica predominante, y quizá por eso decidí quedarme: Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. Quizá porque es tierra de pioneros, quizá porque la descubrí en sus inicios, pero aquí es el dueño el que toma la motosierra y se adentra en los montes seguido de sus trabajadores. O el que maneja su ganado y vacuna sus reses. O maneja sus camiones. Eso, que no lo había visto como comportamiento social en otras partes, me maravilló y me hizo decidir donde morir. También eso marca el por qué Santa Cruz ha luchado a brazo partido y está ganando su autonomía, por sobre los esfuerzos retrógrados de un gobierno "indigenista" cuyo único triunfo hasta ahora ha sido el incremento vigoroso del narcotráfico (porque todo lo demás ha ido para abajo).
Un abrazo