El impacto de lo nuevo
Desterrar las ineptitudes
........................... Fuente: La Nación Viernes 2 de mayo de 2008
En todos los países desarrollados y en un número no menor de nuestros vecinos hay un organismo público, muchas veces de rango ministerial, a cargo de la reflexión, investigación y capacitación del sector público.
Por Marcelo Lasagna*
La Presidenta Bachelet hizo un llamado a sus ministros para revertir la seguidilla de problemas que han enfrentado algunas autoridades públicas en el cumplimiento de sus funciones.
Es excelente que la Mandataria llame la atención a sus ministros y los azuce a que garanticen un ejercicio virtuoso. Esta consigna tiene una doble lectura.
La primera, política-contingente: el Gobierno tiene una necesidad (legítima) de mitigar episodios que no hacen más que perjudicarle.
La segunda es la importante desde mi perspectiva: subyace a una visión profunda de cambio en la gestión pública y la expuso el ministro Pérez Yoma en Icare. Es en este plano donde tenemos que situarnos para generar los cambios para que el país comience a pensar el desafío de convertirse en un sitio que dé oportunidades.
Qué significa, entonces, erradicar la ineptitud. Poner paños calientes en las heridas donde supura el mala gestión; la renuncia de los responsables; cambios menores que mejoren aquello que se estaba haciendo incorrectamente. Sí, por supuesto, todo ello se ha de hacer. Pero es insuficiente. Erradicar la ineptitud exige un cambio mucho más hondo. Debe comenzar, como condición necesaria, por una reflexión profunda sobre el Estado y la gestión pública y a partir de allí identificar los ejes por los cuales se irá materializando la modernización.
Pensar el Estado que queremos y necesitamos exige un punto de partida: reflexionar sobre los valores del servicio público. A la innovación que nos enfrentamos no sólo tiene que ver con los modelos de gestión, de organización y competencias del gestor público, sino con los valores sobre los que se sustenta la administración de todos.
Los antiguos valores de la gestión burocrática se manifiestan insuficientes para seguir fundamentando en exclusiva el discurso de los valores que demandan nuestros tiempos. Las dinámicas económicas y sociales constantes exigen un nuevo modelo de gestión, sustentado en nuevos valores tales como la eficiencia, la orientación a resultados, la voluntad de colaboración entre servicios, la protección del patrimonio, la apertura a la ciudadanía, la relación con el sector privado, entre otros.
Una buena gestión pública no sólo es la que se adecua a las necesidades de la sociedad, sino una a la que es inherente la reflexión sobre los valores del servicio público.
Esta reflexión se ha de hacer. No hay duda. Lo que viene después es donde parece que el camino deja de ser claro. Por lo general, las cosas se quedan en el discurso y no se traducen en acciones que generen el impacto que se quiere. Este debate lo debe liderar el Gobierno, haciendo partícipe también al mundo partidario y académico.
Lo extraño, en el caso del país, es que no tenemos ningún organismo público con el objetivo de pensar, reflexionar y evaluar qué acontece con la gestión pública. Luego de revisar experiencias internacionales, se ve que en todos los países desarrollados y en un número no menor de nuestros vecinos hay un organismo público, muchas veces de rango ministerial, a cargo de la reflexión, investigación y capacitación del sector público.
¿Por qué en Chile no existe un instituto o escuela de administración pública con esa función? ¿O este rol se le ha entregado a las universidades? ¿Cómo lo están haciendo ellas? ¿Existe alguna instancia de coordinación? La verdad es que no tengo respuesta para explicar esta renuncia del Estado a pensarse a sí mismo.
Ineptitud significa, según la RAE, falta de capacidad, inhabilidad, incompetencia. La primera habilidad que deberíamos aprender es que es necesario crear una institución pública con el rol de pensar dónde está y hacia dónde ha de caminar el Estado ante los cambios que se están produciendo en los entornos económicos y sociales, nacionales e internacionales.
Para Platón la ineptitud y la mala toma de decisiones tiene que ver con la falta de técnica, y la virtud se debe a la sabiduría. Un Estado moderno y capaz sin buenas técnicas y exiguo en grandes dosis de sabiduría es como lanzar un cohete a la luna sin combustible. A ver si somos capaces de tomarnos en serio este desafío que significa construir la buena casa de todos.
*mlasagna@buengobierno.org
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