En mi vida como psicóloga he trabajado con mucha gente súper inteligente; con científicos, financieros de Wall Street, ingenieros de Silicon Valley, entre muchos otros. Gente realmente inteligente, reconocidos y profesionales muy capaces. He coincidido incluso con más de alguna enciclopedia andante.

Pero, entre todos, siempre ha habido un par de personas que sobresalen. Aquellos con quienes, tanto yo como los demás, buscábamos pasar más tiempo, ir a tomar un café, charlar o salir de fiesta. Muchas veces eran las mismas personas que obtenían ascensos más rápido o ganaban más dinero y, generalmente, coincidía que tenían una vida social sana. Usaban muy bien sus redes sociales para festejar las victorias o apoyarse tras los fracasos.

Esas personas no eran necesariamente las más inteligentes. No tenían las mejores calificaciones en la escuela, no eran las más educadas o quienes dominaran el mayor número de idiomas. La diferencia no era el coeficiente intelectual.

Es importante hacer notar que en nuestros puestos de trabajo todos somos listos; sabemos leer, escribir y pensar de acuerdo a nuestras obligaciones. Entonces, ¿cuál es la diferencia?

¿Qué es la inteligencia emocional?

Harvard Business Review calificó la Inteligencia Emocional como un concepto revolucionario, una noción arrolladora, una de las ideas más influyentes de la década en el mundo empresarial. Estos son los 3 pilares de inteligencia emocional:

  1. Percepción y expresión emocional: ¿Tienes emociones? ¿Las sientes? ¿Sabes que tienes emociones y que estas emociones afectan la mayoría de tus decisiones? Tu cuerpo te está intentando decir cosas. ¿Le haces caso? Con este pilar sabrás reconocer de forma consciente tus emociones y serás capaz de darle una etiqueta verbal.
  2. Regulación emocional: ¿Tienes miedo de tu propio miedo? ¿No sabes cómo motivarte? ¿Te vuelves depresivo o muy enojado durante días? Saber cómo manejar y dirigir las emociones, tanto positivas como negativas, de forma eficaz constituye el pilar # 2 de la inteligencia emocional.
  3. La empatía – saber cómo ponerse en la piel de los demás: Saber qué sienten los demás, qué necesitan y qué están comunicando con la comunicación no verbal (90% de la comunicación); es una habilidad fundamental para la amistad, amor y la vida social sana. El capital humano es un capital precioso en este mundo.

Lo que no todos sabemos es cómo hacer para conectar con otro ser humano; en ocasiones ni siquiera con nosotros mismos.

Los seres humanos somos seres sociales. Nos gusta pasar tiempo con los demás, con quienes nos sentimos bien, entendidos, apoyados y seguros. En el pasado nuestra supervivencia dependía de los demás, en nuestros grupos sociales. Como consecuencia de ello, el cerebro evolucionó así: enfocándose en la conexión humana y la habilidad para leer las emociones y así saber cómo manejarlas y dirigirlas.

Ahora, después de años de investigación psicológica, sabemos que la inteligencia emocional juega un papel muy importante en la mejoría de nuestra felicidad, éxito y bienestar.

Sabemos también que el coeficiente intelectual no está necesariamente relacionado con el coeficiente emocional. Por ejemplo, los psicópatas serían el caso más extremo. En el mundo de la tecnología también encontramos altos niveles de inteligencia cognitiva y desafortunadamente, no es raro encontrar bajos niveles de inteligencia emocional.

Como botón de muestra, Google tiene talleres obligatorios de inteligencia emocional para sus empleados; y cada vez es más frecuente que, durante el proceso de contratación, Google haga énfasis en la evaluación de habilidades sociales. La creatividad, el desarrollo personal y el éxito en el puesto de trabajo no sólo están dictados por las capacidades cognitivas. La inteligencia emocional tiene un papel muy importante en el desempeño de una persona, dentro y fuera del ámbito profesional.

¿Por que deberíamos aprender y estudiar inteligencia emocional?

Separemos. La inteligencia cognitiva no garantiza el éxito en nuestra vida cotidiana ni dentro ni fuera del trabajo. No facilita la felicidad ni con nuestra pareja, ni con nuestros hijos, ni que tengamos más o mejores amigos. El coeficiente intelectual (CI) no es determinante en la tarea de conseguir equilibrio emocional o salud mental.

La ley del éxito es conocer tus emociones y gobernarlas de forma apropiada para que colaboren con la inteligencia.

Sin embargo, las personas que gobiernan adecuadamente sus sentimientos, saben interpretar y relacionarse efectivamente con los sentimientos de los demás, se colocan en una situación de ventaja en muchos aspectos de la vida. Desde las relaciones íntimas hasta la comprensión y por ende, juego acorde con las reglas tácitas que determinan el éxito en el ámbito profesional.

¿Cómo desarrollar la inteligencia emocional?

Existe una abundante base experimental que dice que, si bien todos venimos al mundo con un temperamento y personalidad característicos, los primeros años de vida tienen un efecto determinante en nuestra configuración cerebral. Eso define el alcance de nuestro repertorio emocional en gran medida.

Hay personas que entienden el mundo emocional mejor que otras, pero como dice Daniel Goleman –padre de inteligencia emocional–: “ni la naturaleza innata ni la influencia de la temprana infancia constituyen determinantes irreversibles de nuestro destino emocional”. La puerta para aprender y desarrollar las habilidades emocionales siempre está abierta. Nuestro cerebro es maleable, le encanta aprender cosas nuevas y cambia cada vez que reponemos una pauta de comportamiento o un hábito viejo.

Eso que en otros términos se conoce como “manejo de las emociones” es algo que puede ser sumamente útil en la vida diaria. Incluso confirmado por los –a veces escépticos– ingenieros: la inteligencia emocional es algo que sí es posible aprender, desarrollar y utilizar para éxito en todos los ámbitos de la vida diaria.

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