17 marzo 2008
Desde que los ordenadores y, posteriormente, la red Internet se popularizaron y llegaron a nuestros negocios, ha existido un diferente grado de aceptación de las mismas por parte de las personas.
La variedad de perfiles va desde el ?early adopter?, que es aquél que está a la última siempre en esto de las nuevas tecnologías, hasta el ?alérgico? al ordenador, que no se sabe ni su contraseña para iniciar su sesión y prefiere seguir trabajando ?como siempre se ha hecho?.
Debido a que los avances tecnológicos provocan que la diferencia entre los extremos sea cada vez mayor, podemos afirmar que existe una brecha digital en la empresa.
Algunos dicen que la edad del trabajador es un factor clave, que incide directamente debido a que la resistencia al cambio de las personas mayores es mayor que el de otras de generaciones más jóvenes, a los que les resulta más fácil subirse al tren de las nuevas tecnologías. No es la primera vez que me encuentro a una persona que tiene que desarrollar un trabajo y pide ayuda porque no es capaz de manejar el ordenador. Estoy hablando de situaciones cotidianas, y no de otras más complejas como el mantenimiento de las máquinas. Por ejemplo, tareas como imprimir un archivo en formato PDF, buscar una determinada información en internet o hacer unos cálculos sencillos en una hoja de cálculo,... para algunos es el pan de cada día y las resuelven con los ojos cerrados, mientras que para otros es simplemente misión imposible.
¿Cómo resolver esta situación? Lo primero que se me viene a la cabeza es dotar a la persona de los conocimentos necesarios, es decir, a través de formación. Hoy en día existe una gran variedad de oferta de plataformas de formación online, a través de las cuales podemos realizar un curso completo de cualquier herramienta ofimática de uso común (procesador de texto, hoja de cálculo, presentaciones, base de datos,...). Si no, también siguen existiendo las academias especializadas que imparten cursos en sus propias aulas, e incluso se desplazan a las instalaciones de la empresa que los contrata, en lo que se suele llamar formación ?in company?.
Por otra parte, no hay que olvidar que en este tema es necesario motivar a la persona y hacerle comprender las ventajas que tendrá para ella so aprende a usar estas herramientas. Yo no cre que sea un problema de la edad, sino más bien de actitud. Se oye muy a menudo a gente que dice que no sabe nada de ordenadores y que no piensa aprender en su vida. Bueno, con vuestro permiso, dudo que vaya a ser así, sobre todo si tenemos en cuenta que la ya se está notando la incorporación de la generación messenger al mundo laboral y la presión que esto ejerce sobre quienes no están habituados a usar herramientas avanzadas a un ritmo decente. Si un joven es mucho más productivo localizando una información y preparando un documento con ella, ayudado del procesador de textos, en mucho menos tiempo que otra persona mayor que no se ha querido poner al día ¿Quién creeis que tiene más futuro en la empresa?
No digo que haya que ser un Bill Gates (Microsoft) o un Steve Jobs (Apple) para trabajar en la empresa moderna, sino que, por lo menos, se tenga en cuenta que la actitud y la formación en este campo hoy en día son claves, si no queremos seguir con el boli, el papel y la calculadora a estas alturas de la película. A todos nos cuesta salir de nuestra zona cómoda, pero como dice el refrán, hay que renovarse o morir y con el panorama actual de crisis, se antoja más necesario todavía.
Fuente: La brecha digital en la pequeña empresa
Foto: Digital divide





















Contratar un consultor en una PyME?
miércoles 26 de enero de 2011
¿Sirve contratar un consultor en una PyME?
Una definición muy conocida del management reza: "Un consultor es aquel a quien se le paga mucho dinero para que te diga algo que ya sabes". Por eso, muchos pequeños empresarios se resisten a contratan servicios de consultoría. Pero, ¿qué es exactamente lo que puede aportar un consultor?
Por Jonatan Loidi
A la hora de hablar de consultoría, algunos argumentos que suelen escucharse de los empresarios PyME son los siguientes:
"¿Qué puede aportarme un consultor externo que no me aporte alguno de los profesionales que trabajan dentro de la empresa?"
"Me va bien. Nadie conoce mi negocio como yo. ¿Para qué necesito un consultor?"
"El consultor vendrá, me mostrará muchos defectos y luego se irá en el momento más importante, cuando haya que aplicar las soluciones".
Así, ¿cómo evaluar la utilidad de contratar un consultor en una pequeña organización? En todo caso, ¿sirven realmente estos servicios? ¿O es más conveniente dedicar los escasos recursos a tareas del día a día?
Veamos, a continuación, algunas respuestas para los argumentos de los pequeños empresarios cuando se oponen a la contratación de un consultor.
"¿Qué puede ver el consultor que yo no vea?"
Un psicólogo indaga en nuestro pasado, analiza nuestro presente y expone frente a nuestros ojos aquellas cosas que, por alguna razón, no podemos ver. También nos brinda una mirada externa y desinteresada sobre nuestra realidad, para luego ayudarnos a encontrar soluciones a nuestros conflictos.
En general, a los pequeños empresarios también les cuesta ver claramente su realidad. Las urgencias del día a día insumen la mayor parte de sus horas, y les impiden "parar la pelota" y detenerse a analizar la situación estratégica actual y las opciones a futuro.
En este aspecto, un buen consultor podrá aportar su experiencia para elaborar un estado de situación.
El consultor no sólo posee herramientas analíticas que el empresario no domina. Además, al observar a la empresa "desde afuera" con una mirada objetiva y crítica, podrá descubrir problemas que ni el empresario ni sus empleados son capaces de detectar.
"Me va bien. Nadie conoce mi negocio mejor que yo"
En este punto, lo primero que deberíamos preguntarnos es: "¿En qué nos basamos para decir que nos va bien?".
"Bien" es un concepto muy amplio. Según quien la analice, la empresa podría estar más o menos "bien".
Por otro lado, es cierto que nadie conoce a nuestro negocio mejor que nosotros. Sin embargo, ¿cuánto mejor podría estar si aplicáramos más (y más eficientemente) las herramientas que, por las razones que fuere, actualmente no estamos utilizando?
"El consultor se va cuando hay que aplicar soluciones"
Este argumento es el más complejo de rebatir, es el talón de Aquiles de muchas consultorías.
En primer lugar, la consultoría debe estar perfectamente definida en cuanto a sus objetivos y a sus límites. Un consultor no debería transformarse nunca en empleado de la empresa; siempre es saludable que mantenga una distancia.
Dicho esto, hay que remarcar que un consultor no debería limitarse a detectar los problemas y plantear posibles soluciones, sino más bien a lograr que, durante el proceso, los mismos empresarios o gerentes sean quienes puedan descubrir e incorporar las herramientas para llevar adelante los cambios y las mejoras necesarias.
Existe la impresión de que un consultor es alguien que viene, hace su trabajo y no vuelve nunca más.
No hay ninguna razón para que esto sea así. Por el contrario, el consultor debería ser alguien que ayude a pensar la empresa de manera estratégica.
Al comenzar el proyecto de consultoría, es fundamental acordar etapas u objetivos bien definidos, asignar una fecha, un presupuesto y un curso de acción. Esto nos brindará una guía y también una forma de medir el desempeño.
En definitiva, los pequeños empresarios suelen desconfiar de los consultores,
Sin embargo, con un enfoque adecuado, éstos pueden agregar mucho valor para la empresa.
Fuente: MateriaBiz
Lic. Jonatan Loidi, Profesor UCALP. Consultor Fundación Empresa Global. Socio fundador de Set Consulting. Profesor de la Escuela de Negocios MATERIABIZ.
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