El Plan Meller sobre el Trabajo y la Equidad
Este Rector de la Universidad Diego Portales, don Carlos Peña, nos entrega semanalmente su visión aguda y desprejuiciada sobre los temas que están en la contingencia social y política. En esta oportunidad escribe acerca del mercado laboral y del fenómeno de la desigualdad, y que por ser materias cruciales en la vida de las Pymes (o de las EMT como se les llama ahora a las Empresas de Menor Tamaño), son incorporadas a menudo en este blog. Y como era de esperar tratándose de Carlos Peña, nos advierte contra el peligro de la paralización de este conjunto de proposiciones provocado por la pugna entre las dos almas de la clae política. Y contra este peligor, una receta clara: mayor activismo político y trabajo centrado en los pobres. (Al final del artículo hemos colocado los links para la descarga de los documentos finales del Consejo Asesor Trabajo y Equidad).
El plan Meller
El Consejo Asesor Trabajo y Equidad entregó su informe: la desigualdad es intolerable y el mercado (hasta hace poco un demiurgo) no podrá remediarla. El Estado (al que hasta ayer se achacaban todos los males) está de vuelta.
Por CARLOS PEÑA
Es difícil exagerar la importancia de la Comisión Meller (pocas veces fue más justo llamar a una comisión por el nombre de quien la presidió). Su informe final (246 páginas de buenas ideas y reflexiones sensatas) producirá eso que los lingüistas y los filósofos llaman un efecto performativo: una nueva realidad en el ámbito de las políticas sociales. Ya no se podrá hablar de ese tipo de temas de la forma en que hasta ahora se había hecho.
El informe despeja un asunto que es básico para la convivencia: nuestros niveles de desigualdad, conviene la Comisión, son intolerables y el mercado no logrará remediarlos por sí solos. En ese enunciado están de acuerdo todos, derecha e izquierda, moros y cristianos, creyentes de Hayek o Friedmann y lectores de Rawls o de Sen, empresarios y sindicalistas. Todos. Nadie descree del mercado; pero ya nadie le atribuye poderes demiúrgicos. No es poco para un país que, hasta hace poco vivió hipnotizado o crispado -según el lugar de cada uno- por la teoría del chorreo.
Esa discusión se acabó. Ahora no hay duda: si queremos superar la desigualdad se requieren mayores grados de activismo público. No podemos confiar en la espontaneidad del mercado.
No es poco para un país que había convertido al mercado en una superstición. Y a la economía neoclásica en el sucedáneo de las ciencias sociales.
El informe reposa, además, en la convicción de que la igualdad no es un rival de la libertad. No es cierto -sugiere el informe- que debamos escoger entre ser más iguales (tolerando una disminución de la libertad) o ser más libres (aceptando pagar el precio de la desigualdad).
Hasta hace poco había quienes (haciendo pie, dicho sea de paso, en un ensayo de Berlin) pensaban que la intervención del Estado desmedraba la libertad humana. El informe arriba a la conclusión contraria: la acción del Estado puede expandir la libertad. Si la libertad no es simple ausencia de coacción por parte de un tercero (como creía Berlin), sino también la presencia de capacidades para escoger (como sugiere Sen, a quien el informe cita), entonces el Estado puede hacer mucho por la libertad ¡Tenemos que ser más iguales porque queremos ser más libres!
Todavía el informe sugiere que el crecimiento no riñe con la distribución. Recién ayer solía decirse que "antes de repartir la torta, había que hacerla". Sonaba bien, pero era falso. Para crecer, sostiene el informe, se requiere dotar de capacidades a todos y para eso hay que tener políticas sociales más agresivas. Mejorar la distribución es un requisito del crecimiento. Ser injusto no sólo es inmoral, es también un despilfarro.
Esos principios que el informe explicita -mayor activismo para superar la desigualdad, expandir la libertad y crecer, todo al mismo tiempo- son los que justifican ampliamente las medidas que ese puñado de personas de todos los sectores, luego de deliberar durante ocho meses, proponen: subsidios al ingreso laboral; transferencias a los niños más pobres; estímulo a las intervenciones sociales por parte de las organizaciones civiles; mejoras en los incentivos a la capacitación laboral; premios al rendimiento escolar.
Ninguna de esas medidas estimula la mendicidad frente al Estado o descreen de la iniciativa personal. En cambio, todas suponen la incorporación al mercado del trabajo o al sistema escolar. Como explica el informe, la mejor política social es la que alienta a las personas a capacitarse, buscar empleo y trabajar. Ese es el único camino para mejorar la autoestima personal y alcanzar la autonomía.
Por supuesto hubo discrepancias; pero son todas razonables. Nada de qué alarmarse.
La más importante de ellas fue la que se planteó en torno a si la política social debía o no expresarse en derechos.
Esa es una vieja disputa (como lo muestra el libro de Marshall sobre ciudadanía, clase social y desarrollo) y las dos posiciones habituales se manifestaron aquí. Por una parte, hubo quienes sugirieron que las metas de la política social se expresaran en derechos y, por la otra, quienes aconsejaron mantenerlas como objetivos públicos a ser evaluados. Mientras la primera posición entrega el control de la política social a los tribunales; la segunda la deja en manos de la política. Las dos -a pesar de lo que ocurrió en el Consejo- no corresponden exactamente a posiciones de izquierda y de derecha. Hay gente de izquierda que le parece insensato transformar todas las demandas en derechos. Y hasta cierto punto tienen la razón.
Hubo además discrepancias instrumentales -en la negociación colectiva, por ejemplo- pero todo ello sobre el fondo de un acuerdo unánime: la desigualdad es intolerable, el mercado por sí sólo no la va a remediar, necesitamos más activismo público centrado en el trabajo y en los más pobres.
No es poco. Es mucho más de lo que cualquiera se habría atrevido a decir hace cosa de apenas cinco años. Es cierto que este informe tiene el peligro de quedarse en palabras o enredado en tropiezos, pero incluso si eso ocurriera, el documento, firmado por personas de todos los sitios, estará allí. Casi un plan de gobierno para quien quiera hacerlo suyo.
El plan Meller podríamos comenzar a llamarlo.
......................
Fuente: El Mercurio
Links: Informe Ejecutivo, Informe Final

Imaginactivo - Atina Chile - Villarrica Cultural - EcoVillarrica


































Comentarios recientes
hace 1 día
hace 6 días
hace una semana
hace una semana
hace una semana
hace una semana
hace 2 semanas
hace 2 semanas
hace 2 semanas
hace 2 semanas