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El síndrome del perfeccionismo. Aprende a delegar y deja de controlar a los demás.

 

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Perfeccionismo. Deja de controlar a los demás.  

Por Anna Jorba Ricart. 

Conocerse a sí mismo. 

 

Una necesidad que sienten con frecuencia los perfeccionistas es el control de los demás. Este control suele ser muy directo y exigen que los demás, los compañeros de trabajo los hijos o el cónyuge, en definitiva a todos los que tratan, que adecuen su comportamiento a los gustos del perfeccionista.

 

Este ajuste es muy difícil entre otras razones, porque el perfeccionista no sabe con certeza qué es lo que quiere. En todo caso, la interacción con un perfeccionista es siempre conflictiva y está siempre al borde de la tensión emocional y de la ruptura.

 

El perfeccionista necesita apoyo emocional y estima de los demás, y se sorprende porque incluso los más próximos no se la proporcionan. Este descubrimiento les abruma notablemente, a pesar de lo cual, una vez descubierta la raíz del problema, no son capaces de enmendar su comportamiento.

 

Probablemente, la razón de esta dificultad para rectificar deriva en la creencia que los perfeccionistas tienen con respecto a su comportamiento interpersonal. En general cualquier perfeccionista aspira a tener un comportamiento interpersonal intachable, con el fin de alejar cualquier crítica hacia su persona y de paso lograr el aprecio de los demás.

 

Este afán por el logro de una buena imagen ante los demás obliga a los perfeccionistas a realizar un esfuerzo ímprobo para mantener un comportamiento interpersonal exquisito, intentando quedar bien ante todos los que le rodean.

 

Por ello, no son capaces de criticar a los demás, ni siquiera de plantear sus deseos o necesidades. En todo caso, esa aspiración por quedar bien ante los demás, procurando lo mejor, impide hacer el bien, esto es, por ejemplo, realizar una corrección o una crítica constructiva. De este modo, pretender quedar bien a toda costa exige un gran esfuerzo que todo perfeccionista debe pagar para lograr su aspiración.

 

Por otra parte esos peligros que vaticina el perfeccionista no son tales, y que en general, los demás, apenas están pendientes de su persona. En todo caso, el aprecio que puedan sentir los demás hacia el perfeccionista está más en función de las cosas bien hechas quedé los errores u omisiones en las que uno haya incurrido. Queremos decir que el aprecio de los demás no depende tanto de nuestros errores cuando de nuestros propios aciertos. 

 

Los perfeccionistas luchan por controlar sus sentimientos. Es muy importante para ellos dominar sus emociones, pues tal potestad es un indicador de su propio autocontrol. Pero las emociones son caprichosas y se escurren del dominio de la mente, lo cual perturba enormemente al perfeccionista.

 

Cualquier manifestación de una emoción incontrolada supone una grave defección por parte del perfeccionista, razón por la cual intenta someter y dominar sus emociones más significativas.  En todo caso el control emocional es difícil de mantener y con suma frecuencia, los perfeccionistas se muestran ansiosos por este tipo de deficiencia.

 

Algunos perfeccionistas presentan una descompensación muy notable en la expresión de sus emociones. Así por ejemplo, exteriorizan con gran facilidad el enfado, pero no aciertan a expresar los afectos positivos o viceversa.

 

En todo caso las emociones son positivas y naturales y su expresión social forma parte de la comunicación interpersonal. Lo contrario denotaría una falta de naturalidad.

 

No obstante la buena educación interpersonal aconseja el autogobierno emocional, porque en muchos casos, esas emociones hunden sus raíces en la propia intimidad, que como parte constitutiva la esencia del propio yo, no debería quedar fácilmente al descubierto.

 

El afán de controlarlo todo lleva al perfeccionista a monopolizar las conversaciones, dominando los temas de conversación al objeto de que no se quede fuera ningún detalle. Con el fin de corregir este sesgo, es recomendable limitar el control a ciertos ámbitos de la propia realidad del perfeccionista y dejar fuera de foco otros ámbitos de forma deliberada.

 

Que el perfeccionista experimente que no ocurre ningún desastre por el hecho de no haber considerado cierta información será una gran ayuda para superar su propio problema.

 

viernes, 5 de abril de 2013

 

Libro:

 

El síndrome del perfeccionismo. El anancástico. Manuel Alvarez Romero y Domingo GarciaVillamisar. Ed. Almuzara, Cordoba, 2007. 320 páginas.

 

En la reseña que publicó sobre este libro, el psiquiatra Ángel García Prieto, escribió:

 

"El perfeccionista patológico se caracteriza por un exceso de control y exigencia que se hace obsesivo hacia él mismo y hacia los demás, elimina la posibilidad de delegar funciones, crea desconfianza en la colaboración, exige prever las situaciones hasta lo imprevisible.

 

Planea las situaciones con gran anterioridad, no admite fallos y errores, busca siempre lo mejor -que, como ya se sabe “es enemigo de lo bueno”- y para ello es capaz de pasar por encima de actividades de descanso, el ocio y las relaciones familiares.

 

En definitiva parece querer moverse con el sentido de posesión de la realidad y del mundo que le rodea sin entender las limitaciones humanas, las circunstancias imprevisibles y ni siquiera los factores de intuición y creatividad que tantas veces mueven, por fortuna, la actividad humana.

 

Son personas, en el fondo muy inseguras, que sólo se quedan tranquilas cuando todo, todo está “atado y bien atado” y no son capaces de dejar nada al fluir normal de la vida, la providencia o simplemente a la propia buena voluntad y la experiencia positiva.”

 

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Fuente: Conocerse a sí mismo 

Imagen:  Perfectionism-stress  

 

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